Disclaimer: Ni los personajes ni la historia me pertenecen, le pertenecen a L.J. Smith.
Capítulo 2. Un lugar mucho mejor
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Kingsley miró a Hermione Granger pensativo. Estaba claramente sorprendido por lo que había encontrado, algo que jamás hubiera pensado de la joven castaña. Cuando dos años atrás, después de la caída de Voldemort y de la finalización de sus estudios en Hogwarts, Hermione había desaparecido del mundo mágico sin dejar rastro. Se habían iniciado investigaciones exhaustivas para encontrarla por parte del ministerio, temiendo algún tipo de represalia hacia la chica por la forma en que había desaparecido, todas y cada una de las investigaciones habían llegado a su fin poco tiempo después de iniciadas debido a la falta de pruebas. Así poco a poco el mundo mágico comenzó a olvidarse de la castaña, solo mencionándola en sus relatos como "la amiga de Potter".
Sin embargo, había alguien que no se había olvidado nunca de ella, y era quien presionaba al ministerio para que la encontraran. Draco Malfoy no se había resignado a la desaparición de la chica, insistía impetuosamente en que la encontraran y lo más pronto posible, pagando la mayor parte de las investigaciones de su bolsillo. Tanta insistencia por parte del rubio había llamado la atención del Ministro, por lo que se encargó el mismo de seguir la última pista con el paradero de la castaña. Pista que lo había llevado hasta donde estaba en esos momentos, frente a una Hermione nerviosa, abrazando a una hermosa bebé de rizos rubios.
-¿Quién es el padre, Hermione? –preguntó Kingsley sin andarse con rodeos. La castaña palideció.
-Un amigo de la infancia –respondió la chica sin pensárselo dos veces, sin mostrar nerviosismo ni sonrojarse como cuando hacía en el colegio cuando decía alguna mentira.
Hermione no era mentirosa, odiaba mentir y reprendía a sus amigos cuando lo hacían. Por eso le extraño al Ministro que la chica le mintiera tan descaradamente pero aun así, no dijo nada y le siguió el juego.
-¿Y se puede saber quién es?
-No lo conocen, es muggle. Fue mi vecino hasta los 11 años, que fui a Hogwarts y después se mudó. Retome contacto con él en las navidades de 6to año, antes de… todo.
No era todo mentira, se dijo Hermione. Sí había tenido un amigo en su infancia llamado Billy Gallo, sí había perdido contacto con el cuándo inició sus estudios en Hogwarts y sí había retomado contacto con él en las últimas navidades que pasó con sus padres antes de la guerra, pero él no era el padre de Lene. Billy era apuesto siendo niño, y cuando creció lo era mucho más, con sus dorados cabellos rizados, siempre desordenados, y unas mejillas sonrosadas la mayor parte del tiempo, ojos azules como el mar y una altura un poco anormal. Muy agradable y noble. Si, ese era Billy Gallo, y Hermione por una vez en su vida deseó que fuese él el padre de Lene pero él no lo era.
-Al salir de Hogwarts nos encontramos en una cafetería y comenzamos a salir –prosiguió con su mentira sin mucho interés-, no hay más que contar.
-Ya veo –comento Kingsley sin creer ni una pizca del relato de la castaña.
-Por respeto a él y a mi hija decidí alejarme del mundo mágico, señor ministro, y si no le molesta, me gustaría seguir así, sin ser molestados.
-Por supuesto Hermione –el Ministro se puso de pie-. Entonces mi trabajo está hecho, ahora podré darle cuentas a quien la busca tan desesperadamente.
-Puede decirle a Harry que estoy bien –respondió la castaña poniéndose de pie.
-Oh, Hermione, Potter se resignó a que si no querías ser encontrada era por algo y decidió respetar tu decisión, como Weasley. No Hermione, ellos no son los que te buscan.
-¿Y quién lo hace? –quiso saber.
-Draco Malfoy.
Y sin más, con un elegante movimiento de varita, Kingsley Shacklebolt desapareció.
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El sonido de la puerta lo sacó de su ensimismamiento. Había estado perdido en sus recuerdos que no escuchó la puerta sino hasta que el sonido fue más insistente. Exasperado se levantó y fue a abrir la puerta de Malfoy Manor, mostrando a un ministro de magia extrañamente molesto.
-Señor Ministro, ¿a qué debo esta sorpresiva visita? –dijo el rubio haciéndose a un lado y dejando pasar al hombre.
Caminaron en silencio hasta llegar al salón de estar de la mansión y después de tomar asiento, Kingsley habló.
-Malfoy, ¿te encuentras del todo bien? Te ves cansado.
-Estoy bien –cortó el chico-. No has respondido a mi pregunta.
-Vine a darte el último informe del caso Granger –respondió el hombre poniendo una carpeta sobre la mesita.
-¿El último? –Malfoy miró la carpeta con desagrado como si se tratara de algo venenoso- ¿Qué acaso no has entendido que no descansaré hasta encontrarla, Shacklebolt? –espetó molesto, el ministro sonrió agrandando la molestia del rubio.
-No Malfoy, eso lo entendí perfectamente, el asunto aquí es que Granger no quiere ser encontrada.
Malfoy bufó. ¿Qué Hermione no quería ser encontrada? ¿Qué demonios significaba eso?
-¿Disculpa?
-La señorita Granger está en perfectas condiciones, goza de buena salud al parecer, y dejó muy claro que no quiere ser molestada.
-La encontraste.
La sonrisa del chico no pudo ser más grande, a sorpresa del ministro que en toda su vida jamás le había visto sonreír por lo que el ministro se puso de pie y se despidió del chico con un ligero movimiento de cabeza y, tal y como lo hizo en la casa de la castaña, desapareció tras un elegante movimiento de varita.
Draco le agradeció el hecho que lo dejara solo y que no lo cuestionara como lo hiciera tantas otras veces. Después de la guerra habían regresado a Hogwarts a concluir sus estudios, el día de la graduación Hermione había estado muy sería e ida, como si su cuerpo estuviera allí, pero su mente en otro lado, y después de despedirse de sus amigos se fue sin voltear. Y ese día fue el último en que el mundo mágico supo de ella.
Hasta ahora.
Con dedos temblorosos Draco abrió la carpeta que Kingsley dejo en la mesita del té, no había muchas cosas nuevas, los mismos informes desde hace dos años, pero había algo nuevo. Un pergamino nuevo junto con unas fotos mágicas donde mostraban a Granger entrando y saliendo de un consultorio médico muggle, y otras donde salía de una casa con una bebé en brazos. Leyó el pergamino.
"La señorita Granger vive en un apartamento pequeño al norte de Londres, en un barrio pobre y de mala pinta, trabaja en el consultorio dental de sus padres como asistente y tiene una pequeña hija llamada Darlene Granger. Se desconoce el paradero del padre, William François Gallo. La señorita Granger ha dejado muy bien expresado su deseo por NO SER MOLESTADA POR NINGUNA PERSONA DEL MUNDO MAGÍCO."
Draco bufó de nuevo. Así que Hermione, SU Hermione no quería ser molestada. El rubio siguió ojeando la carpeta. Anexo al pergamino y las fotos, estaba otra foto muggle de un chico rubio de ojos azules, corpulento y mejillas sonrosadas, en la parte posterior tenia escrito: "William François Gallo, muggle, 22 años, francés."
El desagrado del rubio no podía ser mayor. ¿Cómo era posible que la mejor bruja de su generación se hubiera enredado con un pelafustán como el tal William François Gallo y había tenido una hija? ¿Por eso era que se había desaparecido del mundo mágico? ¿Por qué estaba avergonzada de lo que le había hecho ese rufián? Draco estrujo la foto del aludido en su mano, deseando que fuera el verdadero hombre y poder hacerle pagar por el daño que le causo a su castaña.
El rubio releyó el pergamino, así que Hermione no quería ver a nadie del mundo mágico, SU mundo, porque a pesar de las diferencias que tuvieron en el pasado, el mundo mágico era tan suyo como de ella. Y además, el no concebía un mundo sin ella, sin sus ojos chocolates mirándolo, con ese amor y comprensión de la cual solo ella era capaz de darle, de hacerle sentir.
Draco no pudo evitar meterse de nuevo en sus recuerdos, en los recuerdos de aquel día en específico donde él Draco Malfoy, el príncipe de Slytherin, le había demostrado a la princesa de Gryffindor lo mucho que le importaba.
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-¿Tan sorprendido de verme Granger? –preguntó el rubio al ver la mirada incrédula de la castaña.
-¿Qué haces aquí, Malfoy? –el tono hostil de la castaña había molestado a Draco por un momento. Por un instante él se había olvidado de esconder sus sentimientos por la castaña, pero al verla tan hermosa, con el maquillaje corrido y las mejillas llenas de lágrimas se había olvidado de todo y lo único que deseaba era confortarla.
-Yo me dirigía al Gran Comedor, por si no lo recuerdas, hay un baile al que debemos asistir.
La mención del baile y el hecho de regresar hizo que Hermione soltara un gemido. Lo que menos deseaba la castaña era regresar a ese humillante lugar, no pudo contener las lágrimas de nuevo y se dejó caer al piso. Draco se quedó petrificado. ¿Qué demonios había pasado en el baile como para que Hermione estuviera así? Entonces recordó que su preciosa castaña había estado saliendo con la comadreja, el estúpido y nada discreto Weasley. Draco dio un puñetazo al aire y se sentó a un lado de la castaña, abrazándola en silencio mientras que la chica enterraba su cabeza en su pecho y lloraba desconsoladamente.
Después de un rato de sollozos silenciosos, Hermione se quitó el antifaz y se limpió los ojos con las manos. Ya no estaba tan enojada, por algún extraño motivo las reconfortantes caricias de Malfoy la habían calmado, en ese momento la castaña recordó en brazos de quien había estado llorando y se separó bruscamente.
-Malfoy… yo…. Lo siento…
-Shhh –el rubio le puso un dedo en los labios callándola-. Si no me quieres contar no importa, Granger. Solo no llores más, por favor.
La actitud del rubio extraño un poco a la castaña. Solo un poco ya que desde que habían vuelto a Hogwarts el chico había dejado atrás todo comentario y acción hostil hacia ella, al principio ella había dudado de sus intenciones, pero con el paso del tiempo se había dado cuenta que el chico había cambiado realmente y que estaba arrepentido de su comportamiento en los últimos años. Draco siempre había luchado con los sentimientos que sentía hacia ella, y con la guerra finalizada, él sabía que, si ella se lo permitía, podía demostrarle todo lo que sentía por ella.
Hermione no supo porque, pero tenía la sensación de que podía confiar en el rubio. Lo miró a los ojos y vio algo que jamás había visto en nadie. Algo difícil de describir.
-Si no te importa, no me gustaría ir al baile –le dijo finalmente bajando la mirada. Draco puso su mano en su mentón y suavemente lo levanto haciendo que lo mirara a los ojos.
-Entonces iremos a un lugar mucho mejor.
¡Hola! Muchas gracias por sus lindos reviews, trataré de no tardarme en actualizar. ¡Un beso!
Kat.
