Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling

Este fic participa en el reto "Amortentia al azar" del foro "La Sala de los Menesteres".


Vainilla

Bajo la intensa mirada de su hermano, Rabastan siguió enlistando los olores que distinguía en la poción.

—También a vainilla…

oOoOo

Después de ese primer beso en la Sala de Menesteres, habían empezado a salir, pero manteniendo la relación en secreto. Ninguno de los dos quería que sus hermanos se involucraran en esa decisión, así que habían decidido ser discretos. Se encontraban a escondidas detrás de los invernaderos, compartían momentos en algún rincón apartado de la biblioteca y se besaban escondidos entre los árboles del bosque prohibido. Para él, habían sido las mejores semanas de su vida y cada día se encariñaba más con la pequeña Black.

Cuando se encontraron cerca de la sección prohibida, él la jaló hacia un costado, escondiéndose ambos detrás de una repisa y la abrazó. Enterró su nariz en el hueco del cuello y aspiró el dulce olor de Narcissa. Había tenido un mal día y quería olvidarse de todo, solo quería disfrutar de ese momento con su novia. Se separó un poco, posó su mano debajo de la barbilla de ella y la besó.

—Sabes a vainilla— comentó el chico después de terminar el beso.

Ella sonrió y puso su mano dentro de la túnica, rebuscando en sus bolsillos. Cuando finalmente encontró lo que buscaba, sacó el paquete y se lo enseñó a su novio.

—Son caramelos de vainilla, me los trajo mi padre de Francia— dijo Narcissa sacando uno de los dulces y dándoselo en la boca a su novio.

Rabastan lo saboreó, deleitándose con el suave sabor que le recordaba tanto los labios de su chica.

—Delicioso— opinó al final y se acercó a ella para compartir otro beso.

Un par de besos después, se sentaron en una de las mesas de la biblioteca y comenzaron a hacer sus deberes. Rabastan disfrutaba esos momentos, cuando podía ayudar a la chica con algunas cosas que no entendía. Lo hacía sentir útil.

Cuando más tarde se preparaban para ir al Gran Comedor, Rabastan detuvo a Narcissa mientras guardaba un libro en la mochila y la miró con intensidad. Movió el cabello rubio de ella y lo pasó detrás de su oído antes de hacer la confesión que llevaba días dando vueltas en su cabeza.

—Te quiero, Cissy—susurró dándole un dulce beso.

Narcissa no necesitó decir nada, Rabastan supo que le correspondía solamente por mirarla a los ojos.