Disclaimer: Los personajes de esta historia son de la gran señora Meyer, yo únicamente los utilizo para dar vida a esta historia.
Este capítulo va dedicado a stefany; gracias por tu consejo.
Cap. 6.- ¿Que soy tu qué?
Lo de la desconocida prometida a la que supuestamente conocía bien me estaba matando, le daba miles de vueltas al asunto. ¿Seria Leah?, es la única a la que conozco. Tal vez, solo tal vez sería ella. No sé qué hora era pero era muy tarde, debería dormir, o si no, mataría a todo el que se me acercara. Pero, carajo, no comprendía lo que me quería decir con; "La conoces muy bien". Era como si lo hiciera a propósito para atormentarme. ¿Quien era, quien era?, como que si no tuviera mis problemas. Estaba hecho un mar de emociones. Tal vez sería por el nuevo lugar.
Siempre lo ocultaba, Edward me agradaba, bueno, al menos no pasaría lo que yo pensaba. Era demasiado serio, al principio, ni siquiera le quería hablar, sentía un poco de enojo por lo de la subasta, y aun seguía sufriendo por la muerte de mis padres, la daga seguía ahí, recordándomelo. Empezaba a creer que todo estaba en mi contra, pero supongo que debía superarlo, no podía quedarme ahí y que la gente sintiera pena por mí. Llegue a mi cuarto y me metí entre las sabanas, mi cabeza daba vueltas, por ella pasaban miles y miles de recuerdos. Desde la vez que me caia del bote cuando fui a pescar con Charlie, hasta cuando iba a las clases de ballet solo para complacer a mi madre. No lo pude evitar, por mis mejillas empezaron a deslizarse lágrimas y de mi boca empezaron a salir sollozos. Lo intente pero no lo logre, aun no puedo sacarme la daga.
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Un ruido me despertó, eran voces, me dio curiosidad y salí para poder oír mejor, era una discusión.
-... ¿como se te ocurre?, ¿que no oíste sus sollozos?, ¿que acaso estás loco para hacerle esto, Edward?
-No lo estoy, y si los oí, pero ya no puedo perder más tiempo Leah, ya perdí cinco años, no pienso perder ni un minuto más.
-Pero, ¿con ella?, ¿que no ves que es solo una niña?, perdió a sus padres y ahora tu pretendes hacerle esto.
-Tal vez, pero entiende que yo también estoy sufriendo, sabes hace cuanto que no veo a Carlie.
-Si, lo sé, pero ella es tan solo una niña y... ¿sabes qué?, allá a tu conciencia, si quieres arruinarle la vida, adelante, si la compraste con ese propósito, ahí la tienes, solo recuerda que yo te lo advertí.
Se escucharon pasos que se dirigían a la cocina y se hizo un silencio sepulcral, me dirigí al cuarto antes de que el subiera y entre a la ducha, genial, mas enredos para mi mente, ni siquiera lo conocía y aun así me ponía histérica. Cada gota de la lluvia artificial era, un poco relajante, mi cabeza estaba a punto de explotar. Primero la prometida y luego, esto.
Salí y me puse la poca ropa que me quedaba en mi maleta y baje, Leah tenía cara de enojo mientras preparaba el desayuno de Edward, mientras que él se encontraba muy entretenido leyendo el The New York Times, llegue y me senté en una de la butacas que había en la barra, en cuanto me senté Leah se me acerco.
-¿Que quieres desayunar pequeña?
-Claro.
-¿Que quieres, huevos, cereal, jugo, galletas?
-Galletas y, ¿tienen leche?
-Puaj, ¿como te gusta eso?- dijo Edward.
-No le hagas caso pequeña, el es intolerante a la lactosa.
-¿Enserio?, ha, yo me emborracho con leche.
-Bueno no hay leche pero tenemos jugo.
-Jugo está bien.
Todo el desayuno estovo silencioso, salvo por el ruido del tenedor al cocar en el plato de Edward. Leah salió de la cocina y se dirigió a el.
-Edward, ¿puedo hablar contigo?
-Claro, dime.
-Emm, me podrías dar permiso de ir a ver a mi padre este fin de semana, se ha puesto peor de lo que esperaba.
-¿Peor?, si esa es la causa ve, me las podre arreglar solo.
-Gracias, Edward.
Leah quito el plato ya vacio de Edward y después el mío, Edward subio al igual que yo, pero Leah me detuvo cuando llegue a media escalera.
-Bella, ¿podrás arreglártelas sola con Edward?
-Creo que sí, ¿por qué?
-Nada, simple curiosidad, no le digas a Edward, en la parte de atrás del refrigerador hay leche, yo la tomo hay dos botellas, aunque creo que te la acabaras antes, ¿o me equivoco?
-No, tienes razón.- reí- Gracias.
-De nada.
Subí y me lave los dientes, mis planes para el día de hoy era hacer; nada, absolutamente nada.
Salí y me tope a Edward al frente de la puerta;
-Vámonos.- dijo.
-¿Vámonos?, ¿a dónde?
-A mi trabajo.- decía mientras avanzaba a mi cuarto.
-¿Y para que quieres que vaya yo?
-Porque; uno, no tengo secretaria y tu serias perfecta, y, dos, necesito que conozcas a alguien.
-¿A alguien?
-Si, a alguien.
-Ok, pero una cosa más.
-¿Qué?
-¿Tu trabajo queda lejos?
-Mas o menos.
-Ok.
-Ten ponte esto.- dijo mientras sacaba de un closet una bolsa de la cual saco un vestido en tono azul.
-¿Donde lo conseguiste, y como sabias que era mi talla?
-En una tienda y con la lluvia de ropa que hiciste el jueves.- me ruborice al recordarlo- Póntelo, te espero en cinco minutos.
Salió del cuarto, me saque el píntalo y playera y me puse el vestido que realzaba mis curvas. Maldije por dentro, si algo detestaba eran los vestidos. Baje y Edward esperaba en la puerta, cuando me vio, quedo con cara de tonto, por eso odiaba los vestidos. Pase al frente de Edward mientras el sostenía la puerta de la entrada. Caminamos hasta su volvo, el entro en la parte de piloto y yo seguía indecisa de poder entrar en ese auto.
-Queda cerca, te lo prometo.- dijo.- Anda, sube.
Lo escuche y subí.
-¿Te puedo preguntar algo?-dijo.
-Pregunta.
-¿Por qué te da miedo los lugares cerrados?
La daga se empezó a enterrar más y mis ojos empezaron a humedecerse.
-Hey, ¿estas bien? Bella, si no quieres no contestes.
-No, te lo diré, cuando era niña, iba a clases de ballet, un día cuando mi madre y yo regresábamos de las clases, un...- de mis ojos empezaron a salir lagrimas- un auto venia en dirección contraria, todo paso muy rápido, lo último que vi fue, fue a Charlie en el hospital.
-Tranquila, oye, lamento haber sacado el tema.
-No importa,- dije secándome las lagrimas- lo tenía que sacar.
Pasaron cinco minutos, los más largos de mi vida, estaba empezando a desesperarme.
-Llegamos.
Al salir, había un enorme edificio, máximo cuarenta y tres pisos.
-Dime que trabajas en un piso cercano al suelo.
-Piso treinta y cuatro.
-Joder.
-Ven el elevador te sube rápido, máximo 2 minutos.
-¿Seguro?
-Absolutamente.
-Si no es así te matare.
-Asesina.
-¿Qué?
-Nada.
Entramos y todo el mundo paraba lo que hacía y se nos quedaba viendo. Edward pareció no importarle y presiono el botón del ascensor el cual bajo en menos tiempo de lo que esperaba, al entrar volvió a presionar el botón que marcaba el penúltimo piso, al entrar no puede evitar que me diera un "tic", Edward vio y se alarmo;
-¿Estas bien?
-Lo estaré cuando salga de aquí. ¿No dijiste que 2 minutos?
-Pero apenas va uno.
-Bien te salvo el reloj.
Ladeo los ojos y en un instante la puerta del ascensor se abrió y paso lo mismo que abajo, todos se callaron. ¿Que les pasaba? Llegamos a lo que supuse era la oficina de Edward me guio a una silla y dijo;
-Solo pásame los siguientes llamados; Jasper Hale, Emmett McCarty y Carlisle Cullen, para hacerlo presiona este botón, a los demás diles que estoy en una junta.
-Ok, una duda.
-¿Qué?
-¿Me pagaras?
-Si lo haces bien.
-Ok.
Durante una hora atendí el teléfono, la mayoría les deje el mensaje de "esta en una junta" y tome nota de los recados, también estuve garabateando, solo transferí dos llamados, el primero alrededor de las once, era de Emmett McCarty, y el segundo a las once y media, era de Carlisle Cullen, después de cinco minutos, Edward salió de su oficina y dijo:
-Sígueme.
Deje mi garabato y lo seguí, llegamos a una oficina mucho más grande que la de Edward; la chica en el escritorio tomo el teléfono y dijo algo parecido a "llego" y concluyo con "pase", ambos entramos y un hombre de pelo rubio se levanto de su escritorio, por la voz supuse que era Carlisle Cullen, ambos se abrazaron como si fueran amigos de años.
-Hijo.- dijo Carlisle.
-Papa.
Con que eso era. Carlisle miro por encima del hombro de Edward y me miro de pies a cabeza;
-¿Ella es de la que me hablaste?
-Si, papa, ella es Bella, mi amor, el es mi padre.
-¿Mi amor?
-Ah, lo olvidaba,- añadió.- olvidaba que no te gusta que te digan así.
-Es un gusto.- salude.- y, ¿que no me digan así?- el hizo la sonrisa mas falsa que eh visto y susurro solo para mi; "sigueme la corriente".
-¿Y cuando harán la boda?- prosiguió su padre y al decir eso yo sentí que me atragantaba con mi propia saliva, tenía el presentimiento de que Leah no era la prometida de Edward.
-¿Boda?- susurre.
-Papa, todavía no le digo.
-¡Oops!, mi error. Bueno, yo tengo una junta en diez minutos, te veré pronto hijo, mucho gusto Bella.
-Igualmente.- concluí.
Edward salió de la oficina y yo lo seguí a zancadas, me explicaría, muchas, pero muchas cosas al llegar a su oficina. Al pasar por los pasillos todo mundo se cayó. ¡Me estaban volviendo loca! ¡¿Que tenia?! Al llegar a su oficina cerré la puerta con fuerza y grite;
-¡¿QUE SOY TU QUE?!
Al parecer Bella no era la prometida, pobre Bella; ¿que le pasara ahora?
Sería una ingrata si no le agradeciera igualmente a;
BellaJaze, Melania, , Tanya Masen Cullen.
