Disclaimer: los personajes pertenecen a J.K. Rowling y la historia es solo mía.


Capítulo 4. Violeta

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La cara de Hermione estaba pasmada en el asombro. Draco casi hubiera deseado tomar una foto, porque estaba seguro que jamás la volvería a ver, pero casi inmediatamente Hermione cambió su mueca de asombro por una de coraje, el rubio pudo notarlo enseguida.

-¿Qué demonios haces aquí, Malfoy? –preguntó la chica hostilmente. Draco bufó.

-Después de dos años sin verme y de lo que pasó entre nosotros, ¿así es como me recibes? Que modales Granger, me sorprendes.

-¿Qué haces aquí? –volvió a preguntar a castaña molesta, ¿quién se creía?

-¿Al menos podrías dejarme entrar? Si fueras tan amable. Lo que tenemos que hablar no creo que te agrade hacerlo aquí.

-No. ¿Qué quieres?

-¿Acaso eres sorda, preciosa? –Preguntó un rubio exasperado- Quiero hablar contigo.

Hermione suspiró resignada y lo dejó entrar a regañadientes. Caminó hacia su pequeña salita y se sentó con los brazos cruzados, Draco la siguió y se sentó frente a ella. Hermione miró al chico pulcramente vestido y no pudo negar que estaba más fuera de lugar que un oso polar en un desierto.

-¿Qué quieres? –volvió a preguntar la castaña. Draco sonrió de lado y Hermione suprimió un suspiro.

-Todo lo que te dije aquella noche hace dos años fue cierto –soltó el chico sin andarse con rodeos, su sinceridad tomo por sorpresa a la chica.

-¿En serio? –Preguntó sarcástica- Por que tus acciones demuestran lo contrario.

Estaba nerviosa. Draco la ponía nerviosa, y si no hacía algo para disimularlo se sentiría como una perdedora, por lo que se levantó y fue a la cocina a prepararse un té. No le ofreció a Draco por que esperaba que se fuera lo antes posible. Sin embargo, el chico supo inmediatamente las intenciones de la castaña, la conocía tan bien. Y no se la iba a dejar fácil, pero a pesar de eso sería sincero con ella.

-El compromiso con Astoria era algo que se había pactado desde que tenía dos años, Hermione, en esos momentos no podía hacer nada.

-Al menos pudiste haber sido sincero conmigo y contármelo –soltó una enfurecida Hermione. Draco la miró serio.

-Lo iba a hacer Hermione, de verdad, pero…

-¿Pero qué, Draco? ¿Descubriste que yo no valía la pena como para decírmelo? –Hermione se giró hacia él furiosa, todo lo que había querido decirle en los dos últimos años estaba saliendo-. ¿Él príncipe de Slytherin no podía rebajarse ante una sangre sucia como yo?

Draco la miró furioso ante sus acusaciones. Había sido más sincero esa noche que en toda su vida, ¿y ella lo tachaba de mentiroso? Draco estaba cabreado, como no lo había estado antes, el hecho de que fuera ella quien dudaba de él era lo que lo molestaba más. Además, ella no tenía por qué molestarse, ella había salido corriendo a los brazos de un muggle de pacotilla al primer momento sin dejarlo explicarse primero. Así que no tenía por qué reclamarle nada.

-¿No soy lo demasiado pura para ti? –Continuó la castaña-. Vamos Draco, se honesto conmigo por una vez. ¿Acaso crees que no me di cuenta que lo único que querías era meterte en mis bragas? –Draco se levantó furioso al escuchar lo último y camino hasta ella quedando peligrosamente cerca.

-¿De verdad crees que lo que paso aquella noche fue solo yo queriéndome meter en tus bragas? –El aliento del rubio chocaba en la cara de la castaña fresco y frío. Hermione tembló cuando Draco puso su mano en su mejilla-. No fue solo sexo, Hermione. Y creo que tú lo sabes también.

-¿Entonces por qué no me lo dijiste? Lo de Astoria y el compromiso –susurró Hermione. Draco se separó y le dio la espalda.

-Por qué fui un estúpido. Jamás creí que Greengrass siguiera con el compromiso después de lo que pasó. También me sorprendí cuando el viejo anunció la boda en el colegio, Astoria ni siquiera lo sabía.

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-¡Sonorus! Buenas noches –La voz mágicamente amplificada de Joseph Greengrass se escuchó por todo el gran comedor-, me gustaría hacer un pequeño anuncio si a la señora directora no le importa –todos voltearon a ver a la profesora McGonagall quien asintió silenciosamente-. Muy bien, perfecto. Damas y caballeros, tengo el gran honor de en este hermoso día, anunciar ante el mundo mágico el compromiso de mi hermosa hija menor, Astoria –todos los ojos estupefactos del colegio se dirigieron a la chica tímida y castaña que se encontraba colgada del cuello de Draco Malfoy-, con el joven Draco Malfoy, dejando atrás los errores de los cuales mi futuro yerno está profundamente arrepentido, y esperamos en nombre de mi familia, que el mundo mágico acepte su arrepentimiento. Claramente, todos y cada uno de los presentes en este día están cordialmente invitados al enlace. ¡Esperen sus lechuzas!

Y sin más, el feliz hombre pasaba su mirada de la pareja a su derecha y los demás presentes. Astoria sonreía como una niña pequeña a la cual le acaban de regalar el juguete de sus sueños, mientras que los ojos de Malfoy recorrían todo el gran comedor.

Hermione estaba colorada, con los ojos llenos de lágrimas y el corazón desecho. No había previsto eso, le había tomado tres días hacerse del valor suficiente como para decirle a Draco lo que sentía, incluso había preparado un pequeño discurso, y los nervios que sentía no la habían dejado probar alimento en todo el día, pero eso no se lo había esperado. Draco estaba comprometido, lo había estado todo el tiempo y la había usado, la había utilizado y ella estúpidamente se había portado sumisa y obediente ante él, y lo peor del asunto, se había enamorado del rubio.

Cuando los ojos grises del rubio se posaron sobre los de ella, Hermione no pudo contener las lágrimas, salieron de sus ojos como ríos y por más que intentaba detenerlas no podía. El dolor en sus ojos era palpable, era tan palpable que Draco se sentía morir por dentro, odiaba al viejo Greengrass que había escogido ese preciso momento para anunciar un compromiso que él creía muerto y que no deseaba llevar a cabo.

Draco se sentía como un patán. Y nunca antes se había sentido así en su vida. En su estancia en el colegio las chicas habían pasado por su dormitorio en muchas ocasiones, y nunca ninguna chica había pasado más de una noche en su cama, de hecho, nunca se acostó con la misma chica dos veces, y nunca se había sentido mal al respecto, pero aquella vez, con el dolor en los ojos chocolates de su castaña, se sentía el peor hombre del mundo.

Hermione trato de impregnar en su mirada todo el odio del que pudo ser capaz. Se sentía la mayor estúpida del planeta, y era su culpa. El pergamino que traía en su mano, arrugado y mojado por estarlo estrujando, le comenzó a quemar de repente, se debía deshacer de él, de todas formas había sido un error haberlo escrito, se dijo para sus adentros. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y con un ligero movimiento de varita casi imperceptible, transformó el pergamino en una hermosa violeta, y sin pensarlo, la echo al aire.

-Herms, ¿por qué lloras? –le preguntó Neville. Hermione trato de componer su cara.

-Porque ya no nos vamos a volver a ver aquí, Neville.

Draco miró de nuevo hacia donde estaba Hermione en el momento justo cuando Longbottom la abrazaba y ella hundía su cara en su hombro. Estuvo a punto de ir a separarlos cuando una flor morada calló frente a él, la levantó del suelo y su aroma lo dejó helado, olía como ella. Volteó de nuevo hacia donde estaba ella y vio cómo sonreía cuando la pelirroja señora Weasley la abrazaba, para después ser abrazada por todos y cada uno de los pelirrojos. Ella era feliz con ellos, y él los envidio como nunca había envidiado a alguien. Y con una lágrima, guardó la flor en su túnica.

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El silencio reino por unos momentos. Hermione no sabía que pensar, no sabía si creerle o no al rubio, por qué si le creía, tendría muchas cosas que explicarle. Y Hermione no quería explicarle nada a Draco. ¿Por qué tenía que haber aparecido en ese momento? ¿Por qué no pudo esperarse unos años más para que así la herida no estuviera aún abierta?

Nadie podría entender lo que había sentido aquella noche, el dolor de sentirse usada después de haber sentido tanto amor de parte del rubio. La humillación, el dolor, la rabia. Todo. Para después enterarse que estaba enamorada de Draco, admitirlo le había costado trabajo, por qué después de tantos años de insultos, ¿cómo podría estar enamorada de su "enemigo" escolar? De la persona que tanto la había dañado en el colegio.

-Tal vez sea demasiado tarde –dijo de pronto Draco. Hermione contuvo las lágrimas en sus ojos antes de mirarlo.

-Tal vez. Tú hiciste tu vida, Draco. Yo continúe con la mía.

-Acceder a casarme con Astoria ha sido el mayor error de mi vida, Hermione -la castaña se estremeció al tener de nuevo al rubio frente a ella-, pero jamás deje de buscarte.

-Te casaste –dijo Hermione en un susurro más para ella misma que para Draco. El chico bajó la vista.

-No tuve más opción en ese momento.

Hermione se alejó de Draco. Las traicioneras lagrimas habían logrado caer por sus mejillas y ella no quería dejarle ver al chico cuanto la lastimaban sus palabras. Caminó hacia la ventana que daba a la calle, y discretamente se enjuagó las lágrimas con las manos. Draco no podía verla así, sin embargo, ninguna acción de la castaña había pasado desapercibida por parte de Draco.

Draco nunca se había odiado tanto como se odiaba en esos momentos. A pesar de todo, él la seguía amando, incluso más de lo que la había amado en el colegio y sus lágrimas lo lastimaban, más al saberse el autor de ellas. Él no se merecía que ella llorara por su causa, no se merecía ninguna lágrima de su castaña. Los deseos por reconfortarla lo llenaron, tenía que hacer algo para que dejara de llorar.

Pero entonces un llanto interrumpió sus pensamientos.

Hermione brincó al escuchar el llanto de su hija, y sin dudarlo caminó hacia la puerta que estaba frente a Draco. Por un instante Draco había olvidado que Hermione tenía una hija, había olvidado esos ojos grises y esa mirada juguetona y penetrante. Draco se quedó pasmado por un momento, ¿qué debía hacer? ¿Irse? ¿Esperar a que la niña dejara de llorar y terminar su conversación? Draco dudo por un momento cuando vio a Hermione salir de la habitación con la niña en brazos y caminando hacia la cocina. Los pucheros de la bebé daban a entender que seguiría llorando si no le daban lo que quería.

-Shhh, tranquila, Lene –le decía cariñosamente la chica mientras preparaba un biberón-. Mami está aquí.

Draco se sentía como un intruso. Tal vez había sido un error ir y hablar con ella, tal vez hubiera sido mejor mantenerse al margen y seguir en las sombras, pero tenía que hablar con ella, estar con ella, sentirla una vez más. Sí, era un egoísta, siempre lo había sido, y había esperado que su castaña le perdonara al instante para así continuar lo que habían dejado inconcluso.

-Tienes que irte –la voz de Hermione lo sacó de sus cavilaciones. Por un momento Draco la miró anonadado.

-¿Disculpa?

-Dije que tienes que irte –repitió la chica mirando a su hija y dándole su biberón. La niña automáticamente dejó de hacer pucheros.

-¿Por qué? ¿Esperas la visita de alguien? –Draco no pudo evitar preguntar. Hermione lo miró molesta.

-¿Y eso a ti que, Malfoy? –la barrera que Draco había destruido se volvió a construir ante sus ojos.- Si mal no recuerdo, eres casado. ¿Qué te importa lo que haga yo?

Draco camino hacia ella hasta quedar frente a frente. Hermione lo miraba furiosa.

-Me importa, Granger. Y no, ya no estoy casado.

Hermione intento ocultar la mueca de asombro ante la confesión del rubio, pero no lo logró del todo. Él estaba ahí frente a ella, tan grande e imponente, y la hacía sentirse pequeña e insignificante. Por más que intentó no sentirse así frente a él no lo logró, porque Draco Malfoy era imponente, lo había sido en el colegio y lo seguía siendo ahora.

-¿Por qué? –preguntó Hermione insegura de querer saber la respuesta. Draco dibujó una sonrisa torcida en sus labios.

-¿Y todavía te lo preguntas, Granger? –Hermione lo miró aun insegura, Draco se acercó más a ella hasta que su boca quedo sobre la suya.- Me importa porque te amo.

Le susurró Draco antes de estampar sus labios sobre los de ella. Su beso era tierno, y Hermione se lo respondió sin pensarlo dos veces. Draco había esperado ese momento desde que la había visto desaparecer en el andé dos años atrás. Nada había querido más que irse tras ella y besarla frente a todos, no le interesaba si el mundo mágico se enteraba, si se sorprendían o no, si lo aprobaban o lo desaprobaban, él solo había querido hacerla feliz. Pero el destino era una perra y los había separado.

Puso su mano en su nuca para profundizar el beso cuando una vocecita los sorprendió.

-¿Papá? –volvió a preguntar la niña que Hermione abrazaba.

Draco la miró para después mirar a su madre, quien estaba pálida como un fantasma.

-¿Papá? –preguntó ahora Draco confundido, miró a Hermione una vez más.

-Huh… -fue todo lo que salió de la boca de la castaña.


¡Hola! Muchas gracias por sus reviews :) me hacen muy feliz. Espero y les haya gustado el nuevo cap, no olviden dejar sus reviews! :D

Saludos... Kat.