Disclaimer: todo pertenece a J. y la idea viene de varios fics en inglés, pero la historia es de mi autoría.

Capítulo 6

Al día siguiente, después de una noche un tanto perturbadora, Hermione se levantó a las 9:00 de la mañana por el sonido de una lechuza picando la ventana de su habitación. Todavía soñolienta y un poco zombi, Hermione se levantó y caminó hacia la ventana. Al abrir la ventana, una lechuza de color negro dejó una carta en la cama de Hermione y volvió rápidamente al aire, saliendo por la ventana.

Hermione se acercó hacia la cama y abrió la carta sorprendida ya que era de Severus Snape.

"Señorita Granger:

Le comunico que deseo verla en cuanto esta carta llegue a su poder, reúnase conmigo en mi despacho de Hogwarts para hablar sobre la absurda ley de matrimonio.

Un saludo.

S. Snape."

Hermione abrió la boca y empezó a vestirse rápidamente ya que tenía mucha curiosidad por hablar con Snape. Al salir de la habitación para dirigirse al salón para ir en red flu hasta el despacho del profesor Snape ya que en todo este año atrás lo había ayudado en la creación de pociones para la cura del purgatio y para ahorrar tiempo y energía se había establecido la red flu entre ellos, aunque Snape nunca había pisado la casa, era siempre Hermione quien iba al despacho.

Al entrar en el salón se encontró a Harry en la sala tomando café.

— ¿Dónde vas?

—El profesor Snape me ha mandado una lechuza y voy a ver que quiere, dice que es algo relacionado con la ley de matrimonio.

—Estaré vigilando la casa. No te preocupes. Vete tranquila. Nos veremos en la reunión.

— ¿No vas a trabajar hoy?

—He pedido un mes de excedencia para estar contigo y ayudarte en todo.

—Gracias Harry, eres un amor. —Dijo Hermione dándole un beso en los labios. —Al despacho del profesor Snape.

Dicho esto, la chimenea engulló a Hermione y apareció en el despacho de Snape el cual estaba sentado en su escritorio.

Snape que a duras penas había sobrevivido a la mordedura de la serpiente, gracias a su tenacidad y su instinto de supervivencia, cuando Harry hubo matado a Voldemort, Hermione corrió a la casa de los gritos para poder ayudar a Snape y con ayuda de los supervivientes de la gran guerra en Hogwarts, Snape pudo salvarse.

Los sanadores dijeron que había sobrevivido de puro milagro a las heridas producidas por la serpiente y luego a la maldición Purgatio. Solo la tenacidad de Snape y de los médicos había sido posible que él cuando estaba enfermo junto con Hermione y muchos otros investigadores pudieran encontrar la cura siendo Snape el conejillo de indias. Snape se había negado a ser un enfermo y en cuanto estuvo ligeramente mejor de sus heridas y de la plaga volvió a Hogwarts para seguir buscando la cura.

Pero su recuperación había sido difícil, los sanadores siempre se lo habían dicho y ahora que estaba recuperado, Snape estaba más malhumorado ya que el veneno de la serpiente lo había dejado débil ya que se cansaba con facilidad y tenía que seguir tomando pociones revitalizantes. Se le había dado una larga lista de instrucciones, media docena de pociones y advertencias en cuanto a los riesgos.

Hermione se lo quedó mirando, esperando que éste hablara, su estómago estaba revuelto por los nervios.

—Ah, señorita Granger aquí estas. Siempre tan puntual— dijo Snape, la lesión de la serpiente aunque había sido en el cuello no había cambiado su voz. Su voz seguía baja y suave como la seda, teniendo el poder de excitarla. Cuando era adolescente había tenido un ligero enamoramiento por él, lo había encontrado atractivo, pero nunca se lo había confesado a nadie.

—Hola, profesor—dijo ella vacilando y balaceándose ligeramente, intimidada por el hombre.

—Se lo dije al ministro y te lo digo a ti, no tengo ninguna intención de seguir con esta farsa de matrimonio. Que me manden a Azkaban si es lo quieren.

Hermione al escuchar sus palabras sintió un deje de tristeza.

"Por supuesto, ¿por qué iba a querer casarse conmigo? No soy nada especial"

Hermione lo miró a la cara intentando que sus palabras no le afectaran, aunque se alegraba de que Snape siguiera tan sarcástico como siempre.

—Al grano como siempre, profesor, sin sutilezas.

—No hay tiempo para sutilezas.

—No, supongo que no lo hay — dijo ella sonriendo. — Bueno, al grano, tienes que casarte conmigo de todas maneras, si renuncias al matrimonio, tendré que ir a Azkaban a acostarme contigo hasta que me dejes embarazada y sería muy embarazoso, porque habría un auror mirando a que tú cumplieras la ley e incluso podrían llegar a obligarte a tomar pociones de lujuria para que cumplieras conmigo.

— ¿Cómo? —gritó Snape.

—Eso es, no olvides que estaba allí cuando se aprobó la ley y se todas las clausulas.

—Joder— maldición Snape dando un puñetazo a la mesa.

—Esta es la situación, de cualquier manera la ley se va a cumplir, tú eliges. Una duda que tengo, ¿no te quieres casar por ser yo o por la situación?

—Por las dos, señorita Granger has sido mi estudiante, mi ayudante de pociones, te saco el doble de edad, eres una insufrible sabelotodo; pero también tengo que confesar que usted es mi mejor elección.

— ¿Por qué? Podría haberle tocado alguna chica joven como yo e incluso alguna de las brujas de mayor edad como Narcissa que es hermosa y elegante.

—Es algo personal—dijo Snape de manera cortante.

—Vamos a ser marido y mujer, más personal que eso no creo que haya nada, pero te respeto. Respecto a tus objeciones yo ya no soy su estudiante, hace casi dos años que no voy a sus clases, además ya no eres profesor, porque la escuela está cerrada. Lo de su edad, bueno, no vas a ser mi marido de más edad, el ministro te supera en ese sentido y él no tiene inconveniente y bueno siempre he sido una sabelotodo eso nunca va a cambiar, pero supongo que estaré ocupada cuidando de los niños—dijo Hermione con una sonrisa triste.

Snape se la quedó mirando, ya que lo último lo había dicho con una voz lastimera. Él más que nadie sabía lo que era renunciar a sus sueños por el bien mayor y ahí estaba, una de sus mejores alumnas, una chica inteligente que iba a ser mamá sin poder explotar su cerebro. La vida no era justa y con Hermione estaba el claro ejemplo.

—Sus argumentos no son los mejores, pero son la realidad. —dijo Snape resoplando.

—Es la pura realidad, no puedo adornarla para que sea más bonita. Voy a tener 7 maridos y 14 hijos.

— ¿Estás segura que no hay una vía de escape, una cláusula, algo mínimo?

—No, estuve cuando se aprobó la ley, leí el manuscrito, la letra pequeña, intenté encontrar cualquier laguna para poder escapar, pero nada. La ley del matrimonio está hermética. —dijo Hermione con una sonrisa triste. —No seré una de esas esposas agobiantes, tendrás tu libertad, si quieres solo puedes estar en las comidas, aunque cuando tengamos hijos, me gustaría que estuvieras presente. Ellos no tendrán la culpa.

—No sé si podré llegar a amarte, no creo en el amor. — dijo Snape mirando a la ventana con tono pensativo.

Al oír eso, algo en Hermione se rompió y sus ojos se anegaron de lágrimas no derramadas. Ella quería casarse por amor, sabía que era algo estúpido pero siempre había soñado que cuando se casara sería con una persona que la amara como un igual. No era justo.

"Por lo menos Harry me quiere"

—No te pediré que me quieras. —dijo Hermione con un nudo en la garganta, intentando tragándose sus lágrimas. —Aprecio que me lo digas para saber bien las cosas. Yo si me alegro de que hayas sido uno de mis maridos, eres un hombre valiente e inteligente y siempre le he admirado por ello, siempre podemos discutir sobre pociones, tenemos temas en común.

Snape la miró a los ojos y asintió con la cabeza. Odiaba ser así, siempre había admirado a Hermione, le gustaba su inteligencia como lo mantenía en jaque y ahora se había convertido en una hermosa señorita. Ya no era una niña, era toda una mujer y pronto sería suya. Nunca había albergado la esperanza de una familia pero eso era el futuro que le esperaba y le gustaba. Ese anhelo que había tenido siempre en su interior de una familia, ahora podía hacerse realidad.

—Tenemos que a la Mansión Malfoy para encontrarnos con los demás candidatos a maridos, para discutir sobre todo ello, la fecha de la boda y además. ¿Vamos? — dijo Hermione incapaz de ver a Snape a los ojos, ya que sabía que si lo miraba se iba a poner a llorar como una niña pequeña.

Hermione y Snape salieron del despacho y se dispusieron a dejar Hogwarts ya que no se podían aparecer sin más en la Mansión Malfoy así que los dos juntos se aparecieron a 100 metros de la mansión.

Eran las once en punto cuando llegaron, por lo que no era demasiado tarde, pero eso quería decir que todos sus futuros maridos estarían esperando por ella. Snape le ofreció su brazo y ella sorprendida lo cogió y se dispuso a atravesar la verja que conducía a la puerta de la casa. A cada paso que Hermione daba hacia la casa su corazón latía más deprisa.

En la puerta se encontraron con un elfo doméstico solemnemente vestido con una especie de funda de almohada blanca, e hizo un gesto hacia el salón donde los acompañó.

Hermione intentó que sus manos no temblaran pero no podía, llegó un momento en que no podía caminar y se paró en seco.

—Estás temblando, señorita Granger, ¿dónde ha quedado su legendaria valentía de Gryffindor? — dijo en voz baja y burlona Severus.

—No puedo hacerlo, la última vez que estuve aquí, Bellatrix Lestrange me torturó casi hasta la muerte y me señaló. —dijo ésta tocándose el brazo en donde estaba su señal de sangre sucia.

Snape la miró ya que no lo sabía y se maldijo en voz baja por haberse burlado de su miedo. Era normal tenerlo. Bellatrix Lestrange se caracterizaba por ser una mujer sádica.

Hermione intentó controlar su respiración y los temblores, pero no podía, cada vez estaba más nerviosa y empezó a hiperventilar. Los malos recuerdos pasaban por sus ojos como en una película mientras que su respiración se volvía cada vez más errática.

—Tranquila señorita Granger, respire con pausa. —Dijo Snape preocupado al ver a Hermione cada vez más pálida y jadeando. — ¿Señorita Granger? ¿Hermione?

Hermione se sentía como si una ola la hubiese engullido, en este último año le había pasado pocas veces, ya que cuando terminó la guerra fue a un psicólogo mago y éste le había detectado trastorno por estrés postraumático. Llevaba un año en que estos ataques de pánico no se habían producido pero al estar en la mansión en donde había sufrido tantas maldiciones juntas se había desencadenado. En este estado no podía recordar las palabras de aliento de su psicólogo. Se sentía como su respiración fallaba hasta que sintió como unos labios se estrellaban en los suyos en un beso torpe pero decidido. El beso duró hasta que la respiración de Hermione volvía a la realidad y fue consciente de que él que le estaba besando era Snape.

Snape se retiró al ver que Hermione ya respiraba con normalidad mientras que Hermione parpadeaba y se alejaba un poco sorprendida y tocándose los labios con los dedos.

—Lo siento por esto, pero me parecía más adecuado un beso que una bofetada y así sellamos nuestro compromiso.

—Prefiero los besos, gracias. Y gracias por ayudarme, hacía mucho tiempo que no me daba un ataque de pánico de esta envergadura, tendré que ver a mi psicólogo.

—No se preocupes, las secuelas de la guerra son difíciles de superar. —dijo Snape con sabiduría.

—No sé muy bien que hacer, estarán todos allí. —dijo Hermione mordiéndose los labios mirando a la puerta con miedo.

—Cuando entremos, debes saludar primero al jefe de familia que has designado, así todos lo sabremos en consecuencia y así dejaras establecido la jerarquía para que nadie se suba a las barbas.

Hermione asintió con la cabeza dando una sonrisa temblorosa a Snape mientras éste le sujetó con más fuerza la mano.

"Allá vamos"

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Espero que os haya gustado, el lunes subo el siguiente capítulo. Este capítulo es un premio para vosotras por todos esos comentarios con vuestro. Estoy abierta a sugerencias, si queréis decirme algo en plan como es gustaría que hiciera la historia, algún escenario, decídmelo. Agradeceré todas las sugerencias.

***Princes Lynx***