Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la historia es solo mía.
Capítulo 1.
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Hermione estaba nerviosa, el último baile al que asistió fue al de Navidad cuando estaba en cuarto, y habían ido con parejas. Su pareja había sido Viktor Krum, el buscador del equipo de quiddich de Bulgaria, que estaba en Howarts por el Torneo de los Tres Magos, Harry había ido con Parvati Patil y Ron con su hermana, Ginny y Neville asistieron juntos y no había sido de máscaras.
¿A quién se le había ocurrido la grandísima idea de hacer el baile de despedida de máscaras? Como si no hubieran tenido siete años ya para conocerse, pensó Hermione mientras intentaba hacer que su moño se viera lo más presentable posible, y por si no fuera poco, estaban obligados a asistir todos los alumnos de séptimo de las cuatro casas, no podían asistir alumnos que no fueran de séptimo.
Hermione se dio por vencida con su moño y se lo deshizo, tal vez recogiéndose el cabello de un lado sería suficiente. Decidida a que sería una buena noche, Hermione tomó el antifaz y se lo puso. Su antifaz combinaba armoniosamente con su vestido, eran del mismo tono turquesa, el vestido había sido un regalo de cumpleaños de su madre y nunca lo había usado, por lo que se sentía un poco incomoda con el vestido que era sin tirantes y amenazaba con caérsele en cualquier momento.
-¿Hermione? –sonó una voz conocida desde la sala común, Hermione suspiró una última vez echando una última mirada al espejo y bajó.
Estaba muy nerviosa.
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-Hija estas muy pensativa –le dijo su madre sacando a la chica de su ensimismamiento.
-Lo siento madre, no fue mi intención.
-¿Estás bien?
-Si mamá, muy bien –Hermione le sonrió a su madre.
La chica intento mostrarse lo más serena posible mientras comenzaban a partir el pastel de Lene, la hermosa bebé no dejaba de aplaudir mientras miraba como su madre repartía el pastel. Cuando Hermione puso el platito frente a Lene, la niña no dudo en hacerlo flotar haciendo que su madre soltara una reprimenda e intentara bajarlo, sin lograrlo ya que cada que Hermione intentaba tomar el plato este volaba más alto. Lene reía y aplaudía sin cesar mientras su madre desesperada sacaba su varita de su bolso y bajaba el plato mientras la pequeña Lene hacia un gran puchero.
-Lene, te he dicho muchas veces que eso no se hace, nada de magia.
-Magia –dijo Lene con un gran puchero.
-No en la casa de los abuelos –le recordó Hermione de nuevo.
-Hija, no seas tan dura, es una bebé –le dijo su padre tomando a la traviesa niña en brazos-. Fue un accidente, ¿verdad princesa?
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Hermione entró al gran comedor junto con Harry y Ron. Los chicos estaban de mal humor debido a que ninguno quería asistir al "Baile de despedida", pero como la profesora McGonagall les había amenazado con bajarles puntos si no asistían habían ido. Harry y Ron se veían muy elegantes con sus túnicas de gala, Hermione le agradecía enormemente a los gemelos que le hubieran regalado una túnica nueva, porque francamente la anterior era un horror. Harry traía una máscara muy al estilo "El fantasma de la Opera", que le quedaba muy bien a decir verdad, y Ron usaba un simple antifaz blanco, muy parecido al suyo.
Cuando entraron en el abarrotado Gran Comedor, Hermione perdió de vista a Harry casi inmediatamente. En cuanto a ella, justo cuando iba a tomar a Ron de la mano, una rubia apareció en un vestido rojo demasiado escotado y se lo llevó. Hermione se indignó, ¿cómo era posible que SU novio, la dejara sola en un baile yéndose con otra en sus narices? Hermione carraspeó y fue directamente a una mesa por cerveza de mantequilla.
La música estaba muy fuerte y al parecer, todos los alumnos de séptimo estaban muy felices y emocionados por el baile, menos ella. Hermione no quería estar allí, estaba cansada, quería dormir y en unos días regresarían a sus casas con sus títulos de Hogwarts listos para comenzar los verdaderos estudios. Ella terminaría sus estudios como Medimaga, tomaría un trabajo en San Mungo, después de trabajar cinco o diez años, se casaría con Ron y tendría dos hijos. Si, así sería la vida de Hermione después de Hogwarts.
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Hermione suspiró al recordar sus viejos planes de vida. No es que viera a Lene como un error o molestia, amaba a su pequeña hija con todo su corazón, tal vez y si Lene hubiese nacido en el tiempo que ella había planeado estarían un poco mejor y la pequeña rubia tendría ambos padres juntos. Si en lugar de ser rubia, sus rizos fueran rojos.
Hermione soltó otro suspiro, como extrañaba a sus amigos, tenía dos años sin saber nada de ellos, hacía tiempo que sus lechuzas dejaban de llegarle, ella nunca les había contestado una carta, no sabía cómo decirles que era madre, que ni siquiera había comenzado sus estudios para Medimaga y que ahora apenas y utilizaba la magia para algo. Era como si Hermione fuera otra persona, como si sus años en Hogwarts nunca hubieran pasado, como que si la magia no existiera en el mundo de Hermione Granger.
-¡Ma-má! –gritó la pequeña niña estirando los bracitos para que su madre la abrazara. Hermione no se lo pensó mucho e inmediatamente abrazó a Lene.
-¿Qué pasa mi amor? –La niña señaló la puerta de entrada y casi de inmediato, el timbre sonó.
Su madre fue a abrir la puerta, un hombre alto y moreno, en una túnica azul eléctrico abarcaba toda la puerta, su madre supo inmediatamente que se trataba de un mago por su vestimenta, sin embargo por su hija mantuvo la compostura ante aquel imponente hombre.
-¿Sí?
-Buen día, estoy buscando a Hermione Granger.
-¿Y quién es usted?
-Mi nombre es Kingsley Shacklebolt, madame, y soy el Ministro de Magia.
Hermione soltó un gritito, ¿el ministro de magia estaba allí buscándola? Intento no ponerse nerviosa, ¿qué hacia el ministro allí? Abrazó a Lene con fuerza y abrió más la puerta.
-Está bien mamá, no pasa nada –Jean Granger le dio un suave pero significativo apretón a Hermione y se fue a la cocina junto a su esposo.
-Hola Hermione.
-Ministro –la chica se hizo para un lado abriendo más la puerta-. ¿Gusta pasar?
Sin decir nada Kingsley entró en la acogedora sala muggle y se sentó en uno de los sillones. El ministro de magia miraba con curiosidad a la niña rubia que Hermione abrazaba, los ojos grises de la bebé le eran muy familiares al ministro, así como también el color rubio platinado de su cabello, pero no dijo nada. Hermione se sentó frente a él en otro sillón y acomodo a Lene en sus piernas, la niña lo miraba con curiosidad.
-¿Puedo saber a qué viene su visita? –preguntó la castaña sin andarse con rodeos, el ministro le miro serio.
-Todos están preocupados por ti Hermione, desapareciste del mundo mágico sin dejar rastros, muchos creen que te paso algo malo.
-Estoy perfectamente bien, señor ministro –respondió la chica. El ministro sonrió.
-Sabes que no es necesaria tanta formalidad, Hermione.
-Lo siento señor ministro –se disculpó la chica sin dejar de mirar a Kingsley.
Pero justo en ese momento, la mesita del centro comenzó a flotar. Hermione la miro horrorizada mientras le cubría los ojos a Lene con la mano libre, inmediatamente la mesa calló estrepitosamente en el suelo, rompiendo el juego de té que tenía encima. La mirada curiosa de Kingsley en Lene fue como un balde de agua fría en Hermione, el exauror no había perdido detalle del autor de ese pequeño accidente.
-¿Cuál es el nombre de la pequeña brujita?
-Lene.
-¿Y ella es la razón por la cual dejaste tu vida atrás? –No cabía duda de que el ministro era un hombre muy perceptivo e inteligente, Hermione suspiró abrazando a Lene.
-Sí.
Pero no solo era el hecho de que ella, Hermione Granger había quedado embarazada a los 17 años, si no de quien era el padre de su hermosa y adorada hija. Porque el mundo mágico no se hubiera sorprendido si el padre fuese Ronald, porque eran novios en ese momento y todos juraban que se amaban con locura, pero la realidad no podía ser más distinta. Conforme fue pasando el tiempo y su relación avanzaba, Hermione se dio cuenta de que ella y Ron no tenían mucho en común, y que la actitud del pelirrojo la sacaba tanto de quicio que dudaba mucho que su relación no terminara de forma tormentosa. La gota que derramó el vaso fue aquella noche, cuando Ron la engañó en medio del baile con Lavender.
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Hermione busco una mesa en un rincón donde la música no le llegara tan fuerte, un pequeño lugar de tranquilidad, que no encontró por ningún lado. Después de dar vueltas por todo el lugar, se exasperó y decidió buscar a Ron para pedirle que por favor regresaran a la torre de Gryffinfor.
Pero eso no sucedió nunca. Cuando por fin Hermione encontró a Ron, este estaba besando muy sexualmente a Lavender, quienes no se intimidaban ante la mirada de los demás y no se molestaban en ponerse las máscaras, Lavender estaba sentada a horcadas sobre Ron y sus manos se aferraban a la espalda del chico, mientras que una de las manos del pelirrojo se cerraba sobre uno de los senos, la otra se aferraba al trasero de la rubia.
Hermione llena de furia se dio media vuelta y camino hacia las puertas del gran comedor. Cuando estuvo afuera no pudo contener más las lágrimas y las dejo que se derramaran sobre sus mejillas, ¿cómo había podido hacerle eso Ron? Y frente a todos sus compañeros de curso. Sin fijarse realmente por donde iba, Hermione corrió hasta que choco con alguien, haciendo que ambos cayeran al piso.
Draco Malfoy se dirigía al molesto baile de despedida más por obligación que por ganas. Había estado leyendo un interesante libro de pociones que su padrino le había regalado en su último cumpleaños cuando el profesor Slughorn bajó a la sala común de Slytherin por todos los de séptimo para ir al baile. Él no había tenido ninguna intención de asistir, pero el viejo profesor los había amenazado a todos con bajarles puntos si no asistían. Cuando estaba un piso arriba de la sala común de Slytherin alguien chocó con él y lo hizo caer al suelo.
-¡¿Pero qué demonios?! –Exclamó el rubio un tanto enojado mirando a la castaña que tenía encima de él.
-¡Oh lo siento! –exclamó la chica apenada, Draco inmediatamente supo de quien se trataba.
-¿Por qué tanta prisa, Granger? –Hermione sintió un escalofrío al escuchar su apellido de los labios de aquel chico. La chica se levantó rápidamente sacudiendo su vestido.
-Lo siento, no te vi.
Cuando Draco levanto la mirada para verla se quedó atónito. El vestido de la castaña era de un bonito color turquesa y se le ceñía al cuerpo como un guante, dejando al descubierto unas curvas que él jamás pensó que ella tuviera. Sus senos parecían a punto de salírsele del discreto escote, y una pierna se asomaba hasta el muslo por una gran abertura del vestido. Draco jamás había visto a una mujer más hermosa que a la que tenía en frente. Con el cabello un poco alborotado y unas manchas negras saliéndole por debajo del antifaz.
-No te preocupes, ¿estás bien? Te vez algo mal.
Hermione se llevó las manos al rostro y se dejó caer. No lloraba de tristeza, si no de coraje, y el coraje no era por lo que le habían hecho, si no por quien y en dónde. Estaba furiosa.
-No, no lo estoy.
A Draco le sorprendió la sinceridad de la castaña. Ella no era de las chicas que lloraban por todo y hacían un drama, él solo la había visto derramar unas cuantas lágrimas en contadas ocasiones y jamás hacia un drama por ello. Sin pensárselo se sentó a un lado de ella y la abrazó.
Cuando el chico con el que había chocado la abrazó, Hermione se llenó de su aroma. Un aroma que ella conocía bien, y se sorprendió al darse cuenta de quién era. Con los ojos como platos lo miró a los ojos y cuando esos ojos grises se clavaron en ella se quedó sin aire.
-¿Malfoy?
¡Hola!
Muchas gracias por leer, y gracias a todas aquellas que dejaron reviews y agregaron esta historia a sus favoritos. Una gran disculpa por la tardanza, pero espero que haya valido la pena. Gracias por leer y dejar sus reviews.
¡Un beso enorme!
