Disclaimer:

Los personajes de esta historia son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esa historia.


- Suficiente.-dije y me volví a recostar.- Quédate callado y no hagas de mi vida un completo infierno.

- Como quieras cariño.-dijo divertido.

Hice caso omiso a sus últimas palabras. Me estaba volviendo loca. El definitivamente quería llevarme a la cama y no iba a parar hasta hacerlo. De una u otra manera me hacia sentir… ¿segura?

Al llegar a la playa me quedé dormida pero no por mucho tiempo. Desperté al sentir una mano acariciar mi pierna. Me moví solo un poco pero no quite la mano que causaba tiernas cosquillas sobre mi piel. Era Edward. Seguí pretendiendo que dormía mientras el jugaba con sus caricias que subían y bajaban sobre mi pierna. Parecía que no iba a conformarse solo con eso, tocó mi trasero y por más que no quería llamar mucho la atención entre la gente, no iba a permitir eso.

- ¿Qué mierda haces?-Le dije indignada. Sacó su mano y me sonrió.

- Te quedaste dormida.-Me informó.

- Oh, no me había dado cuenta.- Le dije molesta. Volvió a sonreír.- ¿Qué no puedes dejar de mostrar tus dientes?-Se puso serio. Lo vi levantarse de la arena y tomar sus lentes.

- Ya ni reírme puedo.- Dijo antes de irse de ahí.

Sonreí, al fin me daría un tiempo en paz. Por otro lado no estaba feliz de estar sola, me sentía, como se dice, desprotegida. Volteé para que el sol me diera de frente, acomodé mi cabello y seguí tomando sol sin preocupación alguna.

Cuando ya me sentía sofocada por el calor, decidí irme de ahí. Sabía que al llegar al hotel Edward se pondría pesado así que en vez de ir hacía el hotel me fui por donde habían puestos con artesanías.
Me tomó un rato recorrer cada uno de los puestos, pero valió la pena. Había anillos, collares, pulseras títeres, pinturas, cajitas de madera, adornos, de todo eso, solo me llevé un par de aros y una pulsera. Y bueno, digamos que dejé de lado mi enojo con Edward y le compre una pulsera hecha en hilos de cera, negra con rojo. Me la envolvieron y, con todo esos paquetitos en mi mano, volví al hotel.

Tuve que golpear la puerta porque la tarjeta la tenía Edward. Sentí como abrió de un tirón y luego volvió a donde estaba, seguía enojado.
No le di importancia a si actitud y cerré la puerta. Volteé y caminé hasta nuestra habitación, vi toda mi ropa sobre esta. Cerré mis puños, este chico iba a encontrarse con una de mis manos golpeando su cara, de eso estaba segura.

- Quiero que guardes toda mi ropa donde estaba.- Dije secamente y tiré lo que traía sobre el sillón. Ni siquiera me miró y siguió colgando sus camisas en las perchas.- ¡Cullen!- Grité. Volteó y me miró.- Guarda mi ropa donde estaba.- Negó con la cabeza y siguió.- Cullen.- Lo llamé.- ¿Puedes guardar mi ropa donde estaba?- Pensé que pidiéndoselo bien podría ceder. Me miró incrédulo y volvió a lo que hacía.

Me acerqué a el y abrí una parte del armario. Me miró. Agarré la ropa que estaba doblada y la tire sobre mi cama. Arqueó una ceja. Abrí un cajón y lo vacié tirando todo al suelo.

- Guarda mi ropa donde estaba.-le ordené intentando no gritar. Me ignoró y se agachó a levantar las medias que le había tirado junto con unos pañuelos de tela.- Edward.- Me crucé de brazos. El no me iba a hablar.

Tuve una sola idea. Entonces agarré mi maleta y comencé a tirar toda mi ropa dentro. El ni se fijo en mi y siguió con lo que hacía. Cerré la maleta y la dejé a un costado de la puerta, caminé hasta el sillón y agarré lo que recientemente había comprado y mi bolso. Recordé el regalo para el.

- Para que veas que a diferencia de ti, yo si pienso en los demás.- Y le tire el paquetito que impactó contra su pecho.- Aun así, te odio.- Dije y guardé lo mío dentro de mi bolso. Abrí la puerta y lo miré. Me estaba dejando ir.

Cerré la puerta de un golpe y al instante la vi abrirse. Me di la vuelta y lo miré. Tenía solo su maya, con el torso desnudo y estaba descalzo.

- ¿Así solucionas los problemas?- Me dijo. Arqueé una ceja y lo mire con desprecio.- Entra a esa habitación en este momento.- Se movió dejándome el paso hasta la entrada de la habitación.

- No quiero.- Dije negando con mi cabeza.

- Uno-dijo moviendo el pie con impaciencia.-, dos, si al contar tres no estas ahí adentro, veras las consecuencias.-Entré a la habitación.-, tres.- Entró atrás mío y cerró la puerta.- Pareces una nena huyendo de lo que no te gusta enfrentar.- Dijo.

- Mira Edward.-Me volteé para verlo y quedamos frente a frente. Mi voz no iba a salir mientras Edward estuviera tan cerca mío. Tragué saliva y lo miré a los ojos.

- ¿Decías?-dijo intentando que siguiera con mi oración. Parpadeé y mi mirada bajó a sus labios.-, esta bien, no digas nada.- Se alejó de mi y tomó la ropa que yo había dejado sobre la cama.- No entiendo.- Dijo.- Te pido algo y haces lo contrario.

- Tu me chantajeaste. Asi que yo jugee sucio.

- Yo devuelvo todo lo que me hacen. Gracias.-dijo luego. Lo miré sin entender. Me mostró el paquetito que yo acababa de entregarle. Entendí. Lo abrió y sonrió.- Te debo algo.- Me dijo y se levantó de la cama. Besó mi mejilla sonoramente.

- De nada.- Respondí algo anonada.

- Puedes volver a guardar tu ropa.- Me informó. Asentí.

Ya estaba cayendo la noche. Creo que ambos coincidíamos en que no queríamos pelear más. Me di una ducha mientras Edward terminaba de ordenar su parte del armario.
Esta vez me llevé el pijama al baño y cuando salí de la ducha me lo coloqué.

Luego de mi ducha, era el turno de Edward, que sin protestar se metió al baño y se llevó su ropa al igual que yo.

Me tiré en la cama y encendí el televisor esperando encontrar un buen canal para ver a esta hora, mientras esperábamos la comida en la habitación.

- Listo.- Dijo cuando salió sacudiendo su pelo con una toalla.- ¿Todavía no llegó la comida?- Agregó. Lo miré, fue cuando caí en la cuenta de que el estaba en boxers con el torso desnudo. Me hizo una mueca torcida, intente no mirarlo mucho para no empezar con los problemas.

- No, todavía no.- Me limité a decirle. Se sentó en la cama mientras veía fijamente a la pantalla del televisor.

- ¿Qué ves?-arqueó una ceja.

- Sweet 16.- Respondí secamente.

- ¿Qué canal es ese?- Dijo extrañado.

- El programa se llama "Sweet 16"-volteé a verlo. Me miró.-, el canal es el MTV.- Asintió con la cabeza.- No me digas que no lo conoces.- Agregué divertida. Rió.

- No, no se de donde salió ese canal tan raro.

- Edward, tu si que tienes problemas.- Carcajeé. Me sonrió.

- ¿Problemas?-dijo divertido.-, no lo creo pequeña.- Rió. Lo miré seriamente haciendo que rodara sus ojos.- ¿Qué eres?

- ¿Qué soy?- Dije confundida.

- Si, ¿Qué eres?- Insistió.

- Puede que tus amigos te entiendan cuando hablas así de raro pero yo no te entiendo.- Dije cambiando de canal.

- Quiero decir…- dijo buscando las palabras correctas. Me quedé mirándolo.-, que… si eres pequeña, una mujer, una señorita, una dama. ¿Cómo te gusta que te trate?- Dijo finalmente. Me quedé pensando sobre eso.- Olvídalo, solo quería saber como hablarte, pero no importa.- Volteé mi mirada al televisor y a los segundo regresé mi mirada a su rostro.

- ¿Tu que crees que soy?- Pregunté. Me miró.- ¿Una nena?- Negó con la cabeza.- Entonces…- Lo incité para que hablara.

-Para mi eres…- miró hacía el techo. Se me hacía divertido que preguntara eso y a la vez me causaba ternura que preguntara como debía tratarme.

-Una simple adolescente.- Le completé la frase. Bajó la mirada hasta mis ojos.- Solo eso.

-No.- Dijo negando con la cabeza.- Eres mi novia.

-Tu nunca me preguntaste si quería ser tu novia.

-Porque sabia que ibas a decir que no.