¿Por qué sigues entrometiéndote en mis asuntos y arruinando mi vida? –gritó molesta Afrodita a la diosa de la caza inmediatamente después de que llegaron al Olimpo.

No sé por qué dices eso, si lo único que hice fue impedir que te continuara lastimando Xena.

Ellas nos necesitan Artemisa. Sí, tuve problemas con Xena, pero ese no era motivo suficiente como para abandonarlas a su suerte, la estabilidad del mundo mortal depende de ellas y... ¿Pero qué hago tratando de explicarte si eres una insensible?, No sé como creí que podrías ayudarme en esta misión, en especial cuando se trata de amor y tú no sabes nada al respecto.

¡Claro que sé! –gritó molesta-.

No, tú no sabes nada de amor, ni dolor, ni cuanto duele cuando el ser al que amas es muerto de manera tan brutal como humillante –comenzó a sollozar la diosa del amor-.

¿Por Zeus Afrodita, esto es por Adonis? –cuestionó la diosa de la caza exasperada-.

¿Por quién más podría ser si lo mataste? –gritó molesta mientras le veía fijamente a los ojos-.

¡Yo no lo maté, te he dicho mil veces que ese jabalí no lo envié yo. Yo lo estaba cazando y huyó, no es mi culpa que haya lastimado y matado a tu hermosísimo Adonis!.

¡Cállate, no te atrevas siquiera a nombrarlo, él era el único y verdadero amor de mi vida y tú lo mataste! –gritó mientras se lanzaba a golpear el pecho de Artemisa-.

No digas tonterías Afrodita, él no era el amor de tu vida, eso es una necedad. Tú te lastimaste el pecho con una flecha de cupido y lo primero que viste fue a Adonis; pudo haber sido cualquier otro –indicó viéndola a los ojos mientras le sostenía las manos para impedir que siguiese golpeándola-.

¡No, mentira, lo que sentía por él era real! –prorrumpió negando fervientemente con la cabeza aquellas palabras proferidas por la diosa de la caza, mientras las lagrimas brotaban de sus ojos-.

Entiéndelo, todo fue producto de la flecha de cupido, sin esa jamás te habrías "enamorado" de Adonis –explicó la diosa compadecida y tratando de hacerla entrar en razón -.

¿Tú que sabes del amor? –preguntó molesta la diosa -.

Sé que el verdadero amor no lo produce cupido, nace del corazón, no es egoísta, ni se basa únicamente en la pasión. Amar es querer lo mejor para el ser al que se ama, aunque sepas que lo mejor no eres tú –indicó tiernamente mientras veía fijamente a los ojos de la diosa del amor, en tanto que entre sus manos aún sostenía las de la diosa rubia-.

¿Y te haces llamar diosa de la caza?. Después de toda esta cursilería comenzaría a preocuparme de que me quitases el puesto –indicó la diosa rubia con mofa apartándose bruscamente-.

¡Pues sería muchísimo mejor diosa del amor que tú! –gritó molesta Artemisa-.

¿Qué va a saber del amor una diosa que jamás a estado con otra persona, que se la vive con animales y convirtiendo en árboles o matando a todo aquel que le dice que es bella? –cuestionó molesta Afrodita-.

Pues cuando menos no ando por ahí acostándome con cualquiera ni desatando enredos amorosos en el mundo mortal para entretenerme. Mucho menos soy capaz de prometer como premio una mujer casada, sólo para que un juez me declare más hermosa que Atenea y Hera.

¡Helena amaba a Paris, no es mi culpa que haya sido esposa de Menelao, solo serví de catalizador en algo que tarde o temprano pasaría!.

¿A quién crees que engañas?, Tú hechizaste a Helena, ella amaba a su esposo Menelao, tú fuiste la causante de la guerra de Troya. Todo por ser la ganadora de un certamen de belleza, arruinaste muchísimas vidas sólo por hacerte llamar la diosa más bella del Olimpo. Cosa de la que no estoy muy segura –indicó molesta-.

¿Tú qué sabes de la belleza?...

Sé que para ser bella no se necesita una confirmación de un juez comprado. La belleza se denota en las acciones, en la pureza de los sentimientos nobles, no en el físico.

¡Por eso sigues siendo virgen Artemisa! –exclamó con burla, seguida de una sonora carcajada-.

¡Yo soy virgen por elección, no pretendo someterme a la férrea y cruel posesión de un hombre que me lastime sin tener en mente otra cosa que su satisfacción... un hombre que no tome en cuenta lo que yo pueda sentir o desear!.

Te compadezco Artemisa, jamás sabrás lo que es el amor...

¡Yo sé lo que es el amor, tal vez lo sé mejor que tú Afrodita! –indicó viéndola fijamente a los ojos, denotando su aflicción y desazón-.

¿Sí, a cuántos has amado? –inquirió en tono de menosprecio la diosa rubia-.

Sólo a una, sólo a ti –indicó la diosa mientras desaparecía-.

¡Por las pelotas de Zeus Artemisa, regresa aquí, no me vas a dejar con las palabras en la boca, regresa! –vociferó haciendo reverberar el monte sagrado-.

Mientras tanto muy lejos de ahí, en el interior de un camarote impregnado de olor almizclado y una temperatura más elevada que la del resto de la embarcación se encontraban nuestras heroínas. En una embarcación con destino a Galia.

Gab, yo... lo lamento –musitó Xena sentada en la cama a espaldas de su desnuda compañera mientras con el dorso de la mano se limpiaba el sudor de la frente. Trató de tocar su espalda, pero un sollozo proveniente de la garganta de su amiga, seguido del temblor que denotaba su llanto; la hizo sentir tan culpable que desistió en su intento y mejor optó por tomar su ropa y salir del camarote-.

No entiendo como pudo suceder esto. Todo marchaba tan acertadamente, tan convenientemente y repentinamente me transformé en una bestia y la lastimé. ¡Yo no pretendí hacerlo, era como si mi cuerpo operase por apetencia natural. ¡No pude pensar y me descubrí acometiéndola insensiblemente!. No la culpo si después de esto no vuelve a dirigirme la palabra –reflexioné angustiosamente al mismo tiempo que contemplaba la inmensidad cerúlea alrededor del barco– Era nuestra primera vez; ¡Por Zeus, era su primera vez y yo transformé lo que debía ser el suceso más placentero y tierno de toda su existencia en, en el acto más vil, brutal y despreciable!. Me siento terrible, tengo tanto miedo, tanto desasosiego, tanta ansiedad. Me da un estremecimiento titánico el pensar en el simple hecho de que ella pueda repudiarme, tengo pavor del instinto primitivo que despierta en mi...

Se oye un ruido de chapoteo cerca del barco, ruido que me distrae de mis catastróficos pensamientos. Bajo la vista hacia el lugar de donde proviene aquel sonido y advierto que se trata de unos cuantos delfines que nadan cerca de la embarcación. Mis ojos se alegran al percibir aquel agradable espectáculo en medio del de por sí ya hermoso panorama y por al menos unos minutos olvido la trágica situación en la que me encuentro.

El ocaso se vislumbra a lo lejos, pareciera como si el fuego del carro de Apolo incendiase el firmamento mezclándose con el mar, dando la sensación de un mar de fuego, cálido y hermoso. ¿Cómo puede ser que un espectáculo tan bello sea creado por los mismos dioses que se empeñan en hacerme infeliz? –reflexioné mientras seguía sin apartar la vista de aquel espléndido panorama-.

Es cerca de la media noche cuando parada frente a la puerta del camarote me debato entre entrar y afrontar lo que seguramente acontecerá, lo cual sería una larga, larguísima disculpa seguida de una aún más prolongada platica en la que se trazaría la ruta que cada una seguiría, y fuese cual fuese la decisión que ella tomara yo la respetaría.

No obstante la otra opción era no entrar, vagar por la cubierta del barco durante toda la noche y sencillamente alejarme hasta que todo aquel asunto se apaciguara, aguardar a que no hubiera la mínima posibilidad de perdón y dialogo. Por los dioses que no estaba dispuesta a perder a Gabrielle tan fácilmente, al menos le permitiría insultarme y proferir unos cuantos golpes contra mi persona para que pudiese decirme lo imbecil y bestia que soy, para poder resarcir al menos en una parte el daño que le había hecho.

Inhalé profundamente preparándome para lo peor, mientras giré la manija de la puerta y me dispuse a entrar. De todas las posibles imágenes que pudiesen haber en mi mente de lo que encontraría en el interior del camarote, la que encontré me sobrecogió tremendamente y me hizo sentir aún peor. Ahí, sobre la cama, echa un ovillo en posición fetal se encontraba mi mejor amiga apenas cubierta por una endeble sábana.

¿Gab? –pregunté quedamente mientras me aproximaba a la cama-.

No hubo respuesta, sólo un largo suspiro, seguido por repentinos espasmos provenientes de su cuerpo lo cual denotaba que el sinsabor aún no abandonaba del todo su morfología.

¡Lo lamento! –sollocé mientras la voz me temblaba y las lagrimas comenzaban a correr por mi rostro- ¡soy una estúpida Gabrielle, lo lamento! –lloré abiertamente mientras me dejaba caer de rodillas frente a ella-.

No hubo respuesta, simplemente se volteó y me dio la espalda. Sentía miedo; sabía que no era más que lo que merecía y que quien realmente importaba en aquellos momentos era ella. Pero aún así me sentí estúpida, expuesta. No obstante haciendo acopio de fuerzas en mi flaqueza proseguí.

Yo –hice una pausa para graduar el volumen de mi voz que para ese entonces era extrañamente aguda y temblorosa– lamento haber hecho lo que hice, no, no pude controlarme, es que entiéndeme Gab, no era yo, no era yo en lo más mínimo. Yo en ningún tiempo y de ningún modo habría deseado hacerte daño porque –es ahora o nunca, estoy a un paso de perderla, lo menos que puedo hacer es confesarle lo que verdaderamente siento; para que con pleno conocimiento de las circunstancias ella tome su decisión– yo jamás querría hacerte daño porque eres lo que más venero, lo que más quiero en este y en cualquier otro mundo... ¡Porque yo te amo!

Siguiendo a mi confidencia no hubo más que mutismo, afonía, el más perfecto, abrumador, lapidario, penetrante e hiriente silencio.

¡Por Zeus Gabby, dime algo! –exclamé mientras continuaba llorando y extendía la mano para tratar de rozar su espalda, ante lo cual obtuve como consecuencia el que ella se desplazara para impedirme mantener el contacto de mis dedos con su piel desnuda-.

¡Entiendo! –exclamé mientras me incorporaba- yo te entiendo Gabby, sé que te lastimé y no me refiero sólo a corporalmente, sé que las lesiones que te causé han lastimado tu esencia, tu pura y resplandeciente alma. Que he desmoralizado la imagen que tenías de mi persona en tu mente. Sí, soy una salvaje, un ser corrupto; es bueno que te hayas dado cuenta de ello, aunque hubiese preferido que no de este modo. Nos habríamos evitado mucho sufrimiento, te habrías ahorrado mucho sinsabor si yo hubiese sido más contundente, más inflexible en mi negativa a que me acompañaras. Pero te necesitaba, ¡por los dioses, no sabes cuanto necesitaba de esa inocente niña que me veía con idolatría, con devoción!, Quería creer que yo era esa noble guerrera, ese ser humano digno de perdón y redención, por eso te dejé seguirme; porque jamás había necesitado de nadie como te necesitaba a ti... y como aún te necesito –pronuncié con lagrimas en los ojos al mismo tiempo que daba un postrero vistazo a la cama en la que permanecía mi compañera sin moverse en lo más mínimo. Apenas y se notaba la rítmica fluctuación de su pecho al inhalar y exhalar– mañana llegamos a Galia a primera hora, después de liberar a Ares cada cual puede tomar su camino, no pretendo seguirte lastimando, es lo que menos deseo Gabrielle, ahora sé que en realidad yo no soy tu camino, por mucho que tú si seas el mío.

Acto seguido salí del camarote y me senté en una silla justo en la proa del barco, di rienda suelta a mis amargas lagrimas, ahora ya no me importaba retenerlas, después de todo había perdido al ser más importante en mi vida, mi razón de ser, mi única amiga, mi alma gemela. Sostuve mi cabeza entre mis manos mientras sentía como las lagrimas corrían por mi rostro, una tras una corrían por mis mejillas, y continuaban su camino hasta estallar en el suelo en diminutas partículas. Un lamento que reverberó en todo el barco se escapó de mi garganta, tenía tanto desconsuelo, tanto temor como nunca en la vida había tenido. Me doblé por el inmenso dolor que se albergaba en mi ser. Con ambas palmas comencé a golpear mi frente y proferirme cuanto insulto conocía, mientras seguía llorando.

Fuertes gotas de lluvia comenzaron a azotar contra mí ya deplorable ser y sentí que sin duda los dioses encontraban muy divertida mi situación. No presté mucha atención y opté por comenzar a beber el oporto que transportaba en mi odre.

Una marca de vela después, me encontraba con el ánimo empobrecido y un enloquecedor sufrimiento que oprimía mi pecho. Me sentía zambullida en la peor de las zozobras, mi dolor era tal, que con gusto habría dado mi alma por ser yo quien ejecutara el castigo de Atlas a cambio de olvidar todo este temor y pesadumbre que emanaban de mi pecho. Continué bebiendo para calmar con alcohol las deflagraciones de angustia y desazón acumuladas en mi cuerpo; para encontrar en el fondo de mis odres la respuesta que remediara la difícil situación en la que me encontraba.

Posteriormente y cerca de tres odres de vino después, me vi impulsada por un repentino valor proveniente de la intoxicación que producía el alcohol en mi sangre

¿Es esto lo que querías Zeus?, ¿Soy lo suficientemente desdichada ahora?, ¿Puedo ser más patética?, ¿Soy un condenado juguete en sus manos?... ja, ja, ja, la estúpida guerrera que creyó que podía cambiar su destino es muy graciosa ¿verdad, verdad? –grité furiosa mientras me sujetaba de la baranda del barco para posteriormente subir en ella- ¡Aquí estoy Poseidón, la guerrera que te ha retado, la mujerzuela que te ha desafiado está sobre tus aguas, si de verdad fueses un dios justiciero acabarías con mi vida ahora! –supliqué más que grité mientras cerraba los ojos aún trepada sobre el borde del navío. Las fuertes gotas continuaba cayendo, empapando mi cuerpo y fusionándose con mis lagrimas que no dejaban de presentarse-.

El mar embraveció sus aguas y el movimiento del barco se volvió enérgico. Sentí que me resbalaba y me preparé para la caída, sin embargo un fuerte brazo me sujetó e impidió que fuese a dar en las profundidades del que no hacía mucho había sido un tranquilo y sosegado mar azul.

¡Suélteme! –exigí furiosa-.

Tranquilícese, está usted muy alterada –indicó preocupado el joven marino que me sostenía por la cintura-.

Sé perfectamente lo que hago, así que le exijo que retire su brazo de mi cuerpo en este preciso instante –exclamé molesta mientras golpeaba el brazo que me sostenía-.

No, lo siento, pero no lo voy a hacer –indicó mientras tiraba de mí para subirme al barco- mi deber es ayudarla, aún contra su voluntad.

Me importa un carajo su maldito deber, yo no tengo motivo para seguir viviendo –exclamé con la voz entrecortada pero aún así con un alto tono imperativo-.

Por Zeus, es usted muy hermosa y aún es joven, tiene toda una vida por delante ¿cómo puede decir que no hay razón para que usted viva? –preguntó mientras me colocaba sobre el piso del barco-.

¡Porque mi única razón para abrir los ojos día tras día me ha abandonado! –sollocé-.

Tranquilícese, lo que necesita ahora es una manta, una taza caliente de infusión de Chin y un largo sueño –indicó sonriendo compasivo-.

Desdibuje esa maldita sonrisa de compasión de su rostro, yo soy Xena, ¿Me oye?, Xena, la destructora de naciones... he acabado con aldeas enteras, ¿sabe lo que haría con un estúpido marino que intente vanagloriarse de que me salvó la vida?.

Seguramente moriría antes de ver mis ojos reflejados en su espada, lo sé, pero no en el estado en el que está ahora –exclamó divertido-.

Aún en este estado puedo ser más peligrosa que tú y toda tu tripulación junta... ten eso en mente –sentencié furiosa mientras le aplicaba los puntos de presión en su cuello-.

El joven marinero cayó violentamente de rodillas mientras sus ojos delatan lo que era la señal inequívoca e inconfundible del pánico; al mismo tiempo que luchaba por introducir oxígeno en sus pulmones.

¡He cortado el flujo de oxígeno a tu cerebro! –indiqué con una sonrisa triunfal e irónica mientras me inclinaba a su altura- comprenderás cuan peligrosa puede ser esta irrisoria beoda... ¿verdad muchachito? –cuestioné con mofa mientras me ponía en cuclillas frente a el y golpeaba con el dedo índice su nariz-.

¡E-entiendo! –exclamó atemorizado mientras pronunciaba queda pero apresuradamente estas palabras-.

¡Bien! –sonreí justo antes de volver a aplicar los puntos de presión sobre su cuello. Inmediatamente después el chico se llevó ambas manos hasta la garganta para sobarse- eso es sólo una muestra de que tan peligrosa puedo ser –indiqué alejándome de él-.

¿Qué más podría pasarme?, No era posible creer que apenas hacía unas cuantas horas había tenido todo y de la misma forma lo había perdido todo en tan solo cuestión de minutos. Ella, la razón de mi cambio tan radical, mis ganas de luchar para ser una mejor persona; me había dado el mejor regalo que nadie jamás me dio. Más que su cuerpo me regalaba su amor y yo no supe controlarme, no supe darle todo el amor y toda la ternura que ella necesitaba y merecía –me sanciono mentalmente mientras deambulo de un lado a otro de la embarcación-.

Los primeros rayos de luz comienzan a aparecer por el horizonte, dando paso a un nuevo día, la presencia de gaviotas cerca de la embarcación me indican que la tierra firme está cerca, y de la misma forma nuestra separación inminente.

Mis ojos se encuentran enrojecidos e hinchados, me duelen las piernas y mis pies piden tregua, sin embargo no tengo ganas de detenerme, pareciera que el mantenerme en movimiento me salvara de pensar en cuan desafortunado me pintaba el futuro.

Buenos días –sonríe tímidamente un marinero que se acerca a mí-.

Volteo a verlo fijamente y momentos después, sin responder continúo mi incesante caminata de un lado a otro.

Quería informarle que llegaremos a tierra firme dentro de dos marcas de vela –señala apocadamente antes de alejarse-.

¡Dos marcas, dos marcas es todo el tiempo que me queda junto a ella antes de enfrentar mi destino y afrontar las consecuencias tan brutales de mi terrible equivocación!.

Ha amanecido, los rayos de luz se filtran por la pequeña oquedad que hace de ventanilla en mi camarote, estiro los pies y una punzada de dolor recorre todo mi cuerpo, volteo por instinto a la cama del otro lado de la habitación y noto que está vacía y aún tendida. No puedo evitar el preguntarme si ella no ha dormido. Me preocupa mucho lo que pueda... ¿pero qué es lo que sucede conmigo?, Ella fue la que me lastimó, ¿y yo me preocupo por ella, por cómo pueda estar sintiéndose?. Al demonio todo, es obvio que para ella no fui más que otra más de sus conquistas, una noche de satisfacción a sus instintos, no fui más que sexo... sin embargo me preocupa mucho... sus palabras, ¿será cierto que ella me ama?, Tal vez debí permitirle explicarse, pero es que estaba tan lastimada, tan herida, simplemente no la quería cerca de mí. Pero no puedo evitar pensar en lo que me dijo, parecía muy apesadumbrada, tan afligida, todo lo que expresó me hace pensar que ella podría llevar a cabo un acto muy drástico y desesperado... ¿Y si?... no, ella no sería capaz... ¿O sí?.

Rápidamente tomo mi ropa del suelo y me visto tan apresuradamente como me es posible, finalmente salgo corriendo del camarote...

Ahí está ella, recargada en la barandilla del barco mientras sus ojos miran fijamente hacia el mar. Su cabello está desordenado al igual que su ropa y su postura es pesada, tensa... quisiera...

Disculpe –señala un joven a mi espalda-.

¿Sí? –pregunto desviando mi mirada de ella para dirigirla al joven-.

El desayuno está siendo servido en este instante, me preguntaba si ustedes van a desayunar –señala amablemente-.

Muchas gracias, enseguida vamos –sonreí al chico, quien se alejó y dirigí de nueva cuenta mi mirada hacia la barandilla... pero ella ya no estaba ahí-.

Quiero hablar con ella, en verdad necesito escuchar su explicación porque de ello depende mi futuro, necesito entender por que sucedió todo, tal vez... tal vez pueda aclarar todo... francamente no deseo dejarla, yo sabía como era ella, yo sabía de su lado oscuro y eso no me importó, siempre supe que no me lastimaría, no de manera intencional; incluso cuando al tergiversarse los universos existentes ella resultó ser la cruel conquistadora de todo el mundo conocido y destrozó mis piernas, aún así la amaba con toda el alma y la perdoné porque supe que no era ella del todo y que siempre saldría a relucir su ser bueno, la Xena noble, la brava e indulgente guerrera de la que me enamoré desde el primer instante en que le vi.

Oigo un ruido a lo lejos y la veo sujetando firmemente el cuello de un marino mientras lo levanta del suelo.

Esa es la Xena somnolienta y cansada que conozco –reflexiono mientras camino hasta ellos-.

¡La próxima vez que desees agarrarle el trasero a alguien lo pensarás dos veces! –exclama azotándolo contra una pared de la embarcación mientras lo observa fijamente a los ojos con su gélida mirada-

¡Xena, bájalo! –exclamo divertida mientras coloco una mano sobre su hombro izquierdo-.

Inmediatamente lo suelta, haciendo que el chico caiga súbitamente de bruces contra el suelo, entonces ella voltea a verme consternada.

¡Gab, yo!... –solloza cuando las lagrimas comienzan a brotar de la inmensidad azul de sus ojos y roza su rostro contra mi mano-.

Shhh, hablaremos de ello –sonrío enternecida ante su desesperación, me recuerda una niña perdida y necesitada-.

Primero que nada Xena –exclamo sentada a la mesa, mientras me es servido el desayuno que parece ser pescado hervido acompañado de salsa de oporto con algunas bayas- quiero que sepas que...

Lo sé Gab –exclamó agachando la mirada-.

¿Me quieres dejar hablar antes de decirme que lo sabes? –cuestioné tomando un poco de vino con especias y miel-.

Ella simplemente asintió sin levantar la mirada.

¡Xena, Xena mírame! –indiqué sujetando su mentón para elevar su rostro- ayer, ayer me lastimaste mucho Xena, no me refiero a, ¡a ya sabes qué! –sonreí y ella expresó una afligida y avergonzada sonrisa- yo confié en ti Xena, no sé por que pensé que serías, ¿cómo decirlo?, Tierna, delicada... ¡Mi error! –exclamo sonriendo- debí suponer que una apasionada guerrera sería apasionada en todo...

Yo...

Espera, aún no termino –indiqué apresurando otro bocado de pescado- honestamente voy a decirte esto, jamás había estado con nadie, supongo que te diste cuenta anoche... en fin, supuse que esto iba a ser doloroso...

¡Pero es que no debía ser así! –exclamó dejando caer de nueva cuenta su mirada-.

¿Es cierto todo lo que me dijiste anoche? – cuestioné tomando su mano entre las mías-.

Ella asintió aún sin levantar la vista.

¡Xena, mírame por favor! –supliqué quedamente-.

Ella elevó su hermosa mirada empañada por las lagrimas contenidas.

Sí Gab, yo te amo, te amo como no he amado a nadie en este ni en ningún otro universo, todos los caminos de esta y cualquier otra vida me llevan a ti... Y yo, yo debí ser más delicada, más tierna contigo, pero es que, ¡despiertas tantos sentimientos en mi, tanta pasión como jamás antes había sentido por más nadie!...

¿Más pasión que Cleopatra o Lao Ma? –cuestioné con una sonrisa tonta en el rostro mientras acariciaba el suyo-.

¡Más que las dos juntas! –exclamó con una sonrisa típica en ella besando la mano con que le acariciaba- y, y simplemente no pude contener todos esos sentimientos, créeme que yo quería ser diferente, quería que tu primera vez fuera especial y lo arruiné todo...

¡Bueno, siempre queda la segunda y tercera vez! –exclamé mientras tomaba su mano y la dirigía a mis labios para depositar sobre esta un beso- te amo Xena –sonreí ante su cara de incredulidad-.

¿Cómo?...

¿Cómo puedo amarte después de lo de anoche? –completé su pregunta-.

Ella simplemente movió la cabeza en señal de asentimiento.

Xena, ¿no has aprendido nada?... no vas a deshacerte tan fácilmente de mi, ni siquiera cuando ordenaste que me rompieran las piernas dejé de amarte, inclusive cuando dispusiste que me clavaran en la cruz te seguía amando ¿por qué dejaría amarte por lo de anoche?.

Pues porque eso es diferente... el dolor...

¡Créeme que duele muchísimo más tener las piernas rotas y estar clavada en una cruz con esos horribles pedazos de hierro perforando tus pies y manos, mientras sientes como se desgarran por el peso de tu cuerpo, a lo de anoche! –sonreí haciéndola sonreír a ella-.

¡Lo lamento tanto Gab! –señala besando mi mano-.

Todos cometemos errores y todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.

Justo cuando Xena iba a contestarme se oyó un grito a lo lejos.

¡Tierra, tierra! –se oyó el grito ahora más claro del marino-.

Ambas nos levantamos para dirigirnos a donde provenían los gritos.

¡Esto no ha terminado!, -exclamé tirando de su mano para que me viera- en cuanto rescatemos al patán ese, volveremos a nuestra conversación y sobre todo a nuestra habitación y tendrás que resarcir el daño, esforzándote más esta vez... y por favor, se más delicada –exclamé justo antes de devorar sus labios con los míos-

¿Te sientes bien? –preguntó con ironía la sacerdotisa arrodillada junto al dios de la guerra-.

E-eres una zorra –exclamó débilmente el dios justo antes de escupir su rostro con las pocas fuerzas que le quedaban-.

¡Eres una basura, eres patético, una porquería! –gritó molesta la sacerdotisa mientras se limpiaba asqueada la saliva del dios-.

H-hoy, hoy vas a morir maldita, y yo, estaré, regocijándome, de ello, en el Olimpo –exclamó el dios luciendo una sonrisa en su adolorido rostro-.

¿Sí?, pues francamente quien está muriendo en estos instantes es otro, no creo que la situación cambie tan radicalmente... en cuestión de dos marcas de vela estarás muerto –indicó la sacerdotisa con una sonrisa triunfal mientras restaba importancia a las palabras del dios -.

¡E-ella, ella está aquí, yo lo sé, puedo sentir su presencia –indicó pausadamente entre gemidos de dolor, pero su sonrisa parecía renuente a desaparecer-.

¿Quién está aquí? –gritó la sacerdotisa luciendo repentinamente preocupada tomando del cuello al dios-.

X-Xena, te dije, te dije –un repentino ataque de tos se apoderó de él-.

¡Habla basura! –gritó la sacerdotisa dejándolo caer, para después patear su abdomen-.

T-t... te dije que e, ella y su bardo vendrían a rescatarme –indicó sonriendo mientras se limpiaba sangre de la boca- ¿sangre?, ¿sangre? –rió casi histérico antes de perderse en la inconsciencia-.