DISCLAIMER:

Los personajes son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.


Soy novia de Edward Cullen, soy novia de Edward Cullen. Canturreaba mi voz interna, después de pedirme ser su novia el accedió a dormir conmigo, no me dio miedo como le había dicho, incluso me recosté en su pecho, su cálido pecho. Edward me da un codazo devolviéndome al mundo real. Estamos en el aeropuerto de California esperando el avión privado de él. Estoy releyendo el libro de Cincuenta Sombras y varias personas me miran raro, tal vez no todos se traguen la mentira de que tengo veintitrés años. Edward me da otro codazo y yo gimo:

- Entendí con el primero- le gruño, el sonríe.

Caminamos hasta el avión y subimos, Edward saco su iphone y yo seguí leyendo. Edward me lanzaba una que otra mirada, sonreía al ver mis gestos al leer. Como era de esperarse, lo termine al aterrizar, el camino se me había hecho muy largo. Edward busco las maletas y me encamino por el aeropuerto. No se parecía al de Nueva York. Pidió un taxi y nos subimos. Nada en absoluto tenia aire de Nueva York.

- Edward, ¿en dónde estamos?- no contesto-. Edward- dije dándole un codazo.

- Es sorpresa, Bella- dijo sobándose donde lo golpee-. Por cierto, ponte esto- dijo dándome el mismo antifaz del día anterior.

- ¿Otra vez?- le cuestiono, el solo asiente-. Primero dime a donde vamos.

- No.

- Dime- le insisto.

- Mira, solo te diré que es parte de las condiciones que me diste.

- ¿Que?- le cuestiono, no entendía nada.

El no me contesto y me coloco el antifaz, obviamente no veía nada. Genial. Espere buen rato a que digiera algo, el sonido de algo pero no se oía nada. Varias veces trate de subirme el antifaz para espiar pero Edward me tomaba la mano y me colocaba bien el antifaz. Resoplé varias veces y podía escuchar la risa de Edward el cual solo me hizo recargarme en su pecho y besaba mi pelo. Espere recargada en su pecho e inhalaba su perfume repetidas veces. Me movió indicándome que habíamos llegado, me saco y sentó en lo que creo es un tronco, oía como colocaba las maleas en el césped. ¿Césped? Me agache cuidadosamente esperando no lastimarme y efectivamente, era césped. Aun estaba fresco. Oí pasos, de seguro era Edward, los pasos se alejaban y me empecé a asustar.

- ¿Edward?, ¿A dónde vas?

- ¡Espera ahí!- me grito.

Me senté en el suelo y espere, espere y espere. Alguien me tomo por la espalda y yo forcejee.

- Soy yo- dijo Edward, deje de moverme.

Me guio mientras caminada, me detuvo y me soltó. Trate de voltearme y buscarlo pero francamente no sabía en donde estaba.

- Quítate el antifaz- me ordeno Edward.

Lo obedecí y lo hice, parpadeé un par de veces hasta que mi vista se aclaro, mire al frente y lagrimas empezaron a brotar de mis ojos. Estaba en Forks. Mi hogar. Me tape la boca con mis manos en un intento no gritar pero fue inútil. Mire a Edward, tenía sus manos metidas en los bolsillos de su pantalón con una sonrisa en su rostro la cual se esfumo cuando me vio llorar. Se acerco a mí y me tomo de la barbilla.

- ¿Estas bien?- dijo preocupado.

- ¿Por qué?- le pregunto.

- ¿Por qué, que?

- ¿Por qué me trajiste?- le digo.

- Fue parte de tus condiciones- explico, lo había olvidado por completo-. Yo cumplo mis promesas, Bella.

- Gracias- digo atrapándolo en un abrazo, el me lo devuelve e inhala mi pelo-. Gracias- susurro.

- Para ti, todo- contesta.

Caminamos hasta la entrada y Edward saco unas llaves, las de la casa, las inserto en la cerradura y abrió la puerta. Los cuadros, los muebles, todo, nada había cambiado. Era perfecto. Me solté del agarre de Edward y corrí a la habitación de mi padre, me tire en su cama e inhale su aroma, seguía oliendo a él.

- Como te extraño- le digo a la nada.

Me levanto de la cama y camino a mí cuarto, Edward estaba ahí viendo fotos mías. Sonreía con algunas de ellas. Bajo el cuadro al verme, de seguro mis ojos deben estar rojos de tanto llorar. Se acerco a mí y limpio la lagrima que rodaba por mi mejilla, tome su mano y la baje indicándole que no lo hiciera. Estaba bien, no eran de sufrimiento, eran de alegría.

- ¿Crees que tu padre me hubiera aceptado?- me cuestiona, niego con la cabeza-. ¿Por qué?

- Por tu edad- le explico-, sin contar el hecho de que me quieres desposar a mis diez y seis.

- ¿Y si tuviera diez y seis y no quisiera desposarte?

- Te adoraría- le aseguro.

Me pasa su brazo por los hombros y besa mi frente, bajamos a la planta baja y oí como mi estomago rugió. Ahora no.

- ¿Tienes hambre?- cuestiona esbozando una sonrisa, de seguro lo oyó.

- Mucha.

- Iré a traer- dijo.

- ¿En qué?- le cuestiono, el solo saca unas llaves de su bolsillo y señala un auto. ¿Cuándo había llegado? Si mas no sabía sobre él es que era un Aston Martin. Si que ganaba mucho dinero Edward- Oh- logro decir.

- Vuelvo pronto- dice besando mi frente y se va.

Suspiro y subo por algunas cosas que podrían llevar, mis libros y mi laptop. Los bajo y los meto en la maleta. Tenía alrededor de media hora antes de que llegara, así que fui a la pequeña sala y me senté en el sofá de mi papa, encendí la tele y cambie canales sin decidirme por uno. Después de un rato escuche un celular, de seguro Edward lo dejo. Corrí y conteste:

- ¿Hola?

- ¿Quién es?- dijo una voz femenina.

- ¿Quién eres?- le conteste un tanto molesta.

- Soy Carlie, la hermana de Edward- Carlie. Era Carlie-. ¿Esta Edward?

Escuche la puerta y abrí inmediatamente, era Edward.

- ¿Quién es?- me cuestiono.

- ¿Edward?- dijo Carlie.

- ¿Carlie?- dijo arrebatándome el teléfono, pude ir que le contestaba-. Oh, Carlie, cuánto tiempo… Era mi prometida, Bella… Si, tu cuñada- pude oír los gritos de ella-. ¿Enserio?... Iré, te veo pronto, Carlie.

- ¿Qué te dijo?- le pregunto.

- Me dejaron verla, Bella. Veré a Carlie- dijo abrazándome-. Todo gracias a ti.


Me quede leyendo sus mensajes y solo les diré una cosa: ¡Que pervertidas!, son mi orgullo.

Nos leemos pronto.

Anna.