Capítulo II

Finalmente amaneció y desperté con la mano de Gabrielle posada en mi entrepierna y al darme cuenta de ello, me palpitó en respuesta a la presión. Tenía que mover esa mano de ahí sin despertar a Gab, ¿pero como diantres?

Tomé su mano y cuando iba a medio camino de retirarla ella la movió y tiró de mi cuello aproximando mi cara a la suya. Ahora estaba más incómoda que antes y ella continuaba plácidamente dormida.

¡Pues bueno!, Será mejor no moverme -pensé resignada- cuando sentí una de sus piernas colocarse entre las mías y su rodilla ejerciendo una agonizantemente presión en mi entrepierna. Mi sexo palpitó en respuesta y mi garganta emitió un gemido ahogado. Y justo cuando pensé que no podía estar en posición más comprometedora; Gabrielle se movió hacia arriba presionando más mi entrepierna y dejando mi cara a la altura de sus senos. Y encima de todo eso, su olor, el olor de la disposición, si en algún momento necesitaba autocontrol era ahora, mi parte animal reaccionaba a los estímulos y aquel invitante olor no me hacía fácil lidiar con ella.

Tú puedes Xena -me decía a mi misma mientras gotas de sudor comenzaban a correr por mi rostro- has estado en situaciones peores.

¡Hazlo ya! ¿Qué esperas? -mi parte animal sin duda era exigente-

¡No, ella es mi amiga!, Además está dormida.

Mejor así, no se entera de nada.

¡No!, ella no merece eso.

¿Entonces qué quieres, una noche de bodas? Ahí está y más que dispuesta... siente ese olor, ¿te da vértigo?, ¿Te inquieta? Sólo tócala.

Es demasiado, no puedo, no quiero cambiar las cosas entre nosotras... no puedo fallarle de esa forma -y sin embargo mi mano ya se dirigía a ella-

Muerde su cuello, siente su suavidad, su sabor...

¡Sí, su sabor! -mi mano había ido a parar al estómago de Gabrielle y ahora dirigía mi cabeza a su cuello...

Esa curva tan invitante, su mentón parecía tallado por los mismos dioses, estaba a tan sólo unos centímetros de olvidar nuestra amistad y satisfacer mi animalesco ser, cuando... Gabrielle despertó.

-¡Hola! -sonreí con las pupilas oscurecidas por el deseo y el rostro lleno de sudor-
-¿Xena qué haces? -Peguntó extrañada.-

-¡Yo nada! -apenas y pude hablar- sólo quería levantarme sin despertarte.

-Oh -y de pronto Gabrielle fue consciente de la posición de su cuerpo- ¿Cómo demonios me dices que no haces nada? -enseguida me dio una bofetada y se levantó de las pieles-.

-¡No puedo creerlo Xena! -vociferaba mientras gesticulaba exageradamente con los brazos y daba vueltas en círculo-.

-Yo no hacía nada Gabrielle, créeme.

-¡Claro Xena!, ¿Entonces por qué estabas sudando y tan cerca de mí?

Pues porque tú te mueves mucho, ¡yo no hice nada!

¿Y ahora me vas a decir que fui yo la que se propasó?

¿Pues la rodilla de quién estaba en la entrepierna de quien? -pregunté irónica y molesta-.

-¡Por los dioses Xena estaba dormida!

-¡Yo sé Gab!, pero debes confiar en mí, yo jamás te hubiese hecho nada...

-¿Ah? ¿Y por qué no? ¿Insinúas que no soy atractiva? ¿Soy muy poca cosa para ti?

-No Gabrielle, eres muy atractiva y no te considero poca cosa para mí, ¡estás bien! De hecho mejor que bien.

-¿Entonces estás admitiendo que tus intenciones si eran propasarte?

-No Gab, eres como mi hermana.

¿Y te propasas con tus hermanas?

-No Gab, es que no entiendes, no me gustas de esa forma.

-¿Y por qué no, por qué no tengo un trozo de carne colgando entre las piernas?

-No Gab, yo he estado con chicas...

-Pero yo no estoy a la altura de esas "chicas", claro, es obvio, Lao Ma, Cleopatra... ¿qué es una Reina de las Amazonas comparada con cualquiera de tus conquistas? -acto seguido se fue molesta-.

-Dime Gabrielle... porque veo que no hay nada que pueda decir que te tranquilice... ¿cuál es la respuesta que quieres obtener? -pregunté corriendo tras ella y deteniéndola de la muñeca.

-¡La verdad Xena, la verdad es la única respuesta que quiero y que aceptaré!

-Pues bien, la de hace rato fue una situación embarazosa y sí, no puedo negar que mis sentidos se obnubilaron por... porque ya hace un considerable tiempo que no estoy con alguien... pero jamás, de ningún modo haría algo que te lastimara, porque eres mi amiga, mi compañera.

-¿Me quieres? -preguntó mirándome a los ojos-.

-¡Más que a mi vida Gabrielle!

-Voy a preguntarte algo y quiero que seas honesta conmigo.

-De acuerdo.

-¿Qué significo para ti?

-Eres mi mejor amiga, eres como mi hermana, eres mi alma gemela.

¿Eso es todo? -preguntó con la voz quebrándosele y decepcionada-.

-Pues sí...

-¡Eres una idiota! -gritó, me empujó y siguió caminando-.

Yo me quedé parada pensando en lo que había ocurrido y tratando de encontrar una respuesta al porque de su irritabilidad constante. Todo lo que decía y obraba era tomado a mal y debía haber algo detrás de eso.

Tras un buen rato de no ver a Gabrielle me dispuse a preparar el desayuno, es decir, partir el pan, cortar unas rebanadas de queso y un trozo de carne seca. Al fin y al cabo, no había nada que preparar y por lo tanto no había riesgo de que lo echase a perder. Cuando todo estuvo preparado fui a buscar a Gabrielle y la encontré de rodillas llorando junto al lago. La escena me partió el corazón, sin duda algo andaba mal con ella y me sentía impotente por no saber el porqué de su estado tan lastimero; y por ello mismo, no poder ayudarle.

-¿Acaso fui tan desalmada en mis vidas anteriores que merezca este castigo? -preguntó Gabrielle golpeando el suelo con los puños-.

-¿Por qué demonios estoy enamorada de una persona que está tan absorta en si misma que difícilmente se da cuenta que existo? -preguntó doblándose del dolor y con las lágrimas corriendo a raudales por sus mejillas-.

Quise acercarme a ella pero no quería discutir de nuevo ni que se diese cuenta de que la vi en ese estado tan vulnerable. Por lo que mejor me fui de ahí y me senté a comer. Sin embargo por mi mente rondaban las palabras que Gabrielle pronunciase. No podía dejar de pensar en quien era aquel desalmado que no correspondía al amor de mi mejor amiga, sin duda era un imbécil por no darse cuenta de lo que se le ofrecía. Sólo una persona con la inteligencia menor a la de un animal despreciaría ese ángel de mujer.

-Hola -saludó Gabrielle sin mucho ánimo y con los ojos enrojecidos-.

-¡Hola Gab! -sonreí y me moví para sentarme a su lado- estaba pensando...

-¡Vaya, eso es un avance! -sonrió Gabrielle mientras tomaba el emparedado de carne seca y queso-.

-¡Graciosa!... pues como te decía, pensé que sería bueno rentar habitaciones separadas al llegar a la aldea... ¿tú qué opinas?

-¿Tantas son tus ansias por deshacerte de mí? -preguntó con la voz quebrándosele y apurando el bocado del emparedado que acababa de morder-.

-No Gab, es que pienso que sería bueno darnos un tiempo para pensar...

-Pues yo no quiero pensar, pensar es lo único que hago siempre, yo quiero actuar.

-¿Actuar? -pregunté desconcertada-.

-Sí, actuar -dijo mientras dejaba el emparedado a un lado y se precipitaba sobre mí-.

Cuando estuve con la espalda sobre el suelo y ella a escasos centímetros de mis labios comprendí que realmente necesitaba actuar.

-¿E... estás segura? -pregunté sorprendida-.

-Ja, ja, ja. Mira tu rostro -sonrió antes de levantarse de encima de mi- parecía que estuvieses siendo violada.

-Pues técnicamente... además tú hubieses reaccionado igual.

-Claro que no Xena, yo tengo control sobre mi persona -señaló arreglándose el cabello-.

-¿Ah sí? -pregunté enarcando una ceja-.

¡Sí! -señaló muy segura de sí misma-.

Entonces tiré de ella para colocarla sobre mis piernas y cuando sus labios estuvieron cerca de los míos, hablé.

-¿Entonces, qué tan controlada estás ahora bardo? -pregunté acercándome y pude notar como cerró los ojos, se estremeció al sentir mi aliento y acercó sus labios entreabriéndolos-. Ja, ja, ja, sí, veo de que hablas, demasiado autocontrol.

-¡Eres una tonta Xena! -señaló molesta y tratando de levantarse-.

-Sí, es evidente que tú piensas eso -señalé sujetándola de la cadera para impedir que se levantase-.

-¡Déjame ir Xena, eres una imbécil! -señaló golpeándome en los hombros-.

-No te voy a dejar ir porque sé que me necesitas Gab, y esta es la dinámica, mientras me necesites, aunque no me quieras contigo, voy a estar ahí y cuando no me necesites puedo dejarte tranquila, pero nunca antes.

-¿Qué te hace creer que te necesito? -preguntó viéndome a los ojos con ira-.

-Tú, tu actitud, tus desdenes, el hecho de que ya no sonríes, que siempre estás molesta... ¿quieres que continúe?

-No, tienes razón, no soy yo desde hace mucho tiempo, pero no te necesito, de hecho, eres tú quien me hace daño -señaló levantándose, aprovechando el hecho de que con su confesión las fuerzas me abandonaron-.

-¡Perdóname Gab, no tenía idea! -señalé tratando de retener las lágrimas, sin embargo, al darme cuenta de que era imposible me dispuse a caminar un rato por el bosque.

Finalmente media marca de vela después regresé ya más calmada y vi que Gabrielle ya había recogido todo.

-¿Lista? -preguntó con una enorme sonrisa, como si ninguna pelea hubiese acontecido-.

-¡Claro! -sonreí y monté a Argo- si nos apuramos, al caer la noche estaremos llegando al pueblo.

-¡Perfecto!

-¿Sabes?, creo que si ambas montamos a Argo, podremos ahorrarnos mucho tiempo...

-Estoy de acuerdo, ¿me ayudas a subir? -preguntó extendiéndome la mano-.

-Por supuesto -sonreí tirando de ella y colocándola detrás de mí-.

Finalmente con las dos sobre Argo, y admitiendo que forcé un poco a mi yegua, llegamos a la siguiente aldea ahorrándonos unos cuantas marcas de vela. De hecho, apenas se ponía el sol cuando ya habíamos dado con una buena posada y claro está, un buen establo con mucha comida para consentir a Argo.

-Pues bien, ¿lo de siempre? -pregunta Gabrielle refiriéndose a que ella hace las negociaciones y yo me dirijo a asear a Argo-.

-¡Lo de siempre! -sonrío- ¡ah!... Gab, recuerda, dos habitaciones.

-Dos habitaciones, lo anoto -sonrió y se introdujo a la posada-.

Yo por mi parte me dirigí al establo a congraciarme con Argo, ya que seguramente no estaba nada contenta por haberle obligado a trotar con más peso al que está acostumbrada.

-¡Hola preciosa! -dije al entrar al establo-.

De pronto, de una nube de humo apareció Afrodita.

-¡Gracias Xena, sabía que en el fondo me amabas!

-¡Le hablaba a Argo! -exclamé sin siquiera voltear a verla y disponiéndome a cepillar a Argo-.

-¿Con un caballo?, pues bueno, en gustos se rompen géneros...

-No es eso... es... piensa lo que quieras.

-Ahora comprendo... pobre Gab, sin duda no tiene oportunidad alguna. -exclamó lo último de manera casi inaudible, pero no para mi agudo oído-.

-¿Qué? -pregunté dejando de cepillar a Argo-.

-Que está muy bonita tu yegua, aunque sigo sin comprender que le ves... oh, ya sé, es porque nunca te molesta con sus incesantes pláticas, obvio.

-¿Y por qué estás aquí? -pregunté retornando a mi faena de cepillar a Argo-.

-Ah, el asunto es este... ¡eres una imbécil Xena! -exclamó molesta la Diosa del Amor sentándose en una silla que hizo aparecer de forma mágica-.

-Obviamente para Gabrielle y para ti lo soy -musité sin tomar la menor atención a sus palabras-.

-¿Es que no te has dado cuenta de nada? ¿De lo que pasa a tu alrededor?

-Sí, no sé si lo recuerdes pero ya nos molestaste anteriormente para enterarnos de lo que estaba aconteciendo. -señalé quitando la silla de montar a Argo-.

-No es eso boba... ¡y a propósito! ¿Cuándo tienes planeado hacer algo para liberar a Ares? -inquirió mientras limaba sus uñas-.

-Mmm, déjame pensarlo. -expuse colocando mi mano en el mentón, como si realmente fuese una decisión difícil de tomar-.

-¡Xena, esto no es un juego, estamos hablando de emociones humanas y de una que es más que turbulenta en realidad... verdaderamente preciso, no, exijo que Ares vuelva... ¿sabes la sobrepoblación que se generará?

-Los ejércitos últimamente están escasos de gente joven -exclamé saliendo del establo-.

-¡No princesita, yo te he ayudado mucho y ahora tú tienes que ayudarme! -señaló molesta apareciendo delante de mí-.

-¿Me has ayudado?... si mal no recuerdo, me has metido en sinfín de problema y te has metido y yo los he tenido que resolver.

-Está bien, échamelo en cara, no esperaba menos de ti... pero entonces, ayúdame por Gabrielle, ella está desequilibrada emocionalmente.

-¿Estás diciendo que Gab está loca? -pregunté molesta-.

-No Xena, ella, como cualquiera... que tenga corazón y sangre en las venas, está siendo afectada por la falta de una contraparte emocional al amor.

-¡Pues yo no he sentido ningún cambio en mi! -señalé frunciendo el seño-.

-Por eso dije que cualquiera con corazón y sangre en las venas -exclamó poniendo los ojos en blanco-.

-¡Óyeme!

-¡No, óyeme tú a mi Princesa!... ¿acaso no te has dado cuenta de los bruscos cambios de humor de Gabrielle?... ¡pero qué tonta, me olvidé que Gabrielle no eres tú y como no eres tú, no te interesa saber nada de ella! -exclamó encolerizada-.

-Claro que me importa, pero ella nunca me dice nada, ¿cómo puedo ayudarla si no sé qué es lo que tiene, si no comparte sus cosas conmigo?

-¡Escuchándola! -vociferó-.

-¿Eres tonta o no hablas español? Nunca me habla.

-La tonta eres tú, yo te dije escuchándola, no oyéndola.

-¡Es lo mismo!

-Me perdonas pero hay una gran diferencia, oír es poner atención a las palabras que ella pronuncia, escucharla es interpretar sus silencios, sus movimientos, su mirada, dejar lo que estás haciendo y poner tus cinco sentidos en ella.

-Pues, creo que tienes razón, últimamente se molesta mucho, luego está sonriente, rato después bromea y más tarde se molesta de nuevo... yo creí que eso era normal por la falta de... de... bueno, como no hemos combatido con nadie y... hace mucho tiempo que no pasamos tiempo separadas como para poder... tú sabes.

-No seas tonta Xena, Gab no echa de menos el sexo... porque no puedes echar de menos algo que nunca has tenido.

-¿Algo que nunca has tenido? -pregunté a una ya desaparecida Afrodita-.

Con esa frase rondando por mi cabeza entré a la posada y vi a Gabrielle sentada en una mesa cenando.

-¿Conseguiste un buen precio? -pregunté sentándome a su lado e ignorando los susurros que se desataron con mi llegada-.

-Sí, pero te tengo una mala noticia, sólo quedaba una habitación -señaló sin dejar de comer-.

¡No importa! -sonreí-.

-¿Quieres cenar? -preguntó mordiendo lo que parecía ser un trozo de carne de venado en salsa de ciruelas-. ¡La comida está deliciosa! -exclamó mientras con su mano me daba una uva en la boca-.

-Creo que una jarra de oporto está bien por el momento -musité tras comerme la uva-.

-¡Sabía que dirías eso y me he adelantado!- sonrió mostrándome la jarra-.

-¡Qué bien me conoces Gabrielle! -sonreí-.

-No es que te conozca bien, es que eres muy predecible -señaló dándole una mordida al pan negro-.

-¡Yo no soy predecible!

-¿Ah no?, ¡Pruébalo! -me retó con una sonrisa sardónica-.

-¿Y qué quieres que haga? -inquirí alzando la ceja, mostrándome segura-.

-¡Bésame! -exclamó aproximándose a mí y viéndome a los ojos como esperando mi reacción-.

-¿Así de fácil? -pregunté fingiéndome segura, cuando la realidad era que las piernas me habían temblado y las manos me comenzaban a sudar-.

-Sí, sólo eso -sonrío aproximándose más a mí-.

Entonces me acerqué a ella y la besé en la mejilla.

-¡Listo! -sonreí-.

-¡Eres una tonta! -exclamo retirándose del lugar sin terminar siquiera de cenar-.

En cuanto se fue, se desató una ola de cuchicheos que no tardé en acallar con una mirada furibunda que di a todo el mundo alrededor. Nuevamente se había molestado conmigo y otra vez volvía a denominarme tonta. Debo admitir que eso comenzaba a fastidiarme, y en esta ocasión no ardían precisamente en deseos de salir corriendo tras ella y pedirle perdón. Así que me quedé ahí hasta que terminé mi jarra y otras dos jarras. Finalmente cuando ya no quedaba absolutamente nadie en las mesas, me dispuse a dirigirme a mi habitación y al pasar junto al recepcionista, vi que estaba atendiendo a unos huéspedes de última hora.

-Queremos tres habitaciones por favor -señaló el que parecía ser el padre de aquella extensa familia, conformada por su esposa, dos hijos y dos hijas-.

-Sí, está bien, tenemos muchas habitaciones desocupadas -señaló la encargada de aquella posada-.

Me asombré, Gabrielle me había mentido, pero ¿por qué?... ¿no se suponía que estaba fastidiada de mí? ¿Que yo era una tonta?

De pronto el sueño se apoderó de mí y decidí que no valía la pena pensar más en ello y como pude, subí las escaleras para darme cuenta que de todo el conjunto de puertas que había, no tenía ni idea en cuál de ellas estaba Gabrielle. ¿Y cómo habría de averiguarlo? De la forma en que todo borracho sin sentido del respeto a los demás... ¡abriéndolas de una por una!

Abrí la primera puerta e interrumpí lo que parecía ser un trío.

-Perdón, hic, me equivoqué de cuarto, ustedes sigan, van muy bien.

La segunda puerta tampoco era la correcta, pues en el interior de esta un hombre en calzoncillos de cuero era azotado por una mujer que sostenía un látigo y también vestía de cuero negro.

-Ups, lo siento, cuarto equivocado.

Finalmente tras interrumpir un dueto homosexual, una orgía y ver bailar a un hombre vestido de mujer, di con la puerta correcta. Ahí estaba Gab, dormida en la única cama de la habitación. Dormía tan plácidamente que yo traté de no hacer ruido... pero recordemos que estaba ebria, así que tras tropezar con una mesita, tirar un vaso con agua y caer de bruces al suelo, me incorporé, me quité la armadura y "delicadamente" la arrojé contra el armario dando como resultado un ruido que hubiese despertado hasta a la Bella Durmiente... preocupada voltee a ver a Gabrielle y ella seguía dormida. Me introduje a la cama y me dispuse a dormir... sin embargo, el sueño me había abandonado.

Continuará...