Hola! ¿Como han estado?, yo un poco decaída, hay una pesadilla que me atormenta día y noche y... saben, creo que hare otro fic basado en ello, ok, tal vez. Sin mas preámbulos, aquí el capitulo.
DISCLAIMER: Los personajes son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.
Cap. 7.- Cristales rotos.
Edward salió disparado hacia mi dirección y me tapo la boca.
-¿Te quieres callar?
Me quite su mano de mi boca y respondí;
-¡¿Que te pasa?!, ¡Casarte conmigo!, ¡¿Que acaso estas completamente loco?!
-No, tengo motivos para ello. ¿Podemos seguir esta conversación en la casa?- dijo entre dientes mientras agarraba mi mano.
-¡No me toques!
-Por favor, discutiremos esto en la casa.
-¿Y si me niego?
-Quieres que te cargue por el edificio.
-Está bien, pero no me toques, o gritare.
-Bien vamos.
Salimos y todo mundo nos seguía viendo, joder que tenia. Al llegar al elevador me negué a entrar con él, la única razón por la que entre fue porque subió mas gente. ¡¿Que carajo le pasaba?!, ¡Creía que por comprarme tenía derecho de obligarme a casarme con él! En menos de un minuto llegamos a planta baja y yo salí disparada del elevador y corrí por las calles con el fin de perderlo.
-¡Bella- grito-, ven acá, en este momento!
Seguí corriendo hasta que alguien me tomo por la espalda y puso su mano en mi garganta, era el. Tome su mano y la mordí;
-¡Agh!- tomo mi cintura y me subió a su hombro.
-¡Bájame- dije mientras lo golpeaba con todas mi fuerzas-, bájame ahora mismo!, ¡¿Que no oyes?, que me bajes!
-Y dejar que corras de nuevo, ni que estuviera loco.
-¡Claro que lo estas!, ¡¿Quien obliga a alguien a casarse?!, ¡ERES UN MALDITO LOCO!, ¡NI TE CONOSCO; NO SE NADA DE TI!
-Me llamo Edward Anthony Masen Cullen, veinti cinco años, soy el próximo heredero de las industria Cullen's Publicity, ahora, ¡¿te quieres callar?!
-¡No, ahora bájame!- dije mientras forcejeaba.
Camino hasta su auto y me metió en el, cuando iba a abrir la puerta, Edward le puso los seguros para niños.
-Estúpidos seguros para niños- masculle.
-Fue tu culpa- añadió.
-¡Cállate!
-Gruñona.
-¡Al menos yo no obligo a casar a alguien!
-Que lastima, soy tu tutor legal, y debes hacer lo que yo digo, así que si digo te casas, te casas.
-¡Muérete!- dije mientras lloraba.
El camino de regreso a su casa se me izo eterno, yo seguía sollozando y él me miraba en ciertas ocasiones, al llegar, quito los seguros del auto y yo salí corriendo de ahí, el se me adelanto y abrió la puerta de la casa. Cuando iba a subir las escaleras el dijo;
-Por cierto, prepara tu maleta, nos iremos a México en dos días, hay mas ropa en tu closet, mande a Leah para que te trajera.
-¡Aparte de que me obligas a casarme contigo- grite aun llorando-, ¿quieres que me valla contigo a México?!, ¡¿Que sigue?, violarme!
-Yo nunca haría eso, a menos que me lo pidas- dijo de manera cínica.
-¡Eres un maldito cínico y abusador!, ¡Te odio!
-¡Bella!
Salí corriendo escaleras arriba y cerré mi cuarto, me metí en el baño y le puse seguro a la puerta, cerré mi puño y golpee con todas mis fuerzas el espejo hasta que este se rompió dejando cristales rotos por todo el suelo, de mi mano empezó a salir la sangre color carmesí, y consigo trajo el desagradable olor de oxido y sal que tanto detestaba, solo estaba segura de algo; ¡Odiaba a Edward! Lo detestaba con toda mi alma, preferiría estar muerta a casarme con él.
En ese momento, se me ocurrió la idea más estúpida y mortal que hay en el mundo.
-¡Bella, Bella abre la puerta!- grito Edward.
Me apresure a tomar un cristal del piso.
-¡Bella, abre o tirare la puerta!
Lo acerque a mi muñeca y me corte, solté un grito de dolor, que supongo Edward escucho. La sangre empezó a brotar de la herida y volví a soltar otro grito de dolor.
-¡Bella, abre la maldita puerta!
-¡La-largo!- dije entre cortadamente y jadeante.
Me deslice por la puerta hasta llegar al piso y me hice bolita. Cada segundo me sentía mas débil, Edward empezó a golpear la puerta hasta derrumbarla y hacer que me callera encima. Todo lo veía borroso, el olor a sangre invadía mis fosas nasales.
-¡Bella- dijo viendo mi muñeca y los cristales en el piso-, Bella, ¿que has hecho?!
Me tomo en sus brazos y me saco del baño;
-Prefiero estar muerta- susurre-, a, a casarme, con-contigo.
-O por dios, Bella, que estúpida fuiste, lo siento tanto, yo...
Pero no lo termine de escuchar, me desmaye, ese fue el único momento, en el que yo me di cuenta de que la muerte es fácil, pasiva, y lo único y verdaderamente difícil, es la vida. Era mi final, mi "y vivieron felices por siempre", lo único bueno que pudo pasarme, al menos eso creía yo. Todo lo veía negro, ¿que no se supone que después de la muerte, hay que elegir entre cielo, o infierno? Trataba de recordar algo bueno, algo que quisiera recordar, algo con lo que quisiera morir, pero nada se me ocurría, de pronto, una imagen apareció en mi mente, era Edward, pero eso no era lo que quería, incluso muerta mi mente me volvía loca. Trate de borrar esa imagen pero no podía. Cada vez se acercaba más a mí.
-No- decía.
-Bella, Bella- su voz se oía tan real.
-No, aléjate. No.
-Bella.
Levemente abrí los ojos, esperando encontrar otra cosa que no fuera el cuarto de la casa de Edward. Instintivamente me trate de levantar pero me dolía todo el cuerpo, mucho más en la muñeca.
-Al fin despertaste- dijo Edward-, me asustaste demasiado.
-Pero, yo morí- dije viendo mi muñeca vendada.
-Casi, perdiste mucha sangre. Me tranquilice cuando te oí hablar dormida, ¿siempre lo haces?
-Cuando sueño mal.
-Y, ¿que soñaste?
Levante las vista para poder ver su cara.
¿Merezco reviews?
Les mando besos con sabor a vainilla donde los quieran recibir.
