¡Feliz año a todas ustedes cositas adorables! Espero que este nuevo año esté cargado de bendiciones y éxitos para ustedes y sus familias. Mis más sinceros deseos. Ustedes hicieron que mi 2013 fuese un buen año para mí como escritora. Exploté mucho esta faceta y les agradezco su apoyo.
Sé que no soy la mejor, y que aquí en fanfiction hay muchísimas escritoras mucho mejores que yo y con bastante experiencia, pero el simple hecho de que ustedes confíen en mí y en mis historias es suficiente. Gracias, de corazón muchas gracias.
Oh, me han preguntado muchas veces que cuán larga es esta historia, aquí la respuesta: esta es una secuela CORTA, aspiro a que tendrá como mucho dieciséis capítulos.
Ah, otras cosa, he publicado una nueva historia Della, yay. Pueden ir a mi perfil, se títula Two Pieces. Ahora, Sharing your lips la voy a eliminar, lo siento muchísimo. Espero de pronto publicarla en otro momento cuando tenga claro qué hacer.
Trust in me.
"Trust in me in all you do, have the faith I have in you. Love will see us through if only you trust in me."
Tick tock tick tock.
Tamborileé la gran mesa de comedor acompasando los sonidos con el repiqueteo del reloj. Damon tenía tres horas desde que se había ido. Todos en la gran casa Mikaelson habían salido a hacer Dios sabe qué cosa y yo había quedado sola frente a una mujer lobo novia de un vampiro original y madre de una hibrido.
"Detente," pidió jugando con la manzana que tenía en la mano. Me detuve. Llevaba un tiempo analizándome y realmente no me importaba, al fin y al cabo yo era la intrusa en su casa. Sus ojos caramelos eran inquisitivos y podía ver en ellos que me calculaba. Me medía a ver si representaba algún peligro.
"Lo siento," mascullé tratando de mantenerme serena, cuando la realidad era que me moría de los nervios y de la ansiedad.
"Llevas una hora sentada tamborileando la mesa y sin hacer nada más, ¿no te cansas?" preguntó. Detuve mi mirada en ella. Era bastante hermosa.
"Llevas una hora sentada jugando con una manzana que no piensas comerte, ¿no te aburres?" contra pregunté. Me regaló una media sonrisa que parecía arrancada de una modelo de portada. Ella no se esforzaba en sobre manera en lucir sensual, simplemente lo era. Mordió la manzana.
"¿Tú y Elijah tuvieron algo?" inquirió sin vacilar.
"No lo sé, no tengo memoria, ¿por qué no le preguntas a él? Así de paso me entero yo también y resuelvo este asunto de por qué me ha pedido perdón," respondí apoyando mi barbilla en mi mano. Se encogió de hombros.
"Me pareció bien preguntarte a ti primero."
"Bueno, mi mente está tan blanca como la leche así que de mí no obtendrás nada."
"Tengo otra pregunta."
"Y yo no tengo nada más que hacer," sonreí torcido, "adelante."
"¿Tú y Damon están juntos como en plan de matrimonio?" fruncí el ceño.
"¿A qué viene eso?"
"Simple curiosidad."
"Podrías decirse."
Pisadas provenientes de la entrada y alguna parte del segundo piso irrumpieron nuestra corta conversación. Me puse en pie como acto reflejo y mis sentidos se afinaron. Me relajé al segundo que vi a Damon acercarse. Con él venían casi todos, a excepción de Klaus y Elijah. Sin embargo su rostro sin expresión me dejó alerta.
"Dime que las noticias que tienes son mejores que las que traemos," Caroline le dio una mirada a Hayley que claramente indicaba que las dos a penas y se soportaban.
"No lo creo," respondió Damon mirándome de soslayo, "pero comienza hablando así quizá podemos decidir que noticias es la peor."
"Encontramos a un frío," habló Alaric, su mirada se cernió en preocupación y vi sus ojos moverse por un segundo a Anabel, "bueno, más bien él nos encontró a nosotros."
"O más bien él nos siguió todo el camino," Anabel caminó hasta donde Damon, "no se pudo usar la compulsión en él y estaba caminando libremente bajo el sol, tampoco tenía olor," tomó una bocanada de aire, "estuvo a punto de arrancarme la cabeza, no sé a qué nos estamos enfrentando pero esto no es nada bueno."
"Así que no brillaba como una bola de disco en una soleada tarde de Nueva Orleans," Damon le dio una mirada a Ángela.
"¿Usaba un anillo de sol?" preguntó la única bruja entre vampiros. Caroline negó, "entonces lo más probable es que sea un hechizo viejo, lo he leído en alguna parte, permite que los vampiros salgan por un día a la luz del sol," comencé a inquietarme a medida que hablaban.
"Lo más escalofriante antes de que Alaric destrozara su cuerpo fue que usó su voz más ultratumba para decir, mi señora Victoria la está esperando," Caroline me dio una mirada comprensiva. Sentí un escalofrío recorrer mi columna.
"¿Qué dijeron las brujas?" pregunté rogando que Damon y Ángela tuviesen noticias un poco menos peores que ellos.
"Bueno," vaciló Ángela, "sobre eso, la mitad de las brujas te quieren muerta Bella."
"Valla Bella, eres un pequeño rayito de sol para medio mundo sobre natural," comentó Hayley desde su asiento.
Me había olvidado de ella por un momento. Su comentario no había sonado mal intencionado, al menos no para mí pero no podía hablar por Caroline.
"¿Por qué no buscas una madriguera donde dormir?" comenzó Caroline caminando hacia ella. Damon la tomó de la muñeca y la detuvo.
"No hay tiempo barbie," siseó, "quieres una pelea con la chica lobo, ve y pídele permiso a Elijah y luego si haz lo que quieras," Caroline se sacudió la mano de Damon de encima y planchó su corta falda de pliegues con las manos.
"Realmente no lo sabía Bella," continuó Ángela, "ellas me hacían preguntas sobre ti pero pensé que era curiosidad," suspiré.
"No hay nada por lo que disculparse," me apresuré a responder.
"La cosa es que con esto de que las brujas no tiene poderes aquí, ellas quieren retomar eso de nuevo, al menos la mitad de ellas."
"¿Y por qué la otra mitad no?" pregunté curiosa. Damon dio unos pasos hacía mí. El roce de su brazo contra el mío me reconfortaba. Eran pequeñas y minúsculas cosas como esas las que me hacían sentir segura.
"Porque para retomar los poderes se necesita hacer un hechizo muy, muy poderoso, además de peligroso."
"Déjame adivinar," interrumpió Alaric, "muy, muy peligroso," Ángela asintió.
"¿En qué consiste?"
"Bueno se necesitan dos cosas bastante importantes…"
"Y todas resultan ser Isabella," completó Damon con una sonrisa sardónica. Y de nuevo, no me gustaba por dónde iba todo esto. Levanté mi cabeza y lo miré.
"¿A qué te refieres?"
"Bueno, necesitan una persona que murió y regresó a la vida," comenzó, hizo un sonido de campana de concurso de feria, "tenemos una ganadora por este lado," me miró con sus penetrantes ojos azules, "necesitan a la persona o la sangre de ella que les quitó su magia definitivamente, y, ¿adivina qué?"
"¿Tenemos una ganadora?" pregunté frunciendo el ceño.
"Algo así," dijo Ángela, "tú no acabaste en definitiva con su magia, Klaus lo hizo, pero dado que en tus venas corre sangre de él…"
"¿Espera, qué?" preguntó Caroline. La expresión de ella era quizá igual o peor que la mía. El cosquilleo en mis piernas se incrementó.
"Tú eres vampira porque activaste la maldición que Esther puso en tu familia," comenzó a explicar, no le entendía muy bien pero trataba de seguirle el ritmo, "maldición que se originó de un hechizo, hechizo que necesitaba de la sangre de un original para poder ligar a toda la descendencia Swan con ellos…"
"Oh," dije, "entiendo, creo."
"Valla cosa," masculló Anabel, "sangre original corre por mi sistema."
"Entonces, ¿qué quieren hacer conmigo?"
"Sacrificarte," la voz de Klaus retumbó por el salón. No sé en qué momento Elijah había llegado al lado de Hayley y tenía una mano sobre su hombro. Por otra parte su hermano estaba sentado en las escaleras mirándonos a través de los barrotes.
Las miradas de todos estaban sobre mí y sentí que el aire se me escapaba de los pulmones. Necesitaba un vaso de sangre, y aire puro para respirar. Y quizá una nueva identidad y huir a China. Sentí los dedos de Damon entrelazarse con los míos. Su suave toque mandó una fuerza diferente por mi cuerpo. Lo miré y supe cuando su mirada azul se trabó con la mía que él estaba ahí apoyándome y que pasara lo que pasase él me amaba.
"Entonces las brujas están con Victoria," dije tratando de evadir la parte en la que me iba a convertir en un sacrificio humano, "¿a cambio de qué? O más bien," dije retomando mi pregunta, "¿qué les puede ofrecer Victoria?"
"Torturarte y traerte hasta Nueva Orleans," sugirió Alaric, "Ángela a penas les habló de ti hace poco y les tomó un tiempo encontrarte pero para entonces ya Victoria habría tenido su ejército de neófitos, ellas se enteraron y sumemos dos más dos…"
"Pero, ¿no se supone que ellas ya no tienen poderes?" preguntó Hayley, "¿cómo es que consiguieron que un frío no tuviese olor y caminase bajo el sol?" puntos para la chica lobo por la pregunta.
"Ellas pueden usar la magia de la tierra pero no de los espíritus, el punto aquí es," dijo Ángela llamando la atención de todos, "son más de treinta neófitos si mi información es correcta y un alrededor de veinte brujas."
"Somos muy pocos para tantos," concluyó Anabel, "a menos que…" le dio una mirada a Damon quien suspiró.
"Si no hay otra opción," murmuró dándome una mirada, "Anabel sugiere que llamemos a los Cullen."
Klaus se levantó del escalón y caminó hasta el centro del lugar. Su mirada se tornó oscura e iba dirigida a todos nosotros. No tenía ni idea de cómo hacía para lucir tan intimidante en un cuerpo delgado de metro setenta y cinco.
"No sé qué planearan hacer, pero quiero decirles algo, están en mi ciudad así que más les vale hacer lo que tengan que hacer rápido y con las mismas irse de aquí porque no pienso soportar tener tantas brujas rebeldes y una muchedumbre de vampiros fríos por aquí," sus ojos verdes brillaban amenazante, me dio una mirada larga y llena de un significado oculto para el resto pero no para mí. Temblé ligeramente.
"Hemos captado el mensaje," respondió Damon, "llama a los Cullen y diles que no se demoren, para el final de esta semana quiero estar rumbo a alguna pequeña isla europea perdida en el mapa," tomó mi mano con más fuerza y camino rumbo a la habitación sin una sola palabra más.
.
.
.
"Damon."
"No."
"Por favor Damon."
"No, no, no, ¿ya he mencionado que no?" me enderecé en la cama y lo miré.
"¿Por qué no?"
"¿Estás loca? Espera, sí, sí lo estás porque si estuvieses en tus cinco sentidos ni siquiera sugerirías eso."
"¡Todo sería más sencillo!"
"¡Dios, Isabella, no lo sería! ¿Has estado leyendo mucho Shakespeare?" rodé los ojos.
Después de un pequeño, podría llamarse descanso, mientras esperábamos que los Cullen llegaran, una idea cruzó por mi cabeza. ¿Y si me tomase alguna poción para lucir muerta durante el sacrificio? Así sumaría tiempo para que ellos maten a todos os neófitos y brujas. Le dije a Damon pensando que aprobaría mi idea pero claramente no parecía apreciarla.
"¿No lo considerarás siquiera?" me apoyé en su pecho y batí las pestañas al más estilo superficial que pude encontrar, "¿por favor?" me dio su sonrisa ladina.
"Ni si quiera tú haciendo pucheros y viéndote totalmente adorables me convencerán de lo contrario," rodó haciendo que mi cabeza cayera contra el colchón.
"Bien, me rindo," dije finalmente. Me senté en la cama mientras él se arregostaba a la puerta del baño. Ahí estábamos como dos idiotas, mirándonos sin decirnos una sola palabra. Me bebí de la imagen de él. De su cuerpo atlético y sus fuertes brazos con los músculos que resaltaban cuando estaba con los brazos cruzados sobre su pecho. Su postura relajada pero a la vez alerta. Su rostro impasible pero suave cuando me miraba. Su cabello oscuro y hoy alborotado. Sus bellos ojos azules que me miraban con adoración. Y sus exquisitos labios curvados en una sonrisa floja. ¿Cómo era siquiera posible que este hombre se fijara en mí y se enamorara de mí? Me moría por saber cómo había sido mi vida antes de conocer a Damon Salvatore.
Ante aquel pensamiento un cosquilleo de nerviosismo y anticipación comenzó a recorrer mi pecho. A penas había caído en cuenta de algo recientemente. Los Cullen venían y no sabía cómo sentirme al respecto. No los recordaba pero por la forma como Damon había hablado de ellos conmigo cuando le pregunté por mi pasado estaba claro que aquel clan de vampiros habían significado algo muy grande en mi vida. Aun así, nuevamente no los recuerdo así que eso hacía más sencillo verlos.
"¿Qué pasa por tu cabeza?" preguntó rompiendo el silencio.
"Primero, pensaba en ti, ahora en los Cullen," frunció el ceño.
"Valla cambio de tema," se acercó a mí, "¿hay algo que quieras saber a parte de lo que ya te he dicho?" preguntó suavizando su mirada.
"Lo cual no ha sido mucho," apunté, me regaló una de sus tantas sonrisas, "quiero saber quién es quién, ya sabes, tener un poco de introducción antes de verlos," asintió.
"Bien, probablemente Anabel sea mejor en esto pero intentaré," comenzó a hablar de ellos y a describirlos físicamente. Traté de grabarlos en mi cabeza lo más que pude, "con Rose comenzaste a llevarte bien recientemente, son amigas, supongo," apuntó, "te has llevado muy bien con Emmett siempre…"
"¿La rubia súper modelo y el tipo tamaño oso?" pregunté, asintió. Bien, eso era a tener en cuenta.
"Luego están sus padres," dijo la palabra en tono de burla.
"¿Ellos me agradan?" asintió.
"Tenemos a Jasper," una sonrisa genuina brotó de sus labios, y supe a quién me refería.
"¿El tipo con el que luchaste en la guerra, muy amigo tuyo e intentó comerme?" rodó los ojos, "¿él ahora me agrada?" volvió a asentir.
"Y después tenemos a Alice y Edward," me tomé un tiempo aquí. Damon ya me había explicado mi historia con estos dos mejor que la de los otros.
"¿Estoy en buenos términos con ellos?" se encogió de hombros.
"Puede decirse," y esa fue la última palabra que escuché de sus labios antes de que varios autos hicieran un suave ruido de ronroneo al parquear, "a lo que hemos llegado," masculló. Tomó mi mano y me arrastró fuera de la cama. Bajamos las escaleras mientras las puertas se abrían y varios cuerpos brillantes la atravesaban. Tuve que parpadear para centrar mi visión. La puerta y cualquier otra cosa que emitiese luz solar se cerró con fuerza dejando el lugar oscuro pero iluminado por las velas. Obra que solo podía ser producto de Ángela.
"Sean todos no bienvenidos a la posada Mikaelson, por favor no se sientan como si fuese su casa," saludó Nicklaus mirándolos con sorna.
"Hermano," la voz de Elijah lo interrumpió. Anabel rodó los ojos pero tenía una sonrisa amable en su rostro y la mano de Rick sobre la suya. Me fije en ese detalle y tuve que sonreír.
"Cientos de años construyéndome una reputación y mira en lo que he caído, patético," rodé los ojos. Podía no recordarlo pero algo en mí supuso que Klaus amaba el drama. Los Cullen estaban estáticos en su lugar sin saber muy bien cómo proceder pero todas sus miradas se habían desviado de Klaus a mí. Paseé mis ojos por ellos. Eran hermosos, de una forma totalmente anti natural y atraían a que fuese con ellos. Sin embargo también te mantenían a raya con su esencia. Solo un poco molesta. Me fije que Hayley y Caroline los miraban quizá como yo lo estaba haciendo. Duda y sorpresa. Los reconocí a cada uno por la descripción de Damon. Mantuve una expresión neutral.
"Sabes," dije rompiendo la tensión en el lugar, "si acabamos esto pronto, más pronto ellos se irán, entonces tú serás feliz de nuevo, yo seré feliz y todos estaremos felices," Klaus me sonrió.
"Es por eso que siempre me has agradado cariño," se movió con lentitud por la gigantesca sala. Damon se movió con naturalidad, como si el lugar le perteneciese a él, y llegó al lado de Jasper. Ladeó la cabeza con una sonrisa.
"Haremos tu cosa favorita en el mundo," dijo. Los ojos dorados de Jasper lo observaron con diversión mientras se cruzaba de brazos y fruncía los labios para evitar una sonrisa que no pudo ocultar, y por alguna extraña razón aquel gesto relajado se me hizo extraño en él. Como si mis ojos nunca lo hubiesen visto en esa postura. Lo detallé bien. Todo su cuerpo estaba lleno de cicatrices en forma de media luna. Cicatrices que parecía como si quisiesen desvanecerse pero a la vez no. Justo como la de mi muñeca.
"¿Dispararte a través de campo traviesa mientras estás en movimiento?" preguntó. Sus ojos por un segundo se encontraron con los míos y sentí como si hubiese algo que quería decirme.
"No, pero cerca," los ojos de Damon se fijaron en Edward, al igual que los míos, y pude darme cuenta por qué me había deslumbrado por él, "y puedo asegurarte que igual de divertido."
"¿Qué es?"
"Planearemos una pequeña guerra."
Y fue así como de repente el lugar se convirtió en un puesto de control. Ideas por aquí y por allá. Rostros serios y sonrisas apretadas. Unas bromas por un lado y por el otro. Damon siendo un idiota con el resto y haciéndome sonreír en el camino.
A medida que se fijaban los últimos detalles, los nervios volvieron a apoderarse de mí como la primera ráfaga de viento de otoño. Sin aviso y con fuerza. Tuve que mantener mi expresión lo más calmada posible pero no ayudaba que de vez en cuando recibía una mirada de Klaus. Tampoco que las cosas parecían complicarse a medida que se hallaba un defecto en el plan.
Traté de prestar atención a las palabras que salían mayormente de la boca de Jasper. Pero no podía concentrarme. Toda esa gente estaba ahí por mí. Podían morir, por mí. Y lo peor de todo, es que realmente estaban dispuestos a hacerlo y eso me hacía sentir enferma. Si había algo que odiaba era que la gente se sacrificase por mí de manera innecesaria. Esta batalla era mía, no de nadie más. Quien se supone que debía morir tenía que ser yo, nadie más. Y aun así ellos estaban ahí. La sensación de enfermedad siguió haciéndose más fuerte y la picazón en mi garganta comenzó.
"Isabella quiere matar a Victoria," sentención Damon, "si ella quiere hacerlo, lo hará."
"Es peligroso," masculló Carlisle. Se formó un pequeño debate donde todos discutían por mí, y yo no decía absolutamente nada a pesar de que la principal implicada ahí era yo.
Miraba sus rostros sin saber qué decir o qué hacer, porque la hora se acercaba y sabía que de una forma u otra iba a terminar herida durante mi enfrentamiento con Victoria. Tenía altas posibilidades de morir. La cosa era, yo no quería morir. Aún no. Por lo que el miedo, la incertidumbre y la ansiedad se apoderaron de mí.
Jasper se mantuvo callado analizándolo todo, y nuevamente sus ojos se encontraron con los míos. Su mirada era intensa y no podía descifrarla.
De repente me entro la desesperada necesidad de salir de allí. El aire no pasaba a mis pulmones y mis manos estaban bajando su temperatura.
"Tengo que respirar," murmuré y el rostro de Damon se giró de inmediato con el ceño fruncido. Los demás seguían hablando sin haberse dado cuenta en todo este tiempo de que no me estaba sintiendo bien. Damon se encontró con la mirada de Jasper y la mía al tiempo. Asintió y creo que eso fue suficiente para mí porque me puse en pie y salí. Él entendía que necesitaba un momento a solas para tomar un respiro.
"No," escuché la voz firme del hombre que amaba, "necesita un minuto, déjala."
Me perdí en un pasillo largo que dio a algo parecido como un jardín interno. A pesar de que estaba marcado por la humedad y el tiempo, aún conservaba un aire victoriano. Unos suaves hilos de sol se filtraban por el lugar haciéndolo lucir de otra época. Me senté en una banca y tomé una respiración profunda. Pasé mis manos por mi rostro y las dejé ahí mientras bajaba mi cabeza hasta mis rodillas. Tuve que contar hasta cincuenta antes de que el ritmo inconstante de mi corazón se volviese nuevamente como un repiqueteo suave.
"Mucha gente en un solo lugar abruma un poco, ¿no es cierto?" la voz serena de Jasper llenó el lugar. Levanté la cabeza y lo miré. Honestamente él era la última persona que esperaba ver ahí. Tampoco me molestaba su presencia, todo lo contrario, era como si fuese una dosis de tranquilidad tenerlo ahí.
"Mucha gente decidiendo qué debes hacer, diría yo," asintió en comprensión.
"Bueno, tus emociones siempre han dicho mucho de ti," comenzó. Estaba a una distancia prudente. Arregostado a una columna de mármol y con los brazos cruzados sobre su pecho. Lucía como un modelo griego, especialmente porque el sol hacía brillar su piel haciéndolo lucir casi irreal. Ni siquiera las numerosas cicatrices podían borrar su belleza, "nunca he podido apartarlas, sientes tantas cosas al tiempo que siempre he creído que algún día colapsarás," reí con suavidad.
"Bueno, casi ibas a ser testigo de ello si no hubiese salido de ahí."
"Sí, lo sé."
El silencio reinó por un rato.
"¿No deberías estar allá fuera usando tu cerebro estratega?" se encogió de hombros.
"Ya han terminado," respondió, "Damon quería venir a verte pero le pedí que me dejara un minuto a solas contigo," reconoció. Ahora sí estaba bastante interesada.
"¿Sucede algo?" sus ojos se oscurecieron por un par de segundos y tuvo que tomar una respiración muy, muy profunda.
"Lo siento," dijo sorprendiéndome, "sé que no lo recuerdas pero supongo que ya has sido informada que intenté bueno…"
"¿Comerme?" inquirí casi con burla. Entre cerró los ojos.
"Podría decirse," reí, "realmente no quería convertirte en mi comida Bella," su voz sonaba natural y casi con diversión, "espero que sepas que aunque nunca hablamos siempre me has agradado, eres una buena persona."
"¿La dieta animal no es fácil, eh?" negó con sinceridad.
"Estar siempre rodeado de humanos mucho menos," admitió, "honestamente casi deseo ser de tú clase de vampiros pero no puedes cambiar el pasado."
"Pero puedes mejorar tu futuro," respondí, me puse en pie y caminé hacia él, "deberías dejar de asistir a un instituto, si no te sientes cómodo definitivamente deberías dejarlo," sugerí. Había cierta confusión en sus ojos. Sentimientos encontrados y un debate interno. Podía reconocerlo porque veía esa misma mirada en el espejo en muchas ocasiones.
"Es difícil, realmente quiero demostrar que puedo hacerlo."
"¿A quién? ¿A ti o al resto?" pregunté, solté un suspiro, "Jasper, si algo he aprendido es que debemos hacer lo que nos haga feliz, somos inmortales pero a pesar de la popular creencia no somos indestructibles, nuestras vidas siguen siendo finitas, he muerto una vez, ¿recuerdas? Un segundo estás aquí y al otro tienes una estaca en tu corazón, por lo que si no haces lo que te gusta ahora y no cambias las cosas un poco, no lo harás nunca, piensa en ello," me miró y una sonrisa suave cruzó por sus labios haciendo que la cicatriz que tenía en la comisura de su labio inferior se frunciera.
"Y yo que venía a decirte que no debías preocuparte, y a ofrecerte mis servicios como relajante muscular," bromeó. La empatía realmente podía hacerme sentir mejor, y sabía que Jasper había estado enviándome olas de tranquilidad mientras estábamos hablando.
"Todavía puedo usarte, no me tientes," le sonreí, "no tienes por qué disculparte Jasper, no recuerdo el momento pero estoy segura de que no era tu intención," vi el alivio correr por sus ojos y supe que eso era lo que había intentado decirme con su mirada desde que llegó.
"Gracias," me encogí de hombros restándole importancia a todo este asunto. No sabía qué hacer. Podía abrazarlo pero honestamente sería incómodo para ambos. Quizá darle un beso en la mejilla pero eso sería igual de incómodo. Por lo que opté por deslizar mi mano por su brazo y apretarlo ligeramente.
"Gracias a ti," miró mi mano por una décima de segundo y después regresó su mirada a mis ojos. Asintió. Lo solté y lo vi alejándose. Di media vuelta para regresar a mi banca, pero la voz de Jasper nuevamente me detuvo. Se había quedado de pie en el pasillo.
"Esta Bella, confiada, decidida y diferente me agrada mucho más," susurró con firmeza, no era necesario que hablase muy alto, ambos sabíamos que podía escucharlo sin problema, "amar a Damon te cambió, y fue un cambio bueno, espero que sepas eso."
"Lo sé," respondí con un poco de cautela. Si él decía eso era porque la Bella que yo no podía recordar no se comportaba así como lo hacía yo.
"Una última cosa Isabella," a pesar de que el pasillo estaba oscuro podía ver con claridad sus ojos dorados, había un conocimiento detrás de ellos y era como si pudiese revelar todos mis secretos en ese momento, "no hagas nada estúpido."
No dijimos más nada y cada quién se fue a dónde estaba. Me puse a pensar por un momento sobre las palabras de Jasper, pero después de un rato de matar mis neuronas decidí clausurar el tema en mi cabeza si no quería volverme loca.
Damon llegó en silencio y se sentó a mi lado.
"¿Está todo bien?" preguntó. Mi mirada estaba fija en algún punto en la pared, al igual que la de él.
"Tan bien como podría estarlo," asintió.
"Hemos finalizado un pequeño plan," me informó, "para mañana a esta hora deberíamos estar brindando con un buen whisky de que todo salió bien."
Para mañana a esta hora esperaba recordarlo, claro, eso no se lo iba a decir.
"Eso suena agradable," mi sonrisa se sentía ajena, "al igual que la idea de estar rumbo a alguna pequeña isla europea perdida en el mapa para el final de esta semana," dije citándolo, "¿vas a llevarme?" pregunté. Aun nuestras miradas no se encontraban y sabía que si en ese momento me miraba podía decir exactamente cómo me sentía y realmente no quería hacerlo. Y por alguna razón sabía él sabía que yo no quería decirle.
"Cuando me veo exponiendo mi sensual cuerpo en la playa de cualquier lugar del mundo, te veo a mi lado para desinflar mi ego," reí. Sentí su mano sobre la mía y sus dedos deslizarse suavemente entre los míos.
"¿Una playa italiana?" pregunté.
"A donde quieras ir," lo pensé por un momento.
"Quiero ir a donde tú creciste," lo vi de reojo y una sonrisa ladina se formó en sus labios, asintió.
"Está hecho entonces," hubo un silencio cómodo, "todo saldrá bien Isabella, te lo prometo."
"Mientras estés aquí a mi lado sé que todo estará bien."
No sé cuánto tiempo estuvimos con nuestras manos entrelazadas sobre el minúsculo espacio de la banca que separaba nuestros cuerpos de rozarse. Pero ahí nos quedamos. Con nuestras miradas fijas en algún punto del lugar y nuestras mentes en otro lado. Si había algo seguro en ese momento era que me sentí tranquila, y no era una tranquilidad influida por la presencia de Jasper o su suave personalidad. Era una tranquilidad que solo era proporcionada por la presencia de Damon y su certeza de que todo iba a salir bien. Y a pesar de mi miedo, mi angustia y mi ansiedad, le creía.
Al menos quería creer que todo iba a salir bien.
Σοφία.
