Disclaimer:
Los personajes de esta historia son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esa historia.
- ¿Una cama matrimonial? ¿enserio?- Cuestione apuntando en dirección a la cama.
- Nos nos vamos a casar. - Recordó. - Hay que ir practicando. - Dijo metiendo las maletas. - Si quieres practicamos lo que sigue después de acostarnos.
- Eres un asqueroso y dormirás en el sofá. - Dije.
- Estas loca- dijo riendo, yo lo vi de manera seria, fue entonces cuando se dio cuenta de que yo hablaba enserio.- Mira, si tu quieres duerme ahí, Bella. Yo dormiré en la cama y no cambiare de idea.
- Dormirás en el sofá, Edward. Y no cambiare de idea.
- Pues yo dormiré en la cama. - Reafirmo.
- Yo igual.
- ¡Bien! - Grito.
- ¡Bien!
El termino de meter las maletas y yo encendí la televisión, como supuse, no había nada interesante, cambiaba canales sin decidirme por cual, hasta que vi la Teoria del Bing Bang, si había algo que amaba aparte de leer, era ver la teoria del Bing Bang, Sheldon era tan inteligente, pero de una manera divertida, mientras que Penny, bueno Penny era Penny.
- Podrías ayudarme. - Dijo Edward metiendo la ropa en el closet.
- Podría... Pero no quiero.
- Bella...
- Edward... - Dije repitiendo su tono de voz. El se cruzo de brazos y hice lo mismo, ambos nos miramos frente a frente por alrededor de cinco minutos. - No.
- Forks. - Mascullo. Eso basto para que yo corriera hacia el empezara a meter la ropa en el closet y, a pesar de la poco de lo que lo conocía, sabia que si podía caer ante esa amenaza la utilizaría mucho, lo cual era un desventaja para mi. Había encontrado mi punto débil. Antes de que abusara de el debía encontrar el suyo.- Mejor.
- Cállate, Cullen. Juro por mi vida y por la memoria de mis padres que tu sufrirás durante todo este viaje.
- Que miedo. - Dijo en tono sarcástico.
- Muérete.
- ¿Por que siempre me dices que me muera?- Cuestiono.-, no te he hecho nada.
- Que no me has hecho nada, que no me has hecho nada, comprarme en una subasta, obligarme a casarme contigo, si eso no es nada entonces no se que pienses tu, Edward.
- ¡Sabes por que lo hago, Bella!
- ¡Y tu sabias lo que yo pase, lo que sufro y vienes y me compras como si nada!
- ¡Yo no sabia nada, Bella, te compre porque estaba desesperado!
- ¿Y yo que culpa tengo?- Edward solo me miro y segundos después empezó a reír.- ¿tu de que mierda te ríes?
- De ti.- Dijo ahogando la risa.
- Pues no soy payaso como para que te rías de mi.
- No, no lo eres. Que yo sepa los payasos sonríen. Tu no.
- Eres la persona mas estúpida y infantil que he conocido.
- Lo dices porque aun no has estado conmigo en la cama.
- ¿De que carajo hablas?
- Tu, yo y una cama.
- ¡Eres un cerdo!
- Vamos, admite que me deseas.
- Claro, Edward. - Dije sarcásticamente. - Sigue creyendo eso.
- Se que me quieres dentro de ti.
- Vuelve a decir algo que implique sexo y yo en la misma oración y no vives para contarlo.- Amenace, el solo se rió.- Dios- dije levantando los brazos.-, has que se calle.- Nuevamente rió.- ¿Por que carajos te ríes tanto?, ya cállate.
- ¿Que acaso vas a controlar mi vida?
- Digamos que si.- Me observaba atentamente.- Es feo cuando controlan tu vida, ¿cierto?
- Y claro que si. Uno es uno y hace lo que quiera con su vida.
- Pues dilo para ti mismo.-Dije secamente, rió.- Yo no puedo controlar tu vida pero tu puedes controlar la mía.-Dije, el solo asintió.- Imbécil.- Rió.
-Es que es feo que controlen tu vida pero es divertido controlar la vida de otro.- Dijo reí sarcásticamente.
- Y creí que conocía a todos los egolatras del mundo, pero, aquí estas. Eres tan... tan...
- ¿Sexy?- Dijo arqueando una ceja, reí.- Admítelo linda, te atraigo.
- Claro, Edward, me atraes tanto.
- Lo se.- Dijo sonriendo.- Soy demasiado sexy.
- Eres un imbécil.
- ¡Que lenta eres!- sonrió-, hubiera comprado a la rubia de ojos azules.
- La hubieras comprado.- Dije de mala gana, el sonrió.- ¿Quieres dejar de sonreír?, tu sonrisa me pone los pelos de punta.
- ¿Te gusta?
- No, me repugna.
-Huele a celos.-Sonrió.- ¿Te molesta mi hermosa sonrisa, Bella?
-Que egocéntrico eres.-Dije molesta. Me sonrió.- Y tienes un diente algo chueco. -agregué.
-Mentira.-Sentenció.- No tengo ninguno chueco. -Dijo haciendo una mueca. Se levantó de la cama y caminó hasta el baño. Vi como se ponía frente al espejo y examinaba cada uno de sus dientes, al terminar de hacerlo me volteo a ver y yo solté una carcajada sonora.- No es gracioso.
- Oh, claro que lo es- dije entre risas-, debiste ver tu cara.
Luego de eso, sin decirme nada se volvió a recostar en la cama. Terminé con mi ropa y entré de nuevo al baño, necesitaba una ducha, me sentía agotada, y tenía hambre.
No tuve en cuenta que al salir Edward estaría ahí. Y yo con una toalla rodeando mi cuerpo desnudo, no era nada bueno. Respiré profundo, no podía salir de ahí con el recostado en la cama, tenía que hacer algo para que el se fuera.
- ¿Edward?- asomé mi cabeza a la habitación. Volteó a verme.-, ¿puedes irte un segundo?-arqueó una ceja.
- ¿A dónde pretendes que me vaya?- Dijo sin entender.
- No se, ve abajo pero vete.
- ¿Por qué?- Preguntó confundido.
- Quiero cambiarme en paz.- Dije con pesadez. Me sonrió.- ¿Puedes irte?
- No, no me iré.- Dijo y volteó de nuevo al televisor.
- Por favor.-Dije ya cansada. Ni siquiera me respondió.
Supuse que no se iría así que salí del baño, con la toalla que apenas cubría mi cuerpo. Tenía que enfrentarlo, después de todo iba a pasar mucho tiempo a solas con el.
Me miró desde que entre a la habitación y mientras busqué mi ropa, hasta que me volví a meter al baño para cambiarme.
Salí con un vestido de playa y debajo mi bikini. Sin darle importancia a su mirada tomé mi bolso.
- ¿Se puede saber a donde vas?- Dijo desde la cama. Volteé a verlo.
- A pasear.
- Ni lo piense señorita.- Se levantó de la cama y caminó hasta su maleta.
- Resulta que ahora soy señorita, y hasta hace 3 minutos era una linda. Wow Cullen, que rápido crecen los niños. ¿Verdad?
- Déjate de payasadas.-dijo mientras abría su maleta.-, voy contigo.
- Ni lo sueñes Cullen.- Dije abriendo la puerta. Vi como se bajaba los pantalones dejando una perfecta vista de su trasero.- ¡Edward!-dije exaltada y cerré la puerta para que nadie que pasara lo viera.
- ¿Qué pasa?- Me volteó a ver. Me cubrí los ojos.- Ah, ya veo-dijo riendo.-, disculpa, pero si me cambio en el baño se que te iras, en cambio así no te iras.
- No me apetece verte desnudo.- Dije volteando hasta la puerta. Apoyé la cabeza sobre esta.- Apúrate porque de verdad me quiero ir.- Agregué.
- Listo.- Volteé y estaba en maya con el torso desnudo.- Espera que busco una playera y nos vamos.- Volvió nuevamente hasta la maleta.- Pregunto…-lo miré.-, ¿Vamos a la playa?
- Creo.- Dije casi perdida en sus brazos. Por Dios, que marcado estaba este chico.
- Entonces… ¿Llevo toalla?- Me miró.
- Edward…lleva lo que quieras pero apúrate.
- Esta bien, pero luego no digas que soy yo el que te trata mal.- Dijo dándome un poco de lastima. Agarró sus lentes de sol mientras se colocaba la playera.- Vamos.- Me abrió la puerta.
Sin decir mas nada salimos de la habitación. Nos metimos en el elevador y bajamos hasta la planta baja. Al salir del hotel Edward miró a ambos lados.
- Yo no he venido nunca aquí, así que fíjate bien en que parte de México estamos porque si no nos perderemos.
-Bien.- Dije no muy convencida.- Vamos a la playa.
-Bien vamos.- Dijo tomando mi mano. Me aparte.- ¿Ahora que?
-Sin contacto físico por favor.
-Ah ya veo, esperas a esta noche.-dijo al descuido. Estúpido.
No respondí a eso ya estaba cansada de sus estúpidas acotaciones sobre el y yo en una cama. Es más que obvio que eso no pasaría nunca ni pasara. Sus intentos por tomarme la mano fueron muy seguidos y mis rechazos se hicieron notar cada vez que lo intentaba.
Caminamos hasta la playa que estaba a solo unos metros del hotel. Nos sentamos sobre la arena. Edward usaba su celular mientras yo me moría de calor, por lo que decidí quitarme el vestido y tomar sol en bikini, por supuesto.
- ¡Pensé que eras mas gordita! - Dijo divertido.- Pareces escuálida.- Carcajeó. Me hizo enojar.
- Cállate, cállate si no quieres tragar arena en este instante.- Dije provocando su risa.
- Solo estaba molestando. A decir verdad me gusta tu cuerpo.
Yo estaba de espalda bajo el sol. Así que solo me apoyé sobre mis codos y lo miré.
- ¿Puedes dejar de ser tan baboso?- arrugué la nariz. Me sonrió.-, me repugnas Edward.
- Solo dije que me gustaba tu cuerpo. ¿Qué hay de malo en eso?
- Que lo dices como un depravado sexual que muere por irse a la cama conmigo.- Estaba alterada.- Mírame a los ojos.-dije molesta.
- No soy un depravado sexual.- Dijo mirándome a los ojos tal cual yo había pedido.- Pero eso no quita que no muera por irme a la cama contigo.- Agregó. De nuevo me caía mal.
