Capítulo 7

EL JUEVES por la mañana, Hermione despertó con una sensación de inquietud localizada en la boca del estómago. ¿Una premonición? Tras levantarse, dar de comer al gato y prepararse una taza de té, revisó el correo electrónico.

Luego se duchó, se vistió y se marchó al taller. Nada indicaba que el día sería diferente a cualquier otro. Como siempre, el tráfico estaba en su hora punta y más tarde el trabajo se desarrolló normalmente, sin ninguna novedad. Harry la llamó durante la mañana. Estaba radiante porque el trato financiero entre Granger-Potter y Draco Malfoy ya era un hecho. Incluso sugirió que cenaran juntos para celebrarlo.

Entonces, ¿por qué no podía desprenderse de esa especie de mal presagio que se cernía sobre ella como una nube gris? Eran casi las seis cuando llegó a casa, dio de comer al gato y estaba a punto de preparar la cena cuando oyó el sonido del teléfono móvil.

-Hermione-la voz de la enfermera de tu padre sonaba tranquila y sin prisas-. Se han llevado a Henry en una ambulancia al hospital. Estoy a punto de salir para allá. He hablado con Harry y ya va en camino a la Unidad de Cardiología. Nos veremos allí.

Con el estómago encogido, Hermione tomó el bolso junto con las llaves y salió a toda prisa del apartamento. Cuando esperaba el ascensor recordó la advertencia del cardiólogo y luego condujo por las calles tan de prisa como le fue posible.

Cuando llegó al hospital, el estacionamiento estaba lleno de coches así que tuvo que dejar el suyo en un espacio reservado, no sin antes escribir «urgencia» en un trozo de papel que colocó bajo el limpiaparabrisas. Las horas siguientes fueron las peores de su vida. Harry se encontraban esperando en la Unidad mientras el equipo médico intentaba estabilizar a Henry, pero el pronóstico no era alentador. A medianoche enviaron a la enfermera a casa, y ambos hermanos se quedaron haciendo guardia hasta que la noche lentamente dio paso al amanecer.

-Vete a casa y duerme un poco -le pidió Harry con suavidad. Pero Hermione negó con la cabeza. A las nueve avisaron a sus respectivas oficinas que no irían esa mañana y se turnaron junto al lecho de Henry

Y allí la encontró Draco. Estaba pálida, ojerosa y tan triste que sintió deseos de estrecharla entre sus brazos para consolarla. Era consciente de que no tenía cabida allí. Sólo se permitía la entrada a los familiares, aunque él había salvado todos los obstáculos para llegar hasta ellos, expresar su pesar y ofrecer su ayuda.

-No, gracias -dijo Hermione suavemente.

Draco se limitó a apoyar la mano un instante sobre su hombro y luego dejó caer el brazo a un costado. Una enfermera le dirigió una elocuente mirada mientras indicaba el reloj y él inclinó la cabeza en señal de conformidad.

-Nos mantendremos comunicados.

-¿Cómo pudo llegar hasta aquí? –preguntó Hermione con calma minutos después.

-Por pura porfía -respondió Harry, apesadumbrado-. Es una de sus características, ¿o no te habías dado cuenta? «Porfía en grandes cantidades», pensó Hermione y en ese momento, sobresaltada, prestó atención a los monitores de las constantes vitales que empezaron a sonar insistentemente.

A partir de ese momento todo fue cuesta abajo. Al atardecer, Henry los dejó para siempre. Sumida en un estado de sopor, Hermione compartió las lágrimas con su

hermano mientras se consolaban mutuamente.

-Deberías dormir en mi casa. Ella se separó y buscó un pañuelo.

-Estaré bien. Sólo necesito una ducha y meterme en la cama.

-Lo mismo que necesito yo. Ambos tomaron el ascensor y salieron al aire fresco de la calle. Harry la acompañó hasta el coche y esperó que se instalara.

-Te seguiré para asegurarme de que llegas bien a casa.

A esa hora casi no había tráfico. Al llegar a Valle de Godric empezó a caer una ligera lluvia. Por el retrovisor vio los faros del coche de su hermano y cuando estacionó ante el edificio, Harry hizo sonar el claxon, dio media vuelta y desapareció de su vista. La fatiga la vencía cuando salió del ascensor. Iba tan sumida en sus pensamientos que no advirtió la alta figura masculina apoyada en la pared junto a su puerta.

-¿Draco? -alcanzó a decir mientras él le quitaba las llaves de la mano, abría la puerta y suavemente la empujaba dentro

- ¿Qué haces aquí? –añadió con gran fatiga

-. No deberías haber venido.

-¿No? -respondió mientras le retiraba el bolso del hombro, lo dejaba en una mesilla y la conducía a la cocina. Luego preparó té y un bocadillo.

-Come.

-¿Comer? No me apetece.

-Te hará bien aunque sea un poco. Era más fácil rendirse que discutir. Obedientemente Hermione comió un trozo y bebió unos sorbos de té, luego apartó el plato.

-Una ducha y a la cama -dijo con cansancio mientras se ponía en pie

- Puedes marcharte si quieres. No se molestó en esperar una respuesta. Tampoco le importaba si se quedaba. Era demasiado para ella y más que nada quería dormir.

Draco dio de comer al gato, lavó los platos, revisó su teléfono móvil, apagó las luces y entró en el dormitorio. Hermione dormía. Draco se desvistió y con todo cuidado se deslizó bajo la ropa de cama. El solo pensamiento de que ella pudiera despertar y llorar en soledad era una posibilidad que no iba a permitir.

Hermione estaba soñando. Unos fuertes brazos la estrechaban y una mano acariciaba sus cabellos. Unos labios besaban suavemente su sien y ella cayó en el sueño sintiendo la calidez de los músculos que la abrazaban, de la piel bajo su mejilla y los latidos acompasados del corazón de un ser humano. Era una sensación reconfortante, tranquilizadora y se sentía contenta así, segura en esos brazos y muy poco dispuesta a emerger de esa sensación cálida y protectora para encarar la cruda realidad del día.

Pero los sueños duran poco, y lentamente atravesó los velos de la inconsciencia para descubrir que todo era realidad.

-¿Draco?

-Espero que no pensaras que era otro hombre -gruñó roncamente antes de enfrentar su mirada sorprendida

- No quise dejarte sola. Ella intentó asimilar la implicación de sus palabras, pero se le hacía muy difícil a esa hora de la mañana. Draco observó cómo sus pálidos rasgos despertaban a la conciencia de lo ocurrido, vio el dolor y su intento por sobreponerse.

-¿Quieres hablar? Hermione negó con la cabeza mientras contenía las lágrimas. No deseaba derrumbarse ante él.

-Iré a preparar café -dijo Draco. Tenía que mantener las manos ocupadas, de lo contrario las usaría para estrecharla entre sus brazos, y había decidido que la próxima vez que hicieran el amor sería con la voluntad de ella.

Una vez fuera de la cama, entró en el cuarto de baño y más tarde salió vestido y afeitado pensando que la maquinilla de una mujer no substituía su máquina de afeitar eléctrica.

En la cocina preparó la cafetera. Eran pasadas las ocho y un buen desayuno les haría bien, así que empezó a preparar dos tortillas de jamón y queso.

Hermione se puso unos vaqueros y una blusa. Se sintió mejor después de peinarse, refrescarse la cara y empezar la rutina cotidiana. No estaba impresionante pero tampoco mal, pensó tras mirarse en el espejo. Lo suficiente para enfrentar ese día y todo lo que traería consigo. El olor del café y las tostadas era tentador. Entró en la cocina justo cuando Draco ponía las tortillas en los platos.

Aunque no tenía demasiado apetito, comió la mitad, acompañada de una tostada y dos tazas de café.

-¿No tendrías que estar en otro lugar a esta hora de la mañana?

-Más tarde -dijo Draco reclinándose en la silla, contento de verla menos vulnerable-. Me marcharé cuando llegue Harry. Los ojos de Hermione se nublaron levemente.

-Estoy bien. Draco alzó una ceja.

-No he dicho que no lo estuvieras. Hermione le debía una palabra de agradecimiento.

-Fuiste muy amable al venir a acompañarme.

-Hice que Harry prometiera llamarme si tú insistías en volver a casa. ¿Entonces Draco se preocupaba por ella? En ese momento sonó el teléfono y ella atendió la llamada. Harry iba de camino a su casa. Hermione empezó a despejar la mesa y juntos lavaron los platos.

Cuando terminaron, ella dijo que iba a arreglar el dormitorio como pretexto para escapar de su presencia. El timbre sonó cuando la habitación ya estaba limpia y ordenada.

Harry no tenía aspecto de haber dormido bien. Hermione le preparó un café y no supo Si sentirse triste o aliviada cuando Draco anunció que se marchaba. Los días que siguieron al funeral fueron igualmente desoladores y Hermione se tomó otro día libre antes del volver al taller.

Harry tuvo que viajar por negocios y Hermione concentró toda su energía en el trabajo. Draco llamó varias veces, pero ella se limitaba a una breve conversación rechazando sus invitaciones. Aun en circunstancias normales, un medallón encargado por Astoria le habría alterado los nervios. Así que se esmeró en el diseño de la joya intentando alcanzar la perfección.

Los días se convirtieron en una semana. Harry regresó a Londres por unos días antes de volver a viajar dentro del país.

-Hermione, te necesitan en la tienda. Ella se separó del microscopio binocular, se arregló el pelo y se dirigió a la tienda donde las gemas relucían sobre terciopelo oscuro en varias vitrinas de cristal.

Dos dependientes muy compuestos se encontraban tras los mostradores de cristal y miraban con una fachada de amabilidad a la mujer joven y alta cuya espalda y postura a Hermione le pareció vagamente familiar. Cuando la mujer se volvió hacia ella, Hermione supo por qué. Era Astoria.

Iba muy bien vestida, exquisitamente maquillada y con su habitual aspecto de modelo internacional. «Vamos a tener problemas», fue lo primero que pensó Hermione.

-La señorita Greengras desea hablarle acerca del medallón que encargó

en esta casa.

-Desde luego -dijo Hermione amablemente y se acercó a Astoria

- Tal vez quieras enseñármelo -dijo al tiempo que tomaba un trozo de terciopelo y lo extendía sobre el mostrador.

-Aquí está -dijo Astoria. Era una hermosa pieza rectangular con cinco diamantes tallados y engarzados en oro. La cadena que lo sujetaba era exquisita.

-Tiene arañazos y los diamantes no son del tamaño y calidad que acordamos.

Era exactamente la joya que Astoria había encargado. Los diamantes perfectamente cortados y engarzados.

Hermione sacó la lupa y de inmediato notó los arañazos. Había varios. Sin embargo no había ninguno el día que le entregaron la joya a Astoria ¿Intentaba deliberadamente denigrar su experto trabajo?

-Mis notas están en el archivo -empezó con cortesía y luego se volvió al dependiente-. Luna, ¿sería tan amable de traérmelas? Necesito revisar los detalles originales con la señorita Greengras.

Hermione revisó concienzudamente las notas e instrucciones del diseño y se tomó su tiempo para clarificar cada punto. Cuando al fin terminó, Astoria se había quedado sin argumentos.

-Todavía quedan los arañazos.

-Podemos quitarlos -dijo con calma.

-Me niego a aceptar un trabajo de artesanía defectuoso -declaró con una mirada mordaz.

-Si nos quieres dejar la joya, repararemos los daños sin costo adicional.

-La única solución aceptable es una indemnización -dijo con un crédito total a mi nombre y me quedo con el medallón.

-Eso va en contra de la política del establecimiento.

-Si no aceptas mis condiciones informaré a la Asociación de Joyeros y además me encargaré de hacer llegar el asunto a los medios de comunicación.

-Hazlo. Mientras tanto vamos a recurrir a un joyero independiente para que examine los arañazos y también haremos llegar su informe a los medios de comunicación. Había descubierto la fanfarronada de Astoria y la dejó sin recursos. Astoria lo sabía y su expresión no fue agradable cuando recogió rápidamente el

medallón y lo metió en su bolso. Con engañosa calma, Hermionese volvió a Luna.

-Acompañaré a la señorita Greengras a la puerta. Había sido una pequeña victoria que duró hasta que salieron a la calle.

-No creas que has ganado -se desahogó Astoria en tono perverso-. Deseo a Draco e intento mantenerlo a mi lado.

-¿De veras? –Hermione miró los ojos entornados de la mujer

- Buena suerte.

-Aléjate de él. He gastado demasiado tiempo y energía cultivando la relación entre nosotros.

Por un instante Hermione pensó que Astoria iba a golpearla y se preparó, pero la modelo se limitó a proferir unos vehementes juramentos antes de alejarse. Con esfuerzo, Hermione volvió a su trabajo y se sintió contenta cuando terminó la jornada y pudo marcharse a casa. La tristeza, unida al enfrentamiento con Astoria, sólo sirvieron para exacerbar sus emociones.

Habría sido demasiado fácil enfurecerse contra el destino o hundirse en un pozo de lágrimas. Cuando abrió la puerta el gato corrió hacia ella y le acarició las orejas aterciopeladas. Entonces el felino golpeteó la cabeza contra su mano.

-Devoción incondicional -murmuró al tiempo que acariciaba afectuosamente el suave pelaje del animal. Estaba sola y no había nadie cercano a quien llamar.

Harry estaba de viaje, Pansy había regresado a Italia y no podía llamar a Draco. De acuerdo, entonces daría de comer al gato, se prepararía la cena y limpiaría el apartamento. Una actividad que le llevaría unas cuantas horas. Más tarde, se daría una ducha y luego se metería en la cama.