Capítulo IV

¿Qué nos pasa Xena? -pregunta tomando mis manos y dirigiendo su mirada a mis ojos-.

No lo sé, últimamente no somos las mismas, ¡verás Gabby, yo, yo te quiero mucho, más de lo que te imaginas y tengo... tengo!...

¡Chicas, qué gusto encontrarlas! -oigo una voz grave y molesta que ya me es conocida-.

¡Joxer! -exclama Gabrielle mientras se esconde detrás de mí al reparar en su estado- ¿cómo diste con nosotras? -pregunta aún a mis espaldas-.

Pues en realidad, andaba por aquí y decidí unirme a mis amigas en una nueva súper aventura. Tú sabes, Joxer corazón de león presiente los problemas.

¡Obvio, tú eres uno de ellos! -mascullo entre dientes y al mismo tiempo siento como Gabrielle se aferra a mí desesperadamente- puedes permitirnos unos segundo -exclamo moviéndome con Gabrielle a mis espaldas-.

¿Pero por qué, Gabby estás bien? -pregunta avanzando hacia nosotras y tratando de ver a Gabrielle-.

Sí, pero necesito unos momentos a solas con Xena -exclama mientas se mueve tirando de mi para evitar que Joxer le vea completamente desnuda-.

¿Segura que te encuentras bien?, estás sudando -exclama sin intención de irse el bastardo ese-.

¡Con un demonio Joxer dejamos en paz un maldito segundo, acaso no te funciona la cabezota! -grito molesta porque mi mejor amiga se encuentra desnuda y no deseo en lo más mínimo que aquel imbécil pueda ver aquel espectacular y fenomenal cuerpo que sólo se muestra así a mis ojos-.

¡Xena! -me recrimina Gabrielle-.

¡Está bien, la que se va al demonio soy yo, lamento haberle gritado a tu amiguito por ahorrarte una vergüenza, pero eso me gano por tratar de ayudarte! -exclamo empujando bruscamente a Gabrielle, dejando de este modo su cuerpo desnudo a los ojos de Joxer-.

¡Xena! -exclama aterrorizada mientras recoge lo más rápido que puede una manta del suelo para cubrirse, yo ignoro esto y salgo de la cueva-.


Llevo alrededor de media marca de vela vagando por el bosque tratando de tranquilizarme y aún no lo he conseguido.

Ese maldito patán acosador me molesta en lo más recóndito del alma y la muy piruja exhibicionista se le muestra desnuda sin pudor alguno.

¡Ah, es una maldita zorra! -exclamo exacerbada mientras trato de enfocarme y recobrar la calma no sin antes descargar infinidad de golpes sobre un viejo árbol, cuya corteza resentida empieza a ceder ante mis envestidas-.

Está tan caliente que seguramente lo estará haciendo con él en este preciso instante y yo como imbécil golpeando árboles en vez de decirle que la amo con toda mi alma y que no deseo que ese cabrón se le acerque.

¡Eres patética Xena, perdiendo la cabeza por alguien que sólo te ve como mero objeto sexual debido al frenesí baquico que ha desatado la captura de Ares!... no eres más que la primer persona que tiene a mano y por lo tanto, quien desata sus fantasías, nada más que eso.

Finalmente me he tranquilizado y regreso a la cueva empapada pues no ha dejado de llover ni un solo instante.

Al entrar noto la cara de consternación de ambos, cada uno se encuentra tan alejado como les es posible. Finalmente notan mi presencia y se levantan torpemente.

-¡Xena, yo...! -exclama Joxer avanzando hacia mí, acto que detengo con un gesto mientras levanto la mano para indicarle que no dé un paso más.

-¡No pasó nada! -exclama Gabrielle tomando mi mano-.

-No, no quiero saberlo, no tienes por qué darme una explicación -exclamo molesta mientras aparto mi mano de su roce- eres adulta y puedes hacer con tu vida lo que te plazca.

-¡Xena por favor no me trates así! -solloza abrazándose a sí misma-.

Chicas, creo que yo me... mejor me voy -indica Joxer sin saber que hacer-.

Tú no te vas Joxer, nadie se va, la tormenta a fuera es horrible -exclama Gabrielle limpiándose las lágrimas del rostro; finalmente se sienta frente al fuego y pierde su vista en el-.

Gabrielle tiene razón, duerme, mañana partiremos -indico retirándome la armadura y el resto de la ropa hasta quedar en ropa interior; finalmente me acuesto en las mantas y cierro los ojos-.

La mañana ha llegado, abro los ojos y lo primero que veo es a una nota de Joxer que indica que tuvo que adelanta su partida y que lamentaba los problemas que había causado. Me reprendo mentalmente, ese pobre chico no tiene la culpa de que mi mente sea un mar de confusión... el es mi amigo, siempre ha estado ahí para mí cuando le he necesitado, me ha brindado su apoyo condicional. Ha arriesgado la vida por mí y yo... yo le trato como basura; es verdad que es un tanto cuanto despistado y torpe, pero es mi amigo. Sabía que estaba enamorado de Gabrielle, siempre ha sido honesto conmigo y yo... Me comporto como una bruja despiadada y sin sentimiento; y le grito por algo que no sabía y supongo no tenía la intención de hacer y ni siquiera le doy el derecho de réplica. Me doy asco a mí misma.

Posteriormente me levanto y comienzo a doblar las mantas para finalmente colocarlas sobre Argo. Tras haber acabado y viendo que Gabrielle aún no despertaba me dispuse a encender una fogata y preparar el desayuno.

Ha transcurrido un largo rato desde que desperté y noto como Gabrielle aún sigue dormida, no quisiera despertarla, se ve tan tierna cuando duerme que me es imposible romper su quietud y calma.

Me pongo de cuclillas junto a su manta y traicionando a mi cabeza, beso su frente mientras aparto un mechón de cabello que se encuentra sobre su rostro.

Te amo -susurra entre sueños y me provoca un gran dolor al no saber a quién va dirigida esa confesión y al suponer que no es a mí-.

Despierta -susurro a su oído y noto como se mueve y se tapa con las mantas- arriba dormilona, arriba -sonrío ante la acostumbrada rutina de cada día, que últimamente se iba perdiendo poco a poco-.

Un rato más mamá -susurra aún adormilada-.

No, es tarde y debemos seguir nuestro camino hasta Galia.

¡Ah, es por lo de Ares! -despierta abruptamente y se levanta tan rápidamente que me es imposible hacerme a un lado, por lo que su frente choca con mi nariz provocándome un enorme dolor y caigo sentada sosteniendo lo que me parece un líquido espeso y caliente.

¡Xena, lo siento, yo…! -exclama sentándose frente a mí-.

No te preocupes, creo que lo merecía por lo de ayer -sonrío mientras aún sujeto mi nariz-.

Déjame ver por favor -suplica preocupada-.

Retiro las manos y dejo que vea la magnitud del daño.

¡Cielos Xena, lo lamento! -exclama preocupada y con un gesto de dolor en su hermoso rostro-.

No es nada, he tenido peores -exclamo tratando de no ahogarme con la sangre que aún sale de mi nariz-.

Espera, sujeta aquí -dice mientras toca mi tabique- te pondré una compresa de agua fría en la frente y eso detendrá el sangrado.

Te digo que no es nada -murmuro mientras sigo las indicaciones de Gabrielle-.

Finalmente la hemorragia ha cesado y nos encontramos comiendo lo poco que no se carbonizó de nuestro desayuno.

¡Gabby, lamento lo de anoche, no sé que me pasó ni por qué me puse así, es sólo que...!

Te entiendo, sé que fue una situación incómoda y que Joxer es un poco molesto en ocasiones -sonrió dulcemente y no puede evitar corresponder a su risa-.


Mientras tanto a unos cuantos miles de kilómetros lejos de ahí.

-¡Suéltenme maldito fanáticos! -bufaba molesto el dios de la guerra- ¿saben ustedes lo que ocurrirá si no me liberan?

Sí, terminará la guerra, tú morirás y el amor prevalecerá como el poder supremo -expresó la sacerdotisa de aquel grupo-.

¡De verdad que lo que tienes de bonita lo tienes de estúpida... el mundo me necesita, mi hermana me necesita, deben liberarme, soy un mal necesario! -gritaba mientras golpeaba el campo de fuerza alrededor suyo-.

¡Calla! -sentencia firmemente aquella mujer- pronto dejarás de existir, deja de luchar y disfruta tus últimos instantes de vida.

¡Estás loca!, ¿me oyes? ¡Loca! -gritó con el rostro enrojecido-.

¡A callar! -sentenció mientras con un pase de su mano provocó una fuerte descarga eléctrica en el cuerpo del de por sí ya debilitado dios.

¡Xena vendrá, ella y su loca amiguita rubia vendrán a salvarme y tú lamentarás esto... en cuanto salga de aquí juro que te mato! -exclamó antes de perderse en la inconsciencia el dios-.

¡Patadas de ahogado! -sonrió con sorna la sacerdotisa-.


De nuevo en el campamento...

¿Lista? -pregunto tras colocar nuestras pertenencias en Argo-.

¡Yo nací lista! -sonríe aproximándose a mí-.

Entonces pongámonos en marcha, hoy llegaremos a un astillero y tomaremos un barco hacia Galia. Debemos apresurarnos -sonrío tras haber montado a Gabrielle en Argo-.

¿Cuánto tardaremos en llegar? -preguntó preocupada por el daño que le causaba estar en un barco por mucho tiempo-.

Lo siento, pero será un viaje de tres días... aunque siempre puedo aplicarte los puntos de presión -sonreí comprensiva-.

¿Y terminar comiendo calamar crudo?... ¡no, no lo creo! -dijo con cara de asco- ¿te estás vengando por lo del golpe, cierto? -inquirió resignada a tener que pasar tanto tiempo en el navío que nos llevaría a nuestro destino-.

¡No, cuando me vengue por lo del golpe lo sabrás, esto solo es un gaje del oficio! -sonreí perversa-.

¡No quiero ni imaginarme tu venganza! -fingió estremecerse de miedo-.

¡Legará antes de lo que imaginas, antes de lo que imaginas! -sonreí en mi interior-.


Mientras tanto en el Monte Olimpo...

¡Por las barbas de mi padre, sí que son tontas estas mujeres! -expuso molesta Afrodita ante lo que veía- necesito hacer algo para que este par de brutas finalmente se confiesen cuanto se aman... pero no tengo permitido modificar la vida de los mortales, ni intervenir directamente... me desquician completamente...

¿Qué es tan entretenido? -preguntó Artemisa a espaldas de su hermana-.

¡Nada! -musitó nerviosa la diosa del amor mientras con un pase de su mano desaparecía la imagen de las mujeres que momentos antes observara-.

¿No confías en mi Afrodita? -inquirió perspicaz la diosa de la caza- ¿me estás ocultando algo?

¡Por los dioses, eres muy desconfiada!, ¿por qué tendría que ocultarte algo? -inquirió apartándose-.

¿Por qué estás tan nerviosa? -inquirió divertida la diosa-.

N-n no estoy nerviosa, no tendría por qué estarlo -profirió con una seguridad a todas luces falsa-.

¡Está bien, olvídalo, estás tan a la defensiva que no creo poder sacarte algo! -exclamó dejando el asunto por la paz- yo solo quería preguntarte donde está nuestro queridísimo hermanito, hace días que no lo veo y la verdad estoy un poco preocupada por el -expuso honestamente la diosa de la caza-.

¿De cuándo a acá te preocupas por tus hermanos, y en especial por Ares? -inquirió con sarcasmo la diosa del amor-.

Yo siempre me preocupo por mis hermanos, el hecho de que no lo demuestre no quiere decir que no lo haga -expuso Artemisa a la defensiva-.

¡Está bien, te creo! -sonrió tiernamente la diosa del amor ante la actitud de su hermana- la verdad es que Ares ha sido tomado prisionero por un grupo de locos fanáticos del amor y la paz -expuso dando un pase sobre aquella especie de ventana al mundo mortal, dando como resultado la imagen de Ares inconsciente con un grupo de personas encapuchadas realizando una especie de ritual-.

¡Esos malditos! -exclamó molesta la diosa de la caza- pero ahora verán, mandaré a toda mi tribu a rescatar a Ares y a darles una lección a esos idiotas -vociferó mientras se daba la vuelta-.

¿Hace cuánto tiempo que no ves a tu tribu? -preguntó Afrodita con una sonrisa de quien sabe algo-.

Bueno, la verdad es que las he dejado un poco solas últimamente por asuntos que requerían de mi entera atención -expuso Artemisa tratando de disculparse- ¿pero eso a qué viene al caso?

¡Por esto! -indicó mientras en la ventana aparecía la imagen de una orgía amazónica-.

Por las pelotas de Zeus, ¿qué es esto? -cuestionó sorprendida-.

Eso es el resultado de que tengan a Ares prisionero, todo el mundo se dedica a "hacer el amor" literalmente -expuso con una sonrisa al ver la expresión en el rostro de su hermana, la cual no dejaba de observar lo que su tribu hacía-.

¿Esa es Varia? -inquirió señalando con el dedo a una mujer dentro de aquel grupo de cuerpos desnudos- ¿y esa otra es Ephyni?

¡Tranquila, no creo que tú no lo hayas hecho alguna vez! -sonrió con mofa Afrodita-.

¿Y ahora qué haremos si todo mi ejército está inutilizado? -preguntó apartando finalmente la vista de aquel morboso espectáculo-.

¡Me he adelantado y ya conseguí a las dos mejores guerreras! -sonrió airosa Afrodita-.

¿Te refieres a Xena y Gabrielle? -preguntó desconcertada la Diosa de la Caza- ¿pero que no ellas?...

¡No, con ellas ocurre todo lo contrario! -señaló Afrodita poniendo los ojos en blanco con cara de cansancio-.

¿Cómo que todo lo contrario? -cuestionó Artemisa-.

¡Observa! -profirió la Diosa del Amor dando un pase sobre la ventana al mundo mortal...


De vuelta con nuestras heroínas…

¿Qué demonios ocurre contigo Gabrielle? -interpeló molesta la pelinegra ante la cachetada que la bardo le había dado-.

¡No te hagas, si se te iban los ojos detrás de esa mujerzuela! -gritó molesta la bardo-.

¿Pero qué tienes en la cabeza?... por Zeus Gabrielle es una de las hermanas de Gaea y sólo me estaba pidiendo un donativo para el orfanato -resopló molesta la Princesa Guerrera-.

¡Pues se viste muy escotada como para ser monja! -indicó Gabrielle aún furiosa-.

Pero si lo único que se le ve es la cara y los zapatos -indicó incrédula la pelinegra-.

¡Pues debería usar un velo!

¡Ven acá! -sonrió la pelinegra abrazando a la bardo que se mostraba aún molesta y renuente al contacto- definitivamente tenemos que llegar pronto a rescatar a Ares -sonrió la pelinegra besando la frente de su amiga-.

¡Y ahí vas de nuevo a mencionar a aquel aborto de los dioses! -gritó molesta la rubia apartándose del abrazo- ¿Por qué no gritas que te lo quieres coger bien y bonito? -gritó aun más molesta llamando la atención de todo el muelle-.

¡Gabrielle no es el momento! -farfulló entre dientes la pelinegra-.

¡Nunca es el momento, en especial cuándo es el momento!... -acto seguido se subió sobre una tarima y comenzó a gritar- damas y caballeros, niños y niñas, todos los presentes, presten atención al relato de esta bardo, esta era una poderosa princesa, muchos la llamaban la Princesa Guerrera...

¡Gabrielle! -vociferó la pelinegra para que bajara de ahí pues creía saber lo que vendría después-.

¡Como decía, era la Princesa Guerrera, quien poseía una lujuria insaciable, era experta en la cama, mejor que la mejor de las rameras imperiales!

¡Ya basta! -gritó furiosa la pelinegra mientras subía a por Gabrielle-.

¡Pero si apenas comienzo! -gritó la bardo sin intención de moverse- grandes personalidades como la emperatriz del reino de Chin, Cleopatra, Ulises, Hércules, Iolaus, Marco Antonio, el mismo Cesar, ah, y por supuesto Ares, el dios de la guerra se contaban entre la infinidad de sus compañeros de cama. Las orgías en las que esta poderosa princesa había participado eran incalculables, sus gesticulaciones, sus murmullos, sus gemidos al tener sexo eran asombrosos...

¡Ya es suficiente! ¿me oyes? -gritó la Princesa Guerrera mientras tomaba a su compañera del cabello y tiraba fuertemente-.

Mientras tanto en la multitud todos estaban muy entretenidos con la "capacidad histriónica" de nuestras heroínas en cuestión.

¡Está buenísima esta obra! -murmuró un pescador a su compañero de al lado-.

Sí, mejor que las obras de Esquilo -indicó el otro hombre-.

¡Quién dijo que el teatro callejero no servía no ha visto a estas dos! -musitó una mujer maravillada por el espectáculo-.

¡Ya suéltame, me estás lastimando! -gritó la bardo mientras apretaba fuertemente la nariz lastimada de la guerrera, la cual no pudo más que retroceder y sollozar por el dolor-.

¡Esta me la pagas con sangre! -gritó la pelinegra mientras sacaba su espada con la firme intención de lastimar a la bardo-.

¿No puedes sin tu juguetito? -cuestionó la bardo con mofa-.

Con o sin juguetito acabaré contigo -bufó la guerrera volviendo a envainar la espada y colocando los puños en posición defensiva-.

¡Adelante guerrera de pacotilla! -le retó la bardo-.

La guerrera finalmente se lanzó con toda su furia a atacar a la rubia y asestó el primer golpe contra el abdomen de la chica, la cual cayó de rodillas inmediatamente quedando inconsciente.

¡Cielos Gabrielle, lo lamento, yo...!

En el preciso momento en que la guerrera se arrodilló para ayudar a su compañera, y cerciorarse de no haberle hecho tanto daño, esta golpeó fuertemente su ingle y apretó su nariz levantándose mientras tiraba de ella.

¡Tu sentimentalismo es tu punto débil guerrera! -sonrió triunfal la bardo al haber "derrotado" tan fácilmente a la guerrera-.

¡Lo mismo podría yo decir de ti! -expuso con la clara muestra del dolor en su rostro pero aún sin doblegarse-.

¡Suplica misericordia! -gritó la rubia apretando más fuerte la nariz de la guerrera, haciendo que la sangre brotara de ella de nueva cuenta-.

¡Jamás! -contestó adolorida la guerrera-.

¡Xena la Princesa Guerrera derrotada por una simple bardo de Potedia! -sonrió perversa la rubia- una historia para cantarle a mis nietos.

¡Eso si continúas con vida para mañana! -sentenció furiosa la pelinegra mientras golpeaba fuertemente a una desprevenida bardo, la cual cayó al suelo de nueva cuenta-.

¡Esto se pone cada vez mejor! -chilló un pequeño niño emocionado-.

Tras caer Gabrielle al piso la guerrera de los ojos azules se desplomó de rodillas mientras sostenía su adolorida nariz.

¿Eso es todo? -se oyó la protesta general por el rápido desenlace de aquella estupenda obra-.

Mas de pronto la bardo se arrojó sobre la desprevenida guerrera y comenzó a golpearla en el rostro.

¿Tu madre no te enseñó a terminar lo que empiezas? -cuestionó gritando mientras no paraba de propinar golpes contra la cara de la guerrera-¡si así eres en la cama debo suponer que no eras tan buena como se dice!

¿Te gustaría averiguarlo verdad? -respondió la guerrera golpeando el rostro de la bardo y rodando hasta colocarla bajo ella- pero lamento decirte que no cumples mis expectativas "niña" -profirió con engreimiento-.

¡No soy una niña! -gritó furiosa la bardo para finalmente besar con furia los labios de la guerrera, mordiendo su labio inferior de tal modo que pudo sentir el sabor metálico de la sangre-.

¡Eres una zorra! -musitó la pelinegra con el labio roto- una ofrecida -rió sonoramente la pelinegra-.

¡No tanto como tú! -gritó la bardo molesta mientras volvía a besar a la guerrera de ojos azules-.

¡Lo que te hace falta es alguien que te coja y te quite lo amargada! -vociferó la guerrera mientras metía la mano bajo la falda de la rubia y comenzaba a acariciar su entrepierna por encima de la ropa interior, lo cual provocó un gemido de esta-.

¡Esto se está poniendo interesante! -murmuró un acalorado marino-.

¡Ni que lo digas, las dos están como para no salir del cuarto en una semana! -sonrió un sujeto cuya excitación se podía percibir a simple vista por el enorme bulto de su pantalón-.

Mientras tanto en la tarima ambas chicas se devoraban ferozmente, ¡cómo habían llegado a ese punto no importaba, lo importante era lo que estaban sintiendo en ese preciso momento!

Mmm, que rico es esto, se mueve tan bien. Oh, vamos guerrera, hazme tuya, muéstrame tu lado salvaje, poséeme y olvidemos a ese cabrón de Ares.

¡Ares! -gritó la guerrera volviendo en sí-.

¡No te detengas! -protestó la bardo tirando de la guerrera para continuar-.

¡Levántate, nos vamos! -expresó fríamente la guerrera-.

¡Ah, demonios, te odio tanto!

Sí, sé que no soy dios de tu devoción pero tenemos que irnos -respondió levantando a la rubia-.

¡Suéltame maldición! -gritó la rubia dando una tremenda bofetada a la morena-.

¡Bravo! -gritaron todos los presentes y para sorpresa de ambas, comenzaron a arrojar denarios a la tarima-.


De vuelta en el monte sagrado…

¡Vaya con esas dos! -murmuró Artemisa acalorada-.

Eso es lo que sucede sin Ares -sentenció la diosa rubia-.

Jamás pensé que fuese tan necesario ese cabroncete que tenemos como hermano -indicó la diosa de la caza pensativa- tenemos que hacer algo, como este par siga así se terminarán matando u olvidando que deben rescatar a Ares -dijo esto último con la imagen de ellas dos devorándose salvajemente en la mente-.

No, Xena nunca olvida una misión -sonrió recordando aquella vez que obsesionó a la Princesa Guerrera con la pesca y esta con todo y eso logró arrebatar el diamante de manos de los malhechores para arrojarlo a la constelación- es Gabrielle la que me preocupa.

Sé que no debemos intervenir directamente, pero al menos podemos evitar de forma indirecta que estas dos peleen o...

¿O se maten haciendo el amor? -inquirió la rubia-.

Su pasión es mucha, son tremendamente violentas y francamente, de una forma u otra terminarían matándose -indicó Artemisa atemorizada-.

No te preocupes hermanita, les haremos visitas constantes para cerciorarnos de que todo está bien y para darles las indicaciones necesarias, por lo pronto ya han abordado el barco hacia Galia y llevan dinero más que suficiente -sonrió-.

Debemos decirle esto a padre -sentenció la diosa de la caza-.

No, no podemos, se pondrá furioso, lo conozco, comenzaría a lanzar rayos a diestra y siniestra.

Pero debe saberlo, honestamente no creo que Xena y Gabrielle lo logren.

Regales el beneficio de la duda hermanita. Te prometo que ante la menor señal de que no podrán cumplir con su misión, yo misma le aviso a padre.

¡No lo sé Afrodita! -expresó dubitativa la diosa-.

¡Por favor!, palabra de diosa -indicó levantando una mano en señal de promesa-.

¡Está bien! -indicó apretando la mano de su hermana para demostrar su acuerdo- ¿qué harías si no te quisiera yo tanto? -cuestionó casi inaudiblemente la diosa antes de desaparecer-.

¡Qué extraño, creí que el desequilibrio emocional sólo afectaba a los mortales! -pensó la diosa ante las palabras de su hermana-.

Continuará...