Capítulo V

¡Pues bien! -sonrió Xena acercándose a la bardo en señal de disculpa-.

¿Pues bien qué? -interrogó la joven sin siquiera voltear a verle-.

¡No me vas a decir que estás molesta Gabrielle, después de todo yo llevé la peor parte! -sonríe tiernamente la guerrera mientras se soba el amoratado rostro-.

¡Me golpeaste Xena, y casi me mancillas! -expresó molesta la bardo con una mano sobre la mejilla donde Xena le había golpeado-.

Perdona que te lo eche en cara pero tú comenzaste todo y... si mal no recuerdo la que no quería separarse de mi eras tú -se burló la guerrera-.

¡Eres una tonta Xena! -gritó la bardo mientras se dirigía al camarote soportando las nauseas-.

Sí, soy una tonta pero aún así soy tu mejor amiga y no voy a dejar que sufras -sentenció mientras iba tras ella hacia el camarote-.

Déjame tranquila, ¿no me has humillado lo suficiente por un día? -musitó dolida la bardo-.

¿Yo te humillé a ti?, ¿y qué hay de "mejor que la mejor prostituta imperial"? -inquirió enarcando una ceja-.

¡Era ramera! -sonrió la bardo recordando como comenzó todo-.

¿Es una sonrisa eso que veo en tu rostro? -inquirió la pelinegra avanzando hacia su amiga-.

¡Puede ser! -respondió sonriendo-.

¿Ves, acaso no es mejor cuando reímos en vez de pelear? -cuestionó la guerrera abrazando a su amiga-.

La verdad es que sí -sonrió la bardo sobándose el adolorido abdomen- tienes un muy buen golpe.

¡Tú no te quedas atrás! -indicó sobándose el rostro-.

¿Te duele mucho? -preguntó la bardo posando una mano sobre la mejilla izquierda de la guerrera, la cual estaba tanto o más molida que el resto de su rostro, los colores azulados, morados y verdosos hacían acto de presencia, además de una abertura en el pómulo que mostraba un color rojizo-.

No mucho, he estado en peores -sonrió la guerrera, con el ojo derecho hinchado de tal modo que le era imposible abrirlo, aunado a esto, la nariz que parecía tener desviado el tabique y que lucía un horrible color violáceo y malva-.

¡Lo lamento mucho! -sonrió la bardo arrepentida-.

No te arrepientas, debí cubrirme mejor -señaló la guerrera-.

¿Pero cómo ibas a luchar contra tu amiga?, yo me aproveché del cariño que tienes por mi y lo lamento tanto.

No te preocupes, esto sanará rápidamente -sonrió tocándose la nariz mientras una mueca de dolor apareció en su rostro- unos simples golpecillos de una bardo no acabarán conmigo, todavía hay Xena para rato.

¡Eso espero! -susurró la bardo recargando su cabeza en el hombro de su amiga- ¿Xena?

¿Mmm?

¿Tú me quieres? -preguntó sin levantar el rostro-.

¡Mucho Gabrielle! -sonrió la guerrera besando el dorado cabello de su compañera-.

¿Te parezco atractiva? -indagó la bardo depositando un beso en la clavícula expuesta de la guerrera-.

Por los dioses Gabrielle, claro que eres atractiva. ¿No te lo dijo Perdicas? -consultó enternecida y sorprendida por el beso en su piel expuesta-.

S-sí, pero, yo quiero decir, te, te... ¿tú crees que soy deseable? -inquirió alzando la vista a los azules ojos de su amiga-.

Por supuesto Gabrielle, muchas personas te desean, la nación amazona entera te desea, ¿has visto cómo te mira Eponin? Por otro lado está Iolaus, Joxer no puede vivir sin tu presencia, incluso Ares se siente algo atraído por ti -sonrió la guerrera-.

¿Te, te parezco deseable? -cuestionó la bardo mirando fijamente a le guerrera. Al ver la duda en el rostro de su compañera prosiguió- es decir, ¿a ti, Xena, te parezco deseable?

Sí, eres deseable -sonrió un tanto avergonzada-.

¿Me deseas? -preguntó la bardo con voz ronca y sensual-.

¿D-de des, desear "desear"?

Sí, desear "desear" ¿me deseas como mujer? -preguntó la bardo con la pupila obscurecida-.

B-bu, bue, bueno yo... yo... tú... la verdad.

Vamos Xena, dime que me deseas, no te estoy demandando que me declares que me amas, di que sí, muéstrame que provoco algo en ti, en tu interior, ¡por favor, dilo!

¡Eres muy hermosa Gabrielle y cualquiera con dos dedos de frente podría darse cuenta -al ver la cara de decepción y desconsuelo de su bardo, la cual la ocultó como muestra de que las lagrimas comenzarían a brotar, prosiguió- y yo te deseo desde hace mucho tiempo, pero...

¡Aquí viene el pero!, siempre hay un pero.

Pero somos amigas -profirió Xena apartando la mirada pues sabía que había decepcionado a la bardo-.

¡Está bien! -indicó resignada la bardo escondiendo su rostro en el hombro de la guerrera- pero ¿si no fuéramos amigas yo tendría alguna oportunidad? -preguntó con una tierna sonrisa mientras se enjugaba las lágrimas-.

¿Por qué preguntas eso? -inquirió la guerrera esperanzada en que toda esa conversación no fuese producto del desequilibrio emocional que estaba sufriendo la humanidad-.

¡Por qué, porque me gustas mucho Xena, te deseo tanto que me duele! -indicó la bardo llorando de nueva cuenta-.

Xena ocultó su rostro avergonzada por lastimar tanto a la mujer que amaba. A la vez que reflexionaba en aquellas palabras, que no eran de amor, sino de mero deseo físico, un acto carnal sin más.

¡Yo no entiendo que ves en mi Gabrielle! -indicó la guerrera enternecida-.

¡Eres hermosa Xena, tan segura, tan fuerte, tan tú! -indicó sorbiendo sus lagrimas- te deseo con todo mi empeño, deseo tus manos sobre mi cuerpo, tus labios sobre los míos...

Shhh, no sigas Gab -suplicó la guerrera mientras apartaba a su joven amiga-.

¡Por favor Xena, por favor no me rechaces!

¿Cómo podría hacerlo?, pensó la guerrera al oír los pensamientos de su adolorida y sollozante compañera.

¡Ven, vamos a dormir! -indicó abrazando a su compañera mientras limpiaba sus lagrimas y besaba su frente- demasiadas emociones por el día de hoy.

La bardo se dejó conducir, estaba cansada, mareada y con el corazón destrozado porque la mujer a la que amaba no era capaz siquiera de regalarle una noche a su lado. No le pedía mucho, sólo una noche y con todo y que los mortales estaban con las hormonas por el cielo; la fría y estoica guerrera no le obsequiaba ese tan anhelado regalo.

Al entrar al camarote Xena ayudó a Gabrielle a quitarse las botas y ella misma se quitó la armadura.

Voy a tomar un baño, ¿no vienes? -preguntó la bardo colocando sus cosas en el suelo-

No, yo tengo mucho sueño, prefiero dormir -respondió la guerrera desnudándose y acostándose en la cama-.

Finalmente la bardo se introdujo en la pequeña tina en su camarote y se relajó al sentir el líquido en su adolorida anatomía.

En el abdomen, como lo supuso, había un gigantesco moretón que contrastaba terriblemente con el color de su piel. Tomó el jabón y comenzó a tallar, el dolor en su pantorrilla izquierda le hizo descubrir un nuevo y resplandeciente moretón en esta.

No prestó mucha atención y siguió enjabonando su cuerpo, el dolor en el costado izquierdo era horrible, las costillas estaban aún resentidas por el tremendo golpe que se dio al caer por el golpe que le propinara Xena en el abdomen. Posteriormente se enjabonó el pelo y se talló la cara, la cual le dolía por el golpe que le dio Xena para quitársela de encima.

No obstante, cuando se enjabonó la entrepierna los recuerdos de la guerrera besándola salvajemente y acariciando esta zona llegaron a su mente. Rápidamente se enjuagó y salió de la tina con dirección a la cama donde una alta guerrera dormía plácidamente.

Lentamente, para no despertarle se acercó a la cama, retiró lo más suave que pudo la manta que cubría aquel cuerpo desnudo, tragó saliva ante el espectáculo que vio frente a ella y rogándole a todos los dioses del Olimpo que no se arrepintiera de lo que iba a hacer, se metió a la cama colocándose sobre la guerrera. Comenzó a besar el cuello de la alta guerrera y finalmente se sentó a horcajadas sobre el abdomen de ésta esperando su reacción.

La guerrera inmediatamente despertó sobresaltada al sentir un cuerpo húmedo sobre ella y vio a su compañera con los ojos obscurecidos por el deseo.

¿Gab, Gabrielle qué haces?...

¡No me rechaces por favor Xena! -sollozó la bardo con ojos cristalinos- ¡sólo esta noche, no pido más!

¡Pero Gab! -exclamó Xena incorporándose con la bardo sobre su abdomen-.

¡Por favor Xena! -exclamó tenuemente mientras las lágrimas comenzaban a correr por su angelical rostro-.

¡No Gab, no llores! -profirió la guerrera abrazando el cuerpo de su desnuda amiga con cuidadosa y tierna atención-.

Lo siento, soy una tonta -exclamó la bardo escondiendo su rostro en el cuello de su amiga-.

No digas eso Gabby, no eres tú, es toda esta cosa del desequilibrio emocional en el mundo, tenemos que hacer algo pronto -expuso la guerrera besando la frente de su amiga-.

¿Y si esto que siento por ti es real Xena, si no se debe a Ares? -cuestionó la bardo apartando su rostro de los ojos de su amiga-.

¿Pero qué podrías ver tú en mí? -cuestionó la guerrera enternecida-.

Por dios Xena, eres hermosa, eres todo lo que he deseado...

De repente unos golpes en la puerta del camarote interrumpieron la conversación de ambas chicas.

Yo voy -exclamó Gabrielle levantándose de encima de su amiga, acto seguido se colocó una bata y abrió la puerta-.

¿Sí? -cuestionó a quien parecía ser un mozo del barco-.

Quería saber si no se les ofrecía algo más ya que me voy a dormir -exclamó sonrojado el joven suponiendo haber interrumpido algo pues delante de él se encontraba una rubia que cubría su desnudez con una diminuta bata y en la cama una guerrera apenas cubierta por una sábana bostezaba.

No, estamos bien -sonrió la bardo despidiendo al chico para finalmente cerrar la puerta-.

¡Así que tres días en esta tortuosa, tambaleante y rechinante maquina! -expuso en tono casual la bardo mientras se dirigía a su cama y se quitaba la bata-.

Sí Gab, tres días -sonrió Xena- sabes que podría aplicarte los puntos de presión en cuanto lo solicitases.

No gracias Xena, prefiero soportar las náuseas al dolor estomacal que me producirá comer cosas absolutamente desagradables -exclamó cubriéndose con las sábanas- hasta mañana.

Hasta mañana -respondió en medio de un bostezo la guerrera-.


De vuelta con el dios de la guerra…

¡Pero mira quien ha despertado! -exclamó la sacerdotisa viendo al Dios de la Guerra volver en sí-.

¡Eres una perra! -exclamó molesto el dios sobándose las sienes- ¿para qué haces esto, cuál es tu objetivo, qué pretendes lograr?

Mi objetivo es obvio, deseo que mueras...

¿Qué no te das cuenta que sin mí no hay equilibrio?, ¿eres demasiado imbécil como para creer que el amor puede existir sin el odio?, ¿la paz sin la guerra?

Vaya, es bueno que el saber que tu final está cerca te convierta en poeta, ¡un pésimo poeta!, pero ya es un avance -exclamó con sorna la sacerdotisa-.

Déjame libre y te prometo que no te mataré, olvidaré todo esto...

¿Suplicas? -cuestionó la mujer con tono divertido-.

¡Negocio! -exclamó Ares-.

Tu le llamas vaso medio vacío, yo prefiero verlo medio lleno -sentenció la mujer mientras tomaba una copa de vino- ¿recuerdas el fresco sabor del vino?, apuesto que tienes sed...

Un dios no tiene sed -exclamó el dios dándole la espalda-.

Pero tú has de tenerla, has ido perdiendo tu poder, te estás convirtiendo en un remedo del dios que fuiste, ahora entiendes y experimentas los sentimientos mortales. Apuesto a que tienes miedo, estás desesperado, harías cualquier cosa por vivir...

Déjame en paz -vociferó el dios- ¿qué demonios te he hecho?

¿Qué me has hecho?, ¿qué nos has hecho?, sería una mejor pregunta. Destrucción, genocidio, lucha entre hermanos.

Yo no los obligué, ellos lo hicieron, el hombre tiene maldad innata en el corazón, no son blancas palomas.

Pero tú te has aprovechado de esas debilidades y con tu muerte un nuevo ciclo comenzará. Una etapa de paz, amor, tranquilidad, donde todos los hombres sean hermanos...

¿Quién es la pésima poeta ahora? -cuestionó el dios con sorna-.

Piensa lo que quieras, estás perdiendo tu divinidad y en cuanto lo hagas dejarás de existir y yo me regocijaré en ello. ¡Morirás cual mortal, morirás de la misma forma en que mataste a mi familia!

¡Así que es por eso, por sentimentalismo, sensiblería…! ¿Sabes?, comenzaba a respetarte. Cruel, insensible, y ahora esto, ¡eres patética! -rió el dios-.

¡Calla! -gritó mientras las lagrimas comenzaban a brotar de sus ojos- tú y tu ejército mataron a mi familia, no les importó nada, sólo la gloria y por eso morirás -exclamó mientras provocaba una fuerte descarga que dejó inconsciente al dios de la guerra-.


En el Olimpo…

Hermanito, hermanito -exclamó Afrodita alejando la vista de aquella imagen- tarde o temprano te llegaría tu merecido, desafortunadamente para esta chica no se puede llevar a cabo su venganza porque el mundo mortal te necesita, porque yo te necesito.

¿Qué haces? -cuestionó Artemisa acercándose a su hermana-.

Nada -exclamó nerviosa la diosa-.

¿Por qué no confías en mí? -cuestionó la diosa-.

No, no es eso, es sólo que... -musitó con su típica sonrisa de culpabilidad-.

Por Zeus Dita, yo podría ayudarte, ten fe en mi, sé que no he sido la mejor hermana, no he ayudado en mucho y que tal vez no sea la mejor diosa, ni confidente, pero te quiero.

En momentos como este desearía que Atenea tomase más enserio su papel como diosa estratega que como diosa de la sabiduría, todo sería más fácil de ese modo.

Sí, pero sabes que ella se inclina más por las polis griegas, la industria, las artes y la sabiduría.

¡Pero es que su deber es ser el lado bueno de la guerra, el lado estratégico, y ella está más interesada en cortejar a Polimnia (1) que en ayudarme a controlar el mundo mortal!

Yo puedo ayudar -exclamó la diosa de la caza tomando entre sus manos las de su hermana-

No es que me moleste, ¿pero por qué ese repentino interés en ayudarme? -cuestionó la diosa-.

Porque te quiero ayudar simple y llanamente -exclamó la diosa- ¿debe haber alguna razón para ayudar a mi hermana, más que por ser mi hermana?

Pues en realidad considerando que siempre me has dicho que no soy tu hermana porque yo soy hija de Urano y tú de Zeus y Leto...

Está bien, no eres mi hermana, nunca lo has sido pero aún así te quiero, te quiero incluso más que al cabroncete de Ares.

¿Cómo me puedes decir que me quieres más que a Ares si ustedes dos me llamaban "la espumosa"(2) y siempre se burlaban de mi?

Las personas, incluso los dioses cambian -exclamó apenada la diosa de la caza-.

De acuerdo, fingiré que te creo y que en verdad deseas ayudarme -sonrió la diosa del amor-.
-¿Cuál es el plan?

Poseidón aún está molesto con Xena por aquel "incidente" de hace algunos años así que debemos convencerlo de que no desate su furia y cree una tormenta, no podemos decirle que es para ayudar a los mortales porque a él no le interesan y les tiene un poco de rencor desde que el rey Minos se negó a sacrificarle un toro.

Ni me lo recuerdes, ese maldito Mino tauro causó muchísimos problemas.

Y dado que tú y él se entienden mejor que él y yo, creo que dejaré en ti esa responsabilidad.

De acuerdo, hablaré con él en este preciso instante -exclamó la diosa desapareciendo-.


Mientras tanto en el barco…

¡Buenos días dormilona! -exclamé sentándome a un lado de Gabrielle-.

¿Qué tienen de buenos? -preguntó molesta- me siento terrible, como si mi estómago estuviese invadido de sanguijuelas.

¿Por qué no dejas que te aplique los puntos de presión? -cuestioné divertida- prometo que vigilaré que no comas nada extraño.

Está bien, anda -indicó extendiéndome el brazo-.

Localicé los nervios y con una rápida y certera presión le liberé de las nauseas.

¿Cómo te encuentras ahora?

Mucho mejor -sonrió incorporándose en la cama- ¿tú cómo estás? -preguntó examinando mi rostro-.

Siento como si una bardo furiosa y enloquecida me hubiese propinado una paliza -sonreí-.

Espera aquí, iré a traer un poco de agua caliente para limpiarte las heridas -indicó incorporándose-

De acuerdo, esperaré, pero durante tu visita a la cocina no comas calamar crudo ni alguna otra cosa extraña.

Intentaré contenerme -sonrió mientras salía del cuarto cerrando la puerta tras de sí-.

Dos días a su lado -reflexioné al quedarme a solas- los dioses deben estar muy molestos conmigo como para someterme a esta cruel tortura, la deseo tanto que duele y sin embargo la amo tanto que no soy capaz de aprovecharme de la situación en la que estamos. Cuanto quisiera acallar esa molesta voz que me dice que no es lo correcto y simplemente hacer lo que me dicta el corazón. Sé que la amo, de eso no hay duda, pero no sé si ella sienta lo mismo que yo. Sus pensamientos si bien demuestran un interés más allá de la simple amistad, no son muy claros. Deseo decirle lo mucho que la amo, pero jamás he pronunciado esas palabras y me da miedo quedar expuesta, frágil, temo que después de liberar a Ares me diga que todo fue un error y que jamás debió suceder, no soportaría eso.

Es hermosa, tirada sobre la cama cuan larga es, esas piernas fuertes, esos músculos, esa piel suave, la expresión de serenidad y despreocupación en su rostro, el olor de su cabello, el sabor de sus labios...

Hola Gabrielle -sonreí aún sin abrir los ojos-.

¿Cómo supiste que estaba aquí si no he hecho ruido?, Oh, ya sé, el latido de mi corazón -sonrió acercándose mientras depositaba el recipiente con agua en una mesita al lado de la cama- veamos cómo va esto... dios, es terrible -exclamó examinando mi nariz- tienes desviado el tabique...

Pues acomódalo en su lugar -sonreí ante su cara de dolor- confío en ti -indiqué tomando sus manos-.

Enseguida cerré los ojos y me recosté sobre la cama esperando lo que vendría. Segundos después sentí las suaves manos de Gabrielle sobre mi nariz y finalmente un tirón que me cimbró de pies a cabeza.

¡Santa madre Hera! -grité mientras apretaba fuertemente las manos-.

Listo -sonrió Gabrielle-

Abrí mi único ojo bueno y pude ver como sumergía un paño en el recipiente con agua caliente.

Esto va a doler -indicó-.

Yo simplemente asentí con la cabeza y dejé que continuara su trabajo.

¿Por qué no me cuentas una historia? -propuse-.

¿Una historia?, ¿qué quieres que te cuente? -cuestionó retirando el paño de mi rostro para sumergirlo de nueva cuenta en el recipiente-.

No lo sé, cualquier cosa -sonreí-.

Esta era una joven bardo de "Botedia" -sonrió- que un día discutió con su mejor amiga "Ximena" ante una multitud de personas desconocidas y le propinó tal paliza que la mandó al hospital...

¡Yo no estoy en el hospital! -sonreí-.

Esta historia no es sobre ti -indicó con una enorme sonrisa sobre su rostro-.

Yo tengo una mejor historia -sonreí-.

¿Crees que puedes hacerlo mejor? -cuestionó divertida- pues adelante guerrera -indicó mientras limpiaba la herida de mi pómulo izquierdo-.

Esta era una alta, hermosa, inteligente, perspicaz, sagaz, tenaz, apasionada, experimentada y valiente guerrera.

¡Y modesta! -sonrió pasando el paño por una abertura en mi labio inferior-.

Como decía, esta guerrera era la perfección hecha mujer, todos estaban celosos de ella, inclusive su mejor amiga, a tal grado que un día su mejor amiga celosa de tanta belleza estalló en la locura y comenzó a propinar una golpiza salvaje en el bellísimo rostro de la guerrera. Ocasionando horrendos moretones que aunque mermaron su belleza, aún era más hermosa que la celosa de su amiga -indiqué con una sonrisa-.

¡Buena esa, sólo por eso acabaré contigo guerrera! -sonrió Gabrielle sentándose a horcajadas sobre mí, mientras me hacía cosquillas- pide clemencia -sentenció-.

Jamás -exclamé divertida-.

¡Suplica por tu vida! -indicó sin parar de hacerme cosquillas-.

En un rápido movimiento cambié nuestras posiciones y terminé sobre ella.

¿Quién es la que suplica ahora?- cuestioné divertida a escasos centímetros de sus labios.

¡Dioses eres hermosa! -sonrió Gabrielle colocando una mano sobre mi rostro-.

¿Lo ves?, te dije que aún con el rostro como lo tengo sigo siendo la más bella de todas -indiqué mientras sonreía nerviosamente-.

Gabrielle continuaba viéndome fijamente y sentí como las piernas me temblaban y bajé la mirada... repentinamente sentí un beso sobre mi pómulo herido, otro más sobre mi nariz y otro sobre mi ojo hinchado.

Lamento haberte lastimado -indicó Gabrielle con preocupación en los ojos-.

No te preocupes Gab, mejoraré...

Un beso sobre mis labios interrumpió mis palabras.

¡Esto se está volviendo muy frecuente! -sonreí nerviosamente apartándome de ella-.

Enseguida tiró de mi cuello y de nueva cuenta me besó. Fue suave, tierno, tímido y me arrebató el alma.

¡Te amo! -indiqué cuando nuestros labios se separaron-.

Continuará...