Bueno,este es el último capi de esta historia tan bonita uwú (?) Espero que les haya agradado porque a mi me encantó escribirlo como no tienen idea ;u; lo adoré y hoy tenía ganas de acabarlo así que dije "Why not?"

Espero que les guste este capi y ¡Muchas gracias por seguir la historia y comentarla! Digan si les gustó o no y pues,gracias *corazoncito gay y llora* ¡Los amo! Además siempre pueden leer fics míos aquí o en amor yaoi.

Por cierto,tiene mención de m-preg.

¡Gracias por todo!


Después de haber recuperado el ritmo de sus respiraciones, ambos se miraron con complicidad y una sonrisa en sus destellantes rostros, entrelazando sus manos para que su agarre al otro fuera más firme.

— ¿Sabes Kise? Yo…Yo siempre odié estar solo, por eso me juntaba con Satsuki o me ponía a jugar baloncesto callejero. Todos me miraban raro por tener la piel morena, ojo azul y ser japonés…Si no fuera por ella, quizá hubiera caído en desesperación por la soledad—El moreno suspiró sonriendo al recordar a su mejor amiga de la infancia—Luego con Tetsu, te juro que creí que el alma se me había roto cuando cortó conmigo, creí nunca recuperarme de eso pero mírame…—Kise se enterneció al escuchar el relato de Aomine, ciertamente se le hacía muy dulce que detrás de ese caparazón de "El único que puede estar conmigo, soy yo" estaba un chico muy tierno y herido que solo no quería ser apartado de nuevo por la persona que más quería, esa luz no quería volver a pasar una experiencia igual de dolorosa que fue el perder a su sombra.

Tú nunca estarás solo, Aominecchi—Murmuró el rubio mientras se recostaba en el pecho del más alto y le besaba la mejilla en repetidas ocasiones—Cuando estés perdido, aquí estaré—Kise soltó la mano de Aomine y agarró con ambas manos la mano que antes había soltado, colocándola en su pecho; justamente donde su corazón palpitaba a un ritmo acelerado—Por siempre con tu alma…Lo prometo…—Los orbes azules del as de Touou ahora estaban rojizos por las lágrimas que estaba derramando inconscientemente con una boba sonrisa, sin miramientos abrazó a Kise, hundiendo su nariz en su cabello, oliendo aquel delicioso perfume que aún desprendía de su cuerpo desde secundaria, sonriendo porque asumiría el riesgo de amarlo incondicionalmente, sabía que podría hartarse de él y mandarlo al diablo en cualquier momento pero los latidos del corazón del rubio afianzaban esa decisión, gritándole que era la correcta.

—Te amo Ryouta…—El rubio se aferró con mayor fuerza al abrazo del moreno asintiendo con su rostro escondido entre su pecho para al menos disimular las lágrimas de felicidad que corrían desbocadas en sus mejillas por vivir por fin ese momento de ensueño que jamás creyó volver realidad.

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El día se plantaba nuevamente en Tokio, alumbrando a la nueva pareja que seguía sumida en su sueño profundo e inalterable. Ambos tenían una boba sonrisa en su rostro y una respiración totalmente calmada, los rayos del sol hicieron lo suyo e iluminaron el rostro del moreno para que despertase de una vez por todas.

—Tsk…—Siseó Aomine al sentir los rayos en sus ojos, iba a comenzar a vociferar hasta que recordó que no podía gritarle a ese hermoso amarillo que le despertaba porque sería como si insultara a la persona que amaba—Ryouta, despierta—Kise despertó a la quinta vez que el otro le habló. Aomine estaba algo molesto por tener que haber movido al modelo tantas veces pero cesó al ver esa hermosa sonrisa somnolienta que terminaba de dar luz a la habitación.

—Buenos días Aominecchi—El moreno se sonrojó un poco y besó al adormilado modelo que se despabiló con ese beso.

—Buenos días, Ryouta—Kise hizo un par de ruiditos raros por escuchar como Aomine le decía por su nombre y se estiró dispuesto a iniciar un nuevo día.

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Las clases pasaron volando para ambos chicos. Los dos tenían un muy buen humor, cosa que fue notada al instante por sus compañeros que de vez en cuando aprovechaban tan buena oportunidad que tenían entre sus manos.

Aomine recogió a Kise y así ambos se fueron de la mano al maji burger, lugar donde Akashi los había citado para decir algo importante ya que el siguiente Inter High estaba cerca y necesitaba cerciorarse de algo. Kise hablaba hasta por los codos-Como siempre-acerca de su día, contándole al moreno hasta el más mínimo detalle de cómo le fue en la escuela, riendo al ver la expresión de fastidio que Aomine tenía en su rostro por escucharlo.

Por raro que fuera, la pareja llegó justo a tiempo a la reunión donde ya estaban Akashi, Midorima, Momoi y Murasakibara sentados hablando de que los ojos dispares del emperador con la luz adecuada parecían un par de caramelos que Murasakibara quería comer.

— ¡Ah! Ki-chan, Dai-chan ¡Llegan a tiempo! —Exclamó Momoi sorprendida por ver al par llegar a la hora dicha.

—Hora de pedir un deseo, nanodayo—Soltó Midorima con cierta burla hacia la pareja que se sentaba a su lado.

—Tsk, cállate idiota, incluso nosotros podemos llegar temprano si queremos—Replicó Aomine con molestia, iniciando un duelo de miradas con Midorima que fue interrumpida por el hecho de que al peliverde se le cayó su lucky ítem por la fuerza con que lo agarraba.

Pasaron unos diez minutos en un ambiente ameno, Murasakibara comiendo sus dulces, Aomine molestando a Midorima, Kise siendo callado por Midorima y consolado por Momoi y Akashi riendo sigilosamente por ver a sus ex compañeros con la misma inmadurez que antes.

—Perdonen la demora pero Kagami-kun no salía de bañarse rápido—Excusó Kuroko en lo que se sentaba junto al moreno, tensándolo de momento por la cercanía tan familiar y añorada—Buenas tardes, Aomine-kun—Dijo Kuroko con una sonrisa en su rostro, dejando anonadado al moreno que no sabía cómo reaccionar, había pasado algo de tiempo desde la última vez que lo vio así que aún no sabía muy bien qué hacer.

—Cállate Kuroko que tú te me perdiste cuando recogí mi bolso—Contestó Kagami algo sonrojado por escuchar a su pareja avergonzarle—Ven acá o te me perderás de nuevo, idiota—El pelirrojo abrazó de la cadera al menor e hizo que su cabeza la recargara en su pecho.

Aomine, el cual iba a hablar con su ex compañero, se quedó de cuadros al ver la imagen que le causaba confusión. Usualmente estaría muriéndose de celos y trazando un plan muy bobo en su cabeza para separar a Kagami de su, más bien, de lo que alguna vez fue su sombra pero ahora a pesar de tener una pequeña punzada de dolor en su pecho, una mano que acariciaba la suya por debajo de la mesa le calmaba.

Yo lucharé siempre junto a ti…—Aomine se sorprendió al escuchar ese murmuro en su oído, se estremeció al sentir el cálido aliento en su oído, haciéndolo voltear hacia el rubio que le sonreía con dulzura—Solo confía en mí—Un beso le fue depositado en su mejilla y el entrelazar de sus dedos debajo de la mesa le dio a Aomine la muestra que necesitaba para no volver a desmoronarse frente a lo que fue su primer amor ya que un deslumbrante futuro lleno de luz se abría deslumbrantemente frente a él.

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—Papi ¡Cuento! ¡Cuento! —Exclamó un niño de unos cinco años con tez ligeramente tostada con ojo azul obscuro y cabello rubio en su enorme cama.

—Vamos enano ¿De nuevo? Te la acabo de contar hace un par de minutos—Dijo Aomine mientras tapaba a su hijo y se acostaba a su lado, prendiendo la lámpara que proyectaba algunos balones de basketball y canastas.

— ¡Papi! Cuento de hada, por favor—Volvió a pedir el pequeño rubio, mirándolo de una letal manera que hacía caer a su padre ante sus caprichos las veces que quisiera. El moreno suspiró con una irónica sonrisa ¿Quién diría que él, el mismo jefe de policía de Tokio, caía ente un par de pestañeos de parte de dos rubios?

—Está bien Tsubasa pero esta vez te quedarás dormido o saludarás al señor gusano—El niño se escondió entre sus mantas en lo que daba un gritito, al igual que su otro padre, Tsubasa le tenía un pánico irracional a los gusanos—Ya, ya, tranquilo—El pequeño rubio se abrazó a su padre y comenzó a llorar por pensar en los gusanos, Aomine algo preocupado trató de calmar a su hijo pero no funcionaba.

—Daicchi, te he dicho que no hagas llorar a Tsubasacchi—Ryouta entró sonriendo y fue a la cama donde su hijo estaba llorando en las piernas de su padre—Descuida Tsubasacchi, papá no te dará ningún gusano o algunas revistas suyas desaparecerán—Aomine tragó saliva pensando en cómo diablos su esposo le había descubierto las revistas que tenía escondidas de Mai-chan, seguro les había vuelto a pegar su cara en el cuerpo de Mai-chan como la última vez en que durmió en el sillón una semana por comprar esas revistas.

—S-Si enano, tranquilo—Dijo el moreno con una sonrisa algo forzada al pensar que su hermosa Mai-chan fue ultrajada por su esposo aunque quizá la idea no era tan mala para la retorcida mente del policía que descubrió un día que ver la cara de Kise en el cuerpo de Mai-chan le ponía incluso más que ver a Mai-chan sola.

—En fin…Yo también quiero escuchar ese cuento de nuevo. Repítelo Daicchi—El pequeño calmó su llanto y volvió a acomodarse en la cama con una sonrisa, esta vez siendo abrazado por el rubio que estaba recostado a su lado, viendo ambos al moreno que no le quedó de otra más que narrar el relato una vez más.

—Ah…Está bien pero cierra los ojos Tsubasa—El niño acató las órdenes de su padre al instante y con emoción sonrió ya que escucharía de nuevo su cuento favorito—Había una vez un chico muy tonto que se había enamorado de una hada azul, eran la luz y sombra perfecta pero las cosas cambiaron. El chico comenzó a ser más egoísta, perdiendo poco a poco a su amada hada hasta que un día se desvaneció por completo, dejando al chico totalmente desorientado y dolido…—Tsubasa apretó sus labios para no soltar una lágrima—El chico comenzó a vagar solo en la oscuridad, extrañando a su hada a cada paso que daba. Un día encontró nuevamente al hada, lucía más hermosa que la última vez que la vio pero ahora el hada tenía una nueva luz…Una potente luz roja que logró opacar a la azul luz del chico ya que esa luz era mejor que él en todos sentidos, hasta en basketball y con pesar del chico, él era la luz adecuada para su amada hada—Tsubasa ya no pudo resistir y un par de lágrimas salieron de sus ojos—Entonces un enano rojo con un gigante verde y uno morado se aparecieron frente al chico, dándole puertas de colores a elegir.

— ¡La amarilla! ¡La amarilla! —Gritó el niño mientras se limpiaba las lágrimas con una sonrisa.

—Ahora voy, enano—Aomine volvió a tapar a su hijo para seguir con la historia—Eligió la puerta rosa pero ahí solo había un feo futuro para el chico con una malvada bruja rosa—El niño puso cara de disgusto al oír eso—Luego decidió abrir la azul celeste…La puerta con la que creyó que sería feliz porque dentro de ella estaba una vida junto a su hermosa hada azul. Cuando entró se sintió muy feliz porque creyó que por fin estaría con su amada hada pero se dio cuenta de algo, el estar en esa puerta en vez de hacerle sentir alegre lo hizo sentir muy triste porque el príncipe rubio e idiota no estaba con él—Kise le dio un suave golpe a su esposo entre risas—Cuando besó a la hada azul el chico supo que esos labios no eran los que él realmente quería…—Aomine sonrió y tomó la mano del rubio—Se despidió de su hada, dejándola en buenas manos para ir directo a la puerta amarilla donde encontró al estúpido príncipe rubio que lo esperaba con los brazos abiertos…Se besaron y ahí fue cuando el chico se dio cuenta que…El verdadero amor…Estaba en la bonita sonrisa del príncipe y en sus dulces labios que hicieron volver a brillar al chico—Tsubasa desde hace un par de minutos ya había caído noqueado ante el sueño con una sonrisa por escuchar dos veces en una misma noche su historia favorita.

—Con que… ¿Verdadero amor en sus dulces labios? —Aomine le dio un codazo al rubio al salir de la habitación de su pequeño bebé en silencio porque a veces era un verdadero martirio hacer dormir a la pequeña pantera que le sobrara energía

—Cállate idiota que aún recuerdo como me dijiste que llorabas como nenita por mi—Ryouta se sonrojó e infló las mejillas en un puchero al recordar como un día de cursilería se lo reveló—En fin…Bienvenido a casa—Aomine agarró la cintura de su pareja y le plantó un dulce beso, siendo correspondido al instante.

—Gracias Daicchi…—Volvieron a darse un beso y de la mano fueron tomados a su habitación, hablando de su día y de su pequeño rubio que a diario los hacía sentir un mayor amor hacia el otro y a su familia. Todo gracias a una negra luna de papel que alguna vez inundó en la oscuridad a la azul luz y casi extinguió un deslumbrante brillo amarillo pero gracias a la hada azul, ambas luces pudieron complementarse para centellar aún más que cualquier cosa a su alrededor, pactando de esa manera que ninguno de los dos volvería a caer en la oscuridad porque el otro siempre tendría su alma para protegerla y amarla el resto de sus días.