Hola Readers, aquí está el capitulo, últimamente eh sido ingrata, así que les agradezco a todas las que leen la historia, son mi razón de ser, y escribir. Otra cosa, voy a tardar un poco en subir los capítulos porque iré a un campamento este fin de semana y como no puedo dormir porque si no me pintan, dormiré todo el lunes.
También les dije que haría otra historia, este es un adelanto de ello:
"Me levanto aceleradamente, mi frente esta sudada. Miro a mi alrededor, ahí estaban las demás niñas del orfanato. Ya van más de dos semanas que pasa lo mismo, de manera instintiva, saco de debajo de mis sabanas el diario que mi madre me regalo, este sueño me está matando, al principio pensé; "Cálmate, es uno de esos sueños que de un día a otro desaparecen", que equivocada estaba. Busco entre la oscuridad un bolígrafo con el cual anotar y enciendo la luz de la lámpara, según el reloj de mi mesa de noche, eran las tres de la mañana, tome mis sandalias y salí del orfanato en el cual había llegado a parar, hace un par de meses encontré un pequeño agujero por el cual podía salir sin ninguna dificultad, llegue a el y quite el arbusto que puse al frente del agujero para que nadie lo viera, me agache y me deslice por él..."
Sin nada más que decir, ¡A leer!
DISCLAIMER:
Los personajes son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.
Cap.- 9. Como villana de película.
-¿Que quieres?- pregunto.
Fue entonces cuando sonreí de manera malvada, me sentía como aquellas villanas de películas que tienen a la gente a su merced, el ahora era mi títere y lo iba a disfrutar, lo iba torturar lentamente, esto iba a ser muy divertido para mí.
-¿Que quieres?- volvió a preguntar.
-Tres cosas- comencé-, uno; quiero que hagas lo que yo diga, cuando yo lo diga y como lo diga, "así que si digo rana, saltas"- dije recordándole lo que me dijo a mí.
-Estas loca.
-Que pena, creo que tendrás que conseguir a otra prometida- chantajee.
-¿Cual es la segunda?- escupió.
Reí al ver su expresión, estaba a punto de explotar, era su turno de suplicar, sufrir y llorar, me las estaba cobrando todas, esto se está poniendo cada vez mejor.
-En vez de mandarme al loquero- continúe-, me llevaras a Forks, a la casa de mi padre.
-¿Para qué quieres ir?- cuestiono.
-No preguntes y ahora ayúdame a empacar.
-No iras, que ni se te ocurra que yo te voy a llevar.
-Bueno- dije dando media vuelta-, creo que tu padre debería saber la verdad, digo, no creo que mi querido suegro crea que comprar a una niña de diez y seis en una subasta por más de diez mil dólares sea muy responsable, ¿o sí?, o que pensara mi adorada cuñada- chantaje-. Pero bueno, ve, creo que tus padres, tu adorada hermana y yo tenemos demasiado de que hablar.
Volví a dar la vuelta y Edward estaba que echa chispas, caminaba a zancadas hacia mi dirección y se quedo muy cerca de mí.
-No me provoques, Bella- dijo.
-No, tu no me provoques, porque si tu juegas sucio, yo mas.
-No conocía esa parte de ti, que no eras la pobre huérfana que sufría y lloraba día y noche por la muerte de sus padres- le iba a dar una buena cachetada, pero detuvo mi mano y me tomo la muñeca, la fue bajando, pero no la soltó-, te crees fuerte pero eres débil, pequeña, no te me comparas en nada a mí, yo si soy fuerte, rana.
Me quería soltar de su agarre pero él me tomo de la cabeza y me beso a la fuerza, al principio me resistí, pero por alguna razón, seguí el beso, lo necesitaba tanto, era tan tierno pero dominante, mis inexpertos labios trataban de acoplarse a los suyos. Volví en sí y me separe de él. El tenia una sonrisa de victoria por el beso, me había soltado la muñeca, y fue entonces cuando le di una cachetada.
-¡Auu!, ¿que te pasa?- se quejo mientras se llevaba la mano al cachete.
-Por besarme.
-Pero me respondiste el beso- me dijo.
-Si pero- me puse nerviosa-, no tenias derecho de, no debiste.
-Te gusto, te pongo nerviosa, y no lo niegues.
-¡No me gustas!
-Claro que si- dijo mientras se acercaba más a mí-, ahora, no quieres otro beso- pregunto de manera cínica.
-¡Muérete!- grite mientras salía de su habitación.
Escuche pasos detrás mío, al entrar a la habitación di un portazo que, para mi fortuna, le dio en la nariz a Edward, el dio varios golpes en la puerta, pero no abrí, el lugar se silencio por un segundo por lo que supuse que se había ido, me recosté boca abajo en la cama y grite con todas mis fuerzas, lo odiaba pero tenia razón, sentía algo en el fondo de mi, algo que hacía que no me volviera a cortar, algo que me hacia sonreír como loca cuando él hablaba, y algo que me hizo corresponderle ese beso, lo adoraba. Tal vez si debía ir al manicomio. No era normal sentir algo por alguien que te compro como un trozo de carne. Se escucho el movimiento de la perilla de la puerta y me levante para ver quien la abrió aunque ya lo sabía, era Edward.
-¿Como entraste?- cuestione.
-Con esto- dijo levantando unas llaves-, para haberte tapado con la almohada sí que gritas fuerte.
-Sal de mi cuarto.
-¿Y que harás si no?- dijo acercándose a mí.
-Aléjate o- tome lo primero que vi, una almohada-, o te pego con, con esto.
-Uy, que miedo- dijo sarcásticamente.
Sujete fuertemente la almohada y lo golpee con todas mis fuerzas, y lo golpee, y lo golpee, hasta que el tomo la otra almohada que había y repitió mis movimientos, recibí uno que otro golpe, seguimos así por un buen rato hasta que el me tomo y nos hizo caer a ambos en la cama, reí, era el momento más divertido que había tenido desde que llegue aquí, Edward también lo hizo, nos callamos después de dar un suspiro, como si esto ya lo hubiéramos echo muchas veces.
-¿Aun quieres ir a México?- pregunto rompiendo el silencio.
-Tal vez.
-No tienes porque ir.
-Pero quiero ir- renegué.
-Eres muy bipolar en ese sentido, y en todo lo demás- dijo riendo. Tome una almohada y lo golpee en la cara-. Bien, no haré más comentarios en ese sentido- dijo.
-Gracias.
-¿No puede ser así?
-¿Así como?
-Tu, yo, tranquilos, sin ninguna pelea o intento de suicidio.
-No lo creo- dije-, sería imposible, no somos iguales, tu eres mas viejo que yo y digamos que las chicas se ponen un tanto sensible cuando un hombre cualquiera las compra.
-Ya te dije porque lo hago.
-Lo sé, pero, quiero volver a ser la villana de película- dije volteándolo a ver.
-¿Villana de película?
-Cuando te chantaje- explique- me encantaba tu expresión de enojo, se sentía tan bien dominar.
-Dos cosas; uno, de pura casualidad no serás pariente del señor Grey- lo golpee por decir eso, era una tortura que yo fuera la única que no lo ha leído por mi edad, y eso me tentaba-, y dos, que tan bien me veía enojado.
-Bien una cosa, no me vuelvas a torturar con lo de cincuentas sombras de Grey, todavia no lo leo y es una tortura y no te veías bien- me miro incrédulo-, bien solo un poco, pero me encanto verte enojado y saber que no me harías nada, era tan, tan, tan maravilloso.
-Entonces, ¿quieres que sea el sumiso?- pregunto.
-Sumiso no- respondí.
-Quieres que sea haga lo que quieras, que te lleve a la casa de tus padres y que cuando digas "rana" salte, eso es ser sumiso desde mi perspectiva.
-¿Y que tiene de malo?, ser sumiso es genial.
-¿Y tu como sabes que es genial?
-Solo lo se.
-Ok Bella Grey, ¿quieres comer?
-Depende, Edward Steele- respondí.
-Es comida china- explico-, a domicilio- después de haberlo dicho el timbre de abajo se escucho-, y justo a tiempo- añadió.
Se levanto y me ayudo a pararme.
-Vamos a comer señorita Grey- dijo y lo golpee, si sigue diciéndolo ahora yo le pondría la almohada en la cara mientras durmiera-, ok, ¿y que tal "villana de película"?
-Mejor, rana- concluí mientras íbamos bajamos para comer la comida.
La ama y el sumiso, ¡Hay pelo que leendo!
Las veo en el próximo capitulo y gracias por leer.
