¡HOLA, tantísimo tiempo, eh?! Sé que estaban preocupadas pero, que no entre el pánico, no he abandonado esto. Mencioné que iba a editar Bound to you y eso era lo que estaba haciendo, así que dense un paseito por allí.

Esto no será una secuela larga. OBSERVEN LA NUEVA PORTADA (IMAGEN)

De antemano, gracias por leer.

Oh, por cierto, para aquellas que me han preguntado, por qué se llama Bound to you, bueno aparte de lo que ya he explicado a lo largo del fic, le puse ese título por la canción de Christina Aguilera del mismo título. ¿Por qué Back to you? Bueno, creo que es obvio. Regresar a ti.

Isabella y Damon como punto de vista.


Like the waves of the ocean.

"Tú sola entre la mar, niña a quien llamo: ola para el naufragio de mis besos, puerto de amor, no sabes que te amo. ¡Para que tú lo sepas, yo lo digo y pongo al mar inmenso de testigo!"- Colección de Versos Memorables.


Consejo del día. Si alguna vez tienes la oportunidad de tener a un extremadamente guapo vampiro de ojos azules en el sillón de tu casa, amárralo y jamás lo dejes ir.

Creo que debería tener cuidado con lo que pensaba y decía más a menudo porque me estaba retractando de muchas cosas. La primera, quería probar sus labios. ¡Santo Dios, se veían tan provocativos! Estaba segura de que debían saber mejor de lo que se veían.

La otra, estaba coqueteando con él, abiertamente y sin pudor alguno. Es decir, en lo que cabe a mis límites por supuesto. Piper decía que coqueteaba como una paloma en celo. Dando mucha vuelta. Por lo que según mi persona, no estaba progresando muy bien en el coqueteo con Damon, pero, hey, al menos lo intentaba.

La tercera pero más importante, quería saber que se sentía tener sus manos sobre mi piel. Pero no como en la mascarada, oh, no. Quería sentir sus manos acariciando mi piel desnuda.

Di un sorbo a mi copa de vino y finalmente respondí su pregunta.

"No, no estoy con alguien," me había demorado en responder para darle suspenso a la respuesta, y casi juré ver un atisbo de alivio recorrer sus ojos. Ojos que me hacían estremecer y se quedaban en mi mente. Había algo en ellos que me invitaban a recordar. O a nunca olvidar.

"Interesante."

"¿Interesante?" inquirí enarcando una ceja. Me sonrió torcidamente, solté un suspiro, "bien, es mi turno," le recordé. Hizo un ademán con la mano indicándome que continuara. Habíamos llegado a un acuerdo: íbamos a turnarnos en preguntas, "¿de dónde eres?"

Me había fijado en algo. Donde mis preguntas siempre eran para profundizar sobre su vida, las suyas eran triviales. Habían ido desde mi color favorito hasta mi estación favorita. En cambio las mías eran tipo, ¿cuándo naciste? ¿Por qué eres vampiro? Y cosas por el estilo. Debía darle créditos porque tenía siempre sus años, y además fue bien dramático su conversión. ¿Pelear con tu hermano por la misma mujer que resultó siendo un vampiro? Como dije, dramático.

"Nací en Toscana, Italia pero vine a Estados Unidos cuando cumplí cinco años," respondió acabando su segunda copa.

"Eso lo explica todo," mascullé bajo.

"¿El qué, el acento?" asentí casi avergonzada de que me hubiese escuchado. Me reprimí mentalmente, era un vampiro, claro que me iba a escuchar, "realmente no tengo un acento."

"No lo tienes," afirmé, "es en algunas palabras, y la forma como dices la ese, a veces se filtra un acento."

"Has estado analizándome," me sonrojé. Oh sí, por primera vez en mucho tiempo me sonrojé de verdad. El brillo en sus ojos era de diversión y para mi sorpresa había algo de ternura en ellos, ¿o era añoranza?

"Solo soy alguien bastante observadora," me encogí de hombros tratando de verme natural y fallando miserablemente.

"Ajá."

"¿Qué, crees que me he pasado todo el día analizándote?" acusé. Se encogió de hombros y jugó con su vaso sin mirarme a los ojos. Aquella sonrisa divertida no se iba jamás de sus labios. Su postura relajada y confiada me hacía sentir de alguna manera segura. Y la forma como miraba, como si escondiese millones de secretos me atraía a él.

"Dices que soy yo el que te estoy acosando, al parecer la cosa sucede al contrario," me levanté del sillón y caminé hasta la cocina.

"No te estoy acosando, ya quisieras que te acosara," saqué del compartimento del congelador una bolsa de sangre y la abrí sin más. No me provocaba calentarla, ni siquiera dejarla que se pusiese al clima.

Aunque su teléfono estaba sin sonido, podía escuchar la vibración. Venía sonando desde un buen tiempo atrás pero parecía que lo ignoraba completamente.

"Sabes algo Isabella," no tardó más de dos segundos en estar frente a mí, dejándome en una pieza y con la mente en blanco. De pronto todas las palabras de la lengua inglesa, y lo poco que incluso que sabía de español se me olvidaron. Era el efecto de aquellos ojos azules sobre mí. Carraspeé un poco.

"¿Qué?" pregunté en un hilo de voz. Estaba demasiado cerca.

"Realmente quisiera que me acosaras, suena… tentador, sensual," sonrió, su mano hizo un paso veloz y casi imperceptible por mi mejilla, "tal como tú," mi corazón dejó de bombear sangre y un calor impresionante se desprendió por todo mi cuerpo haciéndome estremecer ligeramente. Esto definitivamente no era bueno, no, para nada. Sin embargo…

"Uhm, mi espacio personal," mascullé recobrando un poco de sentido común.

"¿Tu espacio personal?" repitió claramente divertido.

"Estás invadiendo mi espacio personal," aquello en vez de hacerlo alejar lo hizo avanzar un paso hasta casi pegarse a mí.

"¿Y… te molesta?" inquirió. Su aliento chocaba contra mi cara con suavidad, y la forma susurrante como salían las palabras de su boca hacía que perdiera la noción del tiempo. ¿Qué si me molestaba? Oh no, para nada, quería besar aquellos labios para comprobar si eran tan sensuales como sus ojos. Quería hacer muchas cosas con él. Pero a la vez no.

"No, sí… me molesta," fruncí el ceño frustrada por mi falta de control. Por mi seguridad mental y a renuencia de mi cuerpo que parecía estar demasiado cómodo alrededor de él, como si le fuese conocido, me aparté, "solo no respires mí mismo aire," pedí. Metió las manos en sus bolsillos traseros haciendo que pareciera como si se inclinara con un encogimiento de hombros.

"Lamento informarte cariño que debemos respirar el mismo aire, lo siento," rodé los ojos.

"Sabes a lo que me refiero," su celular volvió a vibrar en el bolsillo, "¿por qué no contestas? Parece ser importante desde que quieren reventar tu celular a punta de llamadas."

Damon Salvatore me dio una profunda, intimidante y absolutamente quita alientos, sonrisa-mirada antes de tomar su celular y contestar.

"Más te vale que sea bueno Stefan," respondió. Punto para mí porque reconocí el nombre de Stefan. Era su hermano.

"Oh querido…" punto para ellos porque Stefan dijo algo corto en otro idioma, italiano, supuse, que no entendí, "esto es bueno, en un sentido retorcido e inesperado."

"Estoy ocupado," el tono de Damon era autoritario pero escondía muy bien el rastro de curiosidad.

"Damon," advirtió su hermano, y aquello fue el inicio de una fluida conversación en italiano de la cual no entendí nada, pero por el rostro de Damon supe que era algo por lo que iba a ceder.

"Ciao," bueno, ese era otro punto para mí porque eso si lo había entendido.

"Debes irte," observé. Me miró por lo que me pareció una eternidad. La paz de su rostro se había ido y una máscara de una aparente calma apareció. Sin embargo sus siempre honestos ojos azules me dijeron que algo iba mal. Aun así sonrió.

"El deber llama," la nota de tensión en su voz hizo que me entrara el deseo de preguntarle qué iba mal, pero me contuve, a penas y lo conocía, "pero no creas que vas a deshacerte tan fácil de mí."

"Oh, créeme, ya puedo verte trepando a mi ventana por la madrugada a verme dormir, mientras escribes en tu bitácora como no puedo corresponder a tu amor," le hice sacar una sonrisa sincera y divertida, y me sentí orgullosa por ello.

"Solo para aclarar, diré tres cosas," guardó su celular en el bolsillo nuevamente, "primeramente yo no llevo bitácoras, si hablamos de diarios puedo presentarte a mi hermano," me crucé de brazos, "no soy de los que trepan por la ventana, prefiero las puertas, muchas gracias."

Se quedó en silencio y me dio una mirada suave. Comenzó a caminar hacía el balcón, fruncí el ceño.

"Espera," pedí. Se detuvo girando con extrema lentitud, "te ha faltado una," sonrió.

"Esa te la diré esta madrugada cuando trepe a tu ventana," mordí mi labio inferior para evitar una amplia sonrisa.

"Creí que no eras de los que hacían eso."

"Bueno, he cambiado de parecer."

Con ello desapareció.

-…-

Salté, corrí y abrí la puerta. Todo en menos de un minuto. Sentí su olor justo cuando puse un pie dentro. Mi mirada rápidamente buscó a Stefan. Siempre lo hacía, era algo ya instintivo en mí que mis ojos siempre buscaran a mi hermano en una habitación.

Él, Anabel, Alaric y Elena estaban en la sala con nuestros dos no muy queridos invitados. A pesar de que los fríos no eran peligrosos, Stefan no relajaba su postura y mantenía a Elena a una distancia segura.

"¿Qué hacen aquí y por qué no se han ido?" pregunté sin tregua y lo más duro y cortante posible. Debía darle créditos a los tipos porque hicieron su mejor esfuerzo para no sentirse intimidados frente a cinco vampiros tradicionales que no los miraban precisamente con dulzura.

"Venimos con un mensaje de nuestros señores," estuve a punto de rodar los ojos ante la formalidad, tan estúpida como casi escalofriante del hombre frente a mí. Claramente ambos pertenecían a la guardia de los Voulturi. Sus ojos borgoña eran escalofriantes y la piel como de papel traslucida era aún peor. Por un instante me pregunté como hacían para moverse bajo ese incómodo guardapolvo que parecía tener millares de años de antigüedad.

"Bien, ya está mi hermano, pueden hablar."

Había un claro orden de jerarquía aquí. Estaba este tipo gigante y de aspecto intimidante que se veía simple en comparación de la guardia general, por lo que a mi suposición podía ser un rastreador. Luego estaba este niño, quien aparentaba no más de quince años de edad y miraba todo con odio absoluto. Claramente obligado a hacer esta tarea. Su mirada penetró mi mente por unos segundos, y sentí un leve cosquilleo en mi cabeza.

"No lo intentes niño, es un desperdicio de tiempo y harás que pierda la paciencia," dije de inmediato, él era un jugador de la mente, poderoso a gran escala pero inútil frente a nosotros, "no querrás verme perdiendo la paciencia, y más después de que acaban de interrumpirme," advertí acercándome a todos y posicionándome frente a Ana y al lado de Stefan. El chico parpadeó sorprendido por un momento pero luego regresó a él su máscara fría. Era como un niño del aro.

"Han habido numerosos ataques… animales y asesinatos," su voz era neutra, carecía de emociones y sonaba como un suspiro. Debía admitir que era aterradora, casi como la de un espectro en una película de terror, "que están trayendo la atención indeseada de las autoridades humanas," compartí una mirada con Alaric. Estábamos al tanto de ello.

"Continua," pedí. Me miró con los ojos entre cerrados, claramente no le gustaba que le dieran ordenes por lo que disfruté del momento.

"Sospechamos de que no es un ataque en solitario de los nuestros, hemos estado investigando," palabra que tenía un claro doble sentido, por investigando sabía que habían torturado a alguien por respuestas, "y nuestras fuentes nos informan que hay vampiros tradicionales involucrados en esto," mi mirada se cruzó con la de mi hermano en ese preciso instante.

"¿En esto?" inquirió Anabel.

"A ver si hemos captado tu idea," Stefan se cruzó de brazos y adoptó una postura serena, "¿estás diciendo que fríos y tradicionales están haciendo un asesinato en masa por alguna clase de propósito oscuro?"

"Sí," respondió el rastreador.

"Ahora, la pregunta del millón de dólares, ¿qué tenemos que ver nosotros aquí?" inquirí.

"Si ambos grupos están trabajando juntos quiere decir que la existencia de los tradicionales ya no es un secreto entre los de nuestra raza," se movió tan suave que pareció flotar, "lo cual no es bueno."

"Porque su pequeño reinado se acabaría," aposté. Hubo un gruñido bajo y el niño espectro miró al gigante con aire amenazante.

"Queremos que todo siga manteniéndose como hasta ahora," dijo evadiéndome, "podemos encargarnos de los nuestros pero con los tradicionales es otra situación," comencé a ver por dónde iba la idea.

"Necesitan de nuestra ayuda," masculló Elena. Ambos fríos fruncieron los labios asqueados quizá de admitir ello, pero aún más de verse en la necesidad de recurrir a nosotros.

"No exactamente, necesitamos de los Originales," hubo cierto temblor en su voz.

"Explícate."

"Nuestras fuentes conocen que ustedes manejan vínculos con ellos, en especial con Nicklaus Mikaelson."

"Tus fuentes claramente no te dijeron que nuestros vínculos con él no son precisamente buenos, ¿les han dicho todo lo que hemos pasado por intentar matarle?" la sonrisa cínica en el rostro de Alaric hizo que la atención de los dos Voulturi, antes centrada en mí se volviese a él.

"Ahora están en buenos términos con él."

"Si tanto necesitan la ayuda de él, ¿por qué no han recurrido a su original trasero?" preguntó Anabel.

"Porque le tienen miedo," deduje con una sonrisa, reí, "están buscando una forma de llegar a él sin dramáticamente ser desmembrados en el intento, patético," me alejé varios pasos de ellos y caminé hasta el mini bar donde una agradable botella de whisky me decía hola.

"¿Quieren que nosotros hablemos con Klaus?" rectificó Stefan.

"Así es," volví a reír.

"Buena suerte con ello," Elena sonrió.

"Bueno, hay algo más que puede motivarlos," la sonrisa siniestra del niño del aro hizo que me detuviera a medio trago, "uno de los nuestros que está en involucrado en este ataque es alguien que comparte un pasado con uno de sus vampiros," la mirada roja y sin misericordia del niño se clavó en mí.

"¿Qué, yo?"

"No, no exactamente tú, pero tu amante," fruncí el ceño y el niño sonrió. Mi familia me miró expectante.

"No me miren así, ni siquiera sé de qué está hablando el chico," lo miré, "¿de qué hablas?"

"¿Sabes lo fascinante que se siente el señor Aro con ella? Pasó de ser la novia de un frío para ser la amante de un tradicional," mis instintos reaccionaron antes de que cualquier idea cuerda viniese a mi cabeza.

La tensión en la sala aumentó.

"Damon," el siseo de Stefan hizo que la niebla de mis ojos se dispersara, "suéltalo," lentamente aflojé mi agarre de la garganta del chico y tomé una bocanada de aire. Alaric había sujetado al rastreador sin mucho esfuerzo.

"¿Toqué una vena sensible, vampiro?" preguntó el chico. Tuve que reunir todo mi autocontrol para no hacerle tomar verbena y verlo desintegrarse en millones de pedacitos mientras me terminaba mi whisky. Stefan se acercó con su andar tranquilo pero su mirada como mil fuegos.

"Escucha Alec, usualmente soy una persona paciente pero realmente estás provocando que te devuelva a Volterra pero en una bolsa de regalo y en varias partes," el chico cuyo nombre supe en ese momento que era Alec, se sacudió el guardapolvo y Alaric dejó ir al rastreador.

"Cuando hay vampiros, tradicionales o fríos que destacan sobre el resto prestamos mayor atención a ellos, ustedes son unos, el clan de los Cullen es otro, los Originales, por supuesto, otros clanes de fríos y varios vampiros tradicionales," comenzó a explicar Alec, "pero Isabella Swan ha fascinado en gran manera al amo Aro, porque se ha juntado con vampiros poderosos en ambos bandos, y además, por una razón que no logramos entender, regresó a la vida."

"¿Tu punto aquí es…?" exigió Elena. La expresión calculadora de Anabel me indicó que algo pasaba por su cabeza.

"Resulta ser que la vampira que está manejando estos ataques tuvo un previo encuentro con Isabella cuando aún era humana…"

"Victoria," concluyó Ana, "la pelirroja, pareja del tipo que mató Edward," hubo un silencio corto.

"¿Qué tiene todo esto en común? A Isabella por supuesto," di un paso hacia él pero la mano de Stefan cayó en mi hombro.

"Dile a tu amo que en dos semanas tendrá su respuesta," sentenció Stefan, le miré.

"¿Qué?"

"Dos semanas es mucho tiempo."

"Es todo lo que tendrán," Anabel dio un paso al frente, sus movimientos sigilosos y casi parecidos a los de un Original, todo ello combinado con su mirada fiera hacían encoger a cualquiera, "ustedes han hecho sus investigaciones, nosotros debemos hacer las nuestras, en dos semanas precisas pueden venir," dijo dando por finalizada la discusión.

"¿Cómo sabemos que no atacaran sin que nosotros sepamos?"

"No sabrán," la figura pequeña de Ana de pronto se hizo imponente con cada palabra que salía de su boca, "ustedes quieren la gloria, que corra la voz por entre los suyos que este vampiro fue castigado por desafiarlos," adivinó con una sonrisa sardónica, el chico apretó la mandíbula, "créeme, más que a ustedes es a nosotros quien no nos conviene que los de su raza sepa de nuestra existencia, en todo caso, no se preocupen, pueden llevarse el crédito si hacemos algo."

"Dicho todo esto, son más que bienvenidos a salir de mi casa y no mostrar sus patéticos rostros por aquí hasta dentro de dos semanas," ambos vampiros dieron una última mirada antes de levantarse las capas y salir, como supuse que entraron, en silencio y sin dejar rastros.

"Bien, tenemos problemas y de los grandes," rompió el silencio Alaric.

"Oh Dios, el día en que deje de escuchar eso seré tan feliz," comentó Elena derrumbándose en el sofá y entrecerrando los ojos.

"¿Por qué no llegaron directo donde Bella?" preguntó Stefan sentándose al lado de su novia. Aquella pregunta también martillaba en mi cabeza.

"Ellos saben," comentó Ana caminando a mi lado y apretando mi brazo ligeramente en señal de apoyo, "con alguna teoría, pero saben que Bella ha perdido la memoria, no les convenía llegar así no más, además, les conviene que seamos nosotros, saben perfectamente que pueden manipularnos con ella."

"Bastardos," mascullé.

"Debemos averiguar quién se ha metido en una alianza para una matanza en masa con un frío," Alaric tamborileó la mesa y miró a Ana como un estúpido.

"Creo que debemos hablar con Klaus," Elena tenía su mirada sobre mí cuando lo dijo.

"Aún no," Stefan apoyó su mano en su muslo y le dio una suave sonrisa, "concuerdo con Alaric, averigüemos todo lo que podamos de todo esto antes de pensar en hablar con Klaus, si podemos manejar esto por nosotros es mejor," asentí.

"Tenemos dos semanas antes que las bolas de disco reales aparezcan por aquí," dije moviéndome a donde había dejado mi bebida para terminarla.

"No sé por qué presiento que ellos no se tomaran esas dos semanas."

"Estarán vigilándonos, no dudes de ello," le contestó Anabel, Elena se acurrucó contra Stefan y sentí una punzada de envidia.

Ellos, a pesar de todos los problemas, y todo lo que al parecer estaba sucediendo, estaban juntos. Se tenían el uno al otro, podían tomarse de la mano y besarse, podían acariciarse y hacer el amor por las noches. Podían amarse sin problemas. Podían devolverse esa mirada de adoración profunda.

No supe cuánto extrañaba el contacto de Isabella hasta que sentí sus delicadas manos sobre mí anoche en el baile. Quería conservar ese instante eternamente. Su aliento contra mi cuello mientras bailábamos, su figura rozando mi cuerpo, su sonrisa brillante y sus ojos chocolates. Quería conservar todo ello.

Dios mío, la había extrañado tanto. Quería besarla. Quería besarla y acariciar cada centímetro de su piel. Quería recorrer con mis labios sus curvas hasta hacerla derretir de placer. Quería escuchar mi nombre en sus labios. Pero más que nada, quería escucharla decir que me amaba.

"Damon," llamó Ana.

"¿Uhm?"

"Estaba preguntándote cómo te fue con Bella," la miré.

"Bien, yo…" miré por la ventana, la noche estaba cayendo con velocidad, "debo salir, podemos comenzar a averiguar mañana."

No me molesté en mirarlos por última vez, o de decir algo más, simplemente salí de allí.

Todavía no llegaba la madrugada por lo que tomé el camino contrario a la casa de Isabella y comencé a caminar por la orilla de la playa. La luna se reflejaba en el agua como un espejo y las olas chocaban con fuerza contra la orilla. Hacía algo de frío, al menos el poco que podía sentir mi cuerpo.

Imágenes claras se reproducían en mi cabeza. Isabella arregostada contra mí mientras dormía. Ella no sabía que la mayoría de las veces mientras estuvimos juntos, me levantaba temprano solo para ver la tranquilidad de su rostro. Isabella susurrándome que me amaba al oído. Isabella riendo por alguna estupidez que había dicho. Isabella amándome. Isabella, Isabella, Isabella.

¿Cómo podía extrañar a alguien que estaba tan cerca de mí? Definitivamente esa era la peor forma de extrañar a alguien.

Retomé mi camino hasta llegar frente a la casa de Isabella. Las luces, no solo en su casa pero en la mía estaban apagadas. Dudé un poco, pero finalmente me quedé allí afuera. Me alejé de la casa dándole la espalda y me adentré más a la orilla de la playa.

Mala cosa venir con zapatos puestos a caminar de noche, era incómodo. Me los quité y los dejé a un lado dejando que el agua paseara por mis pies.

Quizá de todas las cosas que más me dolían, la de no escuchar de sus labios un te amo, era la más devastadora.

Recordé un poema que leí en mi año de viajes por el mundo cumpliendo una lista que ella había dejado. Hablaba sobre el mar y declaraciones de amor. Y de alguna forma retorcida y cursi el autor hacía que todas las cosas marinas y que conllevaran acciones del mar reflejaran el amor. Jamás pensé que uno de sus versos podía servir de reflejo en estos momentos.

Tú sola entre la mar, niña a quien llamo: ola para el naufragio de mis besos, puerto de amor, no sabes que te amo.

"Para que tú lo sepas, yo lo digo y pongo al mar inmenso de testigo," mascullé al viento finalizando.

"Testigos son la luna y los luceros que me enseñaron a esculpir tu nombre sobre la proa azul de los veleros," casi di un respingo ante la inesperada pero conocida como si fuese mía, voz, "no pensé que Damon Salvatore fuese un poeta que se inspirara en las playas de madrugada," la sentí caminar hasta que llegó a mi lado.

"Hay cosas de mí que pueden sorprenderte," respondí con una sonrisa, "así que te sabes el poema," hubo un vacío en sus ojos y una oscuridad en sus facciones que se recobraron de pronto.

"Si bueno, creo que los libros y poemas es algo que no puedo olvidar jamás," asentí.

"Me estás acosando," dije apresurándome a cambiar de tema.

"Dijiste que vendrías de madrugada," me giré para verla bien. Se había cambiado. Llevaba un pantalón negro estilo yoga y una camisa azul de tirantes, e iba descalza. Su cabello, que había crecido considerablemente, se mecía por la brisa del mar y su rostro estaba sonrosado.

"¿Esa es tu excusa para acosarme?"

"No te estoy acosando, no soy yo quien está frente a la casa de alguien a media noche y vestido de negro," se cruzó de brazos. Pasé una mano por mi cuello tocando la cadena de plata. Era algo que se había vuelto una costumbre.

"Bueno, has salido a media noche a encontrarte con un acosador, eso no habla muy bien de ti," reprimió una sonrisa.

"Estoy sola en mi casa y no podía dormir."

"Esas son cosas que no se dicen a un acosador," rodó los ojos, "¿y tú pelirroja amiga?"

"Calentando la cama de algún pobre chico humano del que se aprovechará por el próximo mes," se encogió de hombros, "¿qué hay de ti?"

"¿Qué si quiero calentar tu cama?" abrió los ojos.

"¡Claro que no!" reí, "no es gracioso," dijo enfurruñándose, "creo que habíamos acordado que no era la clase de mujer que dormiría contigo en un segundo."

"El tipo de mujer que dormiría conmigo en un segundo, no son del tipo con el que yo quisiera estar realmente," dije serio pero con una sonrisa. Isabella encaró al mar sin decir una palabra y fijó sus ojos en el horizonte. Hubo un silencio entre nosotros.

"¿Así que te vas a quedar aquí toda la madrugada?" preguntó después de un rato.

"¿Tienes algo mejor en mente?" pregunté, "porque yo no."

"No, nada."

"Bien, eso nos hace dos," me tiré en la arena, "¿me acompañas?" pareció dudar por un momento pero finalmente se sentó abrazando sus rodillas en el camino.

"Esto es extraño," comentó.

"¿Qué cosa?"

"Sentarme aquí a la una de la mañana con un vampiro que acabo de conocer y que se sienta tan… normal, tan diario, no lo sé," confesó, "sabes, odio el frio, así que estoy haciendo un esfuerzo sobre vampírico por estar aquí," le sonreí.

"¿Qué más odias?" pregunté. Enarcó una ceja.

"¿Enserio? ¿Realmente quieres pasar tu madrugada escuchando la lista de cosas que odio?" me encogí de hombros.

"Nuevamente, ¿ves algo mejor que hacer?" soltó un suspiro y comenzó a hablar.

Mientras hablábamos entre sonrisas me embargó un miedo increíble. Toda la situación de los Voulturi y esta vampira Victoria, me hizo recordar que Isabella no estaba a salvo, que iba a complicarse todo nuevamente.

Recordé un verso de otro poema.

Su voz escucho y su fragancia aspiro en éxtasis de amor; apenas puedo balbucir como un niño, y siento miedo de que ella se me diluya en un suspiro.


Σοφία.