Capítulo 10

HERMIONE gradualmente se dio cuenta de que no estaba sola en la cama. Su cabeza se apoyaba en el pecho de Draco, una pierna masculina se enlazaba con la suya y él la estrechaba entre sus brazos. Draco sintió los latidos apresurados del corazón de Hermione, su respiración entrecortada y la besó en los cabellos aspirando su fresco aroma. Un hombre podría sentir un inmenso placer al despertar por las mañanas junto a una mujer cálida y complaciente entre sus brazos. Aunque no cualquier mujer sino... esa mujer.

-Estás despierta. Ella oyó su voz arrastrada y respondió perezosamente que sí. Él le recorrió la espalda con los dedos, acarició los firmes glúteos, luego la cadera y la cintura antes de avanzar hacia los pechos. Ella casi dejó escapar un gemido cuando él la puso de espaldas y su boca acarició un pecho y un tierno pezón. Segundos más tarde, la mano masculina se dirigió a la suave zona entre las piernas y empezó a explorarla. Ella dejó escapar un ahogado y ronco grito al sentir una intensa ola orgásmica que desató sus emociones.

Cuando Draco penetró en su cuerpo sintió como nunca se elevaban hacia las alturas y juntos alcanzaban el clímax en una tumultuosa fusión sensual. Después les llevó un tiempo calmarse y respirar acompasadamente. Permanecieron abrazados como sólo dos amantes satisfechos pueden hacerlo. Con los ojos cerrados, Hermione pensó que había sido una experiencia increíble mientras dejaba que su mente y su cuerpo se relajaran. Más tarde buscaría satisfacerlo sólo a él. Y así lo hizo, deleitándose en desafiar y vencer el control de Draco. «Disfruta», rogó silenciosamente. Porque en unas pocas horas más volvería a su apartamento y a una vida sin él.

Tarde, mucho más tarde se levantaron, compartieron la ducha, se vistieron y tomaron una combinación de desayuno y comida. El teléfono móvil de Draco empezó a sonar cuando tomaban el café.

-Tendré que atender esta llamada. Hermione levantó una mano indicándole en silencio que lo hiciera y luego lo vio cruzar la terraza. «Francés», se dijo al escuchar una o dos palabras de la conversación y se preguntó cuántos idiomas hablaría Draco. «Asuntos de negocios», decidió y dejó vagar la mirada sobre la piscina.

-Tengo que reunirme con dos colegas. Les han cancelado el vuelo programado y tendrán que tomar un avión más temprano -informó Draco al volver a la mesa-. Estaré de vuelta en una o dos horas.

-Bien. Tras terminar de tomar su café, le dio un beso breve pero intenso.

-Necesito hablar contigo -murmuró todavía con sus labios sobre los de Hermione. Ella no fue capaz de decir una sola palabra

-. Hermione... - alcanzó a decir y en ese momento volvió a sonar el teléfono-. Maldición –

exclamó mientras se pasaba los dedos por el pelo

-. De acuerdo -dijo a su interlocutor. Sus ojos se oscurecieron. Delegar el asunto estaba fuera de toda posibilidad. Había sólo dos socios capaces de manejar las negociaciones en curso y ninguno de los dos se encontraba en la ciudad.

-Tengo que resolver este asunto en un par de horas.

-Vete -dijo ella con calma-. Seguro que ellos te están esperando. Él le dirigió una mirada penetrante, luego entró en la casa, recogió su cartera y las llaves y se dirigió al garaje. Minutos después Hermione recogió la mesa, lavó los platos y ordenó la

cocina.

Quedarse o marcharse.

Si se quedaba, tendría que tolerar una aventura. Mientras hubiera amor entre los dos podría vivir de ese modo, pero era algo insostenible cuando sólo uno de ellos sentía amor.

Ella no era el tipo de mujer que aceptaba aventuras efímeras. Tampoco se veía a sí misma enganchada a un hombre y aceptando sólo lo que él quisiera darle. «No puede ser», decidió tristemente mientras subía la escalera. No le llevó demasiado tiempo preparar su bolso y dejar una nota en una mesa del vestíbulo. Luego llamó un taxi.

La gata la saludó con un maullido indignado, agitando el rabo. Había mensajes en el contestador automático, pero ella organizó las prioridades. Primero dio de comer al animal, luego metió la ropa en la lavadora y más tarde tomó una bebida fría.

Entonces escuchó los mensajes.

Pansy. «Enlace la próxima semana en Roma. Querida, te necesito allí, para que me sostengas la mano».

Otro de Harry. «El martes vuelo a casa. Cenamos el miércoles, ¿de acuerdo?».

Otro de Astoria.

«Espero que estés disfrutando el romántico paseo, pero no durará». Hermione no supo si reír o llorar con el último mensaje. El paseo, como lo llamaba Astoria, había terminado.

Mantenerse ocupada le haría bien, así que sacó la ropa de la lavadora y la puso a secar. El contenido del refrigerador era patético. Con las llaves del coche en la mano, repasó la lista de la compra mientras bajaba al garaje. Leche, pan, fruta fresca y verduras para ensalada. Luego condujo hasta el supermercado más cercano.

En una cafetería no lejos de casa, tomó un café mientras leía una revista. Eran casi las cinco cuando condujo el coche hacia el aparcamiento subterráneo. Entonces vio un vehículo muy familiar estacionado en la zona de visitas. Y por si le quedaban dudas acerca del dueño, vio la alta figura de Draco apoyado indolentemente en el Aston Martín. Durante una fracción de segundo olvidó respirar, luego cruzó las verja de seguridad e introdujo la tarjeta con dedos temblorosos. Más tarde estacionó el vehículo en el garaje y antes de poder abrir la puerta del coche, esta se

abrió de golpe.

Hermione miró a Draco y de inmediato notó su dura expresión, como esculpida en piedra.

-¿Qué haces aquí?

-¿Creíste que no vendría? Con todo cuidado salió del vehículo y cerró la puerta con llave antes de volverse hacia él.

-No sé de qué estás hablando.

-Lo sabes -replicó en un tono suave como la seda y ella tragó saliva-.

¿Por qué no te quedaste?

-No había ninguna razón para hacerlo. No nos debemos nada -se las ingenió para decir.

-Todas las obligaciones cumplidas, ¿verdad? -dijo Draco con peligrosa suavidad. Hermione creyó morir al responder afirmativamente.

-Sí.

-¿No hay ninguna emoción en juego? ¿Sólo buen sexo? Ella estaba a punto de hundirse.

-¿Qué quieres de mí? El grito que salió de su corazón sonó con furiosa desesperación.

-Te quiero en mi vida.

-¿Por cuánto tiempo, Draco? ¿Hasta que uno de nosotros decida terminar? Nada dura para siempre y la lujuria es una pobre compañera del amor. En ese momento un coche estacionó en el espacio junto a ellos. Ella reconoció al conductor, que era un vecino, y notó su mirada preocupada.

-¿Todo bien, Hermione? Draco apenas cambió de expresión.

-Sí -dijo ella con una forzada sonrisa tranquilizadora. El vecino echó una mirada dudosa a Draco y decidió alejarse.

-Subamos por esta escalera. Si Draco la tocaba estaría perdida. Una cosa conduciría a la otra. Era mejor terminar allí mismo.

-No. Draco apenas contuvo el deseo de sacudirla.

-Dime que lo que hemos compartido no significa nada para ti.

-Yo... Ella no podía hacerlo. Sus ojos se nublaron mientras luchaba por encontrar algo que decir y que no fuera una insensatez. Draco alargó un brazo hacia ella con menos tensión. Con una mano le tomó la nuca y luego la atrajo hacia sí con la otra, y entonces la besó suave e intensamente. Cuando alzó la cabeza ella sólo pudo mirarlo.

-Eres difícil -dijo con calma-. Ninguna mujer me ha enloquecido tanto como tú lo has hecho -añadió con una cálida sonrisa-. Me has mantenido a distancia durante un año rechazando amablemente mis invitaciones. Tenía que contentarme con unas breves conversaciones muy educadas cada vez que nos encontrábamos en alguna reunión social.

-Sí. Hermione recordaba todas y cada una de esas ocasiones, sus nervios en estado de alerta cada vez que veía su figura; un reconocimiento en un nivel emocional muy profundo que temía explorar, porque si penetraba en su espacio no podría salir de allí.

-Cásate conmigo. Hermione abrió la boca y la cerró de inmediato,

-¿Qué has dicho?

-Cásate conmigo -repitió Draco. Ella sólo pudo mirarlo, sumida en un silencio conmocionado-. ¿De verdad quieres que nuestros hijos sepan que su padre propuso matrimonio a su madre en un garaje subterráneo? –preguntó suavemente. Era una broma pesada.

-No hablas en serio.

-Hablo muy en serio

-Draco.

-Quiero compartir el resto de tu vida -dijo suavemente-, Quiero ser el padre de tus hijos y verlos crecer junto a ti. No había duda de que hablaba con toda seriedad. La verdad estaba allí, en la profundidad de sus ojos oscuros, en la sincera calidez de su voz, en el toque de su mano. Desde el interior la alegría ascendió en espiral y cantó con dulce y gloriosa sensualidad en las venas de Hermione. Draco esbozó una sonrisa cuando su mirada recorrió las paredes del garaje, que parecían una caverna de cemento.

-Había planeado un entorno bastante diferente a este. Los labios de Hermione se entreabrieron en una suave y trémula sonrisa.

-No necesito música suave, luces suaves, excelente comida ni vino. Draco recorrió con los dedos el mentón y le alzó la barbilla para acariciar con el pulgar el labio inferior.

-¿Sólo necesitas las palabras, cariño? Ella sintió como si se balanceara al borde de algo maravilloso.

-Sólo si las dices en serio.

-Tú eres para mí el amor que pensé que nunca encontraría -declaró con suavidad-. Te quiero, te necesito. A ti -dijo enfatizando la última palabra-. Para el resto de mi vida. Por el momento ella no parecía capaz de articular una palabra. Estaba abrumada. Él la abrumaba. Con un gesto instintivo presionó la boca en la palma de la mano masculina.

-No quería gustarte -dijo con voz temblorosa-. Y especialmente no quería enamorarme de ti.

Había luchado denodadamente contra él, odiándolo por obligarla a reconocer que sus almas eran dos partes de un todo.

-¿A causa de mi presunto pasado peligroso? -preguntó, divertido.

-Tu pasado modeló y forjó al hombre que has llegado a ser. Le confirió tenacidad, fuerza de voluntad e integridad de la que carecían muchos hombres iguales a él. Draco la besó con tanta intensidad y ternura que ella sintió que se derretía en sus brazos. Minutos más tarde, la llevó de la mano hacia el ascensor.

-Tenemos que salir de aquí -dijo con una sonrisa apasionada oculta bajo una capa de buen humor-. ¿Tu casa o la mía?

-¿Me estás permitiendo tomar la decisión? Él se detuvo para volver a besarla intensamente.

-Tienes una boca descarada.

-¿Eso es un cumplido? Segundos después se abrió la puerta del ascensor.

-¿Al vestíbulo o a tu apartamento?

-La gata.

-Así que no vamos al vestíbulo. El ascensor empezó a subir al piso de Hermione.

-Necesito ropa -continuó ella.

-La gata se acostumbrará.

-¿A qué?

-A su nuevo hogar. Ella lo miró y sintió que se derretía.

-Te quiero.

-¿Quiéreme, quiere a mi gato? —interrogó él en tono jocoso.

-Ella está conmigo -dijo al tiempo que el ascensor se detenía en su planta. Draco le sacó las llaves de la mano, entraron en el apartamento y él cerro la puerta.

-¿Debo interpretarlo como un sí? Hermione lo miró con serenidad. El amor estaba allí, para ella, sólo para ella. Dudó si alguien había visto a Draco tan vulnerable como en ese momento y eso la conmovió más que todo lo que él hubiera podido decir.

-Sí -dijo sencillamente. Draco necesitaba demostrarle cuánto significaba ella para él... y lo hizo tan concienzudamente que el día dio paso a la noche. Era medianoche

cuando fueron al refrigerador. Luego se prepararon una tortilla, tostadas y café.

-¡La compra! –Hermione exclamó de pronto en tono desesperado mientras movía la cabeza de un lado a otro-. La dejé en el coche –añadió mientras pensaba en la leche estropeada, y en los otros comestibles.

-¿Tienes algún plan específico para las próximas semanas? –preguntó Draco distraídamente.

Hermione estaba adorable, con los ojos chispeantes, la piel cálida y la melena en desorden. Draco estiró una mano y le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

-¿Alguna razón en particular? La sonrisa de Draco expresaba una divertida indulgencia.

-Una boda. La nuestra -dijo. Llegaría el día en que nada de lo que hiciera o dijera la sorprendería... pero todavía faltaba mucho para que eso sucediera

- Algo privado, por deferencia a tu padre. Sólo la familia y algunos amigos íntimos. Si deseas una ceremonia tradicional, podemos repetir los votos dentro de unos meses.

-¿Semanas? –Hermione reiteró en un tono de divertido asombro-. Este fin de semana debo ir a Roma a la boda de Pansy.

-Perfecto. Vamos juntos, pasamos unos días en la ciudad...

Ella alzó una mano.

-Vas demasiado rápido.

-Y regresamos a tiempo para ocupamos de los trámites matrimoniales - concluyó.

-¿La luna de miel antes de la boda? –intentó decirlo a modo de broma, pero no le resultó del todo.

-¿Alguna objeción?

¿Cómo podía hacerlo cuando todo lo que quería era estar con él?

-Me dejas sin aliento -admitió pensando en la organización de una boda y en los planes de viaje para Roma. Y también estaba su trabajo.

Draco observó su lucha emocional e intentó calmarla.

-Todo se limita a una serie de llamadas telefónicas. Déjamelo a mí.