¿La razón por la que este capítulo está colgado tan rápido? No podía esperar a que lo leyeran, además, no podré actualizar hasta dentro de un tiempo, así que por ello es esto. Espero que les guste, disfruté escribir esto muchísimo.

Isabella como punto de vista.


Heart by heart.

"Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos, para los labios es casi un destino, y para el corazón un despilfarro. Una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo."-Una mujer desnuda y en lo oscuro, Mario Benedetti.


"¿Por qué nos detenemos?" pregunté escaneando el parqueadero de un pequeño hotel. Damon quien no había dicho absolutamente nada durante las casi seis horas que llevábamos en la carretera me miró de reojo una vez que detuvo el auto.

"Estás sobre cargando al conductor," sonrió a medio lado y desapareció de mi lado para volver a aparecer en mi puerta y abrirla.

"Pensé que la caballerosidad había muerto," dije mientras salía del auto. Se encogió de hombros.

"Qué puedo decirte, soy todo elegancia," Damon tomó mi mano y juntos caminamos dentro del lugar. Una compulsión por aquí y otra por allá y conseguimos una habitación.

"¿Dónde están todos?" pregunté al percatarme que solo nosotros nos habíamos detenido ahí.

"Tienen una hora de atraso más o menos, se están quedando en un hotel más atrás de nosotros," respondió ausente mientras se quitaba su chaqueta. Este pequeño gesto, además del pequeño hotel me hizo recordar la noche que dormimos juntos, no hace mucho, "es bueno descansar un poco antes de seguir."

"¿Qué sucede Damon?" pregunté caminando hacia él y encarándolo.

"¿De qué?" dijo evitando contacto visual. Tomé su rostro con una mano y lo obligué a mirarme a los ojos.

"Esto," respondí, "no me has hablado en todo el camino, tus respuestas han sido monosílabos, ¡Dios, ni siquiera me has mirado hasta ahora!" suspiró, "¿es por el beso? ¿Te arrepientes?"

"No," respondió de inmediato, "jamás pienses que me arrepiento de cualquier cosa que haga contigo," tomó la mano que aún estaba en su rostro y la besó.

"¿Entonces Damon, qué sucede?" vaciló, "dime, por favor."

"Klaus… él encontró una forma de devolver tu memoria," aquello me dejó noqueada por un minuto. Había una posibilidad de que mi memoria volviera, eso era… ¡magnífico! Le sonreí ampliamente.

"¡Eso es increíble, Damon!" su rostro estaba neutro, no había rastros de la felicidad que pensé iba a sentir, "pero tú no pareces muy contento con ello."

"No es eso Isabella," pasó una mano por sus cabellos desordenándolos, "en esa forma hay una posibilidad del cincuenta por ciento de que mueras, otra vez."

"Oh."

"Sí, oh," sus ojos me miraban suplicantes, pasó una mano por mi mejilla acariciándola, "me he pasado todo el camino pensando qué hacer."

"¿Y?" cerré los ojos ante el contacto cálido de su mano.

"Prefiero tenerte sin memoria pero viva."

"Damon…"

"Si tu miedo es tu falta de recuerdos, podemos construir nuevos juntos," se apresuró a hablar, "por favor Isabella, no puedo darme el lujo de perderte ahora que te tengo nuevamente."

"Debo considerar esa posibilidad," susurré aún sin abrir los ojos. Sentía su aliento chocar con suavidad contra mi rostro indicándome que estaba aún más cerca de mí que hacía un minuto.

"Jamás he rogado por nada en mi vida, pero esta vez te lo suplico, si es caso ponerme de rodillas lo haré," abrí los ojos de golpe asustada para encontrarme la seriedad en su mirada.

"No lo hagas, ¿me has escuchado?" me pegué a él hasta que lo único que nos separaba eran centímetros, tomé su camisa con fuerza, "jamás en tu vida te arrodilles frente a mí, Damon Salvatore nunca se va a arrodillar frente a mí, ¿lo has entendido?"

"¿Ni si quiera para pedirte matrimonio alguna vez?" preguntó con una media sonrisa arrebatadora provocando que mi corazón comenzara a rebotar con furia contra mi pecho.

"Solamente en esa ocasión," respondí en un hilo de voz.

"Prométeme que no considerarás esa posibilidad," pidió. Mi cabeza comenzó a trabajar a una velocidad impresionante sopesando cientos de posibilidades. Finalmente pasé una mano detrás de mi espalda y con un dolor de traición palpitando en mi pecho, crucé los dedos.

"Lo prometo," rodeé su cuello con mis manos y lo atraje para un corto beso, que en menos de un segundo dejó de ser corto.

Damon comenzó a besar mi mandíbula y descendió peligrosamente por mi cuello arrancándome un gemido cuando succionó mi hombro dejándome probablemente un chupón, tampoco era como si me importase. Levantó su mirada hacia mí, sus mejillas estaban medio sonrosadas y sus labios entre abiertos. No había una imagen más sensual en mi cabeza como esa que apreciaba en esos momentos. Damon Salvatore con su cabello negro revuelto y sus deslumbrantes ojos azules mirándome como si no hubiese otra mujer en el mundo.

"Si no me detienes ahora, no seré capaz de hacerlo en el minuto siguiente," su voz era firme pero ronca, como un ronroneo seductor.

"Tal vez no quiero que lo hagas," sus ojos me miraron con deseo, pero había algo más en ellos, "quiero estar contigo Damon, y no solo dormir en el sentido más inocente de la palabra," mordí mi labio inferior.

"Eso es suficiente para mí," atacó mis labios con fiereza.

La ropa comenzó a sobrar y terminó por toda la habitación dejándonos desnudos sobre una cama pequeña de sabanas azul celeste.

¿Lo mejor de hacer el amor con un vampiro? Las sensaciones y emociones eran intensificadas. ¿Lo mejor de hacer el amor con alguien a quien querías? El momento se hacía mágico.

A medida que la noche avanzaba, los besos y las caricias de Damon me llevaban al cielo y me dejaban allá.

Era extraño como mi cabeza seleccionaba recuerdos de las noches que él había implantado en mi cabeza para guiarme. Quería darle el mismo placer que él me entregaba y para ello debía conocer su cuerpo y esa era la ventaja que él tenía sobre mí. Damon conocía mi cuerpo a la perfección y llegaba a ciertas partes que me hacían enloquecer. Sabía dónde acariciar, dónde besar, sabía en qué parte tocar para dejarme en blanco y deseando más.

Delineó mi cintura con suavidad y me apegó más a él. Enrollé mis piernas alrededor de su cintura y ladeé el cuello permitiéndole que lo besara. Acaricie su espalda y enterré mis uñas en ella al sentir las miles de sensaciones que recorrían mi cuerpo en ese momento.

Jamás me había sentido así. Como si al momento fuera a explotar de placer y al segundo siguiente llorar de la felicidad. Quería que él sintiera lo mismo. Quería hacerlo sentir todo lo que él me estaba haciendo sentir. Quería satisfacer todos sus deseos hasta el más mínimo. Sin embargo, lo que hice a continuación me dejó helada. Y no precisamente por placer. Fue más como un instinto primitivo que me arrastró a hacerlo, pero mordí su cuello.

No fue en plan de alimentarme, ni mucho menos herirle. Me cortaría un brazo yo misma antes de herir a Damon. Había sido extraño, pero al momento en que su sangre corrió por mi boca sentí la sensación de placer más grande del mundo. Damon se mantuvo inmóvil asustándome por un momento, pero cuando empezó a gemir me di cuenta que no solo era yo quien experimentaba esa sensación extraña. Dejé su cuello y lo miré a los ojos.

"Lo siento," susurré.

"No lo hagas," me miró y luego miró mi cuello. Supe de inmediato qué hacía. Me estaba pidiendo permiso para hacer lo mismo que yo había hecho.

"Adelante," le incité. Con suavidad apartó mi cabello que caía como una muy desordenada cascada por mis hombros cubriendo parte de mi cuello. Besó justo donde estaba mi yugular y luego sentí sus colmillos hincarse en mi piel como si fuese papel enviándome un escalofrío de puro placer por todo mi cuerpo.

Me estremecí. Eso era el paraíso, podía morir en aquel momento y estaba segura que moriría feliz y dichosa. Mis uñas se enterraron en su espalda aún más fuerte pero a él pareció no importarle porque seguía bebiendo de mí. Se detuvo y lamió donde sus colmillos habían estado antes.

Peinó mis cabellos echándolos para atrás, dejando libre mi rostro.

"Eres mi vida," me besó con suavidad, "eres todo lo que quise, todo lo que quiero y todo lo que querré."

"Te amo Damon," susurré. Eran palabras gigantescas para decir, pero simplemente se sentía natural en mí decirlas, y no me arrepentía de haberlas dicho porque eran la verdad. Con memoria o sin ella, lo amaba.

"Dilo nuevamente," sonreí y lo tumbé en la cama de tal forma que yo quedase encima de él.

"Te amo," susurré en su oído, besando el lóbulo de su oreja, "te amo," besé su fuerte mandíbula, "te amo," dije finalmente besando sus labios. Su sonrisa amplia y juguetona hizo que mi corazón diese un vuelco. Me jaló hacía él haciéndome caer sobre su pecho. Me acurruqué contra su torso sintiéndome amada y segura. Levanté la mirada y vi sus ojos vidriosos. Fruncí el ceño.

"¿No estoy soñando, cierto?"

"¿Soñando?" suspiró mientras acariciaba mis cabellos.

"Durante el tiempo que te creí muerta con momentos como estos era con los que soñaba," respondió, "forzaba a mi cabeza a recordar cada rincón de tu cuerpo, a recordar el sonido de tu voz y el color de tus ojos," bajó la mirada y sus ojos zafiro me revelaron su alma, "me levantaba entonces todas las mañanas y miraba al otro lado de la cama solo para encontrarla vacía."

"Damon," no sabía qué más decir. Sentía que iba a ser yo quien me rompiese en mil pedazos.

"Nunca en todos mis años de vida me sentí realmente solo como la primera noche que pasé sin ti en mi cama, pensando que no iba tenerte nunca entre mis brazos," me regaló una sonrisa triste.

"Te puedo asegurar que esto no es un sueño," dije besando su pecho, "y puedes apostar que seguiré aquí a tu lado en la mañana."

"Nada quiero más."

Hubo un silencio cómodo entre nosotros. Damon estaba jugando con mi cabello mientras yo acariciaba su pecho.

"¿Damon?"

"¿Hmm?"

"Eso," carraspeé un poco, "que hice… hicimos… ¿qué…?"

"¿Compartir sangre?" preguntó, asentí.

"¿Qué fue exactamente eso?"

"Compartir sangre entre las parejas vampíricas es la forma de intimidad más grande que hay," respondió, "es como un te amo a otra escala."

"¿Es normal?"

"Uhm veamos, normal tanto como que normal no," dejó de tocar mi cabello, "una cosa es compartir sangre en el sexo para sentir mayor placer," levanté nuevamente la mirada, "otra es hacer lo que hicimos, que sea algo más como un vínculo, que salga de manera natural y sea para buscar el máximo placer del otro," explicó.

"¿Y es muy difícil que sea lo último?"

"En nuestro mundo no hay muchas parejas vampíricas estables por lo que no."

"Amo ser una pareja estable," le sonreí.

"También yo Isabella, también yo," retomó a jugar con mi cabello. Sentí que mis ojos comenzaban a pesar y el cansancio se acumulaba en mi cuerpo. Poco a poco sentía el sueño avecinarse bajo la oscuridad de aquella habitación.

"¿Damon?" bostecé.

"Isabella."

"Te amo," mascullé, "pero no me encontraras en la mañana en esta cama a menos que enciendas el aire acondicionado," su risa suave y varonil me hizo sentir feliz. Lo sentí irse de mi lado en un segundo y volver al siguiente. La habitación comenzó a enfriar y me apreté a su lado rodeándole el torso con mi brazo.

"Damon."

"Descansa Isabella."

"La sabana," casi podía verlo rodar los ojos pero sentí la sabana cubrirnos y sus brazos rodearme.

"¿Algún otro pedido?" asentí.

"Ámame mientras duermes."

"Eso no tienes ni que pedirlo."

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Me removí en la cama al sentir una mano acariciar mis hombros. Mis sentidos comenzaron a levantarse conmigo y el olor de Damon embriagó mi nariz. Sus manos recorrieron mi cuerpo con suavidad bajo la sábana sin embargo mantuve los ojos cerrados.

"Levántate cariño, debemos irnos," su voz me indicaba que no hacía mucho se había levantado.

"Uhm mm," protesté girándome de tal manera que le daba la espalda. Sus manos se apoderaron de mi cintura y sus labios se acercaron a mi oído.

"Había olvidado que eras un remolino en la cama después del sexo," abrí los ojos y me giré.

"Tú no dijiste eso," me dio una sonrisa pícara.

"No me puedes crucificar por decir la verdad."

"¿Realmente me muevo demasiado?" pregunté dejándome arrastrar por sus ojazos del color del mar.

"Solo después del sexo," recalcó nuevamente. Cubrí mi rostro con la sábana.

"Oh Dios, eso es vergonzoso," jaló la sábana.

"Solo yo conozco ese hecho," bajé la mirada, huyéndole, "o tal vez no," masculló.

Fue la primera vez que tuve un silencio incómodo con Damon. Uno realmente incómodo. No era experta en esto de hombres y de cosas de una sola noche, ni mucho menos en una relación, pero si de algo estaba segura es que después de una noche como la que había pasado con Damon uno no hablaba de las personas con las que había estado ni llegaba a temas incómodos como este. Sin embargo quería saber algo.

"Damon, ¿yo estuve con el frío que dijiste?" pregunté. Hubo un suspiro de su parte y se acomodó inclinándose hacia mí y apoyando su cabeza en su mano.

"No," su rostro no demostraba enojo lo que fue un alivio para mí.

"Entonces, ¿con quién estuve yo antes de uhm… ya sabes…?"

"Conmigo perdiste la virginidad," respondió sorprendiéndome.

"¿Fue contigo? ¿Tú fuiste el primer hombre en mi vida?" asintió.

"Y esperaba ser el único," lo miré esperando que pudiera decirle a través de mis ojos todo lo que mi corazón sentía.

"Fuiste el primero, y ciertamente serás el ultimo y único de ahora en adelante," me acerqué a él como pude y besé su nariz, "¿no dijiste que era hora de irnos?" tomó la almohada y la puso en su cabeza, reí. Era tan sencillo como cambiaba de humor en media fracción de segundo.

"¿Por qué las cosas buenas siempre se acaban?" con un quejido se levantó de la cama mostrándome su trasero mientras entraba al pequeño baño. El trasero de Damon. Tuve que sonreír, "¿no vas a acompañarme?" exclamó desde el baño. Escuché la llave de la regadera ser abierta y la sola idea de estar desnuda, mojada y pegada a él fue suficiente para hacerme brincar de la cama sin dudarlo.

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"¿Cuánto falta?" pregunté resolviendo el quinto sudoku en lo que llevábamos de vuelta a la carretera.

"Una hora," respondió dándome una mirada de soslayo, "y no va a hacer que sea menos si sigues preguntándome, créeme ya he pasado por eso," rodé los ojos.

"Bien, juguemos algo."

"¿Enserio?"

"Oye, no es un viaje en carretera si no jugamos algo, y dado que me ignoraste en la primera parte del viaje me lo debes," Damon viró con rapidez y con una sonrisa asintió.

"Está bien, ¿qué quieres jugar?"

"Quince preguntas."

"¿Quince preguntas?"

"Sí, en uno de los recuerdos que me implantaste," hice una pausa," eso sonó extraño, en uno de tus recuerdos, sí eso sonó mejor, decías o pensabas que habían muchos detalles triviales que no conocías de mí."

"Ajá," su mirada no se apartó de la carretera.

"Y hay muchos detalles triviales que yo no sé de ti…"

"Está bien, veo tu punto, adelante, pregunta."

"¿Con cuántas mujeres has estado?" Damon tensó sus manos y las apretó al volante, hubo una ligera inconstancia en la rapidez del auto pero pronto volvió al ritmo regular.

"Esa no ha sido una pregunta trivial," dijo mirándome, me encogí de hombros, "Isabella."

"Quiero saber Damon."

Mi obvia falta de memoria me impedía recordar si Damon alguna vez lo había mencionado. En todo caso no era ciega, Damon estaba buenísimo y todo él irradiaba sensualidad, probablemente un par de docenas de mujeres hubiesen sucumbido a sus encantos. Un suspiro cansino se escuchó de sus labios.

"He vivido más de ciento sesenta años y no he sido precisamente hombre de una sola mujer," respondió con cuidado y escogiendo sus palabras, "honestamente Isabella perdí la cuenta, trescientas, quizá más quizá menos, ¿en qué importa eso?"

No le iba a decir que mi inseguridad me estaba llevando a preguntar, ¿y qué si yo no satisfacía realmente sus necesidades? Él había tenido decenas de años de práctica y había estado con mujeres hermosísimas y que tenían muchas más experiencia que yo. Quería saber al menos a qué me enfrentaba. Pero con ese número en mi cabeza me era muy difícil subir un poco mi autoestima.

"Simple curiosidad," dije entre dientes. Damon detuvo el auto bruscamente y me miró.

"Aquí dónde estoy Isabella me muero por meterme en tu cabeza para saber con quién estuviste porque la mera idea de alguien que no sea yo tocando tu cuerpo me provoca vomitar," sus ojos tuvieron ese destello de tonalidades grises que surgían cuando sus emociones estaban volátiles, "sin embargo eso es el pasado," no podía apartar mi mirada de sus ojos, "no tengo una lista de todas las mujeres con las que he estado, pero quiero que sepas algo, el pasado no hace que la gente sea correcta, es el sentimiento del presente lo que cuenta."

"Lo sé."

"Entonces, ¿por qué me preguntas esas cosas?"

"Porque me preocupa no estar a la altura de las mujeres con las que has estado," mascullé apartando mi mirada. Su mano tomó mi barbilla y me forzó a mirarle.

"Nunca vas a estar a la altura de esas mujeres," afirmó, "porque tú las superas a todas, ¿entendido?" le sonreí.

"Entendido."

"Ahora no más preguntas estúpidas," me dio un suave beso y puso en marcha el auto, "deberías preguntar cosas mejores como, ¿cuál es mi parte favorita de tu cuerpo?" sentí un ligero sonrojo acumularse en mis mejillas.

"¿Cuál es tu parte favorita de mi cuerpo?" me miró con una sonrisa ladina.

"Eso depende del día," enarqué una ceja.

"¿Cada día tienes una parte favorita diferente?" inquirí curiosa, asintió fijándose en la carretera, "¿ayer cuál fue?"

"Pregunta difícil."

"Damon."

"Tus caderas."

"¿Mis caderas?"

"¿No has escuchado nunca esa canción que dice las caderas no mienten?" reí.

"¿Has estado escuchando Shakira?"

"Me gusta ampliar mi gusto por la música," volví a reír, "deberías verme bailar música latina ahora."

"Bien, dejemos eso a un lado, ¿cuál es tu parte favorita hoy?"

"Tu cabello, y antes que preguntes," dijo adelantándoseme, "simplemente me gusta, es lindo."

Así pasamos lo que quedaba de la hora en la carretera, haciéndonos de las preguntas más estúpidas que podían existir y riendo de las respuestas. Damon me sorprendía a cada minuto y amaba que con él se acababa la monotonía.

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"Les diría que se sintiesen cómodos pero algunos de ustedes no los quiero en mi casa," comentó Klaus una vez pasamos por la puerta. El lugar era grande, bueno, a decir verdad era inmenso. Habían muchas M por todas partes que supuse eran por su apellido.

"¿Tenemos invitados nuevamente hermano?" mis ojos buscaron el procedente de aquella voz con un ligero acento británico para encontrarlo al lado de un hermosa castaña, "pero si es Isabella, es un placer querida, tiempo sin vernos, lamento mucho lo de la última vez," sentí las miradas de todos encima de mí inclusive la de Damon.

"Sin memoria Elijah, ¿recuerdas?" le respondió Klaus. El susodicho me dio una sonrisa.

"En todo caso lo siento," dio unos pasos hacia mí.

"¿Dónde está?" inquirió Klaus a la chica que deduje era Hayley.

"Con Marcel y Rebekah, deben estar llegando pronto," le respondió, Klaus bufó.

"¿Enserio? ¿Por qué mi hija debe estar con ellos?" Elijah rodó los ojos.

"Vamos," nos apuró Caroline, "no quieren estar presente en una fastidiosa discusión familiar," una vez llegamos a unas escalera que se dividía en dos habló de nuevo, "Damon sabes dónde quedarte, triple A, síganme," dijo a Alaric, Anabel y Ángela.

"Tengo una casa, ¿recuerdas?" dijo Ángela cruzándose de brazos.

"Las cosas no están bien, ¿recuerdas?" Damon tomó mi mano y me susurró un vamos.

"Wow, bastante tensión por aquí, ¿eh?"

Damon abrió una puerta de madera que nos condujo a una habitación grande. Las cosas se veían bastante antiguas, la cama, el guarda ropa, todo. Sin embargo estaban en perfectas condiciones para tener quizá cientos de años.

"Uno no puede cambiar a la familia," comentó tirando nuestra pequeña maleta a una butaca, "no puedes vivir con ella pero tampoco sin ella."

"La sangre es más espesa que el agua," comenté sentándome al borde de la cama.

"Lo que me recuerda," pasó sus manos por su cuello y se quitó la cadena de dije S que siempre estaba encima de él. Se acercó a mí, "esto es tuyo, de tu familia," con lentitud removí mi cabello para abrirle espacio para que me la pusiera.

"¿La S no es por Salvatore?" pregunté una vez aseguró la cadena en mi cuello.

"No, es por Swan," se sentó a mi lado, "tu papá me la dio el día en que moriste, me explicó que cuando una Swan se casaba se le era dado ese dije para que nunca olvidaran que era una Swan," explicó. Jugué con el dije. Levanté la mirada.

"Pero yo no me casé, ¿o sí?" mis ojos volaron al anillo en mi mano izquierda, "¿cómo fue que esto terminó aquí?" pregunté.

"No, no te casaste pero dado que estabas viviendo conmigo…" dejó la oración en el aire, "te lo di una noche," tomó mi mano y la acarició, "es una promesa," metió el recuerdo de aquella noche en mi cabeza y sonreí. Estaba segura que había hecho algo muy bueno en mi vida pasada para hoy merecerme un hombre como él.

"Te amo," le di un corto beso en los labios.

"También yo…"

"Lamento romper el pequeño gran momento," la puerta se abrió de golpe revelando a Klaus, "pero tenemos cosas que hacer y prefiero hacer toda esta locura sin mi hija cerca, gracias," incluso para mí, que no recordaba a Klaus la simple idea de él siendo un padre responsable y amoroso, o padre en el simple sentido de la palabra era extraña.

"¿Debería escribirte una carta el día del padre con un anexo de certificación al mejor papá del mundo?" inquirió Damon enarcando una ceja. Klaus rodó los ojos.

"Ángela irá a hacer preguntas al barrio de las brujas, y dado que Blade caza vampiros y Swan mayor estarán con Caroline haciendo preguntas por otro lado…"

"Bien, iré," aceptó Damon.

"Excelente," Klaus sonrió. Damon me miró y sonrió antes de desaparecer, "siéntete como en casa Bella," el original caminó nuevamente fuera.

"Espera," lo llamé, se detuvo a medio camino y giró, "Damon me dijo que tú conoces una posibilidad de que recupere mi memoria," su sonrisa se tornó casi que incrédula y en sus ojos había cierto brillo de curiosidad.

"¿Ah sí?" preguntó, "¿y te dijo que podías morir?" asentí, "¿y no te dijo que era?"

"Le prometí que ni si quiera consideraría esa posibilidad," Klaus rio.

"Valla, valla, esto sí que es interesante," caminé hacia él para poder vislumbrar su rostro mejor.

"Necesito saber," pedí, "tú estás enamorado, cuando te acuestas por las noches o a veces de manera inesperada cuando cierras los ojos, ¿no recuerdas momentos que has pasado con Caroline?" pregunté, su rostro cambió drásticamente, "¿no recuerdas acariciar su cabello, besarla, tenerla en tus brazos? ¿No llegan esos recuerdos preciados a tu cabeza y te hacen sonreír y desearla aún más?" sentí mis ojos picar, "yo también quiero poder hacer eso," confesé, "no quiero vivir tras los recuerdos de Damon, quiero poder cerrar mis ojos y verlo a él y todos los momentos que hemos pasado por mí misma," forcé a mis ojos a retener las lágrimas, "quiero recordar cómo nos enamoramos y qué pensaba yo, quiero recordar mi vida, mi familia, mis amigos," tomé una bocanada de aire, "por favor, ayúdame."

Su rostro estaba inexpresivo para mí. Era como si mantuviese todas sus emociones en pausa y no me dejase ver más allá.

"Hay dos formas," comenzó haciendo que se deslizara en mí esperanza, "hay un hechizo que se puede hacer pero requiere tanto poder y tanta fuerza de ambas partes que una de las dos puede morir, solo existía una bruja capaz de hacer eso sin morir en el intento," me miró, "su nombre es Davina, pero las brujas de aquí perdieron su poder, si quieres hacer eso debes buscar otra bruja no solo poderosa sino que considere la posibilidad de morir, que si me preguntas hay varias por ahí."

"¿Y la otra opción?" pregunté.

"La otra…" vaciló antes de seguir, "en esa sí debes morir," fruncí el ceño.

"¿A qué te refieres?"

"En el grimorio de mi madre hay una pócima si quieres llamarla así, mezclar tu sangre con la de un original donante, agregarle unas especias y listo," sonrió torcidamente, "debes beberla y hacer que un ser sobrenatural te mate," explicó, "cuando vuelvas a la vida volverán tus recuerdos."

"Eso suena mejor, digo, volvería a vivir, ¿no?"

"Aparentemente," dijo, "la cosa es… eso no siempre funciona, el balance natural pedirá algo a cambio, si tu mueres y vuelves a la vida, alguien debe morir para que tu regreses."

"Oh."

"Ahora, te preguntarás, ¿por qué no matar a alguien cualquiera?" cambió el peso de su cuerpo a su pie izquierdo y cruzó sus brazos sobre su pecho, "se necesita a una virgen, lo cual es ridículo, ¿en qué tiempos estamos, el oscurantismo?" solté un suspiro, "lo cual nos lleva a la conclusión de que ambas opciones son bastante complicadas pero no imposibles, por lo que estoy obligado a preguntar," hizo una pausa, "tienes dos opciones, ¿por cuál te vas?"

Lo pensé por un momento. Cuadré mis hombros y enderecé mi postura. Miré a Klaus a los ojos y finalmente escogí una opción.

"Damon no puede saber sobre esto," comencé, "ni él, ni nadie."


Σοφία.