Capítulo 6

HERMIONE, teléfono. Pensó que tenía que ser Draco e intentó controlar el pulso acelerado al escuchar su voz.

-Tomaremos el vuelo de media mañana. Pasaré a buscarte mañana a las nueve.

-Podemos reunimos en el aeropuerto. De ese modo podría volver a casa en su propio coche.

-A las nueve, Hermione-reiteró antes de cortar la comunicación. Era insufrible. Hermione echó pestes antes de retomar su trabajo. El resentimiento no disminuyó mucho cuando el día se convirtió en noche.

Al día siguiente se levantó temprano, preparó el neceser de viaje, puso suficiente agua y alimento para el gato y minutos antes de las nueve bajó a recepción. La Playa d West Wittering estaba brillante, con un claro cielo azul, temperatura de primavera tardía y luz de sol.

Draco alquiló un coche y en media hora habían llegado al lujoso complejo hotelero del Marriot County Hall, Hacía más de un año que Hermioneno visitaba la costa. Adoraba su atmósfera de vacaciones, las casas, las terrazas con sus cafés de moda y su despreocupado estilo de vida.

¿Por qué debería haberse sorprendido al descubrir que Draco poseía un lujoso ático en el hotel Marriot? Una de los ventanales que cubría del suelo al techo tenía una vista maravillosa de la bahía y ella respiró a fondo el aire marino cuando Draco abrió una puerta de cristal. Delicioso. Pero no había que olvidar la razón por la que la había llevado hasta ese lugar.

Deberes de dormitorio. Ese pensamiento tendría que haberle sido antipático, pero en cambio sintió una especie de anticipación sensual al pensar que volvería a experimentar la excitación mágica que él era capaz de provocarle.

¿Era malo desear su contacto sin otra implicación emocional más que el placer del momento? «No te engañes, estás implicada hasta el cuello», le dijo una voz interior.

Después de ese fin de semana su vida volvería la normalidad. Sea lo que fuere la normalidad. «Trabajar», pensó mientras Draco llevaba los bolsos al dormitorio. Las actividades sociales habituales... que nunca volverían a ser las mismas si encontraba a Draco con Astoria, o con cualquiera de las muchas mujeres dispuestas a compartir una velada. Compartir su cama, maldición.

«Sería un desastre», admitió en silencio. Tal vez debería retirarse de la vida social, vivir como una reclusa y sencillamente enterrarse en el trabajo. Excepto que eso sería aceptar la derrota. En ese momento se encontraba allí y decidió intentar sacarle el mayor partido posible.

Hermione señaló el paisaje.

-Es muy hermoso. Draco se situó detrás y ella fue consciente de su presencia, del calor que emanaba de él y la tentación de apoyar la espalda contra su cuerpo fue irresistible.

-¿Pasas mucho tiempo aquí?

-Algún que otro fin de semana. Pero no a menudo, pensó Hermione mientras se preguntaba cuándo se tomaba un descanso para disfrutar de los logros de su éxito profesional.

Poseía otras casas en otros países... tal vez elegiría un lugar más exótico donde relajarse.

-Podemos comer en el restaurante del hotel, o explorar

la ciudad. Ella se volvió. Draco se había puesto pantalones cortos y unas zapatillas

deportivas.

-¿Me permites elegir?

-No te hagas la graciosa -la reprendió con suavidad.

-Entonces la ciudad -respondió sin vacilar-. Podemos ir andando. Medio kilómetro no es nada.

Draco alzó una ceja con aire burlón.

-Si quieres ejercicio, puedo pensar en algo mejor.

-Ah, pero mis deberes sexuales no empiezan hasta la noche, ¿no lo recuerdas? Él le presionó el labio inferior con un dedo.

-Esa boca tan descarada te puede traer problemas.

-En ese caso me voy a cambiar de ropa y luego nos marchamos. Muy pronto se reunió con él vestida con pantalones cortos, blusa, una gorra y el bolso colgando el hombro.

-Emprendamos la marcha. Fue una agradable caminata. Una suave brisa refrescaba el calor del sol.

Pronto se sentaron en una terraza y disfrutaron con evidente placer de la comida. Casi estaban listos para partir cuando sonó el teléfono móvil de Draco y ella lo observó con recelo cuando él miró la pantalla y lo dejó sonar.

-Tal vez deberías atender la llamada –sugirió cuando volvió a sonar minutos más tarde. Draco se limitó a encogerse de hombros e ignoró el insistente repiqueteo. Minutos más tarde sonó el móvil de Hermione.

-Estás con Draco -oyó una furiosa voz femenina-. ¿No es así?

-¿Astoria?

-Te ha llevado a la costa a pasar el fin de semana, ¿verdad?

-¿Qué te hace pensar eso? -preguntó Hermione.

-Matemáticas elementales.

-¿No hay ninguna posibilidad de que te equivoques?

-Querida, me he encargado de investigar. Esta mañana Draco fue a recogerte a tu apartamento.

-Tienes un problema -dijo Hermione sin alterarse.

-Mi problema eres tú en la vida de Draco.

-Te sugiero que lo discutas con él.

-Intento hacerlo. Hermione cortó la comunicación y miró a Draco con ecuanimidad.

-Debes una explicación a Astoria.

-No es así -replicó con tranquilidad,

-Al parecer ella piensa lo contrario. La camarera llevó la cuenta y tras pagar, con una propina incluida, él se reclinó en el asiento y sometió a Hermione a una mirada apreciativa.

-Lo que hayamos compartido Astoria y yo terminó hace varios meses.

Ella alzó una ceja y lo miró con cinismo.

-¿Y sin embargo continúas saliendo con ella?

-Tenemos amigos comunes y recibimos las mismas invitaciones -dijo al tiempo que se encogía de hombros

- Astoria intenta dar la impresión de que seguimos juntos.

-Algo que hace muy bien –Hermione no pudo dejar de comentar. Los ojos de Draco se endurecieron.

-¿Y te molesta?

-¿Por qué debería molestarme?

-Esa relación ha terminado. Astoria debería seguir su propio camino. Un escalofrío recorrió la espalda de Hermione. ¿Como ella tendría que alejarse de él el lunes siguiente? A partir de ese día Draco ya no participaría en su vida. ¿Por qué ese pensamiento la dejaba extrañamente desolada?

-Vayamos a caminar por la playa –sugirió cuando se levantaron de la mesa.

De pronto había tenido la urgente necesidad de sentir la arena dorada bajo los pies, el sol en la piel, la paz y la tranquilidad del paisaje marino. Cuando llegaron a la playa se quitó las sandalias y pisó la arena mojada de la orilla.

Caminaron en agradable silencio admirando la suave curva de la costa que se alargaba. Los niños jugaban en la orilla, vigilados por sus padres y más lejos, las gaviotas parecían suspendidas en el aire. Era una tranquila escena que se transformó a medida que se acercaban a un lugar mucho más frecuentado.

-¿Te apetece explorar las tiendas? –aventuró Draco y ella inclinó la cabeza.

-Es una valentía por tu parte darle carta blanca a una mujer.

-Quizá sea porque me siento indulgente.

-¿Quién podría negarse? -preguntó Hermione mientras se quitaba la arena de los pies antes de ponerse las sandalias. Fue un agradable paseo mientras recorrían la avenida con sus tiendas antes de aventurarse por otra calle donde Hermione se detuvo para examinar unas divertidas camisetas.

Cuando se decidió por una, de inmediato Draco sacó su billetero.

-No -dijo ella con firmeza mientras le tendía un billete a la vendedora

- Gracias, pero no. Era la primera mujer que se negaba a que él pagara y su fiera

independencia lo divirtió. Hubo un tiempo en que había tenido que vigilar cada centavo, y vestirse y comer de la caridad.

Tampoco se sentía orgulloso de haber tenido que recurrir al escamoteo en alguna ocasión. En la actualidad, muy pocos sabían que anualmente donaba una gran cantidad de dinero a albergues para gente sin hogar y fundaba centros de acogida para niños desamparados.

-Propongo tomamos un descanso en un café —sugirió Draco cuando salieron de la tienda.

-¿No puedes mantener el paso, eh? –bromeó Hermione. Cuando comenzó a anochecer, tomaron un taxi para ir al Hotel

Hermione entró directamente en el dormitorio donde dispuso ropa nueva y se dirigió al cuarto de baño.

Tras lavarse el pelo bajo una buena ducha se enrolló una toalla alrededor del cuerpo y salió del baño justo cuando Draco entraba completamente desnudo. Tras una furtiva mirada apreciativa al cuerpo perfecto, no fue capaz de mirarlo directamente a los ojos y ni siquiera lo intentó. En cambio, pasó por su lado, entró en el dormitorio y antes de cerrar la puerta oyó una débil risita divertida.

Draco sintió un cierto grado de satisfacción ante la incomodidad de Hermione. A decir verdad, le deleitaba saber que ella no se sentía totalmente cómoda con él y le complacía el hecho de que su experiencia con los hombres era limitada. Sintió que su cuerpo reaccionaba ante el pensamiento de la noche que se aproximaba. No había experimentado esa sensación de anticipación respecto a una mujer desde la adolescencia, cuando el torbellino hormonal no hacía diferencia entre una mujer u otra.

En la actualidad, el deseo y la pasión convergían en una mujer, sólo una. Hermione.

Más tarde, ella terminó de maquillarse, recogió su bolso de noche y salieron del apartamento.

El clásico vestido negro con encaje y zapatos de tacón eran adecuados para cualquier ocasión. Una larga bufanda también de encaje en tomo al cuello era un complemento estupendo junto con unos pendientes y pulsera de diamantes. Su aspecto era muy juvenil, peinada con un elegante moño en lo alto de la cabeza. ¿Quién iba a pensar que su interior se había convertido en un manojo de nervios?

Cuando llegaron al restaurante, el Maite ofició con amigable formalidad una vez que los condujo a la mesa. ¿Vino? Una copa, que ella bebió a sorbos a lo largo de la cena, y aunque conversaron ella casi no recordaba de qué habían hablado. Porque allí sólo estaba el hombre y el aura sexual que proyectaba. Era un poderoso afrodisíaco... primitivo, mortal.

¿Cuánto duró la cena? ¿Dos, tres horas? Casi podía oír el martilleo de su corazón mientras esperaba el momento en que Draco pediría la cuenta. El apartamento estaba oscuro cuando llegaron y Hermione se aproximó al ventanal para admirar el paisaje.

Más que oír, sintió a Draco a sus espaldas y no protestó cuando él la atrajo hacia sí por los hombros. Sus labios acariciaron la nuca y ella sintió su cuerpo dolorosamente alerta a las sensaciones que lo recorrían. Luego, Draco la condujo al dormitorio y la tendió en la cama. Tras apagar algunas luces, lentamente la desvistió hasta dejarla totalmente desnuda. Con mucho cuidado alzó la mano hasta sus cabellos y los soltó de modo que la melena se deslizó sobre los hombros de Hermione. Entonces acarició sus pechos y recorrió su vientre antes de detenerse en el suave y húmedo ángulo entre las piernas.

-Llevas demasiada ropa -murmuró Hermione temblorosa, y luego observó cómo se desvestía. A continuación, Draco la besó despertando en ella tal pasión que muy pronto perdió el sentido del tiempo y del espacio y se perdió en el hombre, desenfrenadamente dispuesta a dar y tomar placer hasta alcanzar el final. Fue entonces cuando Draco empezó a seducirla con tan exquisita lentitud que ella gritó pidiendo que mitigara el fuego que la consumía. Más tarde, se quedaron dormidos y al amanecer volvieron a unirse con la dulce lentitud de dos personas en perfecta armonía sexual. A la mañana siguiente, desayunaron junto a la piscina mientras

Hermione pensaba con tristeza que era un lugar idílico y se preguntaba cómo sería dormir en los brazos de Draco todas las noches y ofrecerse mutuo placer. Al día siguiente al amanecer tomarían el primer avión para Londres y luego partirían por caminos separados. Debería sentirse feliz de que todo estuviera a punto de terminar, pero en cambio se sentía increíblemente desolada.

Cuando Draco le preguntó cómo quería pasar el día, ella eligió el parque temático. Allí habría mucha gente, todo tipo de entretenimientos y eso significaba que no tendría mucha oportunidad de pensar en el encuentro nocturno.

-¿Quieres salir a cenar o lo hacemos aquí? -preguntó Draco cuando regresaron al ático.

-Prefiero cenar aquí. Sería agradable cenar en la terraza bajo las estrellas, bebiendo una copa de vino frío, saboreando la exquisita comida mientras contemplaba el paisaje marino. Draco se acercó a ella y recorrió su mejilla con un dedo. El contacto le aceleró el pulso mientras invadía su cuerpo de placenteras sensaciones. Era una locura. «Piensa con la cabeza. Si obedeces a los dictados de tu corazón tendrás serios problemas», se dijo en silencio. Pero de alguna manera tuvo la sensación de que era demasiado tarde para emplear la razón.

-Voy a cambiarme -anunció en tanto pensaba que si no se alejaba de él estaría perdida. Una ducha refrescante la ayudó a recuperar la normalidad. Luego se puso unos vaqueros y un top de algodón, se ató el pelo en una coleta y se dio un toque de brillo en los labios.

-Mira la carta mientras me doy una ducha y me visto -dijo Draco. Hermione se decidió por arroz con salsa de gambas. Cuando Draco se reunió con ella, vestido con vaqueros negros y una camisa deportiva, eligió lo mismo que ella, además de langosta y una ensalada. Después abrió una botella de un exquisito vino blanco muy frío. Mientras esperaban que les llevaran la cena, salieron a la terraza y contemplaron el cielo nocturno que se oscurecía totalmente. Las luces de las embarcaciones se hicieron visibles y Hermione las contempló inmóvil, como hipnotizada, mientras Draco deshacía el nudo de la cinta que le ataba el pelo.

-Todo el día he resistido la tentación –dijo mientras enredaba los dedos en los cabellos que se curvaban en los hombros. Luego la brisa empezó a alborotarlos. Con una cálida sonrisa se aproximó a los labios de Hermione y la besó largamente. A continuación bebió un sorbo de vino. Hermione apoyó la mano en el hombro de Draco y se apoyó en él hasta que oyeron que llamaban a la puerta.

Draco recibió la comida mientras ella ponía la mesa en la terraza. Muy pronto, ambos compartieron la cena ofreciéndose mutuamente trocitos de marisco de los deliciosos platos. La luna brillaba y había miríadas de estrellas parpadeantes en el cielo nocturno. «Un momento mágico», pensó Hermione.

Cuando la brisa se hizo más fresca, despejaron la mesa, lavaron los platos y bebieron café en la sala de estar. Más tarde, con un rápido movimiento Draco la tomó en brazos y la llevó al dormitorio donde ambos se desvistieron.

Ella quería saborear cada momento, cada beso, el toque de sus manos, su boca y sentirse exultante en la posesión. Quería darle placer y oír su respiración entre los dientes, su voz enronquecida mientras lo llevaba hasta el fin de su resistencia. Draco sintió la calidez femenina que se revelaba en el modo que lo aprisionaba contra su cuerpo urgiéndole un ritmo que escalaba las alturas hasta llegar a un clímax estremecedor que los dejó extenuados. Durmieron unas cuantas horas y más tarde Draco la llevó al jacuzzi. Como en un sueño ella dejó que la lavara y se quedó quieta como un niño obediente cuando él aclaró su cuerpo y más tarde la condujo a la cama donde hicieron el amor de una manera tan dulce que sintió deseos de llorar. Demasiado pronto llegó la hora de marcharse al aeropuerto. Eran pasadas las ocho cuando desembarcaron en el aeropuerto de Londres.

-Tomaré un taxi -dijo Hermione cuando salían de la terminal. Draco le dirigió una mirada muy elocuente.

-No seas ridícula.

-Necesito llegar a mi trabajo.

-Te dejaré allí.

-Pero eso te aparta de tu camino.

-¿Y qué tiene que ver?

-Draco...

-Tranquila, Hermione. Tú vienes conmigo. Ella abrió la boca para protestar, pero de inmediato la cerró al ver que un encargado del estacionamiento se acercaba conduciendo el Aston Martín. Hermione se mantuvo en silencio durante el trayecto a la ciudad y antes de que él estacionara junto al taller ya se había desatado el cinturón de seguridad.

-Gracias por este fin de semana tan agradable -dijo mientras abría la puerta. Draco salió del coche abrió el maletero y le entregó el bolso de viaje. Entonces inclinó la cabeza y le dio un beso breve y tan intenso que casi la dejó sin respiración. Luego se separó, entró en el coche mientras ella se alejaba sin siquiera una mirada de reojo.

¿Podría alguien darse cuenta de que su corazón estaba destrozado? De alguna manera lo puso en duda mientras se entregaba a los quehaceres cotidianos. En un momento durante la mañana llamó la enfermera de Henry, para avisarle de que esa tarde iría a cenar con su padre.

Harry la llamó a las cuatro. Estaba radiante. Draco Malfoy había depositado el resto del dinero en la cuenta de Granger-Potters, según lo acordado. «Misión cumplida», pensó Hermione con severidad mientras tomaba un taxi hacia su casa.

Una vez en el apartamento se duchó, se cambió de ropa y condujo hasta la casa de Henry. El aspecto de su padre era increíblemente frágil y el ánimo se le vino abajo al comprobar que estaba aún más deteriorado desde su última visita.

Su apetito había desaparecido y ella lo obligó a comer mientras lo entretenía con anécdotas que al fin le hicieron sonreír. Hermione se quedó junto a él hasta que la enfermera le advirtió que su padre debía retirarse a descansar. Antes de partir, Hermione lo besó en la mejilla y lo abrazó estrechamente durante largos minutos.

Había valido la pena aceptar las exigencias de Draco.

Henry nunca se enteraría de los desatinos financieros de Harry ni sabría detalles sobre su vida privada. «Y tú?», inquirió una vocecita mientras se revolvía en la cama en busca del sueño.