¡Te amo! –indiqué cuando nuestros labios se separaron-.

Finalmente lo había dicho, fue sencillo, fue más sencillo de lo que jamás había creído que sería; simplemente pronuncié las palabras más fuertes del idioma en un abrir y cerrar de ojos. Todo el miedo era infundado, no se abrió la tierra bajo mis pies ni comenzó a caer fuego del cielo, Zeus no me fulminó con un rayo y lo mejor de todo esto es que había sido real. No era una más de mis utópicas fantasías, era auténtico, tangible, verdadero. Ahora sólo restaba ver si ella me había escuchado y que respondería ante mi declaración.

¡Hola chicas! –se oyó la voz de Afrodita justo enzima de nuestras cabezas-.

¡Hola! –saludé incorporándome de inmediato de enzima de Gabrielle-.

Por dios chicas, esto si es amor apache –indicó Afrodita viéndome el rostro-.

Fue una pequeña pelea –sonreí-.

Lo sé –respondió abochornada la diosa encontrando de repente muy atractiva una pequeña mancha en el suelo-.

¿Oye Dita, no podrías sanar el rostro de Xena? –preguntó Gabrielle limpiándose los labios mientras se incorporaba de la cama-.

Por supuesto –sonrió mientras pasaba su mano sobre mi rostro y al instante todos los moretones, golpes y heridas desaparecieron- pero nadie debe enterarse de esto –sentenció-.

No lo diré –sonreí alegre al poder abrir por fin los dos ojos-.

Yo sólo venía a decirles que Poseidón no se meterá con ustedes, ya todo está arreglado, no se preocupen por tormentas, será un viaje tranquilo –sonrió la diosa-.

Muchas Gracias Afrodita –sonrió Gabrielle- hubiese sido horrible otra aventura en el mar, en tierra al menos es más llevadero.

Pues chicas, yo me despido, traten de disfrutar el viaje –sonrió para finalmente desaparecer en una nube de polvo rosado como era su estilo-.

¿Recuerdas la ultima vez que tuvimos problemas en alta mar? –pregunté con una sonrisa en los labios-.

¿Cuál de todas, cuando te enfrentaste a Poseidón y casi nos mata con el remolino que creó, o cuando casi mueres por culpa de aquel bastardo egoísta que te robó la bolsa con oxígeno cuando nos atrapó el tsunami y volteó el barco?... o ya sé, tal vez te refieras a...

Ya entendí el punto, pareciera que el mar se molesta con nuestra presencia –sonreí abiertamente-.

Yo diría que es con tu presencia princesa guerrera –indicó Gabrielle con tono de burla-.

¡Como si tú fueses perfecta y no tuvieses enemigos! -indiqué mientras mostraba mi habitual sonrisa de medio lado-.

Hasta donde yo sé no; digo, puedo caminar veinte pasos sin que una docena de hombres molestos salgan a mi paso a vengarse de lo que les he hecho –sonrió abiertamente-.

¡La vida sería aburrida sin esas pequeñas diversiones! –exclamé con una sonrisa-.

¿Y qué haremos para matar el tiempo?.

No lo sé, supongo que relajarnos y disfrutar el viaje.

Estoy cansada de descansar –expresó exasperada- ¿no podríamos prepararnos para luchar contra los que aprisionaron a Ares?

¿Estás sugiriendo un nuevo enfrentamiento entre nosotras? –pregunté fingiendo miedo-.

No será uno real, sólo practicaremos un poco –sonrió mientras tomaba su cayado-.

Que bien porque no creo poder resistir otro ataque tuyo –indiqué mientras salíamos del camarote-.

¡Llorona! –exclamó divertida-.

¡Salvaje! –repliqué mostrando de nuevo en mi rostro una sonrisa-.

¿Eso es todo? –cuestioné divertida apuntando con mi espada a una derrotaba bardo que yacía a mis pies-.

¡Eso no es justo, el cayado se me escapó de las manos por el sudor!.

¿Habla de justicia la bardo que golpea a los contrincantes cuando estos han caído?

¡Eres odiosa! –gritó molesta-.

Tranquila, es sólo un entrenamiento –exclamé mientras retiraba el pie de encima de ella y le extendía la mano para ayudarle a incorporarse-.

¡Déjame en paz! –gritó furiosa mientras alejaba mi mano- ¿siempre tienes que ser tan engreída?

Yo no dije nada –señalé caminando tras ella- no tengo la culpa de que te distraigas con tanta facilidad.

Tengo que descansar –espetó cerrando la puerta frente a mi nariz-.

¡Genial, simplemente genial! –exclamé molesta alejándome para dirigirme al casco de la embarcación-.

No sé que me pasa, necesito ayuda y la única persona que puede ayudarme es quien causa mi desconcierto. ¿Cómo puedo decirle a mi mejor amiga que necesito consejo con el amor, con el amor que siento por ella? –reflexioné mientras me tiraba en la cama- esto no puede estar bien, no puedo verla sin imaginar su cuerpo desnudo, cada roce suyo envía una oleada de energía a todo mi cuerpo, en especial a la parte más vulnerable de mi anatomía y ella se niega a regalarme siquiera una noche de sexo.

Gabrielle, abre por favor, tenemos que hablar –oigo su voz tras la puerta-.

Ahora no Xena, necesito descansar –exclamó mientras cierro los ojos y de nuevo me veo transportada al mundo de fantasía en el cual Xena derrumba la puerta, entra a la habitación y me levanta para besarme salvajemente- sin embargo al abrir los ojos noto que sigo en una habitación vacía y ella sigue golpeando la puerta.

Por favor Gab, pasaremos dos días en este navío, no podemos seguir peleando continuamente, es mejor que hablemos de todo lo que sentimos.

No quiero hablar Xena –indiqué sobándome las sienes-.

Por favor Gab, no me trates así, necesito hablar contigo.

¿Quieres hablar? –pregunté abriendo la puerta-.

Ella sonrió tiernamente y depositó su mano derecha en mi mejilla –te quiero Gabrielle, quiero ayudarte, permíteme ayudarte-.

¿Hablaré solo yo o tú también? –pregunté retirando su mano de mi mejilla mientras le permitía entrar al camarote-.

Claro que hablaré, te diré todo lo que quieras saber –indicó caminado tras de mi-.

¿Todo? –pregunté girándome para verle fijamente a los ojos-.

Sí, cualquier cosa –respondió sin el más mínimo ápice de duda o falsedad en su rostro-.

Hoy, en la mañana, cuando te besé, ¿eso te gustó, te excitó? –pregunté sentándome en la cama-.

¿Qué pregunta es esa? –cuestionó nerviosa -.

¡Responde! –exigí-.

Sí, me gustó –indicó nerviosa-.

Buena respuesta –sonreí acercándome a ella-.

¿Gab, antes de que llegara Afrodita, tú, tú escuchaste lo que dije? –preguntó viéndome fijamente a los ojos y pude percibir su miedo-.

No, lo siento, no escuché nada –expuse sinceramente y pude ver la decepción en sus ojos- ¿Era algo importante? –pregunté tomando su barbilla entre mis dedos índice y pulgar.

No, no tiene importancia –exclamó alejando su rostro y pude percibir una lagrima brotando de sus ojos-.

Te propongo algo –exclamé besando su clavícula-.

¿Cuál es la propuesta? –preguntó inhalando profundamente-.

Un juego para deshacernos del estrés, para relajarnos –susurré a su oído-.

¿Un juego? –preguntó enarcando la ceja-.

No me veas de ese modo, no estoy loca, es sólo una sugerencia, claro que si no quieres...

No, está bien, escucho –exclamó nerviosa-.

¿Te interesa entonces? –cuestioné con una sonrisa-.

Sí.

Bien, se llama "verdad o reto" –sonreí mientras me imaginaba lo que vendría-.

¿Verdad o reto? –cuestionó con su hermosa sonrisa de medio lado-.

Si no quieres no –cinco, cuatro, tres, inicié una cuenta mental mientras avanzaba hacia la puerta-.

De acuerdo, quiero jugar –exclamó sujetando leve pero firmemente mi mano-.

Bien, bien, la primera pregunta es –hice una pausa dramática mientras en mi rostro se formaba una sonrisa de satisfacción- la pregunta es ¿entre Lao Ma y Cleopatra quien era mejor amante?

Vamos Gabrielle, no esperarás que responda eso ¿verdad? –sonrió nerviosamente-.

Tu aceptaste el juego ahora responde –indiqué mientras me sentaba en la cama y cruzaba las piernas, enseguida coloqué mis codos sobre ambas piernas y mi cabeza entre las manos-

¿No creerás que contestaré eso sin al menos tomar un poco de oporto verdad? –indicó nerviosa-.

¿Necesitas estar alcoholizada para confesar la verdad? –cuestioné divertida mientras enarcaba una ceja-.

Bueno, si lo pones de ese modo...

¡Xena, Xena, tan grandota y tan cobarde! –sonreí con tono de burla para picarle el orgullo-.

Lao Ma –respondió enseguida en un susurro casi inaudible-.

¿Perdón? –pregunté enarcando una ceja-.

Supongo que Lao Ma era la mejor de las dos –expuso Xena con la cabeza gacha y apenas elevando un poco más que la vez anterior la voz-.

¿Lao Ma?... hubiese creído que responderías Cleopatra –sonreí ante el descubrimiento- ¿y por qué ella?...

No, yo ya respondí, tu pregunta puede esperar para el siguiente turno –exclamó entre molesta y reída- ahora me toca a mí –ahora sí que sonreía-.

Adelante –sonreí-.

¿Qué tan bien lo hacía Perdicas? –preguntó sentándose en su cama enfrente de mí mientras arqueaba una ceja en clara señal de lo que suponía un triunfo-.

¡Era todo un maestro en la cama! –exclamé cerrando los ojos y dejando escapar un falso y enorme suspiro que fingía una satisfacción inmensa- tan tierno, tan fuerte, besaba tan bien cada parte de mi cuerpo, mis labios, mis pechos, cuando finalmente entró en mi fue asombroso, fue...

¡Ya basta! –demandó furiosa mientras salía del camarote azotando la puerta tras de si-.

¿Cómo demonios me dejé convencer? –me recriminé furiosa mientras deambulaba de un lado a otro- debí suponer lo que vendría después de esa pregunta... no preguntes lo que no quieras saber Xena ¿cuándo aprenderás?.

¿Se le ofrece algo? –preguntó un mozo acercándoseme-.

Un gruñido amenazador fue lo único que brotó de mi garganta como respuesta para el pobre chico.

S-si se le ofrece algo estaré cerca –exclamó el chico atemorizando alejándose tan rápido como se lo permitían las piernas-.

¡Al carajo con todo esto, estoy harta de tener que ser la racional, la que sede, la que se preocupa por ella, la tonta, la idiota, la imbécil! –pensé furiosa mientras golpeaba la madera de un camarote que cedió fácilmente bajo mi envestida- ¡Carajo! –grité tirando de mi mano que se encontraba atascada entre las astillas de aquella tabla-

¿Sucede algo? –preguntó un marino acercándose a mí-.

¿Puede simplemente dejarme tranquila? –grité furiosa tirando de mi mano y logrando retirarla de aquel hueco astilloso- ¿ve esto? –pregunté mostrándole mi mano ensangrentada y llena de partículas de madera apolillada- esto será nada en comparación con lo que te haré si vuelves a acercarte siquiera a seis pasos de distancia

El chico tragó ruidosamente y se alejó de mi presencia.

¡Chica tranquilízate! –oí una voz a mis espaldas-.

Aléjate de mi –grité volteando hacia el lugar de donde provenía dicha voz-.

No me voy Xena –exclamó Afrodita molesta- ustedes dos ya me están hartando, ¿para qué carajos me pediste el don de oír sus pensamientos si aún oyéndolos te rehúsas a creer que ella te ama? –preguntó molesta mientras me señalaba con el dedo-.

Estoy harta de ella, de sus tonterías, de su volubilidad, ya no la soporto. ¡Me está volviendo loca! –grité molesta-.

¡Óyeme, a mi no vas a venir a gritarme princesita! –gritó molesta arrinconándome contra la pared-.

Yo le grito a quien se me pega la maldita gana –sentencié mientras le lanzaba una de mis más gélidas miradas-.

Te voy a...

¿A maldecir con un conjuro de amor? –cuestioné con sorna-.

¡Te odio Xena! –gritó molesta la diosa mientras se lanzaba sobre mí-.

Enseguida nos encontrábamos rodando en medio del barco mientras nos proferíamos golpes e insultos.

¡Afrodita, Xena sepárense ahora mismo! –sentenció Artemisa apareciendo frente a nosotras-.

¡Ella empezó! –sentenció la diosa del amor mientras con un destello de luz rosa reajustó su desaliñado ser-

No me interesa saber quien comenzó. ¡Por Zeus Afrodita!, se supone que venías a tranquilizar a Xena no a agarrarte a golpes con ella –indicó molesta la diosa de la caza-.

¿Y a todo esto qué carajos hacen ustedes apareciendo continuamente en nuestras vidas, es que acaso no tienen mejores cosas que hacer en el Olimpo que entrometerse en la vida de los mortales y en especial en mi vida? –pregunté furiosa parándome del piso-.

¡A mí no me grites Xena! –exigió molesta Artemisa-.

¡Se lo dije a ella y te lo digo a ti, yo le grito a quien se me pegue la gana! –elevé la voz mientras avanzaba retadora hacia ella-.

¿Ahora ves por qué terminé a golpes con ella? –exclamó Afrodita mostrando un carácter extrañamente irritado-.

Eso no justifica nada Dita, ella está mal, en cambio tú no tienes excusa –indicó la diosa sobándose las sienes- ¡Nos vamos! –indicó sujetando del brazo a la diosa del amor-.

Pero, pero ellas...

¡Nos vamos he dicho, que se las arreglen por si solas! –indicó mientras tiraba del brazo de la diosa rubia y desaparecían ante mis ojos-.

Enseguida apareció frente a mi Gabrielle y su rostro denotó preocupación al ver mi rostro nuevamente herido.

¿Qué has hecho Xena? –cuestionó acercándose a mí, pero yo rehuí el contacto-.

¡No quiero hablar, no ahora, no contigo! –sentencié mientras me incorporaba y caminaba lejos de ella-.

¿Por qué no admites que te lastimé, por qué no admites que te laceró mi respuesta?, ¿por qué tienes que solucionar todo a golpes? –cuestionó alcanzándome y parándose frente a mí-.

¡Hazte a un lado Gabrielle! –sentencié mientras la miraba gélidamente-.

¡No me voy a hacer a un maldito lado Xena!, ¿Quieres pelear, es la forma en que quieres hacerlo? –indagó colocando los puños delante de ella a manera defensiva-.

No te voy a golpear Gabrielle –respondí y dándome la vuelta comencé a caminar para alejarme de ella-.

¿Conmigo no, y por qué con un camarote si?, ¿tienes miedo? –cuestionó a manera de reto-.

No pienso hacerte daño –señalé viéndola fijamente a los ojos-.

¿Por qué no?, Yo te lastimé Xena, es justicia, te doy la oportunidad de vengarte.

No me quiero vengar –indiqué mientras retornaba mi caminata-.

¿Por qué no simplemente nos damos unos cuantos golpes, vemos quien gana y asunto arreglado? –indicó siguiéndome-.

Esa no es la forma de solucionar las cosas –sentencié parándome en seco francamente exasperada-.

¿Pero dejarnos de hablar es la forma?.

Déjame tranquila, tengo que pensar.

¿O esta es la forma? –indicó mientras se desataba el top dejando al descubierto sus senos-.

¿Qué carajos estás haciendo? –cuestioné con los ojos desorbitados al ver lo que ocurría-.

¿Qué parece que estoy haciendo? –preguntó mientras se desabrochaba la falda dejándola caer por su bellísimas y bien torneadas piernas-.

Parece que te estás desnudando –respondí con voz trémula-.

¡Sabía que lo deducirías por ti misma! –sonrió irónica, colocando sus manos sobre la única prenda interior que para ese momento cubría su morfología-.

¡No! –grité-

¿No? –cuestionó enarcando una ceja- ¿no qué Xena?.

¡Sólo no!, no lo hagas –indiqué avanzando hacia ella-.

¿Qué no haga? –preguntó mientras comenzaba a bajar lentamente aquella prenda-.

Basta Gabrielle, ¿pretendes volverme loca? –pregunté sumamente nerviosa y excitada a tal grado que pequeñas gotas de sudor comenzaban a acumularse en mi frente-.

La pregunta es... ¿lo estoy logrando? –inquirió mordiéndose el labio inferior de una manera absoluta y brutalmente sexy, mientras bajaba por completo aquella prenda que ahora yacía sobre el piso-.

Caminé directamente hacia ella, rodeé su cintura con mi brazo derecho. La miré a los ojos con intensidad, clamando piedad, y luego se me escapó la mirada a sus labios, ensanchados en una sonrisa y más deseables e invitadores que nunca. Y la besé salvajemente, atrayéndola más a mi cuerpo sensibilizado y excitado. Capturé su superior mientras ella jugueteaba con mi inferior con su cálida lengua. Lo succioné en varias ocasiones, pero al final me descubrí devorándolo prácticamente.

¡Me vas a volver loca! -exclamé sobre sus labios cuando nuestro beso terminó por falta de aire en nuestros pulmones-.

¡No más de lo que tú me vuelves a mí! –exclamó abriendo los ojos, de un intenso color verde en sus pupilas oscurecidas por el deseo-.

¿Te das cuenta de que estás completamente desnuda entre mis brazos y de que nos encontramos en mitad de la cubierta del barco? –pregunté divertida mientras enarcaba una ceja-.

¿Y eso es malo por qué? –inquirió con una enorme sonrisa-.

Porque no queremos brindar un espectáculo a esos marineros ansiosos por tener una mujer bajo sus sábanas –exclamé sonriendo de la misma forma-.

No, no lo queremos –sonrió- en especial cuando las únicas sábanas que quiero sentir son las tuyas –exclamó para posteriormente aprisionar mi labio inferior entre los suyos en una agradable succión-.

¡Gab!...

No Xena, no me vas a decir que hoy no... ¡siente! –exclamó mientras tomaba mi mano y la dirigía a la humedad de su entrepierna- esto, es todo el deseo que siento por ti –señaló viéndome fijamente a los ojos- no me importa si es por Ares, si es una entelequia; lo único que sé es que hoy no aceptaré un no como respuesta. –indicó para volver a besarme-.

¡Gab, Gabrielle... Gabrielle espera! –indiqué separándome de sus labios-.

¡Sólo por hoy Xena! –indicó colocando sus brazos alrededor de mi cuello-.

Espera –sonreí nerviosa- antes tenemos que llegar a nuestro camarote –indiqué robándole una hermosísima sonrisa de asentimiento-.

¡No sabes cuanto me alegra oír eso! –exclamó mientras volvía a besar efusivamente mis labios-.

Supongo que tanto como a mí tu reacción –sonreí tontamente mientras la ayudaba a recoger su ropa del piso tras terminar nuestro beso-.

¡Cielos Xena, hoy es la noche! –sonrió entusiasmada-.

Pareciera que has esperado esto durante mucho tiempo –sonreí-.

¡Demasiado, no tienes ni idea, tú, tonta princesa guerrera me has hecho esperar lo que parecen siglos!.

Gab, antes que nada, yo quiero...

Sí, yo sé, las cartas sobre la mesa, "sólo sucederá una vez, sólo será esta noche, y lo que pase en este barco se queda en este barco". ¿Es eso lo que me querías decir? –preguntó mientras giraba la manija de la puerta para posteriormente introducirse en el camarote-.

No era precisamente eso lo que quería decirle, yo quería decirle que la amaba con todas las fuerzas de mi corazón, que le debía todo lo que era y todo lo que podía llegar a ser. Sin embargo unos cálidos y agradables labios posados sobre los míos me impidieron hablar. Caímos sobre la cama y una ansiosa Gabrielle tiró de mí aproximándome más a su cuerpo. Pude sentir sus manos sobre mi cabeza impidiendo que me alejase de ella.

El calor comenzó a incrementarse en el pequeño aposento. Acaricio su espalda y luego capturo su rostro entre mis manos y la beso de nueva cuenta. Mete su lengua en mi boca y enreda las piernas con las mías, adhiriendo más mi cuerpo al suyo. En un momento dado me aprieta los hombros por detrás y luego sus caderas se pegan a las mías. Repentinamente me aparta de ella pero descubro con sorpresa que lo hace para deshacerse de mi armadura. Un gesto de frustración cruza por su rostro y se muerde el labio inferior ante la dificultad de su tarea, por lo que decido ayudarle. Se oye un ruido metálico cuando tras desabrochar la armadura la arrojo contra el suelo. La siguiente prenda en caer es mi vestido de cuero café y así una tras otra hasta que termino igual de desnuda que mi rubia amiga que yace bajo mi cuerpo. Finalmente me inclino para pegar mis labios a sus pechos, metiéndome ligeramente su piel en la boca, mis labios emiten un sinfín de extraños gemidos y murmullos de satisfacción casi sin darme cuenta. Mis manos pasan de sus senos a su cabello. Es tan suave. Me agrada la sensación que tengo en las manos al tirarle la cabeza hacia atrás y ella jadea de placer cuando mis labios distribuyen un cúmulo de tibios y afectuosos ósculos sobre su clavícula. Comienzo a deslizarme por su cuerpo besando cada porción de su lúcida y hermosísima morfología. Me acerco a sus piernas, las cuales son tan blancas como el resto de su anatomía, mis manos se mueven con ansia encima de sus turgentes piernas y ella gime mi nombre, el deseo en mi es poderoso, incontenible. Nuestros pechos se rozan y nuestras pieles dispersan una corriente eléctrica muy placentera al estar tan acopladas. Su piel expuesta, cálida y húmeda contra la mía, me hace suspirar y continuamos besándonos, abrazándonos estrechamente.

Continuará