Lamento la súper demora, pero lo importante es que aquí está el capítulo. Solo queda uno más y el epílogo. Como ya les había dicho desde el principio esta sería una secuela corta. Un millón de abrazos, oh, y feliz día de la mujer. Espero que su día fuese tan hermoso como lo son ustedes.
Soulmate.
"We've got a feeling between us that's even deeper than love, it's higher than any mountain. Baby, honesty and harmony is what it's made of."
Sabía que Jasper y Alaric estaban jugueteando con los dardos y lanzándolos cuando el reloj marcó la hora prevista. Todos estaban inusualmente relajados porque había una posibilidad altísima de que todo saliese mejor de lo que esperábamos. Al menos yo rogaba que su plan y el mío congeniaran bien.
Traté de que mis hombros se relajasen. Moví en círculos varias veces mi cabeza y tomé varias respiraciones pausadas. Dejé que la suave brisa se colara por la habitación y me refrescara. El día había amanecido nublado y frío, y por lo que se veía no iba a cambiar.
"¿Hay algo que te preocupe?" preguntó Damon caminando a mi lado. Negué y forcé una sonrisa.
"Todo está bien, simplemente estaba pensando en lo mucho que muero por dormir tranquila," recorrió mi rostro con sus manos y lo acunó. Sus brillantes ojos zafiro relucían, y las vetas grises que lo coloreaban hacían un contraste acogedor. Podía quedarme todo el día viendo sus ojos y no cansarme nunca. Deberían ser considerados como una octava maravilla.
"Dormir tranquila…" dijo con una pícara sonrisa. Deslizó lentamente sus manos por mi cuello, mis hombros, mis brazos, hasta enroscarlas en mi espalda baja y atraerme con fuerza hacia él. Me regaló una sonrisa peligrosa antes de acercar sus labios a mi mandíbula y bajarlos por mi cuello depositando besos y pequeños mordiscos. Se sentía tan bien. Su boca estaba haciendo –como siempre, cosas maravillosas contra mi piel y no quería que se detuviese. Sin embargo…
"Bueno," dije con la respiración entre cortada, "quizás no tan tranquila," detuvo sus besos y volvió a mirarme.
"Eso suena mejor," me dio un inocente beso en la mejilla. No podía ser posible que él me encendiese de aquella manera en solo un minuto y de un momento a otro actuase tan normal. Él realmente no tenía ni idea de lo que su roce y sus besos hacían en mí.
Le sonreí y me le adelante en caminar fuera de la habitación porque si permanecía allí un segundo más era probable que me olvidase de todo plan de venganza. Bajamos las escaleras y nos encontramos con los demás.
"¿Lista?" preguntó Caroline. Asentí. Klaus tenía una sonrisa mística en sus labios. Desvié la mirada solo para encontrarme a Ángela con sus ojos clavados en mí y una expresión indescifrable. Quería enormemente poder recordar la clase de amistad que teníamos y así poder hablar con ella sin sentir que la estaba forzando a involucrarse en esto.
"Mucha charla," la voz de Nick retumbó, volvió a mirarme, "vamos Isabella querida, el tiempo apremia."
Me giré para encarar a Damon que estaba a mi espalda. No había un atisbo de sonrisa en él pero estaba relativamente tranquilo. Di un paso para cerrar la distancia y me empiné. Le di un casto beso en los labios y le sonreí.
"No hagas que te maten," rodó los ojos. Tomó mi barbilla y me devolvió el beso.
"No hagas tú que te maten," le guiñé un ojo y solté un suspiro una vez me volví a ver a todos. Sin decir una sola palabra más me encaminé afuera con Nicklaus Mikaelson escoltándome.
Una parte de mi estaba realmente sorprendida de que se hubiese mantenido callado. Y la otra parte estaba sorprendida de que Damon no hubiese notado que le estaba ocultando algo.
"No," dije una vez lo vi hacer amague para el asiento del conductor, "conduzco yo, ¿recuerdas?" hizo una reverencia tonta y me dejó entrar. Una vez en nos perdimos de vista del resto, habló.
"Me debes un favor muy grande, demasiado," mordió su muñeca y dejó que unas gotas de sangre corrieran dentro de un recipiente pequeño con tapa antes de brindármelo.
"¿Qué es eso?" pregunté despegando por medio segundo los ojos de la carretera.
"Plan b," fruncí el ceño, "si tu plan a no funciona puedes recurrir a este," tomé con una mano el frasco mientras que con la otra sostenía el volante. Era vampiro pero no iba a estrellar mi auto.
"Te olvidas de un pequeño detalle," dije, "no hay nadie virgen dispuesto a sacrificarse," su sonrisa se volvió amplia y conocedora. Habían secretos ocultos tras sus ojos, tantos, que hizo que un leve estremecimiento recorriera mi cuerpo.
"Creo que aquí es donde me toca bajarme," frené sin dejar de mirarle, "abrió la puerta del copiloto y antes de salir me examinó, "tómatelo," hubo una implicación de orden en su tono de voz. Trabé mi mirada con la de él y con lentitud bebí. Casi no pasa por mi garganta y tuve que empujarlo con fuerza y sin pensar en el sabor y la textura asquerosa.
"Espero no tener que recurrir a esto," no dijo nada más. Cerró la puerta dejándome sola y con su voz diciendo que le debía un favor retumbándome en la cabeza.
…
..
.
Tomé una profunda inspiración y me bajé del auto. Curiosamente no me sentía nerviosa por el encuentro con Victoria y más de cincuenta seres sobrenaturales. Más bien sentía mi pulso acelerado por el lugar. Un cementerio. De todos los posibles lugares que escogieron para esconderse debía de ser un cementerio. No era supersticiosa pero odiaba estos lugares, me producían escalofríos.
Caminé por entre las lápidas. La humedad se estaba filtrando por mis zapatos y los escasos rayos de sol se filtraban por entre la espesa neblina de la media mañana. Los vampiros con los que me juntaba siempre tenían un gusto por los escenarios escamosos y dramáticos.
A medida que me iba acercando, divisé la olvidada capilla y me sorprendió lo grande que era. Sus paredes exteriores estaban agrietadas, al igual que las columnas que erguían el porche. Había rezagos del color marfil que había tenido en su tiempo, pero la mayoría de la pintura estaba mohosa y carcomida. A pesar de todo esto se notaba claramente que el lugar había sido muy importante en alguna época perdida en el tiempo.
Dos vampiros estaban apostillados en la puerta frontal con sus ojos fijos en mí y en cada uno de mis movimientos.
Mi garganta escocía y no precisamente por hambre o ansiedad. Tenía un sabor ferroso en la boca y sentía como si mil clavos estuviesen bajando por mi organismo. Realmente no quería llegar a utilizar el plan b, del cual no estaba segura que pudiese funcionar. ¿Quién se supone que moriría por mí? Jamás podía poner a alguien en esa situación.
"Heme aquí," dije al llegar. Las facciones bellas y duras de los vampiros no se alteraron, parecían estar clavados como estatuas en el lugar. Escanearon a mi alrededor. Podía sentir el revuelo en el interior del lugar.
Y también a mí alrededor.
Me tensé al sentirlos. Eran quizás unos diez o doce quienes se estaban acercando desde atrás y de mis lados. Di una mirada rápida y los conté con velocidad. Eran quince, más los dos "guardias".
"No está sola," dijo uno. Un escalofrío recorrió mi columna. Por supuesto que no estaba sola. Y todo esto era parte del supuesto plan, "hay cuatro rodeando el cementerio, y dos más escondidos entre los mausoleos del norte," uno de los vampiros matones de las columnas asintió y entró.
Di un paso hacia adelante pero inmediatamente sentí una mano fría en mi brazo clavarme en mi lugar. Observé la mano y luego el rostro de la vampiro. Enarqué una ceja.
"Tienes exactamente cinco segundos para quitar tu mano de mi ahí si no quieres que corte tu brazo y te lo haga tragar," traté de sonar lo más intimidante posible. Era absolutamente pésima escupiendo amenazas pero esa había sonado bastante bien.
Con lentitud dejó ir mi brazo. La sensación del frío de su cuerpo se quedó conmigo por un par de segundos más.
"Nadie te ha dado la orden de entrar," solté un suspiro. Genial, esto parecía parte de una película de mafiosos. La réplica iba saliendo con velocidad de mi garganta cuando el vampiro que había entrado, asomó su cabeza por las puertas dobles y asintió.
"¿Qué tal ahora?" esta vez me abrí paso por las escaleras siendo seguida muy cerca por los otros quince vampiros.
No sabía que iba a esperar al entrar. Mi cabeza aún no se había hecho una imagen sobre qué vería. Sin embargo después de que mis ojos apreciaron cada detalle, supe que si me hubiese hecho una imagen mental, no sería esa.
El lugar se veía adorable y acogedor. No contrastaba con el desgastado exterior. Estaba totalmente limpio. Pisos relucientes de porcelana, las paredes perfectamente pintadas de color hueso. Enredaderas se cernían a algunos tablones artísticamente acomodados y un traga luz inmenso en todo el centro hacía que la claridad entrara. Había dos pisos construidos de forma abierta, como la casa de Klaus. De igual forma podía apostar que había un ático por la forma como se perdía parte de un pasillo al fondo del segundo piso. El lugar estaba más frío que el exterior, pero aun así el clima era fresco.
Quitando los más de treinta neófitos que me miraban expectantes y alertas, todo estaba muy bonito.
El lugar calló abruptamente cuando me hube ubicado en el centro y un taconeo resonaba contra el piso. Giré a mi izquierda. La frondosa y rizada cabellera roja fue lo que más llamó mi atención. El color era tan intenso como una llamarada y contrastaba con los ojos carmesí y la pálida piel. Victoria era una belleza exótica, inclusiva podría ponerme a apostar que de humana había sido igualmente hermosa. Había curvas por todas partes, y una sonrisa maquiavélica rondaba por sus labios.
"Bueno, bueno, bueno, si es Bella Swan," su voz sonaba como campanas, o como un ronroneo, era atrayente que no me sorprendía tampoco de que esto la hiciese una cazadora letal, "ya estaba comenzando a pensar que tenía que ir a hacer el trabajo yo misma," recorrió con la mirada las filas de su pequeño ejército. Todos se encogieron ante la fiera mirada de la vampira. Le servían porque realmente le temían. Estúpidos.
"Patéticos mensajeros los que has enviado," respondí. Sentí mi cuerpo llenarse de adrenalina y mi visión nublarse por la ira. Mi cabeza repetía con frecuencia el rostro de Piper, y su voz hacia jugadas en mis pensamientos. Me forcé a relajarme. Se encogió de hombros.
"Lo sé," se limitó a responder, "aunque querida, debo decir que como siempre tus decisiones también son patéticas," se acercó hasta que estuvo a un metro de distancia de mí. El olor del lugar pronto estaba haciéndose molesto, "¿realmente no se te ocurrió que yo sabía que ibas a llamar a los Cullen?" preguntó. Imitó un bostezo, "¿pensabas que no sabía que no ibas a venir sola?" dejó de mi mirarme y caminó a mi alrededor.
"Puntos por la inteligencia," mascullé. Mis ojos viajaban buscando algo en específico. Las brujas. Y ninguna estaba a la vista. Quizás estaban escondidas en algún lado y eso no era bueno.
"También sé qué sabes el propósito que tiene tu vida aquí, ya sabes sacrificio y todo eso," rodé los ojos. Dios, estos vampiros debieron haber estudiado teatro. Hizo un asentimiento a los vampiros que estaban en el segundo piso, quienes al instante se perdieron en el corredor, "les prometí darte a ellas, luego de drenar un poco tú sangre, y torturarte," las brujas hicieron aparición recitando algún canto en latín. En las dos esquinas estaban a las que yo buscaba. Cruzaron su mirada con la mía. El canturreo estaba haciendo estragos en mi cabeza y mi cuerpo. Un estremecimiento me recorrió y algo frío bajo por mi columna.
"Suena encantador pero yo creo que paso," retrocedí un paso solo para sentir su mano alrededor de mi garganta. Victoria era fuerte, inusualmente fuerte para ser un frío. Y ese estúpido retumbe de mi cabeza no me estaba haciendo pensar con claridad.
"¿Por qué?" musitó con los dientes apretados, "la fiesta apenas empieza," me tomó como si fuese una muñeca y me aventó contra una columna. Mi espalda sintió de inmediato el golpe, y mi oído escuchó como un par de vertebras y de costillas se rompían y comenzaban a sanar enseguida.
"Si quieres torturarme tú" dije comprando un poco de tiempo, "¿por qué hacer un ejército?" su mano voló a mi cabeza pero la detuve y con mi pie pateé su estómago haciendo que patinara por el piso. Había un círculo de vampiros a nuestro alrededor. Todos miraban pero no intervenían. Era desconcertante ver sus rostros perdidos y su mirada ajena a lo que sucedía. Las brujas seguían cantando, y mi cabeza podía estar a punto de explotar. El dolor se estaba haciendo más intenso.
"Oh, eso fue antes de conocer a mis nuevas amigas," dijo levantándose con velocidad y usando su codo para golpear mi barbilla, "pero entonces quise conservarlos, son unos sirvientes fieles," intentó golpear mi mejilla pero me agaché a tiempo, "y me gusta ser atendida," halé su cabello hacia abajo pero ella fue demasiado rápida y tomó mis muñecas y me tiró al piso.
"Y tú has sido lo suficientemente tonta para confiar en brujas, no me sorprende," pasé una mano por mi frente pensando en que vería sangre correr, pero ella era muy lista como para saber que si había sangre en ese momento tendría muchos vampiros descontrolados. Aproveché una distracción y volví a golpearla lo más fuerte que pude.
Caí de rodillas y jadeé. El dolor nublaba mi visión. Las brujas debían de dejar de cantar.
"Si estás esperando que vengan tus amigos, debo desilusionarte," caminó hasta las escaleras a su izquierda y arrancó un pedazo. Se movió velozmente y sin darme chance de parpadear enterró la madera en mi pierna. Dolía como el demonio, "esta capilla está con una barrera, nadie que yo no quiera puede entrar… o salir," saqué la estaca improvisada de mi pierna y la aventé a un lado. El dolor de cabeza se hacía más insoportable, pasé mis manos por mi cabello desordenando un poco la trenza y enterrando las uñas en mi cráneo. Levanté mi mirada con dificultad hacia donde el grupo de mujeres seguían recitando su canturreo con la mirada perdida pero a la vez concentradas, luciendo como si estuviesen sumergidas en un trance. Pero aquello no fue lo que estaba buscando, sentí el alivio correr por mi cuerpo cuando entre ellas dos cabezas hicieron un asentimiento.
Deslicé mi mano por el bolsillo trasero de mi pantalón mientras me levantaba y con la mayor velocidad existente envíe el mensaje pre escrito y centré mi atención en Victoria.
"¿Y tú creías que yo no sabía eso?" me moví hasta ella y la golpeé. Hubo un ruido sordo y manchones de velocidad por el lugar. Pronto todo se volvió un caos completo y el rostro de Victoria era un poema total.
Ángela tuvo que recurrir a viejos favores, pero convenció a dos brujas amigas suyas de unirse a las otras que estaban con Victoria. El plan se tuvo que cambiar varias veces en el transcurso de la madrugada, pero finalmente llegamos a un punto en común. Las brujas amigas de Ángela romperían las barreras para dejar pasar a todos. Lamentablemente eso incluía asesinar a todas las brujas que estaban con Victoria. Y yo entonces tendría la oportunidad de matar a la pelirroja. Al menos hasta ahí pensaban ellos. Pero mi plan cambiaba luego de que ellos entrasen, es decir justo ahora. Una de las brujas que estaban con nosotros había sido comprada por Klaus para hacer el hechizo.
"¿Llegó mi consejo muy tarde?" la golpeé con la pierna nuevamente, "las brujas no son de confiar, en especial las infiltradas," su puño voló a mi cara. Mis ojos se cerraron con violencia y de repente sentí que iba a tener un colapso. Grité. El dolor era intenso y desgarrador, ya no solo estaba en mi cabeza, sino que recorría mi cuerpo. Cada músculo comenzaba a tensarse y mis huesos se hacían de vidrio. El aire iba y venía en mis pulmones y la sangre me comenzó a hervir, literalmente. Mi cuerpo estaba sufriendo una combustión.
"¡Damon!" grité con el poco aire que me fue permitido, "¡las brujas Damon, detenlas!" chillé con jadeos. No pude ver si él había entendido mi mensaje o si acaso hubiese prestado atención, lo único que sabía era que el tacón de Victoria rozaba mi garganta y se hacía más profundo contra mí yugular. La podía oír hablarme pero no le escuchaba absolutamente nada. Estaba perdiendo mis sentidos y mi visión era borrosa. Iba a morir estúpidamente.
El dolor disminuyó de golpe. La temperatura interna de mi cuerpo se reguló de manera violenta. El paso de mi estado de dolor a no tener ninguno fue fuerte pero no tenía tiempo para sentirme miserable.
Parpadeé y reuniendo toda la fuerza que pude y sin dudarlo dos veces me puse de pie. Obligué al mareo y al dolor repentino a irse. Mis ojos volaron hasta el segundo piso como acto reflejo, las brujas estaban comenzando a caer y lo único que podía ver era el cabello negro de Damon y una larga melena rubia. Victoria jadeo y mi atención regresó a ella. Un gruñido brotó de su pecho, sonó completamente anti natural y primitivo, sus ojos se hicieron negros y saltó a mí. La agarré para girar y amortiguar el golpe, abrió la boca en busca de mi cuello pero ya no era tan rápida ni tan fuerte. Mi cabeza supuso al momento que todo se debía a las brujas. Esquive su ataque y la lancé lejos.
Necesitaba que Lorelei, la bruja, comenzaran a hacer el hechizo ahora. Intenté correr pero el siguiente cuadro escénico pasó muy deprisa. En medio del caos, varios neófitos habían comenzado a matar al azar sin saber muy bien que hacían, y eso incluía brujas. Por lo que ya no había ni una sola en pie, ni siquiera quienes nos habían ayudado. Victoria me tomó del cabello trenzado y jaló hacia atrás. Maldije.
Ahora sí estaba enojada. Mi posibilidad de recuperar mi memoria se había esfumado.
"Debí haber ido detrás de ese nuevo novio tuyo," gruñó en mi rostro, "así sentirías en carne propia lo que es perder a alguien que amas," enterró las uñas en mi mejilla. Mostré mis colmillos antes de empujar fuertemente, salté sobre ella y dejé que las venas de mi rostro se dilataran lo máximo posible.
"Si hubieses ido tras él, no tengas la menor duda que hubiese arrancado tu cabeza y la hubiese guardado de recuerdo," rio. Observé sus ojos volver lentamente al color borgoña y una sonrisa extenderse por su cuerpo.
"¿Sabes cuál es el problema de vivir para siempre y perder alguien importante?" masculló. Solamente podía ver el rostro de Piper, su suave sonrisa y sus pícaros ojos mientras mis manos rodeaban su cuello y lo mantenían contra el piso, "el hueco que deja la perdida no se va nunca, y no se llena con nada," ladeé la cabeza, "no has sufrido lo suficiente Bella, pero no te preocupes, irte de este mundo de nuevo sabiendo el dolor que causarás en todos será la recompensa más grande que me llevaré."
"¿Qué…?" me tomó de la trenza y me jaló hacia abajo. Fue solamente por un pequeño instante que pude ver por el rabillo del ojo el pedazo de madera, y a las milésimas de segundo después, aquella estaca improvisada, atravesando mi corazón hasta el fondo.
-…-
Isabella cayó al piso, justo al lado de Victoria con un golpe sordo. Mi cuerpo se movió antes de que mi cabeza supiese que estaba haciendo. Los pensamientos por la cabeza de Victoria corrían sin tener una desembocadura final. Pero había una nota de alegría en ellos. Me sonrió.
Finalmente nos volvemos a encontrar. La he matado, esta vez he matado al amor de su vida.
No le di tiempo para pensar otra cosa más. Ya sabía cómo iba a atacar por lo que me moví con velocidad, tomé su cabeza en mis manos y la separé de su cuerpo. La desmembré tan rápido como me fue permitido y mientras lo hacía la iba arrojando a la pila. Si tan solo no hubiese conocido a Bella, esta batalla de venganza no hubiese existido jamás. O si tan solo mi cacería tras ella realmente hubiese dado frutos y la hubiese matado antes de que su deseo de venganza se convirtiese en una batalla campal.
Todo había sucedido en segundos, y nadie se había percatado de Isabella, pero yo sí. Desde que entré mi cuerpo la sintió de inmediato y sabía dónde estaba, además de que su olor y el latido de su corazón estaban grabados en mi cabeza. Podía saber su locación exacta incluso si estaba distraído por una batalla.
Me deslicé a su lado. La estaca estaba clavada en su corazón y su cuerpo estaba agrietándose. Su piel estaba tornándose grisácea y fría, y aquellos hermosos ojos achocolatados estaban abiertos y perdidos. Sus labios enmarcaban una mueca de sorpresa y su cabello caoba trenzado estaba perdiendo el color. No había vida en ella. No respiraba. No se movía.
Estaba muerta.
Excepto que casi podía jurar que su corazón aún latía.
Afiné mi oído, y ahí estaba. Era débil, malditamente débil pero se escuchaba. O al menos eso quería creer. Tomé una honda e innecesaria respiración e hice lo que debía.
"¡Damon!" llamé. Levanté la mirada y el susodicho me buscó entre la gente. Ya solo quedaban un par de neófitos y algunos que habían escapado y habían sido perseguidos por Carlisle, Jasper y Emmett. Sus ojos hicieron contacto con los míos y de inmediato se dio cuenta de la situación. Su rostro se transformó completamente y la velocidad con la que acabó con el vampiro con el que luchaba fue insuperable.
"Isabella," susurró al llegar. Me puse en pie de inmediato y lo dejé ocupar su cuerpo. Sus ojos la miraban con desesperación mientras acunaba su cabeza entre sus piernas.
"Su corazón aún late," dije con el ceño fruncido, "no sé si deba quitarle la estaca o…"
El bullicio del lugar se convirtió en silencio y me di cuenta de que la batalla había llegado a su fin, dejando una pila de cuerpos desmembrados y corazones tirados por todas partes. Escuché un jadeo y Caroline llegó a mi lado rápidamente.
"Oh Dios," el inconfundible tono de Anabel se escuchó.
"Vamos cariño," masculló Damon, "aún escucho tu corazón," no lo conocía y tampoco podía leer sus pensamientos, pero estaba completamente seguro de algo. Él estaba reviviendo la noche en que Bella había muerto, "no te vayas Isabella, no de nuevo, por favor vuelve a mí," sacó la estaca de su cuerpo y el latido se hizo aún más débil. Era como un susurro frágil contra el viento.
Por un momento del mundo me olvidé de mí alrededor y fijé mis ojos en ellos dos. La mujer que había amado más que a mi propia vida, y el hombre que la supo hacer feliz.
La primera vez que vi la mirada de adoración de Damon Salvatore fue cuando salía del bosque, el momento justo antes de conocerlo formalmente, y lo odié por más de un momento, y no porque la miraba de esa manera o porque mi cabeza me torturaba al imaginar los labios que una vez habían sido míos ahora recorriendo otro. Y no solo eso, ellos habían estado juntos, habían compartido más que besos y toqueteos furtivos. Pero aun con todo esto, no lo había odiado por ello, lo odié porque Isabella lo miraba a él de una forma que jamás hizo conmigo.
Luego fue esa sonrisa brillante que le regalaba. No hay una experiencia más dolorosa como saber que la sonrisa de la mujer que amas sea producto del hombre que ella ama, y que ese hombre no seas tú porque fuiste lo suficientemente estúpido como para dejarla abandonada.
Pero sabía que no podía pretender que las cosas fueran diferentes cuando había regresado, las personas sembramos lo que cosechamos y yo solo alimenté odio y rencor en ella.
¿Era doloroso verla feliz con alguien más? Sí. ¿Dolía como el infierno verla amar a otro hombre? Sí.
Pero había aprendido a vivir sin ella y con la idea de que ella era feliz. Y eso era más que suficiente para mí.
Todavía la amaba, al menos un pequeño pedazo de mí muerto corazón sentía algo profundo y grande por ella, y creo que pasase el tiempo que pasase, siempre iba a hacerlo. Al fin y al cabo, el primer amor nunca se olvida, pero yo estaba feliz. Por primera vez en mucho tiempo estaba feliz porque me había bastado con solo verla ayer, sin memoria y aun así viendo a Salvatore con la misma intensidad de siempre para confirmar que las cosas no suceden por coincidencia. Que yo me fuese de su vida simplemente fue algo que estaba destinado para que ella encontrase a la verdadera razón de su existencia. Y me había servido a mí para crecer.
"Ella vivirá," Nicklaus Mikaelson, el único vampiro al que realmente le tenía cierto grado de temor estaba de brazos cruzados observando la imagen, "nuestra querida Ángela por otro lado…"
Dios. El cuerpo sin vida de Ángela estaba a un rincón. Alice se movió a su lado confirmando su falta de pulso. Está muerta, Edward.
Damon maldijo.
"Lo hizo," masculló. Había sonado más como una pregunta. Klaus sonrió, "ella te buscó y lo hizo, ¡demonios Isabella!" pasó una mano por un mechón que se había escapado de su trenza y lo pasó tras su oreja. Los murmullos de la mente de mi familia se escuchaban como los aleteos de un colibrí en mis oídos.
"¿Damon?" Alarick habló.
"¿Despertará, cierto?" preguntó.
"Todo depende de Ángela, y de Isabella, dale un par de horas Damon, es justo como cuando humano muere utilizando un anillo de sol," Caroline miró largo y tendido a Klaus. Le dio una última mirada a Isabella y comenzó a caminar.
"Caroline…" llamó Klaus.
"Llamaré a Elena, debo decirle este desorden y saber qué ha pasado," se detuvo en seco y miró a Klaus, "pero quiero una explicación sobre qué demonios están hablando y está pasando."
Ignoré el resto de cosas nuevamente.
Edward, hijo, ¿tienes idea de lo que está pasando? Preguntó Carlisle en mi cabeza. Negué. Tal vez Jasper pueda preguntar.
"Damon," llamó Anabel, "¿qué sucede con Bella? ¿ella… está…?"
"Está bien," dijo, "está muerta, más o menos, es una larga historia," rodó los ojos ante la mirada insistente de Ana, "ella quería recobrar su memoria había una posibilidad, muy peligrosa, ella parece haberla tomado y por eso Ángela está muerta," resumió brevemente, "ella debe estar en algún punto entre aquí y el otro lado," con delicadeza pasó sus dedos por sus ojos haciéndolos cerrar. Se levantó tomándola en brazos.
"Habrá que llevarla a la casa," aportó Esme.
"Jasper," llamó Damon. Ambos amigos se miraron por un momento. Jasper asintió.
"Ve, nosotros nos ocupamos de este desastre."
Damon Salvatore comenzó a caminar lejos con Isabella en sus brazos y la forma como la estaba mirando justo en ese momento me demostraba más amor del que jamás había visto en sus ojos.
Ya no dolía verlos. Y tuve que sonreír porque si había tal cosa como las almas gemelas en este mundo, estaba seguro de que ellos dos eran un claro ejemplo.
Σοφία.
