Siento haber tardad tanto en actualizar pero no he tenido mucho tiempo y mi inspiración brillaba por su ausencia, espero que les guste el capítulo, aunque es muy corto, pero digamos que es como una ligera transición hasta los problemas que les prometí.
Capítulo 10.
Regina caminaba hacia su casa con total tranquilidad, intentaba no salir corriendo, deseosa por encontrarse de nuevo con la rubia, realmente la echaba de menos y se moría de ganas de estar con ella, de abrazarla, de besarla; aceleró el ritmo de sus pasos inconscietemente al pensar en eso, necesitaba verla cuanto antes, dudaba poder aguantar mucho más sin hacerlo. El alma se le cayó a los pies cuando, al doblar la esquina de la calle, vio un reguero de sangre que salía por la puerta que daba a la calle. No podía ser, ella no, era lo único que tenía en esos momentos y haría lo que fuese por evitar su marcha. Corrió hacia allí, no le importaba nada, sólo saber que estaba bien y a salvo… cuando llegó junto a ella se dejó caer, sollozando en silencio; la envolvió entre sus brazos e intentó curarla con magia, derramando sus lágrimas de forma inevitable.
-Emma, por favor… -siguió con sus intentos de curarla y pasó a intentar hablarle mentalmente "no me dejes, por favor Swan, después de todo el follón que me has dado no puedes irte sin más." Tras oír una suave y hermosa risa abrió los ojos y miró los de la sheriff con cariño- gracias a Dios que estás bien.
Emma sonrió y acarició su mejilla casi sin fuerzas "soy demasiado pesada hasta para morir" bromeó. La reina siguió curándola, la ayudó a levantarse y la guio hacia el interior de la casa, con cuidado. Tras dejarla tumbada en el sofá realizó un hechizo para limpiar la sangre de fuera y, al ver algo extraño, se acercó a ver que era; cogió un colgante que le resultaba vagamente familiar, en el que había enganchada una nota en papel de pergamino, la abrió y se sorprendió al leer su contenido.
Tengo a tu hija, si quieres recuperarla tendrás que pagar
un precio, tienes una semana ella morirá
Toda la gente que aprecias lo hará. Mañana te llegará un
mensaje, ahí estará la información.
La bruja miró el collar y la nota perpleja e incrédula, no era posible, ella no tenía una hija, quien quiera que hubiese enviado la nota se había equivocado de persona… a menos que esa nota no fuese dirigida a ella, entró corriendo en la casa y cerró la puerta tras ella, se acercó al sofá tratando de no estar nerviosa y se sentó junto a la rubia, acariciando su pelo.
-Emma, cariño, tenemos que hablar.
-¿Qué pasa? –abrió los ojos para mirarla, algo cansada por la pérdida de sangre pero sin ningún otro daño.
-¿Tienes una hija? –la miró a los ojos seria, haciendo que reprimiera la carcajada que estaba a punto de soltar la otra.
-¿Qué? Claro que no, ¿a qué viene eso?
-A esto –sacó la nota y se la enseñó, esperó a que la leyese y volvió a guardarla- Yo no tengo una hija, si la tuviese lo recordaría pero no es así –suspiró- dudo que se refieran a Henry porque está con tus asque… con tus padres, si hubiese pasado algo hubiesen avisado, además el es un chico.
-Hey, tenemos toda la tarde y esta noche para descansar y relajarnos, si mañana hay mensaje nos preocuparemos, si no, haremos como si nada –la besó intentando tranquilizarla- todo irá bien.
-Está bien –usó sus poderes para hacer que ambas se desvaneciesen en homo violeta y apareciesen en la cama- descansa, yo te cuidaré. Te quiero Emma, muchísimo –besó su frente y sonrió levemente al ver que la rubia estaba profundamente dormida de nuevo.
