Disclaimer: Ni los personajes ni la historia me pertenecen, le pertenecen a L.J. Smith.
Capítulo 3. Visita inesperada
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-¿A dónde vamos? –le preguntó Hermione a Draco.
-A un lugar especial.
Subieron varios pisos por un camino que Hermione le pareció interminable hasta una puerta que estaba detrás de la pintura de un monje borracho y dormilón. Si Draco no le hubiera enseñado la puerta, Hermione no la hubiera visto ni en un millón de años. Draco abrió la puerta y le indico a Hermione que pasara, la chica obedeció y después de ver las escaleras que conducían hacia una torre soltó un gemido cuando se encontró a oscuras al Draco cerrar la puerta.
-Tranquila, toma mi mano y sígueme… ¡Lumos!
Subieron unos cuantos pisos más hasta que una acogedora sala apareció ante ellos. Draco dejó su capa en un pequeño silloncito estilo victoriano para después ayudarle a Hermione con la suya. La chica maravillada se sentó en la mullida cama que estaba en el centro de la habitación, admirando cada parte del lugar desconocido. Había una mesa en el centro con una lámpara de aceite, iluminando toda la habitación, además del sillón donde Draco había puesto sus capas, habían otros dos sillones de diferentes tamaños aunque del mismo color verde esmeralda. Pegada a la pared, había un pequeño tocadorcito con botellas de distintos tamaños, así como toallas de diferentes colores y estampados.
-¿Qué es este lugar?
-Es mi escondite, mi lugar secreto.
-Es… lindo.
-Nunca había traído a nadie aquí –le confesó el rubio desviando la mirada. A Hermione se le hinchó él corazón y no pudo hacer otra cosa más que sonreír.
-Qué lindo gesto, Draco. Gracias –dijo la chica después de unos momentos de silencio. Draco se sentó a un lado de ella y la tomo de la mano.
La verdad era que a él siempre le había gustado Hermione Granger. Desde su torpe primer encuentro en el expreso de Hogwarts hacía siete años hasta esos momentos. El hecho que Hermione fuese hija de muggles había atormentado a Draco por sus sentimientos hacia ella, pero después de la guerra, Draco sabía que ese ya no era un impedimento para él.
Cada que Draco la lastimaba con sus hirientes palabras, un pedacito de él moría con cada lágrima derramada de Hermione, ella, su Hermione, había sido su secreto, su tormento personal. Sin embargo, él amaba todo de ella. Le encantaban sus rizos rebeldes, su pequeña nariz y su risa, como fruncía el ceño cada que San Potter o la comadreja le pedían que hiciera algo por ellos o como mordía la pluma distraídamente mientras leía algo para después tomar notas.
-Me gustaría decirte tantas cosas, Hermione, disculparme por tanto daño, que no se ni por donde comenzar.
-Shh –la chica le silenció colocándole su dedo índice sobre los labios-. No digas nada, Draco, todo está bien.
Draco tomo la mano de Hermione y la coloco entre las suyas. Lentamente se acercó a ella nervioso, ¿y si ella lo rechazaba? Estaba en todo su derecho, pero Draco deseaba que no fuera así.
Cuando Draco posó sus labios sobre los de la castaña, ambos sintieron una especie de descarga, si bien no era el primer beso de ambos, si era él primer beso entre ambos. Ni en sus más locos sueños Hermione pensó que Draco, Draco Malfoy, príncipe de Slytherin y con un pasado oscuro como mortifago, estaría besándola, y tan bien. Hermione tomo un mechón del rubio cabello y lo enrosco en su dedo, mientras que su otra mano se posaba en su pecho, mientras que ambas manos de Draco se posaban en cada lado de la cara de la castaña.
Su primer beso, el inicio de su tormento había comenzado con un simple beso.
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Pasaron tres semanas desde la visita de Kingsley a la casa de sus padres, Hermione estaba más tranquila. Después de que el Ministro de Magia desapareciera, la castaña había temido que alguien más se apareciera y perturbara su vida y la de su hija, pero no había habido ningún incidente por lo que Hermione había bajado la guardia.
Los paseos diarios al parque de juegos habían sido interrumpidos por la paranoia de la chica, pero ese día había decidido que no tenía por qué temer, siempre salía con la varita en el bolso, una vieja costumbre, por lo que se sentía protegida. Aunque fuera solo un poco.
El rubio trato de mantener su distancia, desde que le habían pasado el último informe sobre su castaña había estado siguiéndola. No fue difícil saber donde trabajaba, no existían muchas clínicas dentales Granger en Londres, por lo que fue de lo más sencillo dar con su trabajo, y después de seguirla con prudente distancia, supo donde vivía. Su desagrado fue tal al descubrir donde vivía su castaña, que casi la enfrenta, pero por algún extraño motivo no lo hizo, y fue su sombra por las siguientes tres semanas.
Miro a la niña que caminaba colgada de la mano de su castaña, apenas sabia caminar, no tenía más de dos años, al parecer, y era blanca como la leche. Su cabello rubio platino estaba formado por muchos rizos desordenados, y tanto sus ojos grises como sus mejillas rosas le daban un aspecto de niña saludable y feliz. La niña era como una versión miniatura de su castaña, pero no del todo, pues claramente en las facciones de la niña estaban las de alguien más. Draco aún no superaba el hecho de que su Hermione hubiera olvidado lo que paso entre ellos por un simple muggle, y el hecho de que ese muggle alguna vez la tocara como él lo hizo le carcomía por dentro.
Una hora después, Hermione tomo su hija en brazos, quien no tardo en bostezar y acurrucarse en los brazos de su madre para dormir. Draco las comenzó a seguir sin que Hermione se diera cuenta, pero para la sorpresa de Draco, la hermosa niña lo miró con sus penetrantes ojos grises, se quedó perdido en la mirada de la niña, como un imbécil por unos momentos, entonces la niña lo señalo con su pequeña manita y sonrió, para después decirle adiós y gritarle "magia".
Cuando Draco vio que Hermione se detuvo y se giró para ver a quien señalaba su hija, rápidamente se metió en la primera tienda que vio, todavía anonadado por lo sucedido. Esa mirada era claramente la de su castaña, pero esos ojos… esos ojos Draco los veía diariamente, en el espejo.
Hermione se giró al escuchar a Lene gritar "magia", su hija raramente hablaba en público, y esa palabra solo la decía cuando estaban a solas, por lo que Hermione se extrañó. Pero como no vio nada, continuó con su camino en silencio. Lene se quedó profundamente dormida antes de llegar a casa, Hermione la acostó en su cunita inmediatamente, no sin antes mirarla como cada noche. Su hija era tan hermosa, y tan parecida a su padre, y no pudo evitar recordar aquella noche en el castillo.
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-Eres hermosa, Hermione, y no quiero volver a verte llorar por nadie –le dijo el rubio acuñando su cara en sus manos, Hermione no pudo evitar sonreír.
Draco la tomo de la mano y la condujo a una enorme ventana desde donde se podía ver el lago negro, las montañas que rodeaban Hogwarts. La luz de la luna iluminaba todo de una forma sublime, tenue y un poco tétrica, al igual que la torre donde se encontraban, estaba solo iluminada por la luz de la luna, nada más.
-Qué bonita –dijo la castaña señalando la vista, Draco sonrió.
-No tan bonita como tú.
Hermione aun extrañada por sus palabras, miro a Draco. El chico sonrió y acarició su mejilla con la yema de los dedos, Hermione se estremeció, su toque le envió sensaciones eléctricas, suaves y hechizantes. Y como si Draco le leyera la mente, acuño de nuevo su rostro en las manos, limpiando los manchones negros de sus ojos con los pulgares y la besó de nuevo, tiernamente sobre los labios.
-Sé que mis acciones dicen todo lo contrario, Hermione, que te odio y todo eso. Pero la realidad no puede más distinta –los ojos chocolates se clavaron en el llenos de duda, el chico la tomo de la mano y la condujo a un mullido sillón, donde ella se sentó y él se arrodillo frente a ella-. Tal vez y sea muy tarde para confesarlo, y no busco expiación de lo que he hecho con esto, Hermione, pero probablemente nunca tengamos esta oportunidad de nuevo.
"Cuando nos tropezamos en el expreso de Hogwarts aquel primero de septiembre, quede totalmente prendado a ti, pensé que no había una niña más hermosa en el mundo que tú. Pero al enterarme que eras hija de muggles, y con la educación que recibía en casa, renegué de mis sentimientos. Ya que yo no podía sentir tal atracción hacia una… sangre sucia…"
Hermione pudo notar el desagrado que le producía al chico esa expresión, pero no dijo nada. Draco le tomo la mano.
-Luche con mis sentimientos todo el tiempo, insultándote, haciéndote sentir mal, con la esperanza de poder cambiar lo que sentía, pero nunca pude, porque cada que te hería con mis palabras, me hería a mí mismo… -Hermione pudo ver el dolor en sus ojos grises, y algo en ella la hizo querer hacer que olvidara todo, quitarle ese dolor y ese peso de encima al rubio- …y luego regreso el señor tenebroso y yo solo hice lo que se esperaba de mí. No estoy orgulloso, al contrario, me odio a mí mismo por eso –tomo el brazo de Hermione donde estaba la cicatriz de "sangre sucia" que su tía Bellatrix le había hecho-, y por esto, porque debí detenerla.
-Eso hubiese sido tu sentencia de muerte, Draco.
-Pero al menos así hubiera muerto intentando salvarte.
Hermione se hecho a los brazos del rubio, algo en ella le decía que el chico no le mentía, no pudo evitar sonreír. Draco la abrazó con fuerza, bebiendo su olor a violetas, Hermione le tomo de las manos y le hizo levantarse y sentarse a su lado. La chica le abrazó y se recostó en su pecho mientras el rubio le acariciaba la espalda desnuda lentamente, dejando un paso de sensaciones eléctricas en la piel de la castaña.
Hermione se hundió en su pecho aspirando esa esencia tan propia de él, y un escalofrío la recorrió. Draco tomo su barbilla y la levanto hasta tener sus labios a milímetros de los suyos, Hermione podía sentir su aliento cosquilleándole los labios y poco a poco sus labios se juntaron en un beso tierno y suave. El beso comenzó a hacerse más y más intenso, sus lenguas bailaban una danza sensual, Draco succionaba su labio inferior mientras que con su lengua delineaba los bordes de sus labios, le daba pequeños mordisquitos.
Sus manos se aferraron a su camisa, mientras que las de Draco acariciaban sus curvas. Lentamente Hermione fue desabrochando uno a uno los botones de la camisa de Draco, bebiéndose su olor al despojarle de la camisa y dejarla en el suelo. Por un momento Hermione se quedó anonadada al ver el delgado pero musculoso y muy marcado torso de Draco, el chico soltó una risita y tomando las manos de la castaña las puso en su pecho, Hermione no pudo resistir y deslizó sus manos hasta el borde de sus pantalones. Draco soltó un gemido y Hermione sonrió.
Lentamente Draco desabrochó la cremallera del vestido de la castaña, deslizando su índice por cada pedacito de piel que quedaba descubierta. Por un momento se sorprendió al ver que la castaña no llevaba sujetador, y Hermione se ruborizó al recordar ese hecho. Pero Draco sonrió y comenzó a quitarle el vestido cubriendo de besos cada parte de la piel desnuda de la chica.
Cuando estuvo solo con sus diminutas braguitas de encaje, Hermione se sintió extrañamente bien ante los ojos del rubio, quien en un movimiento ágil se había quitado el pantalón quedando solamente en boxers. Hermione sintió la dura erección de Draco cuando la abrazó para seguir besándola. A ambos los separaba una minúscula prenda de ropa, pero no tenían prisa. Draco tomo uno de sus senos con su mano y con el pulgar comenzó a dibujar círculos sobre su pezón, Hermione no podía contener sus gemidos y cuando Draco se llevó el endurecido pezón a la boca, Hermione perdió la cabeza.
Con un movimiento rápido, Draco acostó a Hermione de espaldas con el sobre ella, y sin prisa alguna deslizó sus dedos por debajo de la prenda de encaje y tocó aquel bulto de sensible carne, haciendo que la chica soltara gemido corto. Draco sonrió, y con toda la experiencia que tenía, comenzó a mover sus dedos lentamente en círculos sobre el centro de la castaña, quien no reprimía gemido alguno y aferraba sus manos en los hombros del rubio.
Cuando la chica estuvo a punto de llegar al clímax, Draco se detuvo, le quito las húmedas bragas y hundió su cabeza en los tiernos pliegues de la castaña. Quería probarla, saborearla y hacer que llegara al clímax en su boca, si eso era lo que Draco quería, y cuando sucedió, Draco la abrazó suavemente. La besó una vez más y Hermione le rodeo la cintura con las piernas, la chica se sorprendió al notar que Draco ya no traía sus boxers, pero al sentir su dura erección en su palpitante centro, no le importó.
-Draco… -le susurro la castaña en la oreja, el chico sonrió.
-Shhh….
Lentamente se introdujo en ella, saboreando cada sensación al instante. Draco se sorprendió un poco al notar que su castaña no era virgen, pero ¿quién era el para juzgar? Él tampoco lo era. Se enfrascaron en un vaivén lento, con envestidas suaves y placenteras, pero poco a poco se fueron haciendo más rápidas, Hermione le encajaba las uñas en los omoplatos, y lejos de sentir molestia, el placer de Draco era mucho mayor, con cada envestida hasta que Draco sintió como ella se contrajo alrededor de él y ambos llegaron al clímax juntos.
Draco la abrazó y la beso con dulzura. Era su chica, y la quería como a ninguna otra querría jamás. Y ella lo sintió antes de caer en un profundo sueño.
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Un escalofrió recorrió la espalda de Hermione. Cada que recordaba esa noche todo se sentía tan vivido, tan real, como si lo estuviese viviendo de nuevo. Y en los últimos dos años, el recuerdo de esa noche la había perseguido por las noches, recordándole lo que era sentirse amada, deseada. Un suspiro salió de ella, como odiaba recordar esa noche en específico, porque jamás se repetiría, porque la visión de Draco abrazando a Astoria en la graduación era más fuerte que esos recuerdos. Que tonta había sido al pensar que tal vez y ellos podrían tener un futuro juntos, un Slytherin y una Gryffindor, un sangre pura y una sangre sucia.
La voz de él padre de Astoria Greengrass le martillaba en la cabeza cuando frente a todo el colegio anunciaba el compromiso de su hija menor con Draco, como el pacto entre sus familias se llevaría a cabo a pesar de los problemas de los Malfoy. Ella nunca fue más desdichada y nunca se sintió tan humillada como ese día. Aunque claro, esa humillación solo fue perceptible para dos personas, ella misma y Draco. Por lo que decidió olvidarse del rubio y hacer algo con su vida. Buscó a sus padres, los encontró en Australia, y les regresó la memoria, en un principio se molestaron con ella pero la amaban tanto que entendieron el porqué de sus acciones y la perdonaron.
Cuatro semanas después, Hermione sufrió un desmayo cuando salía del supermercado en compañía de su madre, fue entonces cuando se dio cuenta de que algo estaba mal. Ella no era enfermiza, ella no se desmayaba nunca, y ella debía de haber tenido su periodo hacia dos semanas. Muerta de miedo, se hizo una prueba casera. POSITIVO. No lo podía creer, se hizo otra, y otra, hasta que se resignó.
Estaba embarazada.
El sonido de la puerta la saco de su mente, y lo agradeció. No quería pensar en eso. Revisó que Lene estuviera bien tapada, semi cerró la puerta al salir del cuarto de tu pequeña hija y fue hacia la puerta a abrir. ¿Quién tocaba? Nunca nadie la visitaba, no tenía amigos, y sus padres no tenían la necesidad de ir a su casa. Pero al abrir la puerta, la persona que estaba parada en el umbral, era ciertamente la última en el planeta que ella había pensado que se aparecería.
-¿Tan sorprendido de verme Granger?
¡Hola! ¿Qué tal? ¿Qué les pareció? Decidí subir este capitulo tan pronto simplemente por que sus prontos reviews me pusieron muy feliz :)
Gracias por leer, y por sus bonitos reviews chicas. Díganme que les pareció, ¿vale?
Besos, y dejen sus reviews porfis! :D
Kat
