Sin tanta introducción, aquí está un nuevo capítulo. Muchisimas gracias por todo sus reviews.
Elena, Damon e Isabella como punto de vista.
Tell me you didn´t lie.
"No hay nada más triste, que el silencio y el dolor, nada más amargo, que saber que te perdí. Hoy busco en la noche, el sonido de tu voz y donde te escondes, para llenarme de ti " Hoy tengo ganas de ti.
Alaric tomó su celular y me dio una mirada antes de marcar el número de Damon. Tanto él como Stefan y Anabel habían ido a Nueva Orleans. No solo porque allá estaba Klaus, pero porque los ataques se habían extendido hasta esa ciudad, por lo que aprovechamos para matar dos pájaros de un solo tiro.
"Creo que está en shock," masculló Alaric observando a Bella y con el celular en la mano. Lo había mandado a buzón. Mordí el interior de mi mejilla.
Habíamos sentado a Bella en el sillón de su sala. Tenía una postura rígida y estaba sosteniendo la respiración. Su corazón latía lento y comenzaba a preocuparme cada minuto que pasaba. ¿Y si apagaba su humanidad? No podía hacerlo, no la dejaría hacerlo.
"No estoy en shock," su voz era monótona, plana.
"Bella, ¿qué sientes?" era una pregunta capciosa y ella se dio cuenta porque me dio una sonrisa triste.
"No voy a apagar mis emociones Elena," susurró, "¿ustedes están bien?" allí estaba mi mejor amiga, preocupándose por todos y dejándose a un lado. Aquel era su escudo contra todo lo que le causaba dolor. Se centraba en los demás para no sentir su propia pena. Sus ojos estaban cargados, vidriosos por las lágrimas y rojos por el dolor. Aún algunas lágrimas rebeldes se escurrían por sus ojos y paseaban por sus mejillas. Pasaba sus manos por sus brazos buscando alguna clase de confort o de calor. Quería abrazarla pero me contuve.
"Estamos perfectamente," miré a Alaric y justo en aquel momento la voz de Damon se escuchó del otro lado del auricular.
"¿Qué pasa Rick?" preguntó.
"Hermano, detén lo que sea que estés haciendo y vénganse ya," respondió.
"¿Qué?"
"Bella fue atacada," hubo un silencio cortante del otro lado, "ella está bien," se apresuró en responder. Rick fijó su mirada en Bella quién a pesar de que escuchaba estaba como un niño perdido, "pero su amiga, Piper… no pudimos llegar a tiempo."
Silencio.
"Estamos en camino," Damon colgó de golpe.
"Bien, él está enojado," Rick metió el celular nuevamente en su bolsillo.
"Bella, ¿quieres algo? Un vaso de sangre, o vino, ¿té, quizás?" su rostro se contrajo de dolor.
"Té no," rogó, "algo fuerte Elena, lo más fuerte que puedas encontrar allí," asentí. Le hice señas a Rick de que me acompañara a la cocina.
"Esto se volverá una locura Elena," advirtió. Rebusqué en los gabinetes.
"Lo sé, será realmente malo, muy malo," encontré una botella de whisky y utilicé un vaso que estaba en la encimera, "Rick, ¿por qué no sacas el cuerpo de Piper de aquí?" inquirí, "no creo que sea bueno que lo siga viendo."
Bella se levantó en cuanto las palabras salieron de mi boca y se acercó al inerte cuerpo de la vampira pelirroja. Sabía que ella había sido un soporte para Isabella durante este tiempo pero no tenía idea de que su relación era tan íntima. Bella se arrodilló y tocó su cabello con suma delicadeza. Jadeó.
"Lo siento tanto," dijo en un hilo de voz, tomó una honda respiración y se giró a nosotros, "¿puedes quemarla?" preguntó a Rick. El susodicho me miró.
"¿Es lo que quieres?" le pregunté acercándome a ella. Asintió.
"Puedo hacerlo," accedió Alaric, "a esta hora no hay nadie en la playa."
"A ella le encantaba el mar," fue lo único que dijo antes de levantarse y arrebatarme el vaso. Tomó el trago de golpe. En un segundo tanto el cuerpo de Piper como Rick habían desaparecido por el balcón.
Me senté en el sofá y la miré. Bella se paseó por la cocina varias veces. Dejó el vaso a un lado y tomó la botella. Cada cierto tiempo tomaba un sorbo largo. Hubo un momento en el que se agachó y tomó un cuchillo que estaba en el piso. Jugó con el pasándoselo de mano en mano y moviéndolo, hasta que lo dejó en el fregadero. Respiró y aspiró múltiples veces.
Traté de seguirle sus emociones por el ritmo de su corazón o la rapidez de su respiración, tal y como Stefan me lo había enseñado.
Ambas, tanto como los latidos del corazón como su respiración tenía un ritmo regular, marchaban constantes y firmes, pero habían ocasiones en las que su respiración se entrecortaba o su corazón literalmente se detenía. O a veces su respiración se hacía pesada y su corazón latía desbocado y con compás irregular. Deduciendo, y porque la conocía, cada vez que su corazón se ralentizaba junto con su respiración, sabía que estaba tratando de mantener la calma, de por lo menos guardar apariencias, porque yo aún era una extraña para ella.
Pero cuando sus funciones se hacían irregulares sabía que su cabeza estaba dándole al asunto. Que quizá estaba recordando momentos, o quizá el dolor se hacía demasiado.
Y la entendí. La comprendí perfectamente porque yo también había perdido a una amiga, que irónicamente resultaba ser ella. Yo sabía que era perder a alguien a quien querías como una hermana, alguien que te comprendía. La entendía porque yo no hace mucho me había sentido así. Porque yo sentí en carne propia lo que ella estaba sintiendo en este momento.
"Bella, ¿quieres decirme cómo pasó todo?" pregunté con cautela. Mi mejor amiga se detuvo en seco y me miró. Tomó una profunda respiración y dejó la botella en el mesón de la cocina. Caminó hacia mí y se sentó en el mueble frente mío.
Comenzó a explicarme todo. Desde el momento en el que estaban hablando tranquilamente en la sala, hasta cuando llegamos nosotros.
"Sé que podía haber hecho algo, he sido tan cobarde…"
"No eres cobarde," la contradije de inmediato, ¿ella, cobarde? De todas las personas que conocía era la más valiente, la que no dudaba en sacrificarse por quienes amaba, y de hecho ella ya lo había hecho, que no se acordara era distinto, "no había nada que hubieras podido hacer."
"Pude haberlo atacado, era un frío Elena, ellos no son más fuertes que nosotros, ni siquiera más rápidos," refutó.
"Él tuvo el factor sorpresa de su lado, detén tu pequeña fiesta de auto culpa que llevas ahí dentro," me acomodé en la punta del sofá para estar más cerca de ella. Sus ojos café casi parecidos a los míos, de no ser por algunos visos verdes, me veían con dolor, "eres tan dura contigo misma, siempre pensando que podías haberlo detenido todo, debes dejar de pensar en que puedes controlarlo cada cosa," sonreí suavemente, "hay cosas que se nos salen de nuestras manos, cosas que quizá estaban destinadas a pasar, eres especial y muy fuerte Bella, pero no puedes ser la vampiro maravilla, para comenzar porque tu torpeza no te deja," aquello le hizo sacar una sonrisa.
"¿Cómo sabes tanto de mí?" me quedé en silencio, Bella se enjugó las lágrimas que habían comenzado a caer, "¿ha sido Damon, no es cierto?" preguntó, "que bocón es," reí, "gracias Elena, no sé qué hubiese pasado conmigo si ustedes no hubiesen llegado."
"Está bien," tomé una de sus manos y la apreté ligeramente, "pero no sabes cómo me duele no haber llegado antes, hubiésemos podido salvar a Piper, lo siento mucho Bells."
"Bells," repitió como si hubiese entrado en un trance. Sacudió su cabeza después de unos segundos, "no se puede regresar el tiempo atrás," se limitó a responder. Alaric hizo aparición. Bella lo miró por un momento y este asintió.
"¿Ahora qué?" preguntó el único hombre en el lugar mientras se sentaba a mi lado.
"Esperamos."
Hubo una fracción de tiempo en la que la mirada de Bella se volvió a perder pero luego regresó y nos miró a ambos.
"¿Quién es Victoria? Ustedes la conocen, ¿no?" soltó de repente, compartí una mirada con Rick, "el frío mencionó su nombre, él… él sabía mi nombre también, y luego ustedes dijeron algo sobre ella… ¿quién es Victoria y por qué sabe de mí?" exigió, "esto no ha sido accidental," masculló más para ella, "¿quién es ella?"
"Es mejor que esperemos que llegue Damon," le dijo Alaric.
"¿A qué se referían ustedes con que ella está cerca?" preguntó apartando su mano de mí e ignorando a Rick, "¿qué está sucediendo aquí?"
"Alaric tiene razón Bella," dejé que mi voz fuese suave, como cuando usaba la compulsión, "te prometo que te explicaremos todo, pero debemos esperar que Damon y el resto llegue."
"¿Por qué?"
"Porque así será más sencillo decir la verdad."
-…-
"¿Por qué tardas tanto tiempo?" pregunté como por quinta vez en esa hora a Stefan. Mi hermano me miró exasperado.
"Damon," comenzó Anabel con firmeza y cautela, "a menos de que sepas alguna manera de tele transportarnos, no llegaremos en por lo menos una hora más," la miré.
"¿Ángela no sabe alguna?" inquirí mirándola. Anabel me sonrió condescendiente.
"Yo también estoy preocupada Damon, pero debes ser paciente."
"Y no apurar al conductor," completó Stefan.
"Bien, bien," paseé mi mano por la cadena y comencé a jugar con ella. Estuvimos en silencio por un buen tiempo, no fue hasta después de varios minutos que pregunté "¿me odiará?"
Aquello venía rondando mi cabeza desde que salimos de la casa de Klaus.
Todos habíamos acordado, bueno, más bien yo había accedido a decirle toda la verdad a Isabella cuando Victoria estuviese cerca, pero ninguno de nosotros previó que Victoria se iba a acercar así.
"No creo que lo haga," respondió Stefan virando a la derecha y tomando finalmente carretera con salida a Essox, "pero estará bastante molesta hermano, muy molesta y dolida," solté un suspiro.
"Va a detestarme por un tiempo."
"Quizá."
"Esto se volverá una locura muy pronto chicos," advirtió Anabel buscando de inmediato otro tema. Pero este no era mejor que el anterior. La castaña se acercó desde el asiento trasero hacia adelante para vernos mejor, "tengo la sospecha que los Voulturi estarán aquí pronto, y si Victoria hizo este ataque fue para despistarnos, ella debe saber que estamos tras suyo y esperó a que nos fuésemos…"
"Para atacar a Bella," terminó Stefan. Fruncí el ceño.
"Pero no contaba con que Elena y Alaric estarían allí, ella esperaba que todos fuésemos a Nueva Orleans," concluí, "es demasiado inteligente, sabe cada movimiento, estoy seguro de que incluso sabe de los Voulturi y su visita."
"Hay algo grande que se viene, Victoria debe tener un plan mucho más grande," Anabel aportó. Stefan desvió la mirada de la carretera y me miró a los ojos.
"Victoria no me preocupa tanto como quien está realmente tras todo esto," tamborileó los dedos contra el volante, "ella no está actuando sola y lo sabemos, y quien sea que esté ayudándole tiene mucha información."
"¿Cómo es que aún no sabemos?"
"Por ahora no pensemos en eso, más bien ve pensando cómo le dirás todo a Bella," Anabel puso una mano en mi hombro, "ya estamos llegando."
Tomé una bocanada de aire profunda mientras mi hermano parqueaba el auto. Más atrás otro auto se hacía a nuestro lado. Ángela bajaba de él, y junto a ella Klaus quien tenía de la mano a Caroline. Sí, al parecer, y realmente no quería saber cómo, estos dos habían comenzado a salir desde hacía cinco meses. No sabía que me aterraba más, ver a Klaus sonreír tanto tiempo de seguido o que Caroline realmente viera algo bueno en él. Era bastante extraño pero no era nadie para juzgar su tórrido y raro romance.
Además, entre más gente estuviese involucrada en esto mejor.
"Has sobrevivido Ángela," la susodicha rodó los ojos.
"Sí Damon, no he sido comida… aún," respondió dándole una mirada cautelosa a Klaus quien realmente solo tenía ojos para Caroline. Enfermizo para mi visión.
"Vamos, entre más rápido salgamos de esto mejor," asentí a Caroline.
La puerta estaba abierta y entramos. La antesala nos recibió junto con la escalera que subimos. El interior de la casa desprendía un aroma a caucho quemado como con algo ferroso, el olor que solo el cuerpo carbonizado de un frío podría tener.
Isabella se puso de pie en cuanto me vio y mi corazón se destrozó en ese instante. Sus ojos estaban hinchados y su nariz estaba roja. Su rostro era de desolación pura. Caminó varios pasos y yo la imité encontrándonos a mitad de camino. Tiró sus brazos a mí alrededor y no dudé en devolverle el abrazo.
Acaricié su cabello con suavidad y dejé que algunas lágrimas corrieran por su rostro.
"Lo siento mucho," murmuré en su oído, la aparté de mí un poco para mirarla y acuné su rostro con mis manos, "¿estás bien?" negó.
"Pero lo estaré," le sonreí suavemente y besé su mejilla. En ese momento se dio cuenta de las personas en la sala, "¿Quiénes son ellos?"
"Unos amigos," respondió de inmediato Anabel. Las tres nuevas caras para Isabella eran todo un poema. A parte de sorprendidas, miles de emociones corrían por sus rostros. De todos en quien más me fijé fue en Klaus. Su expresión era de genuina curiosidad pero tenía una neutralidad en su mirada y una calma en su postura.
"¿Qué fue exactamente lo que pasó?" Stefan quién ya había llegado al lado de Elena cambió de tema por un minuto. Isabella iba a hablar pero Alaric la detuvo y contó él la historia.
Relató todo sin dejar detalles por fuera. Para mi sorpresa ni siquiera Klaus emitió palabra alguna durante todo el momento. Todos ellos miraban a Isabella y se quedaban en silencio.
"¿Cómo es posible que no se dieran cuenta de que un frío andaba por aquí?" demandé. Isabella estaba sentada en una silla de la isla de la cocina y yo estaba de pie a su lado. Ella miraba todo con curiosidad, en especial a los nuevos amigos. En sus ojos había aparte de dolor, cierta cautela. Además de que tenía esa mirada calculadora que me decía que ya había ideado quizá diez formas de huir de aquí si las cosas se ponían feas.
"Ni siquiera olía como un frío," respondió Elena, "por eso no nos dimos cuenta, no había nada extraño en el ambiente, fue solo cuando escuchamos un golpe sordo que nos movimos."
"Él olor que desprendía de él era neutro, de hecho, no olía a nada, era como si nadie, aromáticamente hablando, estuviese allí," completó Rick.
"Me consta," dijo Isabella por primera vez. Encontró su mirada con la mía, "por eso no lo detectamos antes, ni… Piper," tomó una bocanada de aire, "ni yo, creo que cuando empezó a moverse fue que nos dimos cuenta de su presencia," miré a Ángela. Bueno, todos lo hicimos.
"¿Intervención extra?"
"Es lo más probable," acordó, sus ojos no se despegaban de la mujer a mi lado.
"Quiero saber que está sucediendo aquí," demandó Isabella poniéndose en pie, "quiero saber por qué parece que hay más aquí de lo que me están diciendo," había en su postura ese aire autoritario propio de ella desde que se había convertido, "¡demonios, quiero saber quién rayos es Victoria y por qué quiere verme muerta!"
"No muerta, más bien secuestrada…"
"Calla Caroline," Elena le dio un mirada de advertencia. Me puse frente a Isabella. El momento había llegado y no había marcha atrás, era ahora o… bueno, ahora.
"Isabella," comencé, sus ojos me miraban expectantes, "escucha atentamente lo que voy a decirte y por favor, te lo pido, confía en mí," rogué.
"¿Qué está sucediendo Damon?" su voz se quebró, "¿Quiénes son ellos? ¿Por qué me miran como si me conociesen?" tomé una bocanada de aire.
"Quizá porque todos lo hacemos," paseé mi mirada un segundo por el lugar, los ojos y la sonrisa vaga de Stefan me alentaban a seguir, "tú y yo, todos nosotros nos conocemos desde antes…"
"¿Qué… qué quieres decir?" había miedo en sus ojos. Se alejó un paso de mí y entendimiento cruzó por sus facciones, "tú sabes que no recuerdo nada, que no tengo memoria de nada."
"Más que ello Isabella," irrumpió Anabel ayudándome, "tú eres parte de nuestra familia," dio un paso atrás mirándonos a todos.
"¿A…a qué se refieren?" miré a Elena por ayuda. De todos, ella era quien la conocía desde pequeña, ella y Caroline.
"Tu nombre completo es Isabella Marie Swan, biológicamente tienes dieciocho, pero antes de ayer, 13 de septiembre cumpliste veinte años," los ojos de mi Isabella se abrieron desmesuradamente a medida que Elena iba hablando, su expresión aterrada y sus labios entreabiertos, "naciste en Mystic Falls, Virgina, y hace dos años te convertiste en vampiro," Elena se acercó a ella, "mi nombre es Elena Gilbert, y soy tu mejor amiga."
"Mi nombre es Caroline Forbes, también soy una amiga muy cercana, crecí contigo en Mystic."
"Alaric Saltzman, fui tu profesor de historia por… un corto periodo de tiempo y soy tu amigo."
"Ángela Webber, yo soy una bruja Bells, oficialmente nos conocimos cuando fuiste a vivir a Forks con tu padre, he sido tu amiga desde entonces," la mirada de Isabella corría por la sala, de rostro en rostro.
"Nicklaus Mikaelson y…" sonrió, "tú y yo tenemos una historia un poco más complicada querida," su fuerte acento se suavizó un poco.
"Piper me habló de ti… eres un Original," masculló muy suave.
"Así es."
"Anabel Swan," los ojos de Isabella volaron a Ana al mencionar el apellido Swan, "sí, somos familia, soy algo así como tu tátara abuela."
"Stefan," se presentó nuevamente mi hermano, "fuimos compañeros del crimen durante un tiempo, y tu amigo desde entonces," todos los ojos estaban puestos sobre mí en ese momento y sabía que debía decir algo pero las palabras parecían atascadas en mi garganta.
"¿Damon?" la miré.
"Ese anillo de plata en tu dedo no está por casualidad," comencé, la mano de Isabella de inmediato voló a su dedo y acarició el anillo como hacía en ocasiones.
"¿Estábamos ca… casa…?"
"No," dije interrumpiéndola y sonriéndole suavemente, "pero estábamos juntos."
Isabella cayó sentada en el sillón y nos miró a todos uno por uno.
"¿Por qué no me dijeron nada?" dijo en un susurro, "estuvieron a mi lado por casi dos semanas y no dijeron nada," su voz fue subiendo gradualmente, "sabían que no recordaba nada," acusó, "¿saben todo lo que me ha atormentado eso?" se levantó con furia en sus ojos, "¡maldición, ¿por qué no dijeron nada?!"
"Isabella," llamó Anabel.
"No," dijo, nos miró a todos, "fuera, no quiero a nadie aquí, ¡fuera!" gritó, había lágrimas en sus ojos. Contuve la respiración. Uno a uno fueron saliendo, di media vuelta no sin antes darle una última mirada, "tu no Damon, necesito una explicación."
-…-
No podía describir las millones de emociones que corrían dentro de mí en ese momento. Mi corazón estaba bombeando a mil y cada fibra de mi cuerpo parecía estar hecha de cristal que en cualquier momento podía romperse en mil pedazos.
"Isabella…"
"¿Por qué Damon?" fue lo único que pude decir sin que mi voz se quebrase.
"¿Puedes recordar algo?" preguntó evadiendo mi pregunta. Negué. Negué varias veces dejando que lágrimas de frustración corrieran por mi rostro.
"No recuerdo nada, no sé si lo que me dices es cierto pero… quiero pensar que lo es… y…"
"¿Quieres saber si es real? ¿Quieres estar segura de que no te estoy mintiendo?" se acercó a mí pero me alejé un paso instintivamente. Hubo un deje de dolor en sus ojos azules, "dime si esto no es real."
Imágenes, claras y detalladas fueron implantadas en mi cabeza. Me perdí entre los recuerdos que Damon estaba metiendo en mi cabeza. Uno tras otro, como si fuese una película Damon me mostró desde su punto de vista todo lo que habíamos vivido. Todo lo que había pasado. Todo, absolutamente todo, cada detalle que yo le había dicho sobre mi vida cuando nos conocimos, cada palabra que él me había dicho, cada beso que nos habíamos dado. Cada vez que sus manos acariciaron mi piel desnuda y mis labios pronunciaron su nombre.
Me mostró todo incluso cuando… morí. Jadeé y sentí mi cuerpo desfallecer. Era la segunda vez en el día que caía de rodillas al piso.
No podía seguir viendo más. No quería seguir viendo más. Era demasiado para mí, demasiado para asumir. El nudo en mi garganta se apretaba más y la sensación de vacío interno se hacía más grande.
Sin embargo, dentro de mí, había algo que me decía que todo eso era cierto, y lo creí.
"Detente, por favor," lloré. Entre lágrimas pude verlo arrodillarse frente a mí. Sus ojos estaban vidriosos y su rostro estaba afligido.
"Termina de verlo todo, por favor," tomé una bocanada de aire y dejé que las imágenes se deslizaran a mi cabeza. Allí estaba él y todo lo que había hecho después de que había muerto. Allí estaban sus viajes por todo el mundo para complacerme, incluso después de estar aparentemente muerta.
Estaba la conversación con una mujer, una mujer que le decía que yo continuaba con vida. Lo último que me mostró fue su determinación por venir a mí.
Parpadeé tratando de que las lágrimas dejaran de nublar mi vista. Y lo miré. Miré su dolor, su angustia, identifiqué todas sus emociones, y en sus ojos me vi reflejada.
"¿Por qué?" susurré, "¿por qué no decirme Damon? ¿Por qué tenía que enterarme de esto así?" sentí el hueco en mi pecho abrirse, "¿qué quiere conmigo esta vampira? ¿De dónde la conozco? Por favor Damon, por primera vez desde que nos conoce…." me atraganté con mis palabras, "desde que nos volvimos a ver," rectifiqué, "dime la verdad."
"Antes de conocerme saliste con un frío," comenzó dejándome helada, mal uso de palabras, "él te dejó bajo una sátira de mentiras y por eso regresaste a Mystic, el punto es que durante tu relación con él fuiste atacada por un frío, la familia del tipo con el que salías lo mató y su compañera, Victoria ahora busca venganza," sentí mi respiración irse de a poco.
Según sus recuerdos algo de eso le había mencionado yo cuando nos estábamos conociendo, pero era más claro ahora que él lo decía.
"¿Por qué Damon?" pregunté por tercera vez.
"No lo sé," masculló, "quería comenzar todo de cero, quería que vieras solo lo bueno que hay en mí y que el pasado no nos persiguiera, yo supongo que quería saber si podías volver a enamorarte de mí, yo… lo siento tanto, fui un imbécil siempre soy un imbécil Isabella, nunca pienso las consecuencias de mis actos," bajó la cabeza.
"¿Tenías planeado decírmelo o pretendías hacerme enamorar de ti de nuevo bajo mentiras?" pregunté más dura de lo que quería.
"Iba a decírtelo."
"¿Cuándo?" pregunté, "¿cuándo Victoria tuviese mi garganta en sus manos?" acusé sin piedad. Estaba consciente que la rabia y el dolor estaban hablando por mí pero no podía evitarlo, "¿tienes la más mínima idea de todo lo que esta maldita falta de memoria me ha hecho? ¿Tienes idea de todo lo que he sufrido, de las noches que he llorado por no saber quién soy?" me levanté secando mis lágrimas bruscamente, "¿tienes idea….?"
"¿Tienes tú idea de todo lo que yo también he sufrido?" la voz cortante de Damon se escuchó y me hizo callar, "vivo todo un año en miseria creyendo que el amor de mi vida está muerto solo para que me digan que está en alguna parte de los Estados Unidos y sin memoria, sin idea de quién es, de quién es su familia, sus amigos," estábamos cerca, podía ver las líneas grises de sus azules ojos que solo brillaban cuando estaba sonriendo pero me revelaron que también aparecían cuando estaba molesto, "ni idea de quién soy yo," estaba a punto de derrumbarse, podía verlo.
"¡Demonios Damon, debiste habérmelo dicho!" exclamé. Estábamos tan cerca que hablábamos casi sobre los labios del otro. Las emociones corrían sin razón ni son por todo mi cuerpo, nada era claro y mi corazón estaba hecho un lío.
"Lo sé, ¡agh! ¿Crees que no lo sé? ¿Crees que en este momento al ver la mirada que me das no me arrepiento? ¡Maldita sea Isabella, me arrepiento porque esa mirada es una que no quería ver jamás!" se alejó varios pasos de mí y agarró su cabello, "no soporto ver decepción en tus ojos, no soporto ver que te he fallado."
"No debiste haberme mentido en primer lugar."
"Entiéndeme, ¡por amor a Dios, entiéndeme! Ponte en mi lugar un segundo," estábamos perdiendo los estribos.
"¡Uno no le miente a las personas que ama!" este parecía un concurso de quién, entre gritos, podía hacer entender su punto. Y hasta ahora ninguno iba ganando.
"Cuando es para protegerlas, haces todo lo que sea necesario, ¡incluso mentir!"
"¿No se supone que me conoces, Damon Salvatore? ¡Así no funciono yo! Odio que me mientan, odio que me oculten cosas, prefiero vivir con miedo pero con la verdad que estar feliz con la mentira, odio a las personas que hacen eso y…."
"¿Odias?" hizo una pausa, "¿me odias a mí?" lo miré, y por primera vez al ver su rostro desolado y sus ojos inexpresivos me quedé sin palabras. Solo hubo un minuto de silencio entre nosotros.
"Vete Damon, solo vete."
I'm sorry.
Σοφία.
