Espero de corazón les gustes el capitulo. Les dije que estos dos no tardarían en verse nuevamente aunque no esperen que todo sea inmensa felicidad. Gracias por sus reviews y favoritos.

El POV es de Damon e Isabella.


Find me.

Tanta lágrima y anhelos derramados, tanta emoción y sensibilidad contenidas; en mágico vuelo ha llegado vida mía, nuestro reencuentro tan ansiado. Deja que mis dulces palabras te arrullen cual armonioso canto de áureo ruiseñor, abrazarte hasta que la distancia se derrumbe en esta inmensa alegría, punto final del dolor.-Reencuentro. En la piel de tus deseos, Fabian Ruíz.


"Así que está viva," repitió Klaus luego de que terminara mi pequeño relato, excluyendo varios detalles por supuesto. Asentí nuevamente.

Encontrar a Klaus en un lugar como Nueva Orleans aparentemente iba a ser complicado. Era una ciudad considerablemente grande y él básicamente podía estar en cualquier lado. Pero había olvidado que la ciudad era dirigida por lo sobrenatural y abundaban brujas como plagas, de igual manera vampiros y Dios sabe que más. Por lo que solo me costó hacer un par de preguntas por allí y amenazar a otros por otro lado y en menos de dos horas sabía su ubicación.

Alaric y Anabel habían ido en búsqueda de Ángela, que tampoco fue difícil de encontrar. Habíamos decidido que era la mejor forma, bueno, yo había decidido que era la mejor idea separarnos.

"Está viva," bebió un largo trago de algún tipo de whisky que no podía identificar.

"Si sigues repitiendo eso comenzaré a pensar que tienes complejos de loro," su sonrisa malévola reservada para aquellos que a penas y soportaba, es decir yo, hizo alarde sobre sus labios.

"Y si sigues hablando me seguirás confirmando que los animales realmente pueden hablar," rodé los ojos y me crucé de brazos.

"Escucha, vine a aquí porque me pareció justo que supieras," hice una pausa y lo miré fijamente tratando de escrutar su mirada, "por alguna extraña razón que desconozco ustedes dos tenían una rara relación de la que no quiero saber," advertí casi que de inmediato, detrás de sus ojos podía ver un mar de secretos que me hacía sentir incómodo. Por primera vez comencé a realmente preguntarme que había pasado entre ellos e incluso cómo funcionaba ese vínculo que tenían, lo cual me llevaba a una pregunta mayor, ¿si el vínculo se había deshecho, por qué se habían seguido viendo? ¿Eso influía de algún modo en sus afectos? Sacudí mis pensamientos deteniéndome justo ahí, no necesitaba hacer suposiciones estúpidas en este momento.

"¿Y no quieres mi ayuda?"

"¿En qué?"

"Bueno," dejó el vaso en la mesa al lado de él y caminó un par de pasos llegando a una distancia considerable de mí, "ha perdido la memoria, ¿no? Al menos eso te ha dicho Evangeline," no me moví, "¿no necesitas mi ayuda para saber cómo devolvérsela?" fruncí el ceño.

"¿Sabes cómo?"

"No pero recuerda que tengo muchos siglos de vida y numerosos contactos, sé un par de cosas."

"No lo sé Klaus," metí las manos en los bolsillos de mi pantalón y relajé mi postura. Tanto tiempo con el original dándonos vuelta que me había acostumbrado a su presencia, "eres de esa clase de personas con las que hacer un trato es casi similar a vender tu alma al Diablo, por lo que, no gracias podemos arreglarnos solos," su sonrisa no se movía de su boca haciéndome querer probar la teoría que podía golpearlo para borrársela.

"Eso es halagador."

"Realmente deberías sentirte insultado pero cada quién se regocija según su propio criterio," dije encogiéndome de hombros.

"¿Solos? Debo suponer entonces que alguien más está ayudándote y de acuerdo con mi experiencia, creo que ese es mi buen amigo Stefan y su adorable novia con más vidas que un gato."

"No y no te importa, ahora si me disculpas," dije moviéndome hacia la puerta, "diría que fue un placer pero me enseñaron a no mentir."

"Tu pequeña bruja Ángela no puede recuperar la memoria de Bella," soltó de golpe. Me detuve en seco mientras la risa de Klaus inundaba la habitación, "como ves, acierto en algunas cosas." Me regresé y lo miré. Comenzaba a detestarlo más y más.

"Honestamente no te quiero cerca de Isabella."

"¿Estás celoso, Damon Salvatore?"

"¿Es en este momento donde debo reírme?"

"Mis ofertas tienen tiempo de caducidad," mi mente corrió miles de kilómetros sopesando todas las posibilidades.

"¿Qué quieres a cambio?" pregunté finalmente.

"¿Por qué pediría algo a cambio?" si no lo conociera mejor podía haber jurado que vi su ceño fruncirse en desentendimiento por una fracción de segundos pero así como creí verlo desapareció dejando un rostro completamente inexpresivo.

"Porque eres Klaus," mencioné como si fuese lo más obvio de este mundo, lo cual en parte lo era.

"¿No se te ha pasado por la cabeza que simplemente quiero ayudar? Es Bella de quien estamos hablando, cualquier cosa que pase con ella me importa," una punzada de algún sentimiento que no pude identificar se clavó en mi pecho. Mi teléfono vibró por cuarta vez en mi bolsillo. No me moleste en si quiera mirar quién era porque la única persona que había estado llamándome desde la mañana era Stefan y realmente no se me antojaba hablar con mi hermano en este momento.

"Déjame ver si entendí, ¿me ayudarás a que Isabella recupere la memoria cuando la encuentre simplemente porque tú y ella comparten algún tipo de lazo?" pregunté.

"Puedes decirlo así."

"¿Cómo sabes que Ángela no puede ayudarnos?" pregunté desafiante. Sabía que le estaba dando muchísimas vueltas al asunto pero era mejor estar seguro en cuanto a las intenciones y la finalidad de Klaus.

"Porque, Damon Salvatore, jamás, en todos mis años de vida he visto a alguien regresar de la muerte de aquella manera y si ha sucedido no me he enterado," su mirada era fría pero firme, "y a pesar de que es asombroso de que fuera Bella y que su antepasada haya logrado que viviera, como ella misma te pudo haber dicho, todo en el mundo de la magia tiene su precio," se acercó a mi hasta que solo éramos separados por un metro, "no puedes mover la balanza natural sin algo a cambio y en este caso fue su memoria, ¿crees entonces que a alguien que no debía estar viva le quitaran sus recuerdos con la posibilidad de recuperarlos nuevamente?" en ese momento sentí como si por mis venas dejara de correr sangre y en su lugar algún líquido helado la reemplazara. Sentí el frio en todo mi cuerpo y la esperanza derrumbándose de inmediato. Klaus tenía razón,

"¿Estás diciéndome que Isabella no recuperará su memoria nunca?" mis recuerdos con ella volaron a mi cabeza y el solo pensamiento de que mi querida Isabella no iba a recordar nunca aquellos momentos partía mi alma. Finalmente el rostro de Klaus se relajó pero adquirió un matiz de verdadera preocupación e interés.

"No lo sé pero entiendo que una bruja bastante poderosa la haya podido traer de vuelta por lo tanto se necesita una bruja aún más poderosa que nos pueda decir si quiera de que exista la posibilidad de que su memoria pueda ser recuperada," admitió. Pasé mi mano por mi cabello desordenándolo.

"¿Si quiera si existe la posibilidad?"

"Ya te lo dije, todo tiene su precio," tomé una bocanada de aire, "es más," dijo frunciendo el ceño ligeramente, "su vida a cambio de su memoria suena a un precio muy pobre para mantener el balance, por lo general debería ser otra vida la que se intercambie," me miró fijamente, "te tengo una pregunta Salvatore."

"Adelante," dije reuniendo nuevamente las piezas de mi cuerpo de a una después del impacto. Mi teléfono sonó nuevamente.

"¿Por qué recuperar su memoria cuando puedes volver a hacerlo todo nuevamente? ¿Por qué querer que recuerde ciertas cosas cuando simplemente puedes enamorarla nuevamente sin necesidad de que en su mente guarde todo lo que pasó? ¿Por qué no comenzar todo de nuevo?" podía sentir su mirada taladrándome pero mis ojos habían volado por el lugar no queriendo mirarlo a los ojos y tomándome un tiempo para procesar las preguntas.

"Esa es más de una pregunta."

"Tómalo como una pregunta muy larga."

"¿Por qué?" musité. Finalmente nuestros ojos se encontraron, "he hecho miles de cosas mal en toda mi vida, esto parece ser lo correcto."

"¿Lo es?" hubo un asomo de una sonrisa triste en su boca, "creo," comenzó, "que si yo tuviera tu oportunidad de hacerlo todo de nuevo y hacerlo bien, no la desaprovecharía, en todo caso, es tu decisión," por primera vez me sentí teniendo una conversación real con Nicklaus Mikaelson, ¿era este el lado que solo Isabella le conocía?

"Yo… debo pensarlo," la vibración en mi bolsillo me estaba enloqueciendo.

"¿Puedes contestar el estúpido teléfono?" rebusqué en mi bolsillo y lo saqué. El nombre de Stefan brillaba en la pantalla.

"¿Qué?"

"¡Demonios, Damon Giuseppe Salvatore! ¿Por qué mierda no contestas el asqueroso teléfono?" hice una mueca.

"Juraste jamás en la vida llamarme por ese nombre Stefan."

"¡Al diablo con el pinche nombre!"

"¿Te has tragado un diccionario de insultos?"

"Cierra la boca y escucha, la he encontrado," fruncí el ceño.

"¿A qué te refieres?"

"A Isabella, tú estúpido descerebrado fratello," sentí el deshielo de mis venas y un peso disolverse de mí cuerpo. La carga en mis hombros ya no estaba. Una sonrisa estúpida comenzaba a extenderse por mi boca. Isabella, Isabella, Isabella, ¡la había encontrado! Mi corazón latía desbocado.

"¿Y por qué no me habías avisado antes?" casi grité.

"¿Qué infiernos crees que he tratado de hacer desde esta mañana?"

"Bien, me queda de lección, debo contestarte siempre pero eso no importa, yo… ella… ¿dónde está? ¿Está contigo? ¿Está bien?"

"Está en Essox pero definitivamente no se está quedando aquí," el murmullo de muchas voces se podía escuchar de fondo, " va a una de las universidades, con respecto a tus otras preguntas, no y sí," lo escuché suspirar de alivio y a la voz de Elena murmurarle algo que no alcancé a entender, "no hemos hablado con ella ni la hemos seguido ni nada por el estilo, sigue siendo vampira pero no queremos hacer nada hasta saber qué quieres hacer tú," no sabía que estaba sosteniendo aire en mis pulmones hasta que lo solté de golpe.

"¿Cómo la encontraron?"

"Anoche, en una fiesta pero ya después te contaré bien, ¿qué harás?"

No podía creer que justo al lugar donde teníamos planeado ir era donde ella estaba. Y justamente donde Stefan había planeado ir desde hacía un par de meses.

"Estaré allí."

"Te dejaré las indicaciones en un mensaje, es imposible perderse," asentí a sabiendas de que no podía verme, "nos vemos entonces."

"Si, y oye Stef…"

"¿Dime?"

"Lo siento y gracias," casi podía verlo darme esa sonrisa de "eres un imbécil Damon pero eres mi hermano" que siempre me daba.

"Lo sé," con eso colgó. Casi me había olvidado de la presencia de Klaus, casi.

"La encontraron."

"Así parece," no había ningún poder humano que hiciera que el alivio, la emoción y el amor que sentía en estos momento desapareciera.

"Aun así, no has tomado una decisión," me indicó cruzándose de brazos y clavando una mirada curiosa sobre mí.

"¿Si acepto, bajo qué condiciones estaré viviendo?" pareció meditar por un par de segundos la respuesta.

"Te he dicho que no estoy pidiendo nada, esto que hago," hizo una pequeña pausa y soltó un suspiro, "esto lo hago por ella y solo por ella, simplemente no me saques de su vida," enarqué una ceja. No sabía cómo prefería a Klaus, como el cruel y sádico o esta imagen totalmente diferente que se me estaba presentando a mis ojos. En cualquiera de los casos, ambos Klaus me aterraban por algún motivo.

"¿Eso es todo?"

"No juegues con tu suerte Damon Salvatore y solo para que conste, ten cuidado en cómo cuentes esta conversación," rodé los ojos.

"Está bien."

Las palabras de Klaus resonaban en mi cabeza, ¿por qué no comenzar todo de nuevo y hacerlo bien esta vez? Tenía una oportunidad de cambiar nuestra historia y esta vez no cometer errores, sin embargo, ¿me arriesgaría a no decirle nada solo por querer que las cosas salieran bien?

"¿Quieres recuperar su memoria?"

-…-

"¡Isabella Swan, préstame atención!" sentí el dolor de la madera enterrándose en mi hombro.

"¡Auch!" exclamé parpadeando y sacando el lápiz de mi piel, "¿por qué hiciste eso?" fruncí el ceño y me sobé donde la marca del lápiz estaba desapareciendo.

"Es la tercera vez en el día que he intentado llamar tu atención y estás en las nubes, ¿en qué piensas?" preguntó Piper dejando a un lado los papeles con apuntes de alguna clase y mirándome fijamente. Sus ojos pícaros ojos verdes me miraban con una fría curiosidad.

"No era necesario lo del lápiz," me quejé.

"Oh, no seas dramática," suspiré.

"Es solo que estaba pensando en alguien que vi en la fiesta de Yorshire," confesé volviendo mi vista al sudoku del periódico que estaba frente a mí. Comencé a garabatear los números que creía posible en los cuadros vacíos. Resolver un sudoku me tomaba como mucho diez minutos. Era vampira pero odiaba las matemáticas y tenía la leve idea de que cuando había sido humana las odiaba también. Sin embargo había algo en este juego que me atrapaba.

"¿Conociste a alguien? ¡Ha pasado una semana y no me habías dicho! ¿Es un chico? ¿Es lindo?" rodé los ojos y levanté la mirada. Sus ojos brillaban esta vez.

"No, solo vi a alguien," dije recalcando el hecho de haber visto y no conocido. Su expresión me indicaba a continuar, "era un chico y una chica y me parecieron familiares por un segundo y había algo en ellos que pensé que recordaba pero no ha sido nada," le sonreí tristemente, "además ha sido hace una semana, sabes que eso usualmente me sucede, no significa nada."

"Lo sé," me devolvió la sonrisa, "como te sucede con los tipos de cabello negro," indicó.

"O los ojos azules."

"O ambos," reímos, "quizá, te enamoraste de alguien así, o alguien muy cercano a ti tiene el cabello negro o los ojos azules, nunca se sabe," su voz era de terciopelo, como una madre animando a su hijo a no rendirse. A veces tenía ese vago sentimiento sobre ella, como si fuese una madre dándome su apoyo y cuidando de que no caiga.

"Pelinegros y de ojos azules, mi combinación favorita," le dije volviendo mi mirada al periódico. Podía sentir su mirada sobre mí hasta que la escuché remover los papeles.

Ahora que lo analizaba, los hombres con los que había intentado tener algo o con los que había tenido algo en este año habían sido con alguna de esas características o ambas, pero siempre debían tener un patrón parecido, en cuanto a la contextura también. Era bastante extraño que no me hubiese dado cuenta de ello, lo que me llevaba a pensar que quizá, solo quizá Piper podía tener razón.

¿Qué tal que mientras hubiese sido humana o antes de perder la memoria me hubiese enamorado de un pelinegro con ojos del color del mar?

"¿Cuántos años crees que tenga?" pregunté al aire sin apartar mis ojos de los números. No me había dado cuenta de que era el tercer sudoku que estaba haciendo.

"¿A qué te refieres exactamente?" preguntó, "¿cuántos años vampíricos o humanos?"

"Ambos."

"Uhm, no lo sé, pareces tener entre diecinueve a veinticinco, y años vampíricos," se tomó un minuto antes de hablar, "supongo que será un misterio, quizá un par de siglos, pareces alguien que ha vivido mucho," sus ojos se perdieron en el horizonte y su rostro tomó un aire perdido, no pasó mucho antes de que su mirada se enfocara y una sonrisa suave cruzara su rostro.

"Aunque simplemente podía haberme convertido hace poco y producto a ello haber perdido la memoria," apunté vacilante.

"Eso también, ¿a qué vienen las preguntas?" inquirió curiosa.

"No lo sé," me encogí de hombros dejando un lado el periódico y levantándome de la mesa, "iré a tomar una ducha, solo interrúmpeme si algo extraordinario sucede," asintió y se metió de lleno nuevamente a sus apuntes.

Caminé con suavidad. No me hizo falta mucho tiempo para descubrir que aun siendo vampiro era un poco torpe en ciertas cosas por lo que tomaba mi tiempo para caminar. Me descambié completamente y me metí a la ducha. El agua comenzó a relajar mis músculos y una nueva vitalidad comenzó a correr por mi cuerpo a medida que me relajaba bajo el agua. Pronto el baño comenzó a inundarse con el familiar aroma a fresas y frutos rojos de mi jabón de baño y shampoo. Pasé mis manos por mi cabello dejando que el agua corriera con mayor libertad por mi cuero cabelludo, refrescándome toda. Era ese olor característico y el familiar roce del agua contra mi piel lo que me hacía sentir como nueva.

Repetí el proceso del jabón tantas veces quise y finalmente terminé de lavar mi cabello.

"Bella."

"¿Qué sucede?" pregunté abriendo la puerta de la ducha. Piper tenía mi toalla en sus manos y me la tendió. Me enrollé en ella y salí. Las gotas de agua que caían de mi cabello me hacían cosquillas en los muslos traseros de las piernas.

"Si un grupo considerablemente grande de vampiros se mudan al lado de tu casa convirtiéndose en tus vecinos, ¿cuenta eso como algo extraordinario?" preguntó sentándose en el borde de mi cama. Saqué otra toalla y comencé a secar mi cabello.

"¿Estás hablando hipotéticamente?" negó.

"Será mejor que te cambies y vengas a ver esto," fruncí el ceño mientras Piper se levantaba con su clásica elegancia: espalda recta, hombros cuadrados y barbilla arriba; haciendo eco con sus pies descalzos fuera de la habitación.

Rebusqué un secador que mi pelirroja amiga había conseguido y sequé mi cabello rápidamente dejando algunos mechones aun húmedos. Un par de jeans claros y ajustados con una camisilla blanca y zapatillas a juego. Detallé mi perchero antes de decidirme por una bufanda roja brillante. Los vampiros no sentíamos el frío igual que los humanos pero era agradable tener una bufanda. Moré mi anillo de sol y luego la alianza de plata, solté un suspiro encaminándome al balcón donde una Piper con un vestido de playa hasta el piso estaba arregostada sobre las barandas con un trago en la mano. Su cabello era un mar de ondas que eran volados por la brisa y su rostro tenía esa curiosidad innata. Por un momento sentí envidia de su porte de nobleza y su físico. Ella era la clase de mujer por la que todos volteaban a ver en la calle.

Alejé los pensamientos para nada alentadores de mi cabeza y me concentré en lo que ella estaba viendo. La casa que realmente debería llamarse la gran casa de al lado estaba siendo ocupada. Muebles, camas y todo lo que se supone que una casa debe tener estaban siendo cargados al interior a manos desnudas. A simple vista no podías identificar que eran vampiros pero en cuanto le viento sopló de la forma adecuada trayendo el olor podías darte cuenta.

"Piper," susurré.

"¿No es interesante? Sé que este lugar tiene cierta magia y hemos conocido vampiros aquí ya antes pero es curioso ver un grupo tan grande," susurró de vuelta tomando un trago de su bebida.

"Quizá pero eso no era lo que quería decirte, esos dos de ahí," dije apuntando con mi barbilla, "la chica de cabello caoba con el alto de cabello cobrizo, fueron los que vi en la fiesta," dije acercándome a ella.

"¿Estás segura?" asentí.

"¡Já! Eso es aún más interesante," mis ojos viajaban entre los cuatro vampiros que estaban entrando y saliendo de la casa. Estábamos lo suficientemente cerca como para verlos perfectamente pero lo suficientemente lejos como para no escuchar lo que hablaban. Ese era una de las ventajas de estas casas.

Fue entonces cuando mi mirada se cruzó con un vampiro que no había visto antes porque de haberlo hecho jamás me habría olvidado de su rostro. Nuestras miradas se sostuvieron por lo que me parecieron horas y el mundo dejó de existir. Sus ojos eran azules, tan claros pero profundos como el mar que estaba frente a mí pero igual de tormentosos. Su cabello azabache era tan oscuro como la noche misma. De mandíbula cuadrada y pómulos altos, con una nariz respingada y un aura de ángel caído. Su rostro era una armonía completa con respecto a su cuerpo. Alto y atlético. Me sonrió, pero no fue una sonrisa cualquiera, era una sonrisa que prometía algo, que advertía y que sugería. Era una sonrisa de invitación. Era una sonrisa que sabía que iba a cambiar todo.


Σοφία.