Ya casi estamos llegando al final...
Remember me.
"Y aunque no siempre he entendido mis culpas y mis fracasos, en cambio sé que en tus brazos el mundo tiene sentido. Y si beso la osadía y el misterio de tus labios, no habrá dudas ni resabios te querré más todavía." Mario Benedetti.
Una nube de oscuridad. ¿O quizá era una neblina espesa? Tan espesa que mis ojos la veían oscura. ¿O tenía los ojos cerrados? Quizá era ambas y la neblina estaba dentro de mi cabeza, o probablemente ninguna y lo estaba imaginando todo.
Mis extremidades se sentían ajenas a mi cuerpo y mi boca estaba seca. Mi cuerpo estaba adolorido en partes que ni yo sabía que podían doler. Me sentía perdida, mareada y sobre todo confundida. Pero a pesar de todo ello, estaba tranquila.
¿Así se sentía la muerte o es que esto era lo que estaba más allá de la vida? ¿En qué punto exacto me encontraba ahora? Y sobre todo, ¿por qué sentía como si conociese el lugar donde estaba?
Escuchaba murmullos y voces en eco. Sonidos lejanos y extraños. Si me preguntaban podía asegurar que estaba cerca del agua porque el sonido de una corriente constante retumbaba contra mis oídos.
"Bella."
Quise responder. Quería responder, pero mis labios no se despegaban. Era una suave voz de mujer, como un susurro contra el viento.
"Isabella," la voz se hizo insistente y se acercaba más. ¿Por qué no podía responder? ¿Por qué mi garganta estaba cerrada y mi visión prohibida en este lugar? Intenté abrir mis ojos, o mi boca. Mover mis manos o mi cabeza pero nada sucedía, "no" susurró la voz, podía jurar que hablaba a mi oído, "no intentes hacerlo, no tienes permitido ver este lugar de nuevo," dijo, "ahora mismo no me recuerdas pero cuando terminemos de hablar lo harás."
Si esta mujer podía saber lo que pasaba por mi cabeza entonces podía hablarle por ahí.
¿Quién eres? ¿Dónde estoy?
"Soy Evangeline Swan, y estás en una parte oscura del otro lado," respondió.
¿No estoy muerta?
"No, técnicamente no lo estás, solo estás de paso y estás precisamente en este sector porque te he traído," podía sentir su presencia muy cerca de mí, "he sido yo quien ha intercambiado tus recuerdos para que vivieses la primera vez que moriste, hace un año, y ahora que has hecho este hechizo me corresponde devolvértelos," fue breve y clara. Tenía un acento medio sureño, y solo porque había leído bastante literatura clásica podía entender las palabras que correspondían al inglés antiguo que ella utilizaba.
Me golpearon sus palabras después de haberlas analizado. Una sensación placentera llenó mi cuerpo y se fue esparciendo, dejando a un lado y olvidado el dolor físico que sentía. Mi corazón se infló en mi pecho y tuve que sonreír. Mis recuerdos. Entonces, había funcionado. Pero, ¿cómo?
"Entenderás que pasó dentro de un momento, pero primero hay dos cosas muy importantes que quiero que sepas," su voz me transportaba a épocas antiguas, de vestidos largos y corsés, espadas y batallas campales, "no recordarás este lugar, ni al que pasarás ahora, ni mucho menos las conversaciones…"
¿Qué? ¿Qué estás…?
"Solo escúchame," pidió, "lo otro que quiero que sepas, y aunque sé que no lo vas a recordar," soltó una pequeña risita, "supongo que te lo diré para estar tranquila de que por lo menos lo dije," quizás era su mano lo que sentía como un vapor suave y reconfortante en mi mejilla, "hiciste muchas cosas tontas y locuras que me provocan querer dejarte de este lado," había una sonrisa en su tono de voz, "pero estoy muy orgullosa de ti y en lo que te has convertido," el vapor se movió a mi frente, "has sido la Swan más entretenida que he protegido," fruncí el ceño, o al menos eso creo haber hecho. Un vapor suave comenzó a rodear el interior de mi cabeza hasta incrementarse a una llamarada de calor abrazador, "es hora de que recuerdes todo."
Quizá mi cabeza había explotado, no estaba segura porque ni siquiera la sentía. Pero luego, como si mis neuronas fuesen piezas mecánicas desordenadas de una gran máquina que iban a poner a funcionar, se fueron acomodando y cada pieza fue encajando. Podía jurar que el sonido fue como el del click de un mouse de computadora, solo que con mil decibeles.
Y de repente, sin aviso y con dureza, los recuerdos se arrojaron con violencia en mi cabeza sin darme un momento para asimilarlo todo. Todo era negrura nuevamente.
.
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Abrí los ojos y mis manos volaron instintivamente a mi pecho donde la estaca había atravesado mi corazón. Mi visión se enfocó. Probablemente me viese como un animal enjaulado, con mi mirada salvaje y mis movimientos cautelosos. Registré el lugar donde había terminado y me sorprendí. Estaba en la habitación de la casa de Nick. Doblemente estaba.
Siempre había querido saber cómo me veía desde la perspectiva de otra persona, pero nunca me imaginé que esa persona sería yo misma. Me acerqué a mi cuerpo tendido en la cama de sabanas de hilos egipcios. Mis ojos estaba cerrados y mi ropa había sido cambiada y mi cabello soltado. El color de mi piel hizo que se me revolviese el estómago. Estaba gris, literalmente de color gris y habían pequeñas grietas de todos los tamaños recorriendo mi cuerpo. Estiré mi mano que aún seguía en mi pecho y con un poco de temor toqué mi rostro dormido. ¡Dios del cielo, esto era tan extraño!
"No te preocupes," me detuve en seco paralizada por una voz que creí no iba a escuchar jamás, "tu piel volverá a ser tan suave y sedosa como la colita de un bebé."
"¿Piper?" giré con torpeza y me entró un miedo inmenso a cerrar los ojos y que se esfumase. Pero ahí estaba ella, arregostada a la pared cerca de la butaca, con una sonrisa inmensa y sus ojos brillantes. Su cabellera roja y con ondas caía por su espalda y no vestía la misma ropa que el día que murió.
"Parece que hubieses visto a un fantasma Bella," su sonrisa se amplió como si acaso eso fuese posible, "oh, cierto, técnicamente lo estás viendo, pero ¡hey, tú también eres uno!" rodeé la cama y me acerqué a ella. No sabía qué hacer o qué decir. Nos quedamos por un tiempo de pie frente a la otra hasta que le golpeé el brazo, "¡oye! ¡¿Pero qué estás haciendo, mujer?!"
"Se suponía que no tenías que morirte idiota, no por lo menos en los próximos mil años," rodó los ojos. Sabía que me estaba abrazando pero no podía sentirlo, intenté abrazarla con más fuerza pero tampoco lo sentía, "no puedes sentirme porque realmente no estás muerta," dijo apartándose.
"¿Qué está pasando Piper?" frunció el ceño y miró mi cuerpo tendido en la cama y luego a mí, ¿o debería decir a mi espíritu?
"Bueno, yo no entiendo muy bien qué ha pasado contigo, los rumores aquí llegan muy lento," pasó una mano por su cuello, "¿ya recuerdas todo?" preguntó. Asentí con lentitud.
"Cada memoria está otra vez dentro de mí," respondí, "aunque es un poco borroso y…"
La puerta se abrió en par con un golpe seco. Giramos nuestras cabezas y tuve que tomarme un minuto para asimilar su rostro. Dejé de respirar por un momento y mi corazón comenzó una competencia por querer salirse de mi pecho.
Damon entró y trabó su mirada en mi cuerpo. Mis manos urgieron en enredar mis dedos en su cabello, en acariciar su rostro y en sentir el contacto de sus labios. Tenía la necesidad de tomarlo entre mis brazos y abrazarlo hasta que alguno necesitara un poco de espacio. Me odié inmensamente al ver sus ojos divagar y su rostro compungido con la ansiedad.
Soltó un suave suspiro y caminó hasta la cama atravesándome. Y no estaba metafóricamente hablando, él realmente me atravesó y yo ni siquiera lo sentí. Miré a Piper.
"Él no puede ver tu espíritu Bella, ni puede oírte," explicó.
"¿Dónde estoy?"
"Estás del otro lado," giré mi cabeza.
"¿Ángela?"
"Hola Bells," sonrió, "es bueno ver en tus ojos que me recuerdas, y no ser ya una extraña más," le devolví la sonrisa.
"¿Tú puedes verme?" pregunté sorprendida. Sus ojos se oscurecieron y me regaló una sonrisa vaga.
"Por supuesto que lo hago, yo también estoy del otro lado."
Me olvidé de Damon y su mano entrelazándola con la de mi otra yo en cama. Me olvidé de mi vampira amiga a la que extrañaba a pesar de que no había pasado mucho tiempo desde su muerte. Solo podía ver los ojos de Ángela a través de sus inconfundibles lentes, aquellos ojos tan llenos de vida y pasión por la vida, su sonrisa que siempre irradiaba luz donde fuese que llegara. Toda ella era luz. Y de repente el peso de sus palabras llegó a mí.
"¿Estás… estás muerta?" asintió.
"¿Por qué? ¿Cuándo? ¡Ángela si yo te vi en la capilla!" exclamé acercándome a ella con velocidad. Mis manos se deslizaron por sus brazos sintiendo solamente vacío, "¿qué sucedió?" susurré sintiendo mi cuerpo fallar. Tomó mis manos y me sonrió como una madre sonríe a sus hijos cuando fuese a contar una historia triste.
"Necesitabas una virgen para el sacrificio," comenzó.
"Tú no sabías."
"Te escuche hablar con Klaus y cuando él salió lo intercepté y hablé con él, si lo primero fallaba yo estaba dispuesta a sacrificar mi vida por la tuya," la miré. No podía hacer otra cosa más que mirarla. Las palabras habían muerto en alguna parte entre mi cerebro y mi lengua.
Yo era la culpable de que Ángela estuviese muerta. Yo y mi afán por recuperar una memoria que no era necesaria. Yo y mi egoísmo estúpido.
"No comiences a culparte de todo Isabella," Piper se movió cerca de Ang, "conozco esa mirada masoquista."
Yo también era la culpable de que Piper estuviese muerta. Victoria me buscaba a mí, no a ninguna de ellas. No importaba lo que hiciese parecía que lo único que le traía a las personas que amaba eran tragedias.
"Escucha Bella, yo me ofrecí, ¿de acuerdo? Yo quería morir, y ni tú ni nadie tiene algo que ver con ello, ¿me entendiste?" sus ojos se volvieron insistentes, "creo… supongo que deberías saber por qué lo hice," soltó un suspiro, "¿recuerdas todo el tiempo que pasé por fuera antes de que murieras?"
"Sí, en Europa ayudando a Anabel, o algo así," respondí preparándome para cualquier cosa que fuese a contarme.
"No estaba ayudando a nadie más que a mí misma," fruncí el ceño, "hay efectos colaterales en el uso de la magia negra, comienza a pudrir tu organismo y a volverlo polvo hasta que mueres, y antes de que lo menciones, sí, por un tiempo usé de esa magia," escuchaba atentamente cada palabra que salía de su boca. Ángela desvió la mirada y la centró en Damon y en mi cuerpo, "realmente no estuve en Europa, sino aquí en Nueva Orleans, buscando una forma de revertir los efectos, pero… nada funcionaba, cada día me sentía más débil y mi cuerpo no soportaba el día a día. Despertar era un milagro e irme a la cama y no despertar a la mañana siguiente era mi miedo. Las tomas y hierbas que preparaban las brujas aquí me mantenían con fuerza pero en este último mes habían dejado de hacer efecto…"
"¿Estabas sufriendo Ángela? ¿Estabas con dolor?" pregunté interrumpiéndola y temiendo su respuesta.
"Sí, mucho," admitió, "y a eso súmale los espíritus de las brujas, en especial de mis antepasadas que suelen ser crueles," sus ojos adquirieron un tinte de odio, "me atormentaban diciéndome que esto era solo mi culpa, lo cual es cierto," clavó sus ojos en mí nuevamente, "por lo que cuando escuché lo que planeabas hacer no dudé en ofrecerme a ello, si iba a morir…."
"Por lo menos morirías haciendo algo honorable," completó Piper haciéndome recordar que ella seguía allí. Ang asintió.
"De todos modos iba a morir tarde o temprano," continuó, "es por eso que no te debes sentir culpable, yo escogí este camino."
"Mucho menos por mí Bella," Piper se acercó aún más, parándose al lado de Ángela. Ambas me miraron, ellas que eran tan diferentes la una de la otra pero a la vez tan iguales. Ellas de quien yo aprendí tanto y les devolví muy poco, quienes me enseñaron el valor de la amistad. Ellas quienes estaban muertas ahora.
"Pipes," dije utilizando el apodo que me rogó jamás volver a mencionar porque decía que sonaba a un insulto contra la belleza de su nombre, y que siempre lo usaba para sacarla de quicio.
"Yo viví suficiente, y tuve una vida feliz, y ahora…" me sonrió, "ahora estoy completa," su mirada se perdió en la puerta abierta. Al inicio de la escalera, la figura de un hombre alto e imponente, con una sonrisa brillante, resaltaba. No me hizo falta mirarlo dos veces para reconocerlo. Miré a Piper y la abracé sin importarme muy poco no sentir su calidez, ¿cuántas personas tienen la posibilidad de despedirse de alguien una vez muerto?
"Gracias," dije, "gracias a las dos, no puedo explicarles lo mucho que agradezco todo lo que hicieron por mí, solo hubiese deseado más tiempo para demostrarle lo mucho que me importan," Piper enroscó en su dedo un mechón de mi cabello y luego lo jaló juguetonamente como solía hacer cuando terminaba de hablar conmigo.
"Creo que ya estás despertando."
"Piper…" mascullé.
"Te estaré esperando de este lado, ¿eh? Solo no te apresures en venir, tarda varios siglos más y por el amor a Dios, aléjate de los problemas," dio un paso hacia atrás, "te estaré vigilando."
"¿No voy a recordar esto, cierto?" mis ojos estaban picando y pude sentir como las lágrimas iban acumulándose. Mu respiración se estaba volviendo irregular y un peso invisible se estaba instalando sobre mi pecho.
"Hice algo pequeño, hay fallas en el velo que mantiene el mundo de los fantasmas y el real separados," explicó escogiendo palabras simples, "solamente hay que ser inteligente para verlas y jugar con ellas, solo no debes decir nada," sonrió, "probablemente las brujas me atormentaran por el próximo siglo, pero ya estoy muerta así que…" Ang tomó el mechón que había jalado Piper y lo pasó detrás de mí oreja, "ya ha sido suficiente de andar perdiendo memoria Isabella."
Mis dedos comenzaron a cosquillear y mis ojos comenzaron a sentirse pesados, al igual que todo mi cuerpo. Parpadeé varias veces obligando a mis ojos a mantenerse despiertos pero claramente no estaba teniendo control sobre mi cuerpo. Con el último gramo de energía que me quedaba mantuve mi mirada en las figuras que se estaban perdiendo entre luces y sombras. Poco a poco fui cayendo en oscuridad, pero llevándome la sonrisa llena de tranquilidad y los ojos brillantes de Ángela Webber, y un guiño de Piper Walker combinado con su sonrisa sardónica, sus traviesos ojos esmeraldas y Paul, el amor de su vida rodeándole la cintura.
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Un campaneo. ¿Por qué escuchaba un campaneo?
"Hospital vampírico, Damon al habla, ¿en qué puedo ayudarlo?" era un murmullo suave y distante, pero la inconfundible voz de Damon se filtró en mi oídos haciendo aumentar aún más mis ganas de abrir los ojos. ¡Por todo lo bueno de este mundo, ¿por qué siempre era lo mismo con mis ojos?! Esta cosa de sentir la pesadez en mis ojos y estar consciente de lo que sucedía pero inhabilitada de vista ya comenzaba a ser un fastidio. Podía sentir mi cuerpo recuperarse, restaurándose poco a poco y llenándose de energía, "sigue dormida Stefan," respondió.
"¿Pero hay algún síntoma que indique que está volviendo en sí?" preguntó Stefan al otro lado de la línea. Me emocioné con escuchar su voz varonil y calmada. Stefan Salvatore, extrañaba mucho hablar con, como se había auto bautizado, mi compañero de crímenes. Escuché los pasos de Damon, tan ligeros como una pantera resonar sobre el piso de madera.
"Sí, de hecho…" hizo una pausa. Ya podía sentir mí alrededor, el suave calor de verano de Nueva Orleans combinado con una brisa vaporosa. Estaba consciente de mis brazos y de cada parte de mi cuerpo. Moví mis dedos y ellos respondieron, "te llamó luego Stef."
Colgó el celular, y como si me hubiesen dado finalmente el permiso, abrí mis ojos con violencia de paso enderezándome en la cama de sopetón. Mis pulmones se contrajeron y jadeé en busca de aire. Mis ojos picaron ante la luminosidad del lugar producida por la lámpara de techo que brillaba demasiado fuerte. Era de noche. Una muy caliente noche. ¿Me había tomado casi medio día regresar a mi cuerpo desde el otro lado?
"Isabella," giré mi cabeza hacia su voz, "¿estás bien? ¿Te sientes bien?" vaciló entre acercarse a la cama o no, pero finalmente dio un paso decisivo y llegó a mi lado. No podía dejar de mirarlo. Podía quedarme observándole así, absorbiendo la hermosura de sus ojos y de su rostro. Pero si no hablaba podía comenzar a desesperarse. Aunque, las acciones demostraban mucho más que las palabras…
Me abalancé sobre él y lo tiré contra el colchón. Besé sus labios con hambre. Al principio estaba renuente pero insistí con el beso y con mis manos apretando su cuello y cabeza lo mantuve prisionero. No lo dejé ir hasta que sus manos rodearon mi cadera y sus labios se abrieron haciendo que un escalofrío placentero se deslizara por mi cuerpo. Separó su rostro del mío y me vio con sus ojos entrecerrados.
"Realmente me fuiste a buscar."
Cuando le había dicho a Evangeline que preferiría mis recuerdos sobre nada de sentimientos lo hice sin dudarlo. Y aún más cuando le dije que lo hacía porque sabía que Damon iría a buscarme y él sabría qué hacer para ganar mi corazón de nuevo. No titubeé. Era un riesgo que estaba tomando pero jamás puse en tela de juicio el amor que Damon me tenía. Pero verlo realmente ir tras de mí y luchar por hacerse parte de mi vida nuevamente hizo que mi amor por él creciera aún más. En definitiva por este hombre era por el que había estado esperando toda mi vida
"Valió la pena," masculló contra mis labios. Su cálido aliento rozaba mi rostro, "vale la pena verte regresar a mí," acunó mi rostro y me besó con fuerza, "lo volvería hacer, nunca dudes que volvería hacer todo esto por ti."
"No lo dudo, Damon, estoy atada a ti para siempre, ¿recuerdas? Cada parte de mi está ligada a cada molécula tuya, porque no hay un solo átomo de tu cuerpo que no me pertenezca," le sonreí mientras parafraseaba, y mi pecho se infló al ver su sonrisa de felicidad y reconocimiento filtrarse en sus labios. Eso me bastó para atacarlo a besos nuevamente y demostrarle con mi cuerpo cuanto lo amaba.
-…-
Pasé mi mano por la espalda de Isabella una y otra vez. Podía hacerlo toda la madrugada si quería, y no me cansaría. Se apretó más a mi pecho y su agarre se hizo más fuerte. Su nariz hizo cosquilla contras mis costillas. Cerré mis ojos dejándome llevar por la ola de tranquilidad que sentía.
"Damon…"
"No."
"¿No, qué?" preguntó.
"No dañes el momento," rió.
"Ni siquiera sabes lo que voy a decir."
"A menos de que sea una de las tantas maneras por las que me amas, realmente no quiero escucharlo ahora."
¿Qué si tenía preguntas? ¡Por supuesto que las tenía! Pero había tanta calma que era casi un pecado hablar de cosas negativas en este momento.
"Damon," advirtió.
"Está bien," abrí mis ojos y bajé la mirada solo para encontrarme con sus ojos trabados en mi rostro, "¿qué pasó exactamente? Comienza por la parte donde haces planes con Klaus y me excluyes, y no omitas ni un solo detalle, quiero saberlo todo," directo al grano porque eso de andar dando vueltas no era lo mío. Se acomodó de tal forma que sus brazos estaban cruzados sobre mi pecho y su cabeza apoyada sobre ellos, mientras que su cuerpo estaba extendido boca abajo por la cama.
"Bien," dijo, "hablé con Klaus y él me dio dos opciones, la primera era conseguir una bruja muy poderosa que estuviese dispuesta morir mientras hacía el hechizo, y la segunda era que yo tuviese que morir después de haber bebido una poción, y además tenía que sacrificar a una persona," explicó. Aunque eso ya lo sabía, yo había sido la primera persona a la que Klaus había dicho todo eso.
"¿Y tú escogiste la primera, me supongo?" asintió.
"Klaus contrató a una de las brujas de las que Ángela había traído aquí para ayudarnos con el plan contra Victoria," sus ojos chocolate se oscurecieron y recordé que ella apenas había llegado otra vez a este mundo hacía un par de horas.
"Isabella, Ángela está…"
"Muerta, lo sé," desvió su mirada por un momento. Fruncí el ceño, "la vi del otro lado pero eso te lo explicó ahora, la cosa es…" hizo una pausa y tragó en seco, "Ángela habló con Klaus…"
Y su relato inició y no se detuvo. Tampoco era como si quisiera detenerla, y como lo prometió no omitió ni un solo detalle. O al menos eso quería creer.
"Entonces, ¿Ángela se sacrificó por ti?" hizo una mueca pero asintió, "¿por qué no te dijo que había acordado algo con Klaus?" se encogió de hombros.
"Quizá por lo mismo que yo no te dije a ti," su mirada se volvió intensa, "no te dije no porque no confiara en ti, ¿entiendes eso, no?"
"Estoy tratando."
"No hay nadie en quien confié más que en ti," repitió, "y lo único que trataba…"
"No quiero saber qué razones te llevaron a hacer lo que hiciste, solo quiero que me prometas que la próxima vez no habrá secretos entre nosotros," había extrañado esta clase de momentos.
Una Isabella sin memoria no hacía cosas que me habían hecho enamorarme de ella. Una Isabella sin memoria era más propensa a la timidez y a la inseguridad. Y una Isabella sin memoria definitivamente no me retaba con la mirada de aquella forma.
Amaba eso de ella. Era tan expresiva con su mirada, que era imposible no darse cuenta de todo lo que pasaba por su cabeza. Sus ojos hablaban aquello que callaba, y adoraba resolver el misterio tras ellos.
"Lo prometo," dijo después de haber sostenido mi mirada por lo que fue casi un minuto, "nada de secretos."
"Quiero ver tus dedos," rio y le sonreí enarcando una ceja, "lo he dicho enserio," rodó los ojos y lentamente levantó su cabeza y separó sus brazos de mi pecho, mostrándome sus dedos.
"Nada de dedos cruzados," me acerqué y le di un casto beso en los labios.
"Solo debía confirmar," bostecé, "fui a todos los lugares de tu lista," solté de golpe pasando un brazo detrás de mi cabeza. Isabella se sentó en la cama enrollándose la sabana sobre su pecho, lo cual era una costumbre un tanto ridícula si teníamos en cuenta que me sabía cada curva de su cuerpo. Se estiró a la mesa de noche y tomó una liga para amarrar su cabello en una coleta.
"¿De qué estamos hablando?" iba a explicarle pero vi el brillo de reconocimiento en sus ojos, "¿la encontraste? Se supone que no debías verla, Salvatore, y se supone que no debías ir sin mí," cruzó sus brazos haciendo que su pecho se viese más prominente.
"Uhm…" me distraje por un momento, "oye, habías muerto y mi yo masoquista decidió que eso era lo mejor que podía hacer," dije devolviendo mi mirada a sus ojos que se suavizaron de inmediato.
"¿Fuiste a todos?" asentí, "¿cuál fue tu favorito?" inquirió curiosa.
"Ya había visitado varios," descansé mi otro brazo sobre mi abdomen, "pero creo que mi favorita fue Rusia."
"¿Enserio?"
"Ajá, Moscú, ¿por qué la sorpresa?" se encogió de hombros con una suave sonrisa. Algunas hilachas rebeldes de cabello caían por su rostro jugueteando con sus mejillas.
"No lo sé, no eres del tipo de personas a las que veo en Moscú."
"Entré a la catedral de San Basilio."
La memoria vino a mi cabeza y un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando recordé las palabras de aquel hombre que había cruzado más que una conversación trivial conmigo en las bancas de aquella iglesia. Sus palabras que solo habían resonado en las paredes del lugar y no habían hecho eco en mi vida, volvieron a mí como una advertencia tardía.
Nunca te burles de la muerte, hijo, que ella siempre te observa por detrás haciéndote sentir el frío de su aliento en tu oído.
Era asquerosamente espeluznante recordar sus palabras en ese momento. Pareciese que el hombre supiera que tenía que jugar con la muerte otra vez, y ¡qué imbécil yo tratando de tomar sus palabras como absurdas! Aquella era una lección que me iba a durar eternamente. Miré a Isabella sin hacerlo realmente. Todo lo que podía ver en sus ojos era otra frase suelta que había dejado tendida en el aire aquel hombre.
¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?
"¿Damon?"
"¿Uhm?
¿Se muere el amor o se enamora la muerte?
Debía volver a Moscú.
"¿Qué sucede? Estás como ido," parpadeé.
Incluso mientras le creí muerta, la seguí amando. Y no había seguido amando su recuerdo, no, la había seguido amando a ella, como si mi corazón supiese que ella aún estaba con vida.
"Solo he recordado algo," asintió. Con la sabana aún en su cuerpo trepó encima de mí rodeándome, y enterró su cara en mi cuello. Pasé mi brazo por su cintura.
"¿Crees que si morimos nos encontraremos del otro lado como Piper y Paul?" preguntó al aire. Busco con su mano mí otro brazo y lo hizo deslizar a mi costado, donde entrelazó nuestras manos.
"Estoy seguro que sí."
Definitivamente valió la pena haber pasado tantos años sintiendo un vació inexplicable, sintiendo que mi vida no estaba completa, y creyendo que el amor definitivamente no iba a ser algo que podía conjugar con mi nombre en una oración. Valió la pena cada lágrima derramada por la mujer equivocada, cada pensamiento y cada dolor. Valió la pena las despertadas a media noche extrañándola y el recordar sus ojos por la mañana. Habían cosas que valían la pena, e Isabella Marie Swan, la mujer que arriesgó su vida y murió por mí, era una de ellas.
Σοφία.
