Capítulo III
Gab, Gabby, Gabrielle -insistí hablándole con mi agradable aliento alcohólico a la cara-
Gab, Gabrielle -finalmente le tapé la nariz y acto seguido despertó, casi ahogándose-.
¿Qué pasa Xena? -me preguntó comprensiva tras recuperar el aire-.
¿Tú tampoco puedes dormir? -pregunté viéndola a los ojos-.
¡No, yo tampoco puedo dormir! -sonrió-.
Te quiero Gabrielle -le dije tomando su mentón entre mi dedo pulgar e índice- ¡perdóname por ser tan bruta! -le dije llorando y abrazándome a ella-.
No Xena, perdóname tú a mí, tú no has hecho nada malo, es sólo que yo no estoy bien conmigo misma.
¿Entonces no crees que sea inhumana y desalmada y tonta e idiota? -pregunté viéndola a los ojos-
No, no creo que seas nada de eso, eres una persona maravillosa que vale mucho la pena y a veces digo cosas que no siento, por no decir cosas que sí siento -sonrió tiernamente mientras enjugaba mis lágrimas-.
Afrodita dijo que estabas mal, ¿es cierto eso? -pregunté sin dejar de abrazarla-.
Sí, en cierto modo estoy mal y por otro estoy perfecta y por otro lado muero porque no muero -sonrió estrechando más nuestro abrazo-.
Creo que debemos rescatar a Ares lo más pronto posible -señalé decidida-.
Sí, creo que es lo mejor, aunque yo no he visto nada de lo que Afrodita dijo que sucedería.
¡Pues yo vi muchas cosas antes de llegar aquí! -sonreí socarrona- además, creo que esto apenas comienza y que tú has sido de las primeras afectadas porque eres muy sensible.
Hubo un cómodo silencio, las dos abrazadas, sólo nuestras respiraciones se oían, de pronto Gab habló.
Xena, tengo que decirte algo, muy importante y... ya no puedo más, no quiero que nada con respecto a nosotras cambie, pero si quieres alejarte después de lo que voy a decirte, no voy a culparte, es muy comprensible... la razón por la que estoy irritable y tan irascible es porque... pues veras... Xena yo, yo te...
No pude oír más, el sueño me venció y quedé dormida pesadamente.
A la mañana siguiente desperté y Gabrielle no estaba en la cama, estaba yo sola, bueno, yo y una tremenda resaca que me atormentaba terriblemente oprimiéndome la cabeza como si un elefante caminara sobre ella.
Me levanté de la cama y me dirigí al baño, vi una tina con agua caliente y no dudé en lo absoluto en introducirme a ella. Se sentía deliciosa el agua, que casi olvido que la boca me sabía a cenicero y en la cabeza tenía miles de sacos de polvo negro encendido. Me sumergí hasta taparme y me quedé así hasta que necesite respirar, al resurgir noté que estaba Gabrielle a mi lado.
¡Xena! -se notaba preocupada- este, ¿recuerdas lo que dijo Afrodita de las... orgías?
¡Sí! ¿Por qué?
Pues es que... toda la posada está... mmm, ¿cómo decirlo? ¡La posada parece una bacanal!, hay masas de cuerpos desnudos por todas partes, en las escaleras, en el pasillo, en la cocina, en las mesas. Apenas y se rozan y no pasan más de dos segundos cuando ya están haciéndolo...
Entonces entramos a la primera etapa, las orgías, si tan sólo supiésemos que hacer para evitar... ¿Gab, qué haces? -pregunté al ver la forma en que me miraba mientras se quitaba la ropa y se introducía a la tina.
¡Tomo una ducha! -señaló ya dentro de la tina-.
Oh, pues qué bien porque ya te hacía falta -bromeé, tratando de ocultar mi nerviosismo-.
Sí, estoy muy sucia -habló con la voz ronca y yo me estremecí-. Tal vez tú pudieras ayudar a enjabonarme -señaló sugestiva aproximándose a mí y extendiéndome con una mano el jabón y con la otra el estropajo-.
Sí, será un placer -sonreí nerviosa-.
¡Mmm, qué rico se siente! -gimió y aproximó su espalda contra mi pecho-.
Sí, el agua está deliciosa -susurré por miedo a que mi voz delatara el nerviosismo que me invadía-.
¡Riquísima! -exclamó acariciando mis piernas-.
¡Eh, Gab!... estaba pen... pensando que -ella se había volteado y me miraba fijamente a los ojos, en los cuales se notaba la inconfundible seña del deseo-. ¡Gabrielle, somos amigas! -traté de explicarle mientras se aproximaba a mí y comenzaba a besar mi cuello y ponía agonizantemente cerca su cuerpo del mío- y las amigas no hacen esto. -Insistía tratando de calmarla mientras sentía sus senos contra los míos y su abdomen pegado a mi centro- Y aum -ahogué un gemido al sentir su mano recorrer mi costado hasta mis senos-.
¿Realmente quieres que pare? -preguntó sentándose a horcajadas sobre mí y de inmediato me estremecí al sentir su caliente humedad en mis muslos-.
¡Yo... yo! -vaya me sorprendía tanta elocuencia de mi parte-.
¡Yo creo que podemos pasarla muy bien! -sonrío con una expresión de libido tal que sentí como mi corazón se agitaba dentro de mi pecho y el torrente que comenzaba a salir de mi interior-.
Pe, pe, pero yo, yo... yo... tú...
¡Shhh, no hables, sólo siente! -me dijo aproximándose a mí y mordiendo mi labio inferior-.
Definitivamente yo no estoy hecha de piedra y si algo así estaba pasando, lo más lógico era continuar. Podía sentirla estremecerse respondiendo a mis caricias, vibrando con cada roce y exteriorizando gemidos de placer, yo no podía pensar, la suavidad de su piel su sabor, me nublaban el juicio, finalmente dirigí mi mano a su entrepierna, comencé a acariciar su clítoris.
¡Xe... Xena, házmelo ya, quiero que me hagas tuya, que seas la primera -musitó a mi oído antes de morderlo-.
Entonces mi cerebro recordó aquellas palabras pronunciadas por la Diosa del Amor y al aunarlas con las de Gabrielle, al fin comprendí que era virgen y no pude seguir. A pesar de que estaba ardiendo y las manos de Gabrielle acariciaban mis senos.
Gabrielle basta -exclamé sosteniendo sus manos- no hagamos algo de lo que después podamos arrepentirnos.
Tienes razón -exclamó Gabrielle volviendo a ser ella misma-. Perdón, soy una tonta, no sé que me... ¡qué vergüenza!
No te preocupes, todo está bien -dije mientras salía de la tina y me colocaba una toalla- voy a preparar las cosas para marcharnos a rescatar a Ares -señalé saliendo del baño-.
¿Acaso eres tonta?... no hay quien le den pan y llore, hace meses que no tienes sexo ¿y ahora que se te ofrece lo rechazas? Y no me salgas con la estupidez de que ella no se lo merece. Ya está demasiado grandecita para saber si quiere o no hacerlo -de nuevo mi parte animal me atormentaba-.
Ya cállate maldita sea, ella es mi amiga y no es justo que por un desequilibrio emocional lo hagamos, no es correcto, no de esa forma -debatía conmigo misma mientras buscaba mi ropa-.
¿Y de qué forma entonces? ¡Admítelo, te hierve la sangre cuando la ves, te la pasas imaginando como será el día en que la poseas, te excita su aroma y no me refiero a últimamente!
Eso no es verdad, yo no pienso en ella de otra forma más que como mi mejor amiga. -expuse mientras me vestía-.
No digas estupideces, recuerda que somos una misma persona y sé que desde hace mucho que la deseas. ¿A quién crees que engañas? Puedes engañar a todos, menos a ti misma. Admítelo.
No voy a admitir algo que no es cierto -murmuré mientras me colocaba la armadura-.
¡Admítelo!
No
¡Admítelo!
No, demonios
¡Admítelo!
Está bien, lo admito, amo a Gabrielle. -grité esto último y para mi sorpresa, delante de mí estaba Afrodita-.
¡Cielos, espera que ella se entere de esto! -exclamó la diosa con una sonrisa en los labios-.
No, ella no se va a enterar de nada, porque nadie, ¿me oíste? Nadie le va a decir nada.
No seas tonta Xena, tienes que decírselo, es por el bien de ambas.
¡No quiero que me deje!, tengo miedo de perderla..., si yo... si yo la pierdo no sé qué haría Dita -sollozo, mientras las lágrimas corren por mis mejillas.-
Mira, no tengo tiempo para esto, esta es la cosa, las personas que son más susceptibles al desastre que se avecina, son aquellas que ocultan sus sentimientos, porque lo oculto siempre saldrá a la luz y se hará más grande, así que díselo ya. Es la única forma en que se harán inmunes a los efectos.
¡Es que no es así de sencillo Afrodita, sería más fácil si hubiera una forma de saber que ella me corresponde! -expuse sentándome en la cama y escondiendo la cara entre las manos-.
¿Y la palabra de una diosa, de la diosa del Amor quien sabe y conoce todo al respecto no te vasta? -preguntó haciendo ademanes exagerados-.
¡No es que no confíe en ti... lo que pasa es que... no confío en ti!
Pues bien ¿entonces qué sugieres?, -pregunta exasperada-.
Tal vez si pudiese saber lo que piensa...
¿Estás segura?
¡Sí, creo que esa sería la solución!
¿Y qué hay de la Xena intuitiva, la perspicaz, la que detecta a un enemigo tan sólo por el latido de su corazón? ¿Eso no te sirve? -pregunta sentándose a mi lado-.
¡No con Gabrielle!, ella es muy complicada, compleja, diversa, los tipos con los que me enfrento son siempre iguales, siempre con un solo objetivo en la mente y Gabrielle es tan... ¡Gab es tan ella misma que me asombra, me maravilla! -exclamo con una sonrisa en los labios-.
Pues sí realmente crees que el saber lo que piensa ayudará... yo puedo ayudarte con eso. ¡Sólo pídelo! -sugirió presuntuosa-.
¿Yo?, ¿pedirle algo a un dios?
No, no a un dios, a una amiga -señaló con una sonrisa tierna-.
Entonces, como amiga, te pido que me concedas el don de escuchar lo que Gabrielle está pensando.
Trato hecho -me dio un apretón de manos- ¡ya está!
¿Eso es todo? -pregunté al no ver algo mágico como era su estilo-.
Pues claro ¿qué esperabas espejos y humo... serpentinas tal vez?
No, bueno... ¿pero estás segura que funciona?
¡Probémoslo! -exclamó desapareciendo justo cuando Gabrielle salió del baño-.
Ella salió con una toalla envolviendo su cuerpo y muy centrada en lo que hacía.
Maldita sea, eres una tonta...
¿Qué? -pregunté sorprendida-.
No he dicho nada -contestó desconcertada-.
Ah, lo siento -mostré una media sonrisa al descubrir que realmente funcionaba mi recién regalado don-.
¡Claro!, típico, la cama no está tendida y no ha recogido el desastre que causó anoche... seguramente está esperando que yo lo recoja... claro, parte de ser su asistente es ser su sirviente.
¡Lo siento Gab, no he recogido, pero te juro que ahora iba a empezar a hacerlo!-. Sonreí nerviosa y apenada-.
¡No te preocupes, yo lo hago! -sonrió ella-.
No, es más, ya lo estoy haciendo -señalé mientras tendía la cama-.
¡Vaya!, ya era hora de que la princesita hiciese algo. Y seguramente ha de creer que se lo voy a agradecer cuando ella fue la que hizo todo este desorden.
¡Ya terminé! -sonreí al acomodar el vaso en la mesita que acababa de recoger, tras haber recogido todo el desastre que causé y viendo la cama tendida-.
Muchas gracias Xena, no te hubieras molestado -sonrío Gabrielle ya vestida-.
¡Pues bien!, ¿nos vamos?
¡Claro!
Al salir de la posada me dirigí al establo por Argo, le acomodé la silla, tras asegurarme que estaba bien sujeta coloqué el resto de las cosas y finalmente salimos.
¡Pues nos espera un largo viaje! -sonreí a Gabrielle antes de montar a Argo-.
¡Sí, un largo viaje!
¡Claro, como ella siempre viaja en Argo! ¿Y a Gabrielle qué?... que se la lleve el cuerno, "ella que camine detrás de mí y mi caballo, yo la poderosa Princesa Guerrera no comparto mi caballo porque me lo ensucias".
¿Oye Gab?
¿Si, qué pasa? -preguntó desconcertada-.
¿Por qué no montas tú a Argo?, yo... me siento de humor para caminar -señalé bajándome de mi yegua-.
¡No Xena, caminar está bien para mí! -exclamó con una sonrisa-.
¡No aceptaré un no como respuesta! -sentencié mostrando mi ya famosa media sonrisa-.
¡Pues si eso te hace feliz! -sonrío y la ayudé a subir al caballo-.
Todo el camino Gabrielle estuvo muy pensativa, lo cual me brindaba mucha información de vital importancia. Como el hecho de que detestaba que yo nunca ayudase con la preparación de los alimentos, que nunca compartiera mis planes con ella suponiendo que ella los daba por hecho, que no le pidiese su opinión... entre otro múltiples defectos que jamás me había dado cuenta que tenía porque nunca me los había señalado.
Y sin embargo, no había indicios siquiera de que ella me viese de otra forma más que como su amiga.
Ya estoy aburrida, ¿cuánto faltará para que lleguemos?
Está muy lejos Gab, hoy acamparemos bajo las estrellas -sonreí-.
Ella mostró una cara de resignación tal, que me enterneció.
Al caer la noche nos detuvimos cerca de una cueva, misma que sería nuestra guarida esa noche. Gabrielle lo primero que hizo al descender de Argo fue estirar las piernas y dar una pequeña caminata por los alrededores. Yo en cambio tendí nuestras camas, acondicioné una hoguera y preparé un poco de sopa de nabo (en nada parecida a la que nos preparase Joxer).
Media marca de vela después la cena estaba lista y gracias a mi meticulosa observación, había logrado que al menos se aproximase un poco a la sazón de Gab. En eso se soltó un tremendo aguacero y Gabrielle no aparecía por ningún lado, lo cual comenzaba a preocuparme. Finalmente, cuando me disponía a salir a buscarla, llegó ésta hecha un desastre, escurriendo agua a raudales cual cascada.
¿Por qué tardaste tanto? -pregunté preocupada aproximándome a ella-.
Porque perdí la noción del tiempo -expuso exprimiéndose el cabello-.
¡Aja!, ¡Estabas muy entretenida brindando placer a tu entrepierna, no te hagas!
Me sonrojé ante los pensamientos de Gabrielle y no pude verle a los ojos.
¡Pues espero te hayas divertido! -sonreí al imaginarme la candente escena y la incomodidad de Gab si supiese que puedo oír lo que piensa-.
¡Sí, demasiado! -sonrió quitándose la blusa y dándome la espalda-.
¡Toma! -indiqué extendiéndole una manta seca-.
¡Gracias! -sonrió al mismo tiempo que volteaba para tomar la manta, dejándome ver sus senos y no pude evitar quedarme absorta-.
¿Qué le pasa?, ¿Por qué me ve de esa forma?...
Eh, ¡voy a servir la cena! -sonreí nerviosa dándome cuenta de la estupidez que acababa de cometer-.
Finalmente, parada frente al caldero repleto de sopa de nabo, quise sumergir en el mi cara para ocultar mi sonrojo por mi falta de discreción.
¿Qué cenaremos? -preguntó a mi espalda y pude sentir su aliento en mi nuca, lo cual me hizo estremecer-.
Sopa de nabo -sonreí dándole el cuenco y al rozar su mano, una corriente eléctrica invadió mi cuerpo hasta el último rincón-.
No supe en qué momento comencé a sentirlo, pero no puedo dejar de pensar en ella, la deseo tanto que podría gritarlo a los cuatro vientos y ella sin embargo, es tan estoica que no nota que me derrito cuando se para a mi lado, cuando me abraza, cuando me ve a los ojos con su actitud de disculpa.
En ocasiones me imagino que me posee salvajemente. Me toma en sus brazos y me arroja contra las pieles que yacen en el suelo, mete su lengua en mi boca y destroza mis vestimentas mientras me mira con la misma pasión con que observa el campo de batalla y sus usualmente inexpresivos y fríos ojos toman un matiz nunca antes vislumbrado por mí, pero sí por aquellos, los afortunados que han sido merecedores de su deseo y su lujuria.
¿Gab, qué escribes? -me pregunta arrojando la armadura antes de acostarse en las pieles.-
Nada, trato de escribir un relato de ficción -sonrío y ella también-.
Ya es tarde, y mañana continuaremos nuestro camino a rescatar a Ares, ¿por qué no vienes a dormir? -pregunta mostrándome su media sonrisa que me vuelve loca-.
Mmm, ¡sólo un momento! -sonrío mientras enrollo mi pergamino y lo meto al morral, junto con el resto-.
Me acuesto en las pieles, Xena parece estar dormida, me quito las dagas y las coloco a mi lado. Volteo a ver a Xena y de nuevo me imagino que ella abre los ojos y se lanza sobre mí. ¡No sé porque sigo pensando esas tonterías!, Xena jamás me vería de otra forma que no sea como su amiga, "su hermana", la detesto tanto cuando dice esas palabras...
¿Por qué demonios no le resulto atractiva?... digo, no es porque se trate de mi, pero tengo buen cuerpo, me mato horas entrenando para estar excelente y no ha hecho ni un solo comentario al respecto... me le insinúo sutilmente y no reacciona, parece que fuese de piedra, diablos, me estoy desquiciando.
Ella se mueve en su cama, me acuesto y trato de dormir. ¡Cuánto desearía que me abrazara! Y de pronto, de la nada, un brazo rodea mi cintura y yo creo estar soñando.
Ha amanecido, extiendo la mano sólo para comprobar que su manta está vacía, me despierto, estiro los brazos y me incorporo. Está cargando las alforjas en Argo, la veo de espaldas y concentro mi atención en su trasero, después sus largos y fuertes brazos, de nuevo me sumerjo en mis fantasías y estoy detrás de ella besándole, lamiéndole el cuello. Aprieto mis pechos contra su espalda y tiembla en respuesta a mis caricias.
¡Gab, un poco de ayuda no me caería mal! -la escucho algo turbada, con la voz ronca y temblorosa-.
¿Cómo supiste que estaba despierta no he hecho ruido? -pregunté recogiendo las mantas de ambas-.
Por tu respiración -sonrió y no sé porque, pero noté un tono de burla en su voz, como si supiese algo más-.
Le extiendo las pieles tras haberlas enrollado y ella las amarra bien.
¿Sabes a dónde vamos? -pregunto recargando la espalda en Argo y viendo a Xena a los ojos-.
Sí, hay un grupo con las características que Afrodita nos indicó, en territorio galo. ¡Ya sabes cómo es esa gente! -sonríe y siento que la fuerza de las piernas me abandona-.
Pues bien -dice montando a Argo- ¡andando! -ahora extiende su mano y tira de mí-.
Durante todo el camino no dejo de imaginar las mil y una formas en que deseo que Xena me posea. Una corveta en el camino y me acerco de más a ella, la cual tiembla, y se le eriza la piel, está sudando, lo cual me parece extraño, porque el clima está relativamente fresco. No le presto importancia y afianzo mis manos sobre su cintura y siento un pequeño temblor, seguido por un reprimido gemido.
¿Te sientes bien Xena? -pregunto a su oído y de nuevo se estremece y gime-.
¡Estoy bien! -tartamudea, (sin lugar a dudas está nerviosa)- ¿sabes?... creo que sería mejor que caminara un poco, estoy algo mareada.
¡Si quieres podemos parar! -expreso preocupada-.
No, debemos llegar con Ares lo antes posible -indica seria bajando de Argo-.
¡Cómo odio a ese maldito infeliz!, ese bastardo me desquicia, siempre tratando de seducirla... seguramente ahora que todos estamos desequilibrados por el amor Xena desea correr a salvarle porque tiene ganas de fornicar con ese cabrón.
De pronto Xena voltea a verme sorprendida, como dubitativa de si realmente soy yo y sonrío.
Ha transcurrido mediodía y Xena permanece callada todo el camino, lo cual no es sorprendente al tratarse de ella, obviamente no aspiraría a miss grandilocuencia; lo extraño, es que me siento más cerca de ella que nunca, como si estuviese compartiendo todo lo que siento sin que se lo mencione... pero no, eso es una tontería, seguramente me estoy haciendo ilusiones de nueva cuenta y ella sólo sigue siendo ella.
¿Cuánto falta Xena? -pregunto bostezando y estirando los brazos-.
Poco, muy poco -señala comprensiva-.
Y... ¿por qué crees que Ares se haya dejado capturar tan fácilmente? -pregunto como si realmente me interesase saber algo de ese aborto de Zeus-.
Porque es un patán que sólo piensa con aquello que tiene entre las piernas -señala molesta, como si estuviese celosa y eso me molesta y me pone celosa a mí-.
Maldito patán, se cree mucho porque es el tipo de hombres que le gustan a Xena, alto, fornido, moreno, todo un chico malo y yo... ¿qué posibilidades podría tener si soy todo lo contrario comenzando por el sexo?
¡Ares no me gusta! -la oigo susurrar-.
Finalmente la noche nos ha sorprendido y ni decir de una terrible tormenta que arrecia mientras tratamos de seguir adelante.
¡Creo que lo mejor será que busquemos donde guarecernos! -indica Xena gritando para hacer notar su voz por encima de ese incesante diluvio-.
Al poco rato ambas estamos empapadas y a la entrada de una cueva.
Me quito la ropa que está completamente empapada y se sonroja al verme, mi sexo palpita en respuesta y entonces recuerdo aquella vez en la posada en la que casi se cumple mi fantasía. De pronto regreso al presente y veo que Xena está sudando y con la mirada caída.
¿Qué pasa Xena? -pregunto acercándome a ella sin reparar en mi estado-.
No es nada -sonríe mientras levanta la vista para verme y de nuevo la deja caer-.
Últimamente estás actuando muy raro -sonrío sentándome a su lado en las pieles-.
¡Y tú te has comportado tan normal!
Pues no... Pero.
Los minutos transcurren lenta y agonizantemente profundizando nuestro alejamiento y me es muy incomodo porque por primera vez en el día Gabby se ha quedado sin pensar en nada y únicamente mira el suelo de aquella cueva.
Continuará...
