Capítulo 2.

Tardaron media hora en encontrar el camino que las llevó hasta la ciudad, seguía lloviendo, estaban empapadas, cansadas, tenían los músculos engarrotados debido al frío y aun así las dos caminaban de la mano. Antes de ir a la tienda del Señor Gold, Emma, se paró en medio de la calle estirando de la mano de Regina, lo que hico que esta perdiese el equilibrio momentáneamente.

-¡Lleva más cuidado Emma!

-Pero si has sido tú quien casi se cae- dijo Emma con una sonrisa inocente y abrazando a Regina por la cintura, tímidamente.

-Porque me has empujado- le da un beso suave y corto en los labios, pasando los brazos por sus hombros, suspira- ¿qué vamos a hacer?

-¿Qué vamos a hacer con qué?- intenta que no se le noten las pocas ganas que tiene de hablar del tema.

-Con lo nuestro, si tenemos algo…

-Ah, con eso, pues no sé…

-Emma te quiero y nada va a cambiar eso ni ahora ni nunca, pero entiendo que no quieras algo serio, hay más contras que pros…

-Regina, yo también te quiero y te querré siempre, pero necesito solucionar primero lo de Henry al menos saber que estamos todos a salvo- la interrumpe antes de que acabe- me dan igual los problemas que pudiésemos tener si decidimos estar juntas, y, en mi opinión creo que si estoy preparada para una relación seria o al menos contigo.

-¿Le han dicho alguna vez que habla demasiado, señorita Swan?- le dice levantando una ceja

-No señora Mills, ¿le han dicho a usted que cambia muy rápido de tema?

-No, Swan, no lo han hecho; si he cambiado de tema ha sido debido a que todo ha quedado claro, hasta que no solucionemos esto no tomaremos decisiones precipitadas

-Así es, pero tienes que prometerme una cosa.

-Dime, soy toda oídos.

-No te pondrás en peligro por ninguna razón ni dejarás que os pase nada a Henry o a ti, y que no harás ninguna locura pase lo que pase, ¿de acuerdo?

-Acepto hacer esa promesa si tú me haces la misma, quiero un trato justo- dice Regina muy seriamente.

-Trato hecho entonces-la aprieta un poco más contra ella apoyándola cabeza en su hombro y acariciando su espalda.

-Trato hecho- suspira jugando con su pelo y dejando un beso en su cabeza; unos minutos más tarde recuerdan la situación en la que estás- Emma, tenemos que irnos.

-No hay más remedio. ¿Me das un último beso antes de irnos?

Regina se acerca y le da un beso largo e intenso, que la otra le corresponde de buena gana, no se separan hasta que ambas tienen dificultades para respirar. El móvil de Emma suena, pero como tiene los dedos entumecidos por el frío y algunos cortes que se hizo al agarrarse en el barranco, se le cae de las manos golpeando fuertemente en el suelo; Regina se agacha a recogerlo y se lo tiende antes de levantarse, al hacerlo se le nubla la vista y siente un fuerte e intenso pinchazo en la parte de atrás de la cabeza, por lo que se queda a medio camino entre levantarse y sentarse agarrada de Emma.

-¿Estás bien? ¿Qué te pasa?- Al no recibir respuesta por parte de Regina la levanta a la fuerza mirándola fijamente a los ojos y acariciando su mejilla a la vez que la sujetaba para hacerla reaccionar- Regina… ¿Estás ahí? Contéstame, por favor…

-E-estoy b-bien sólo me he mareado un poco…- hace una mueca tocándose la zona donde le ha dado el dolor, y donde casualmente la había golpeado la rama, nada más rozar su cabeza aparta la mano con gesto de dolor, al ver sus dedos estaban manchados por un poco de sangre.

-Ni eso es un pequeño mareo ni estás bien, ahí es donde te ha dio la rama del árbol ¿no? Regina estás sangrando y parece una herida fea…- sin esperar respuesta pasa un brazo por su cintura y la ayuda a caminar las cuatro manzanas que quedaban para llegar a la tienda- No diré nada de momento sobre lo nuestro- tras un breve asentimiento por parte de la otra abre la puerta y entran.

Nada más entrar Mary Margaret y David se lanzan a abrazarla, pero se detienen al ver cómo sujeta a Regina. Comienzan a bombardearlas a preguntas que intentan responder lo mejor posible, mientras Bella va a buscar algo de ropa que pueda servirles mientras la suya se seca. Cinco minutos después de que llegaran y comenzaran las preguntas llegaron Neal, Garfio y Campanilla, con la varita que el señor Gold les había pedido. Las preguntas siguieron tanto para unos como para otros, hasta que Regina no pudo aguantar más y dándole un pequeño aviso a Emma se desplomó en sus brazos, que la sostuvieron fuertemente y evitaron su caída.

-¿Qué ha pasado? Estaba bien hace un momento-dijo Mary Margaret algo extrañada

-Gold tienes que curarla con magia no hay otra opción…-suplicó Emma.

-No veo razón para hacerlo señorita Swan, ni si quiera está herida.

-Padre quizá deberías recordar la promesa que me hiciste- intervino Neal, siempre a favor de Emma.

Emma les contó muy brevemente lo que les había pasado cuando se separaron, eliminando los detalles personales, pero contando lo esencial; acto seguido les enseñó el golpe en la cabeza de Regina. Entre ella y Neal la llevaron a una cama evitando que apoyara la cabeza por el lado perjudicado, la dejaron a solas, casi tres cuartos de hora, con el señor Gold; pasado ese tiempo salió de la habitación donde se encontraba con la expresión más triste y seria que Emma jamás había visto, y negando con la cabeza dijo que necesitaba unos minutos para pensar. Henry entró corriendo a ver a su madre, a la que abrazó entre lágrimas; Mary Margaret y David se abrazaron entristecidos, pues al fin y al cabo estaba cambiando; Garfio y Campanilla permanecieron apartados de todos mientras asimilaban la situación; Neal fue a hablar con su padre; y las lágrimas comenzaron a inundar las mejillas de Emma, acababa de decirle lo que sentía hacia ella, no podía perderla, no ahora, no en el peor momento, Bella al verla tan entristecida por lo ocurrido la abrazó intentando consolarla, abrazo al que pronto se unió Mary Margaret con unas palabras en parte consoladoras.

-Emma, no llores no es tu culpa, tu no podías saberlo, yo también lo siento, hubo una vez en que fue casi como una madre para mí- dijo acariciando su hombro.

-No es por eso… Tú no lo entenderías.

-No te sientas culpable ella donde quiera que esté ahora no te culpa sabe que hiciste lo posible por ayudarla- siguió en sus trece Mary Margaret.

Emma ya sin ganas de seguir oyendo tonterías se excusó diciendo que iba a ver a Henry, y entró en la habitación, tomó a Regina de la mano y allí lloraron los dos, Emma cogida de la mano de Regina y Henry abrazado a ella y negándose a soltarla.

-Encontraremos la forma de acabar con todo esto Henry, te lo prometo.