DISCLAIMER:

Los personajes son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.


Edward conducía como en esas películas de acción en las cuales eran perseguidos lo estelares, solo que no éramos perseguidos, o al menos todavía no. Yo comía mi comida china con dificultad, con sus paradas repentinas había provocado que un poco de salsa de soya callera en el hermoso cuero y logrando que Edward me fulminara con la mirada. Si no fuera por el cinturón de seguridad yo tendría mi cara estampada en el parabrisas. Al frenar bruscamente (otra vez) lo fulmine con la mirada pero este no pareció notarlo, estaba tan desesperado por ver a Carlie que era capaz de provocar un choque en la carretera. Volvió a frenar.

- ¡Edward!- le grito.

- ¿Que?- dice mirándome.

- Tranquilízate, Carlie no se ira.

Edward se encoje de hombros y vuelve a fijar su vista en la carretera hacia el aeropuerto.

- ¿La quieres mucho, no?- le cuestiono.

- La adoro- me dice-, más que a mi vida. Es parte de mí.

Pongo cara de pocos amigos y continuo comiendo mi comida. Sentía una sensación de odio y amor hacia a él, no sabía que sentía el por mí, si solo me utilizaba o si realmente me quería. ¿Y si me dijo eso solo par que no digiera que no cuando estuviera frente a él con un vestido de novia? No, el me quería, o eso creo. Me muerdo el labio inferior como cada vez que tengo un dilema frente a mí. Oigo el pitido de un auto y fulmino a Edward con la mirada, nos va terminar matando.

Al llegar al aeropuerto sale disparado por la puerta y saca todas las maletas, la ayudo a cargar y sale corriendo hacia dentro, trato de seguirle el paso pero no puedo haciendo que este se desespere. Esperamos un rato y luego Edward me dijo que tomara las cosas y me guio por el aeropuerto hacia su avión privado. Entregamos las cosas y subimos. Edward se sentó y movió su pie izquierdo demostrando sus ansias y su desesperación por llegar a Nueva York, odiaba oír ese ruido.

- ¡Edward!

- ¿Que?- me cuestiona.

- Ya cálmate, ya la vas a ver, pero cálmate.

El se paso las manos por la cabeza y suspiro, paro de mover su pie y echo la cabeza para atrás. Levanto la vista y me vio, se levanto del asiento llego a mí y me beso, me quede pasmada ante su acto pero le correspondí el beso tomándolo de su cobrizo pelo haciendo que se acercara mas a mí, era dulce, tierno. Me provocaba las dichosas mariposas en el estomago. Después de varios segundos sin aire me separo de él pero él niega a hacerlo y queda a tan solo milímetros de mi, "Gracias", lo oigo murmurar.

- ¿Por qué?- le cuestiono viendo sus penetrantes ojos.

- Por todo- dice dándome un corto beso en los labios.

Ahora de seguro debo estar demasiado roja. Claro, eso nunca me lo había dicho un chico. Bien, mi dilema se aclaro. Una azafata nos interrumpió avisándonos que pronto despegaríamos, Edward hizo una mueca y yo reí. Se sentó de nuevo y se abrocho el cinturón al igual que yo cuando la luz lo marco. Sentía la mirada de Edward sobre mí, si antes estaba sonrojada tan solo un poco, ahora lo estaría completamente. Miro que Edward trae una mochila, la misma en la que metí mi libro de Cumbres Borrascosas, cuando indicaron que nos podíamos levantar fui hasta donde la mochila y saque el libro, Edward me observo con cara de ¿volverás a leer? Solo asentí a su expresión y me senté para leer el libro que tanto adoraba, claro, fue el segundo que leí. Era una manera de olvidar el hecho de que estaba en un pedazo de hojalata volador y de tamaño reducido.

Una, dos, tres, siete horas habían pasado y yo releía el libro, Edward también leía ya que su celular estaba descargado, tenía en sus manos el libro de Cincuenta sombras de Grey, a diferencia de mi, el no hacía gestos tan explícitos, solo sonreía o se intrigaba y en algunas ocasiones me miraba fijamente haciéndome ruborizar. Quise tomar otro pero mis parpados se estaban cansando, solté un pequeño bostezo y me acomode en la silla para poder dormir un rato, no tarde en cerrar mis ojos y sumergirme en un profundo sueño.

Alguien mueve levemente mi hombro, reniego y me recuesto nuevamente, este nuevamente me mueve y yo tomo mi libro de mi regazo y se lo lanzo, escucho un auch de su parte y oigo pasos que se alejan, me acomodo nuevamente y trato de volver a dormir. Siento en mi piel algo frio y me sobresalto, Edward tenía en su mano un cubo de hielo, lo fulmino con la mirada y el sonríe. Parpadeo un par de veces para acostumbrarme a la claridad y noto que es de día.

- ¿Cuanto dormí?- le cuestiono levantándome de el asiento.

- Más de lo que deberías- me dice.

- ¿Y mi libro?- pregunto, debí aventárselo a él.

- En mi asiento- dice apuntando mi libro lo tomo e inhalo su aroma a viejo-. ¿Quieres algo?- asiento y opto por un sándwich y un jugo y saco otro de mis libros: Romeo y Julieta.

Por lo que Edward había dicho, nos quedaban alrededor de una hora para aterrizar, Edward seguía con el libro de Cincuenta Sombras de Grey, me voltee y seguí leyendo el mío.


Edward cargaba la mayoría de las cosas y trataba de introducir la llave en la puerta, cosa que no podía. Le quito la llave de la boca y abro la puerta, el toma nuevamente las maleta y sale disparado de la entrada, lo puedo ver corriendo por las escaleras a paso acelerado y me rio cuando se devuelve por una que se le a caído. Volteo a mi derecha y a mi lado esta Leah disfrutando de la escena.

- ¿Debo preguntar?- me cuestiona.

- Le permitieron ver a Carlie y está emocionado, debiste verlo en Forks- le digo con una sonría de oreja a oreja.

Camino y subo hasta llegar a mi cuarto, grito al ver la imagen que se presenta. En el suelo hay periódicos viejos del The New York Times, mi cama no está ni la televisión, nada en absoluto. Las paredes ahora están de un anaranjado claro y el techo de un blanco reluciente. Suelto las maletas y corro hasta la habitación de Edward. Grito de nuevo y me tapo los ojos ante la escena. Edward estaba poniéndose apenas los bóxers, para mi fortuna estaba volteado pero eso no impidió que viera su trasero. Me doy la vuelta y espero a que se ponga el pantalón.

Lo miro de nuevo y este se pone su jersey de color rojo con dificultad.

- ¿Por qué mi cuarto esta vacio?

- Lo están pintando.

- ¿Y donde dormiré?

- En mi cuarto- dijo despreocupado.

- ¿Y mis cosas?

- En mi armario.

- Lo tenías planeado.

- Tal vez- dice esbozando una sonrisa. Me acerco y lo golpeo en el pecho, pero parece no causarle algún efecto- ¿Feliz?

- No.

- Date una ducha y cámbiate, tenemos que ir con mis padres- me dice y sale del cuarto.

Tomo una almohada, la presiono contra mi cara y grito. Una cosa es que sea mi novio y otra muy distinta que planee eso para que duerma con él. Maldito, Edward. Pero me las pagaría, aun me quedaba una condición, la aprovecharía a toda costa.


Edward toca el timbre de la enorme casa que tenemos en frente, no tardan ni un minuto en abrir la puerta. Al frente esta Carlisle, tiene a su lado a una mujer muy bella, delgada y con una cabellera color chocolate. El hombre esbozo un sonrisa al igual que la mujer y ambos nos acercamos a ellos, Edward beso a su madre en la mejilla y saludo a su padre, salude nuevamente a Carlisle y me presente con la madre de Edward, Esme.

- Mucho gusto- le digo sonriendo.

- Igualmente, pequeña.

- ¿Y Carlie?- le pregunta impaciente a su padre.

- ¡Mama, hay una araña en mi baño!- se escucha el grito de una niña. El mismo de cuando conteste la llamada del celular de Edward. Carlie.

Todos posamos nuestra vista en las escaleras. Una niña bajo de ella, tenía el pelo cobrizo como el de Edward, el sonríe de oreja a oreja y observo como la chica grita y corre hacia donde estamos, el abre los brazos dejando que ella lo tome, la alza y le da vueltas en el aire. Carlisle y Esme miran la tierna escena con una sonrisa al igual que yo, después de alrededor de un minuto se separan. Carlie me ve de pies a cabeza y me sonríe.

- ¡Cuñada!- grita abrazándome a mí también. Le devuelvo el abrazo y cuando me suelta me dedica una sonrisa-. Edward te tenía muy escondida, ven- dice jalándome del brazo-. Tengo que hacerte reconsiderar acerca de casarte con el- dice lanzándole una mirada a su hermano, el le saca la lengua de manera infantil y ella se lo devuelve.

- No creo que allá defectos en el- le digo.

- Oh, créeme. Cundo te diga unas cosas de él, lo reconsideradas.


¿Quien ama a la hermana de Edward? ¿Y qué creen que le diga Carlie sobre Ed a Bella?

Las leo pronto

Anna.