Disclaimer: todo pertenece a J. y la idea viene de varios fics en inglés, pero la historia es de mi autoría.
Capítulo 7
Hermione y Severus se adentraron en la sala en donde estaban 6 hombres sentados en unas butacas alrededor de la chimenea, alguno de ellos estaba fumando o tomando una copa, pero todos los ojos se volvieron a ella en cuanto su figura se vislumbró en la entrada
—Perdonad por la demora, ha sido culpa mía, estaba discutiendo unos asuntos sobre pociones con la señorita Granger y se nos fue el santo al cielo. —dijo Severus mintiendo como solo él sabía mentir.
—Podrías haber dejado los asuntos intelectuales para después. Algunos tenemos trabajo que hacer. —siseó Draco Malfoy con superioridad.
— ¿Trabajo? ¿Desde cuando el niño Malfoy trabaja? —replicó Lestrange con burla mirando a Draco Malfoy con sorna.
—Algunos de nosotros tenemos un status y una vida ordinaria, no como otros que no tienen donde caerse muertos sino fuera por la caridad del ministerio. —contestó Draco Malfoy mirando al que fuera su tío en un pasado.
Lestrange dio un paso adelante pero Hermione se interpuso entre los dos.
—Basta ya, parecéis niños. Malfoy discúlpate ahora mismo con Rudolphos. Ahora. —dijo Hermione protegiendo a Lestrange con su menudo cuerpo.
— ¿Pedir disculpas? ¿Yo? ¿Por qué lo defiendes? —gritó Malfoy con incredibilidad y un deje de envidia en su voz.
—Probablemente por la magia vinculante. —dijo Bill apagando el cigarro.
— ¿Magia vinculante? ¿Qué es eso? —dijo Hermione mirando a Bill.
—Cuando se emite un contrato matrimonial hay un encanto que funciona como una cierta coacción leve que alienta a las partes para consumar el contrato. En esencia, el Ministerio ha creado esos contratos para que sea más fácil la atracción entre sus cónyuges, aunque esto no es nuevo, en todos los contratos de matrimonios de sangres puras se hacía para hacer la vida de éstos más fácil. Es como una pequeña ayuda, no cambia la voluntad, no hace que te enamores sino que hace que tengas una buena disposición hacia el matrimonio. El encanto es bidireccional. Los que hemos sellado el matrimonio besándote nos sentimos igual. —explicó Bill mientras Hermione abría y cerraba la boca con indignación.
— ¿Por qué no se me informó de esto? —gritó Hermione con furia al ministro.
—Como ha dicho Weasley es algo de los magos sangres puras, típico de los matrimonios arreglados, para que vayan a la boda más bien. —dijo Lestrange.
—Claro, por supuesto, el Ministerio tenía que invocar esta magia para asegurarnos que íbamos a las bodas y que ninguno nos escapáramos. Te juro que me las vas apagar Kingsley. Te odio. —dijo Hermione con lágrimas en los ojos mirando al ministro con decepción.
—Pequeña…—dijo el ministro acercándose a ella.
Hermione lo miró con las lágrimas cayéndole por las mejillas y negando con la cabeza salió de la habitación sin mirar hacia donde iba. Abrió la primera habitación que vio, la cual era como una oficia y se echó en el sofá negro que había en la derecha. Allí dejó que sus lágrimas fluyeran rápidamente. Se sentía engañada y estafada. Le daban ganas de irse del país, de irse a Australia para encontrar a sus padres, aunque eso significara dejar la magia. Por lo menos allí tendría un apoyo para siempre, no estaría encadenada a unos hombres que no la querían y que por un encantamiento no iban a salir corriendo del altar.
Hermione sintió como alguien se acercaba a ella y le acariciaba el pelo.
—No seas tan duro con él, hay cosas que simplemente no se pueden decir. Pese a quien le pese, él es el mejor ministro que hemos tenido en décadas y tiene mucha responsabilidad en sus hombros. La mayoría de los magos sangres puras podemos detectar el encantamiento y es algo común en nuestro mundo, es como un seguro. — dijo Draco Malfoy mirándole a los ojos.
Draco Malfoy sangre pura con la marca de mortífago en su piel por ser una niño caprichoso e inmaduro, había visto los estragos de la guerra, había visto en su propia casa como gente moría y era torturada y se había dado cuenta de que la sangre no importaba. Lo que importaban eran las personas ya que la magia es como un don. Su padre había muerto por una enfermedad muggle por ignorante y por ese odio intrínseco hacia los que no tenían magia. Con su muerte se había sentido liberado, había pasado un infierno con su padre y sus doctrinas. Él haber estado en las puertas de la muerte primero y después en las de Azkaban le habían hecho madurar de golpe.
Draco se sentía como un hombre nuevo y libre. Esa libertad que creía que se iba a haber truncada por una esposa que le imponían. Pero la sorpresa había sido cuando la lechuza del ministerio le había dado la carta con el nombre de su futura esposa: Hermione Jean Granger.
Granger. Hermione. La chica a la cual le había hecho la vida a cuadritos, la chica que lo había superado en cada una de las materias en el colegio. La sangre sucia que le había pegado un puñetazo en tercero. La hermosa chica que en cuarto año iba como una princesa y él se quedó con la boca abierta y con un sentimiento que nunca quiso ponerle nombre.
Celos.
A partir de quinto año la odiaba porque cada vez que la veía con Potter y la comadreja su estómago se contraía y sentía el gusano de los celos. Quería que ella se fijara en él, quería tener sus sonrisas y sus miradas. Pero nunca las tuvo. Por eso en quinto se fijó en ella, porque hiriéndole esos ojos castaños solo lo miraban a él y por unos instantes él era el protagonista. Lo quería todo de ella.
Cuando la vio en la mansión Malfoy después de casi un año sin verla, algo se contrajo en su estómago, la sangre le hervía cada vez que veía como su tía maldecía una y otra vez a Hermione. Cuando escapó, se sintió aliviado y un odio visceral se apoderó de él ya que por un instante él creía que podía convencer al Señor Oscuro que se la cediera para él.
Pero ahora esa chica iba a ser su esposa y futura madre de sus hijos. No sabía lo que sentía por ella, solo sabía que no le era indiferente. Cuando había defendido a Lestrange había sentido como los celos le engullían, él que mirara a otro, él que ella defendiera a otros, sin apenas verle, le hacía sentir pequeño y vulnerable.
Por eso había ido a buscarla mientras los demás discutían el que hacer, aparte de que él conocía la mansión como nadie y al verla en el sofá negro llorando se acercó a consolarla y cuando ésta la miró con sus ojos anegados de lágrimas vio sorpresa pero también agradecimiento.
Hermione aún seguía sollozando aunque más bien era hipidos mientras se acercaba a Draco y apoyaba su cabeza en su pecho. Se quedaron allí en silencio mientras Hermione se calmaba.
—Gracias por venir, creo que ya estoy preparada para pedir disculpas por mi comportamiento aunque todavía me siento decepcionada. —Dijo Hermione separándose de Draco.
—Debes comprender que el ministro tiene una gran responsabilidad pero también es humano y se equivoca. —dijo Draco con firmeza mientras le sacaba las lágrimas con un pañuelo.
Hermione se quedó quieta ya que no conocía a este Draco Malfoy, desde el juicio en donde Harry y ella testificaron a favor de él y de su madre no lo había vuelto a ver. Por ello, esta faceta amable y agradable de Draco le desconcertaba.
—Ahora que conoces las implicaciones del contrato de matrimonio, ¿me dejas besarte? —dijo Draco con voz ronca.
Años y años de no enseñar sus emociones lo habían ayudado ya que por dentro estaba muy nervioso. Hermione lo miró con sus grandes ojos de color miel, cerró los ojos y lo besó. Lo que empezó como un tímido beso se convirtió pronto en un beso cargado de pasión y lujuria en donde las lenguas danzaban sin pudor. Draco empujó suavemente a Hermione en el sofá y se echó encima de ella mientras seguía besándole pero sus manos no se estaban quietas sino que bordeaban todo el cuerpo de Hermione mientras que ésta le acariciaba el pelo. Pronto la necesidad de respirar se hizo presente y el beso se cortó mientras los dos jadeaban por la pasión contenida.
Hermione se sonrojó, incapaz de saber cómo se había dejado llevar mientras Draco se levantaba y acomodaba su erección en el pantalón. Los dos se miraron y empezaron a reír, quitando toda la tensión que había después de ese beso.
— ¿Vamos? —dijo Draco ofreciéndole la mano.
Hermione asintió y le cogió de la mano y juntos salieron de la oficina.
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Los demás chicos estaban en el salón esperando la llegada de Hermione ya que todos habían desistido de encontrarla ya que no conocían la mansión y seguramente se iban a perder. El ministro era el más afectado de todos ya que sabía que Hermione no conocía el encantamiento y se lo había callado deliberadamente para no tener más problemas con su futura esposa.
De pronto, la puerta se abrió y los seis pudieron ver como Hermione y Draco venían de la mano con una expresión serena en sus rostros.
—Lo siento, Kingsley. No es cierto que te odie pero estoy enfada contigo, me siento traicionada, yo confiaba en ti y tú no mencionaste lo del encanto. — dijo Hermione acercándose al primer ministro con lentitud y fuego en sus ojos.
—Pequeña no tienes por qué disculparte, tenía que habértelo dicho, pero no lo hice porque sabía que te ibas a enfadar. Yo si lo siento. Tienes mi palabra de honor que no te ocultaré más cosas de ese calibre. —dijo el primer ministro con seriedad y con preocupación.
Hermione asintió y le dio una pequeña sonrisa que el ministro correspondió y la abrazó fuertemente el cual Hermione correspondió.
Después de esa muestra de cariño, Hermione saludó a Lestrange con una sonrisa.
—Espero que no haya habido ningún problema entre tú y Harry. ¿Habéis podido llegar bien?
—No hubo ninguno Jean, aunque había olvidado lo incómodo que era la aparición conjunta.
—Yo también lo odio, pero a veces no hay más remedio. —dijo Hermione con una sonrisa, mientras Lestrange le cogía de la mano y le besaba en los nudillos.
Hermione aun ruborizada por esa muestra de caballerosidad se acercó a Bill.
—Hola Bill, espero que hayas podido llegar bien.
—Si Hermione, espero que no hayas tenido ningún problema—dijo Bill acercándose a ella y poniendo su brazo en la cintura de ella para acercarla a él.
—Todo lo bien que se puede estar. — dijo Hermione más ruborizada aun ya que nunca había tenido la atención de tantos magos a su alrededor.
Hermione se deshizo del brazo de Bill con cariño y se dirigió hacia el muchacho guapo, con el pelo rubio y esos enormes ojos azules, tan grandes como su ego. Él sabía que era guapo y lo aprovechaba.
—Hermione. —dijo él, inclinándose para besarla pero Hermione volvió la cabeza hacia un lado y él terminó besándola en la mejilla.
—Hola Cormac, ¿cómo vas? —dijo Hermione con una sonrisa hipócrita en la cara. No llevaba ni 5 segundos hablando con él y ya le había intentado besar. Sabía que tenían que besarse, pero podría habérselo currado un poco.
—Pues bastante bien la verdad, me han ascendido en el ministerio, ahora soy director de Finanzas. — dijo Cormac con orgullo y altanería.
Cormac abrazó a Hermione y dijo quedamente en su oído:
—Sabía que el destino me tenía preparado una buena mujer y esa eres tú. No te olvides que me debes un beso. Lo estaré esperando.
Hermione asintió a duras penas y Cormac le guiñó un ojo. Por último se dirigió a Harry, con él no hubo palabras simplemente se fundieron en un hermoso abrazo.
—Bueno es hora de hablar de nuestro matrimonio y discutir los posibles contratiempos que se produzcan. —dijo Bill en un tono conciliador.
Todos los demás magos asintieron en respuesta y se dispusieron a sentarse en los sillones en donde previamente estaban sentados. Hermione se sentó al lado de Harry y de Kingsley un poco cohibida porque todos la estaban mirando a ella.
—Bien como todos sabéis, esta nueva ley dice que el marido más viejo debe ser el cabeza de familia a no sea que la esposa quiera elegir a otro. — dijo Kingsley mirando a Hermione dicho esto último.
—Yo estoy de acuerdo con que seas tú. —dijo Hermione colorada por la mirada de todos sus cónyuges.
Todos asintieron ante la palabra de Hermione aceptando su palabra indicando que estaban conformes.
—Bueno como jefe de la familia, todas las decisiones pasaran por mí, hasta la más mínima, pero siempre pediré vuestra opinión. Creo que lo mejor y dada mi experiencia es hacer reuniones semanales en los que todos discutamos de forma civilizada las cosas. Si no se llega a un consenso la mayoría gana y por supuesto la opinión de Hermione tendrá un gran peso sobre todo en cuestiones personales. Mi prioridad será que nuestra familia viva en armonía, sé que tendremos nuestros más y nuestros menos, pero todos debemos poner de nuestra parte. ¿Alguien tiene algo que decir?
Las palabras del ministro calaron hondo en todos ellos y todos asintieron en respuesta, sabían que iba a ser difícil. Seis magos y una bruja cada uno con personalidades tan dispares. Se daba por supuesto que iba a haber problemas.
—Bien nuestra familia se llamara Granger, por el apellido de nuestra futura esposa tal y como dicta la ley, menos en cuestiones formales en donde nuestra bruja será presentada con todos los apellidos, cuando alguno de nosotros vaya solo acompañado por Hermione será presentada por el apellido de dicho marido. En las reuniones formales en los que se nos tenga que ser presentados, primero irá el apellido Granger y luego el nuestro natural.
Una vez más todos asintieron conformes ya que era parte de la ley.
—Bueno lo primero que tenemos que hacer es establecer donde vamos a vivir. Hay que tener en cuenta de que todos debemos vivir en la casa y estar en ella por lo menos 5 días de la semana y cuando haya niños hasta 6 días para que todos podamos educar a los niños en una familia. ¿Alguna sugerencia? —dijo Kingsley.
Y con esa pregunta estallaron todos en discusión.
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***PrincesLynx***
