El punto de vista es totalmente Isabella. Espero les guste mucho y les agradezco inmensamente sus reviews.
And we danced.
"Son secretos del corazón dulce desapercibido, en cada instante galantemente al compás del corazón. Bailaras tú conmigo que yo estaré en un suspiro contigo, bailaremos desapercibido, dos amantes silenciosos y dos corazones inquietos."- ¿Quieres bailar conmigo? by The Arlequín.
Sus ojos azules se prendaron en mí haciéndome sentir como una colegiala. Mi estómago se sintió pesado y mi respiración comenzó a fallar. ¿Cómo alguien podía ser tan asombrosamente atractivo que podía dejar a una persona sin respiración?
"¿Bailarás?" preguntó.
"No lo sé, puedes ser un asesino en serie," apunté con una media sonrisa. Rodó los ojos. La curiosidad me ganó por una milésima de segundo, ¿cómo hacía para mantener aquella máscara tan pegada a su rostro?
"Isabella," sentí que dejaba de respirar en ese momento. La forma en que mi nombre fue acariciado por su lengua fue magnifico. Pisó la ese alargándola y haciéndola sonar sensual. Hubo algo en la forma como lo dijo, como si se hubiese atrancado entre un suspiro y un ronroneo. Su voz sonaba casi aliviada, como si mi nombre perteneciese a sus labios y así me lo hizo sentir.
"¿Cómo sabes mi nombre?" su sonrisa se mantuvo quieta. Se movió un paso hacia mí con decisión y arrogancia.
"Bueno, tu amiga no es muy discreta."
"¿Amiga?" fruncí el ceño.
"Ya sabes, alta, pelirroja, británica," recordé entonces en ese segundo cuando lo había visto la tarde anterior entrando a la tienda y como Piper había gritado mi nombre, "y respondiendo a tu pregunta," su sonrisa se hizo burlona, "soy un asesino en serie reformado, como probablemente lo eres tú."
Claro, olvidaba el pequeño detalle de que era un vampiro. En algún momento de nuestra conversación la música había terminado y estaba comenzando otra. Una un poco más rápida pero suave, con tonos dramáticos que prácticamente te tiraban a la pista a bailar. Sus manos estaban acomodadas en sus bolsillos por lo que caminé derecho deteniéndome cuando estábamos hombro con hombro. Me di cuenta de que era alto, porque a pesar de que tenía tacones, a penas y llegaban nuestros hombros a rozarse. Mis ojos estaban fijos en los universitarios moviéndose al ritmo de la música mientras que sentía que él vampiro pelinegro me miraba de reojo.
"Ahí te equivocas Sherlock," dije, "y espero que sepas bailar porque estos bailes no dependen de mí si no de quién te lleve y para tu mala suerte soy una pésima bailarina," su risa era varonil y encantadora. Arrolladora, sería un buen calificativo.
"Creo haber escuchado eso en otra forma en otro lado," me encogí de hombros y comencé a abrirme paso entre la multitud. Podía sentirlo seguirme. Su presencia era tan imponente que no me era necesario verlo para saber que estaba ahí. Me detuve.
"Guíame," no faltó decirlo dos veces. Acortó la distancia entre nosotros de un solo paso y envolvió mi cintura con un brazo mientras que el otro sostenía mi mano en alto.
Al entrelazar nuestras manos hubo un brillo diferente en sus ojos que se centraron en mi mano, más específicamente en mi dedo, deteniéndose a ver el anillo de plata. Me miró intensamente y pude verlo aguantar la respiración por un par de segundos. Luego se relajó y se concentró en el baile.
Ahí donde su piel hacía contacto con la mía estaba hirviendo. Me sentía desubicada. ¿Por qué este vampiro que acaba de conocer tenía ese efecto en mí?
Su agarre era firme y la forma en que me sostenía se sentía especial. Comenzamos a movernos. No tenía ni idea de qué rayos estaba haciendo ni cómo mis pies sabían cómo desplazarse. Estaba casi segura que en algún momento iba a enterrar mis tacones en sus pies o enredarme con mi vestido y hacernos caer. No era precisamente el mejor ejemplo de elegancia entre los vampiros. Pero de una forma u otra parecíamos congeniar bien.
Mis ojos vagaban por todas partes tratando de evitar aquellos ojos azules pero una vez que no pude seguir huyendo de su incandescente mirada me decidí a hacer lo mismo. Su rostro había perdido la sonrisa pícara y ahora una máscara intraducible estaba en todo su rostro. Casi me reí ante mi propio juego de palabras pero mi sonrisa tampoco salía.
Nuestras miradas estaban encerradas en una burbuja al igual que nosotros. Estaba totalmente segura de que había un millar de personas a nuestro alrededor pero me sentía encerrada en cuarto sola con él y ese solo pensamiento me hizo estremecer. Con elegancia innata me hizo girar para luego hacerme retornar a sus brazos en un segundo sin si quiera soltar mi mano. No podía quitarle que el tipo era extremadamente buen bailarín porque no solo estaba bailando él sino haciéndolo por los dos. Se notaba a leguas que tenía experiencia bailando, cosa que yo claramente no la tenía. Otro punto para él.
"Estoy en desventaja," susurré una vez que me acercó más a él- como si eso fuera acaso posible- después de que di otra vuelta.
"No veo por qué."
"Sabes mi nombre pero yo no sé el tuyo," dije. Volvió esa sonrisa pícara roba alientos.
"Y, ¿por qué piensas que te lo diría?"
"No eres la clase de hombres que deja colgada a una mujer de esa manera," apunte tratando de hacerlo hablar y logrando que el silencio que se había instalado entre nosotros fuera un poco más cómodo. Frunció los labios. Se estaba divirtiendo.
"Dime, ya que al parecer eres conocedora de la humanidad, ¿qué clase de hombre soy?"
Así como había comenzado la pieza musical, terminó. Hice ademán de separarme de él pero instantáneamente la banda decidió tocar otra canción y su agarre se hizo más sólido. No era como si me quejase, él sabía cómo hacer sentir a una mujer segura por la forma en que sus brazos, fuertes y atléticos debía apuntar y no era que me hubiese fijado demasiado en ese detalle, se aferraban a mi cuerpo.
"Arrogante, impulsivo, confiado y orgulloso," dije sin vacilar, "conozco a tu clase," me encogí de hombros nuevamente. Y ahí volvía a estar, esa sonrisa arrogante y ladina.
"Eso ha sido impresionante, te falto encantador, por otro lado," vuelta. Me estaba maravillando el hecho de que con la misma facilidad con la que me giraba me hacía retornar en una sola pieza y además seguir bailando en sus brazos, "me siento ofendido, ¿a los de mi clase? Yo soy único," rodé los ojos y sentí que agarre se hacía más firme a medida que la canción avanzaba. Casi ni sentía que mis pies tocaran el piso a medida que bailaba.
"Oh vamos, crees que el mundo gira alrededor tuyo y que todas las mujeres caerán a tus pies con solo verlas," dije a sabiendas de que realmente tenía razón. Era no más con solo verlo y te dabas cuenta de que él era esa clase de hombre por el que todas las mujeres se mueren y para mi pesar yo estaba cayendo en ese cliché, "solo para que sepas, no soy la clase de mujer que estás buscando, no caigo fácil y no me iré a la cama con cualquiera," justo cuando pensé que mi pequeño discurso iba a hacer que dejara de bailar conmigo hizo algo que no esperaba. Rio.
"Lo sé," dijo inclinándose y susurrando a mi oído. Su aliento chocó haciéndome cosquillas y mandando un escalofrío por mi cuerpo, "sé con qué clase de mujer estoy bailando," enarqué una ceja. Me sonrió, "no eres diferente a mí," me hizo girar varias veces de una sola vez, ¿podía un vampiro marearse? "también eres arrogante e impulsiva," sonrió, "inteligente y sobre todo seductora."
La música acabó y casi de un salto me alejé de él. Todos los que habían estado bailando aplaudieron, incluyéndonos. Parpadeé un par de veces y alejé la mirada de él evitando que viera que me había afectado.
Escaneé entre la multitud buscando una cabellera roja. Las amigas siempre se pierden en el momento menos indicado, por ejemplo cuando quieres huir de un atractivo vampiro de ojos azules que te hace temblar con solo verlo.
No es como si mi situación fuera una tortura. Había algo en él que me atraía. Quizá era mi fetiche por los hombres pelinegros de ojos azules, quizá no. Era más bien como un imán, algo en él que me hacía querer conocerlo pero a la vez no.
"Esto está aburrido Bella, dime que…" la voz de Piper retumbó sacándome de mis pensamientos. La miré y sus ojos viajaron de él, que se había alejado un paso hacia mí que me mantenía inmóvil.
"Bien, no se diga más, vámonos," la tomé del brazo pasando de largo. Sentí su mano tomar la mía con delicadeza pero firme. Solo un pequeño jalón deteniéndome y haciéndome girar.
"Damon," sonrió ladinamente, "Damon Salvatore," lo miré sin saber que decir. Le eché una mirada a su mano aun sobre la mía y con renuencia la soltó. Por primera vez en mucho tiempo me había quedado sin palabras. Asentí y como si me hubiesen dicho que el lugar estaba plagado de verbena me fui de allí.
.
.
"¡Debes de estar bromeando!" exclamó Piper aventando los tacones a algún lugar de la sala, "no puedo creerlo, te dejo sola un segundo y consigues bailar y casi llevarte a la cama al tipo más caliente en toda la fiesta," rodé los ojos.
Durante el camino le conté lo que había sucedido desde que se había ido y no había hecho más que aladear de que hubiese sido mejor haberse quedado conmigo y no ir en busca de Blake- el tipo cuyo padre es dueño del hospital- para luego encontrarlo besándose con una, y cito, pobre diabla de la que no sabía si se había maquillado en la oscuridad o había usado crayones.
"Solo fue un baile y no iba a llevármelo a la cama, sé mejor que eso," arrojé también mis tacones. Los escuché caer pero no me molesté en fijarme dónde. Comencé a quitarme toda clase de joyas y accesorios de encima.
"Dime que te diste cuenta cómo te miraba," insistió.
"¿Cómo?"
"Te miraba como si fuese un ciego que ve el sol por primera vez," se movió con sigilo a la cocina y sacó una botella de vino.
"Estás exagerando," rebusqué un par de copas y las puse en el mesón.
"Claro que no, y al final como te detuvo y te dijo su nombre," suspiró sumida en una ensoñación, "algo más sensual que eso no puede existir," sirvió nuestras copas y tomé una. El líquido pasó como si fuese agua por mi garganta.
"Damon Salvatore," repetí.
"Ese es un nombre italiano," apuntó, tomando de su copa y moviéndola un poco, "no sé por qué me suena de algún lado," su rostro se volvió pensativo pero rápidamente volvió a tierra y me miró con curiosidad y picardía, "como tu nombre, ves tienen algo en común."
"Eso explica por qué pronuncia la ese de aquella manera y el pequeño acento que se desliza cuando habla," me había parecido curioso sin embargo no me había fijado en ellos hasta hora que Piper mencionaba el hecho del nombre italino.
"Dime nuevamente lo que te dijo, cómo te describió," sonreí y tomé otro sorbo de mi bebida casi acabándomela.
"Dijo que era inteligente y seductora," mordí mi labio inferior, "me gustó eso," admití.
"¿A quién no le gustaría?" rio, "¿estas presintiendo lo que yo presiento?"
"¿Qué?" inquirí preparándome para lo que venía.
"¡Ha quedado prendado de ti!" exclamó con una sonrisa.
"Acabamos de conocernos, deja el drama Piper," rodó los ojos y se sirvió más vino.
Se paseó por toda la sala parloteando sobre cómo podía seducir a Damon Salvatore. Entre palabras capté algo así sobre como ella iba a ser todo lo posible para que él cayera conmigo todo el tiempo. Sabiendo que esto iba a tomar un muy buen tiempo me senté en el sofá trayendo conmigo no solo mi copa pero la botella completa.
"Hace tiempo que no tienes a nadie rondándote, ¡puedes tener un poco de acción por aquí Isabella! ¡Jesús, será divertido!"
"Ahora estoy confundida, ¿estás hablando conmigo o con Jesús? Porque no creo que a él le haga chiste," rodó los ojos dramáticamente y le regalé mi más inocente sonrisa.
"No puedes decirme que no te emociona," suspiré levantándome y dejando tanto la botella como la copa en la mesa frente a mí. Mis ojos se desviaron al reloj de pared que marcaba la una de la mañana.
"Me emociona pero en este mismo momento quiero irme a la cama, puedes seguir diciéndome tus suposiciones mañana."
Antes de que dijera otra cosa desaparecí de la sala metiéndome en mi habitación y cerrando la puerta tras de mí.
Me descambié y me quité todo rastro de maquillaje de encima. Podía ser vampiro pero no dejaba de ser mujer y más que por hecho de simple vanidad lo hacía por lo realmente desesperante que podía ser tener maquillaje.
Me acomodé en la cama y cerré los ojos esperando tener descanso, cosa que no conseguí sino después de una hora.
.
.
"¿Té?"
"¿Ah?" pregunté cerrando la puerta de mi habitación y topándome con un brillante sol que hizo cosquillas en mi piel. Cerré los ojos por un par de segundos tratando de acostumbrarme a la luminosidad del lugar.
"Que si quieres té," repitió Piper. Estaba sentada en la cocina con un periódico en sus manos y la mirada fija en las letras que leía. Una taza de té estaba no muy lejos de ella y el olor a hierbas comenzaba sentirse. Arrugué la nariz.
"¿Té?" pregunté. Apartó su vista del papel y me miró.
"Soy británica, nosotros no somos precisamente amantes del café por la mañana, lo sabes."
Caminé hasta ella y me senté en la silla de enfrente. Estuve tentada a volver a levantarme y cerrar las cortinas de toda la casa. El sol estaba realmente fastidioso. Busqué el reloj solo para darme cuenta de que se había detenido. Tenía las tres de la mañana.
"Lo sé, y no quiero, ¿qué hora es?" pregunté. Piper miró al sol por un segundo y luego al balcón que estaba abierto de par en par. Sabía lo que estaba haciendo, calculando la hora del día guiándose por el ambiente.
"Un poco pasada de las diez," asentí. Era impresionante y la envidiaba por ello. Recordé las palabras que me dijo cuando le pregunté cómo lo hacía: tantos años como vampiro, algo se aprende.
Me puse en pie y rebusqué en la nevera por una bolsa de sangre. Estaba hambrienta.
Piper estaba en silencio, lo cual era extremadamente extraño. No solo porque ella había nacido hablando sino por todo el acontecimiento de la noche anterior. Estaba concentrada en las páginas del periódico.
"¿Qué sucede?" pregunté acercándome.
"Mira esto," me tendió el periódico. En grandes letras negras estaba el título. Masacre en Washington. Nuevamente hallazgo de cadáveres. Cuatro cuerpos desangrados fueron encontrados en un local abandonado.
"¿Washington, la ciudad?" negó.
"El estado," tomó un sorbo de su té, "eso no es todo, ábrelo," hice lo que me indicó.
¿Asesino en serie? Múltiples hallazgos de cuerpos han sido hechos por las autoridades de distintos estados. Aún se están investigando si las muertes tienen algún tipo de relación pero la unidad de análisis de conducta del FBI cree que podemos estar frente a un nuevo asesino serial.
Más adelante relataban los estados y las ciudades en las que habían sido hallados los cuerpos. Así como el número de víctimas y demás información.
"Esto es de locos," musité, "¿han encontrado veinte cuerpos ya?" Piper asintió. Su ceño se frunció profundamente.
"Al principio pensaron que era un ataque animal, porque habían encontrado dos cuerpos de excursionistas destrozados pero tú y yo sabemos que esas heridas no son necesariamente provocadas por un animal," se explicó, "y aún pueden haber más."
"¿Qué clase de vampiro descuidado y estúpido deja veinte cuerpos regados por los Estados Unidos para que los humanos los encuentren?" dejé el periódico en el mesón.
"Uno que quiere que sean encontrados," analicé sus palabras y releí el periódico reteniendo la información de memoria. No era muy difícil en realidad, había aprendido que mi memoria era mucho mejor que la de un vampiro corriente.
"Quizá sea un vampiro que haya apagado su humanidad," propuse. Terminó su té y se levantó tomando rumbo a su habitación.
"Quizá, he visto un par de casos a través de los años," se detuvo en el umbral y giró, "sin embargo hoy en día no podemos darnos el lujo de dejar cuerpos botados, antes las cosas eran más sencillas pero ahora…" dejó la oración tendida en el aire. Suspiré.
"¿Por qué te preocupa tanto?" pregunté. La vi morder el interior de su mejilla, acto que hacía cuando estaba pensando o estaba nerviosa.
"No creo que sea uno de los nuestros," se encogió de hombros, "sí, solemos ser un poco desordenados a la hora de alimentarnos pero esos cuerpos no solo fueron drenados, Bella."
"Fueron desfigurados, semejándose a un ataque animal," susurré casi de forma inaudible. Mi mano voló directamente a mi muñeca como acto reflejo y Piper se dio cuenta. Sonrió tristemente.
"Quizá alguno de esos cuerpos son culpa de un vampiro sin emociones pero estoy casi segura que el resto pertenece a un ataque de fríos."
"Crees que esto es a propósito," indiqué viendo por dónde iba el hilo de sus pensamientos. Se encogió de hombros y trató de darme una sonrisa suave, fallando. Sabía que su mente estaba trabajando rápidamente y que sus pensamientos estaban enredándose.
"No lo sé pero esto sin duda llamará la atención de los Voulturi."
"Los vampiros a cargo de los fríos," asintió, "me dijiste que ellos realmente no son peligrosos," dije recordando cuando me contó sobre esta raza de vampiros.
Cuando Piper y yo nos conocimos, lo primero que ella se fijo fue mi muñeca con la marca de medialuna. Casi no se veía, era una cicatriz blanca casi inexistente. Pero ahí estaba y eso le había llamado la atención.
"No lo son, pero si de una forma u otra hay cierta unión entre fríos y nosotros puede volverse un problema," su expresión se enserió, "aunque quizá estamos dándole muchas vueltas innecesarias al asunto y no es nada de lo que suponemos."
"Puede ser."
"Iré a darme una ducha y luego saldré a la universidad, ¿vienes?" negué.
"Creo que pasaré."
"Bien, me llevaré tu auto, el mío se quedó sin gas," asentí.
"Seguro," Piper desapareció en su cuarto y yo la imité. Me di un baño rápido. Busqué entre mis cosas una ropa cómoda y salí nuevamente a la sala.
Mis ganas de hacer algo productivo eran nulas por lo que el mejor plan era acostarme en el sofá y representar lo que mejor pudiera a un vegetal. Además, tenía mucho en lo que pensar teniendo en cuenta la conclusión a la que Piper había llegado.
La verdad tenía demasiado sentido sus suposiciones y no sé qué me asustaba más, el hecho de que hubiera una rara y escalofriante alianza entre un frío y uno de nosotros o el hecho de que los tal Voulturi hicieran una aparición por Estados Unidos. Los viejos vampiros se veían mucho mejor envejeciendo en sus estúpidos tronos en Italia.
Abrí los ojos y me levanté. Caminé hasta el balcón. Mis ojos se acostumbraban a perder entre el vasto océano frente a mí pero hoy mis pensamientos me estaban desviando y mis ojos no hacían más que mirar fijamente mi muñeca. Pasé mis dedos con delicadeza por la marca, delineándola. A veces se sentía un poco más fría que el resto de mi piel. ¿Cómo había llegado a obtenerla? Forcé mi memoria una vez más. Nada, como siempre.
Mis ojos volvieron a viajar a mi dedo, donde estaba la alianza. Me la quité y comencé a jugar con ella, como siempre hacía.
"Hey, me voy, cualquier cosa…"
"Te llamo, lo sé," Piper asintió y se despidió de mi guiñándome el ojo. Le sonreí.
Volví a jugar con el anillo pero estaba tan distraída en mis pensamientos que el anillo cayó por el balcón. Me tomó solo una milésima de segundo reaccionar y tirarme del balcón.
Caí sin problemas a la arena. Siempre había relacionado los movimientos de un vampiro con los de un gato y esa fue la forma en la que caí.
"Valla, ese debe de ser un anillo bastante especial para dejarte caer de esa altura."
"Damon," musité. Ahí estaba él, vestido todo de negro y con una solitaria cadena de plata colgando de su cuello. Había un dije en ella, una pequeña ese. De Salvatore, quizá. Sonrió, "¿estás espiándome?" se encogió de hombros.
"No, necesitaba salir, mi casa se ha convertido en un nido de amor," se cruzó de brazos. La brisa con olor a sal desordenaba sus cabellos negros y el azul de sus ojos hacia contraste no solo con su vestimenta pero con el mar. Me di cuenta de cómo estaba vestida. Un pantalón suelto de deportes y una camisilla ajustada. Además de que mi cabello parecía alguna clase de nido y estaba descalza.
No era precisamente el símbolo de la belleza en ese momento. Tampoco es como si me intimidara el hecho de estar vestida así frente a él. Así quizá no se hacía la idea de que estaba coqueteando con él.
Sacudí mis pensamientos y me centré en el anillo, mis ojos viajaron por la arena hasta que lo divisé a solo unos pasos de mí. Lo tomé y lo puse nuevamente en su lugar.
"Ya veo," susurré y luego caí en cuenta de sus palabras, "y no era tan alto," refuté.
"¿Qué hay con el anillo?" preguntó curioso. Dudé por un segundo para luego encogerme de hombros.
"Me gusta," no era una mentira y él no tenía por qué saber sobre el anillo que importaba tanto para mí como mi anillo de sol.
"Dime algo Isabella."
"Bella," sonrió.
"Me gusta Isabella," volvió a decir mi nombre tan suave y musical que me dejó anonadada por un momento, "¿qué hacen dos vampiros en un pequeñísimo pueblo como este?"
"¿Qué hacen cinco?" contra pregunté.
"Cambiando de ambiente un poco," se encogió de hombros, "mi hermano y su novia quieren experimentar la vida universitaria."
"¿Están todos ustedes relacionados?" sabía que Piper no me perdonaría si no le preguntaba eso.
"No," se quedó en silencio. Levanté mis cejas un poco indicándole que continuara.
"Si quieres saber más tendrás que invitarme a una copa," sonrió ladinamente.
"Es medio día," apunté como si esa realmente fuera una buena excusa.
"No hay nadie en tu casa."
"Estás espiándome," insistí.
"Y si así fuera, ¿hay algún problema?" me retó.
"Es aterrador," rio con picardía.
"Muchos lo considerarían romántico," sus ojos azules estaban divertidos y debía admitir que yo también estaba divertida. Era demasiado sencillo hablar con él.
"Creo que ya habíamos acordado que no soy como muchos."
"¿Me invitarás o no?" insistió. Mordí mi labio inferior. ¡Que más daba!
"Una copa."
"Quizá dos."
"Ya veremos Damon Salvatore, no tientes tu suerte," ladeó su cabeza y me hizo indicaciones para subir al balcón. Tomé impulso y salté. Realmente no era tan alto como él había dicho. Lo sentí a mi lado al instante.
"Marca el camino," lo miré antes de entrar.
Olviden la parte en la que decía que hoy era un día para no hacer nada productivo. Conocer a Damon Salvatore era algo en lo que gastar tu tiempo.
Quería aclarar algo: El anillo del que habla Bella desde el inicio de este fic es el que le entregó Damon en Bound to you en el capítulo 23 y la frase de "Estos bailes no dependen de ti sino de quién te lleve, y para tu suerte soy un excelente bailarín" es mencionada por Damon en el capítulo 7.
Oh, también estaré re editando los capítulos de Bound to you, no les cambiaré nada simplemente corregiré un poco la ortografía y cosas así.
Σοφία.
