DISCLAIMER:
Los personajes son de la querida señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esta historia.
Escondo mi cara en la almohada. Alzo la mirada y miro como Edward parece divertido ante lo que hay frente él. Hago gestos al llegar al anhelado clímax de Anna y Christian. Por dios. Me convertiría en una experta sobre el sexo. Edward apaga la televisión y me mira, dejo el libro en la mesita de noche y me acuesto de lado para poder verlo. Se hace ese silencio que temes romper. Edward suspira y me toma de la mejilla. Su tacto no era agradable, era de esos que te dan cuanto te darán una noticia mala. Y mira que ya lo he experimentado varias veces.
- No- digo quitando su mano de mi mejilla.
- ¿Por qué?
- Me escondes algo, ¿cierto?
Me mirra y se da la vuelta quedando boca abajo. Lo agito para que me vea, el niega con la cabeza.
- Edward, dime qué te pasa.
No me contesta.
- Edward. ¡Edward!
No contesta. Tomo una almohada y le pego con ella. Se queja y levanta la vista.
- ¡Dime!- digo.
- No es nada, Bella. Solo que estoy preocupado.
- ¿Preocupado de que?
- De lo que pase antes y después de la boda.
- Oh.
Yo tampoco me había puesto a pensar que pasaría después de la boda. El trato era que me dejaría en paz después de la boda, pero yo no quería eso. Y si después de la boda me dejaba de querer o si me ignoraba. No, eso es imposible, o eso espero.
- ¿Me querrás después de la boda?- mi mente me abofetea por preguntarlo.
- Si, eso ni lo dudes. ¿Porque lo cuestionas?
- Temo que me apartes de ti después de que nos casemos.
- Al principio ese era el plan- me dice-, pero luego, tu, me hiciste cambiar de idea. Es como si fueras la flecha de un arquero y mi corazón una diana, le has dado directo al blanco.
Sonrió y escondo la mirada con el fin de esconder mi rubor.
- Eso sonó tan cursi- digo aun boca abajo.
- Bella, te recuerdo que tengo una biblioteca enorme.
- Tenias- le digo.
- Tenia- afirma.
- En el mundo de los lectores, regalar un libro es la forma de decir te amo.
- Entonces te he dicho alrededor de quinientas veces que te amo.
- ¡Quinientas!- grito exaltada.
- Tal vez mas.
Abro los ojos como plato y Edward me mira divertido. Me abalanzo sobre él y lo beso. El me lo devuelve pero siento que no es lo mismo. Es casi como un beso necesitado, como si fuera el último. Reprimo esa idea y continúo besándolo. Nos apartamos por falta de oxigeno y lo miro a los ojos.
- Je t'aime- murmura.
Si mi francés no es tan malo, creo que me dijo te amo. Sonrió y digo.
- Aishite.
- ¿Que?- cuestiona enarcando una ceja.
- Baka- le digo en japonés-. Te dije: te amo.
- Y lo otro.
- Idiota.
Me mira divertido y cuestiona:
- ¿Como sabes japonés?
- Era otaku, Edward. Amaba, bueno aun amo, el anime.
- Haber, di algo- dice divertido.
- Anata wa ihan- traducción: te violo.
- Y...
- ¿Y qué?
- ¿Que dijiste?
- No querrás saberlo.
Hace un puchero y yo rio divertida. Me bajo de encima de él y suspiro, el se pone encima de mí y yo grito:
- Baka- el sonríe-. Ya, Edward. Bájate.
- Pas jusqu'à ce que vous me dites que vous avez dit.
- Edward no te entiendo.
- Dime que dijiste.
- Anata wa ihan.
- Graciosa.
Rio y Edward se acerca más a mí. Se acera a mi oreja y susurra con voz ronca:
- Dime.
Muerde mi lóbulo haciendo que estremezca. Niego y él me mira a los ojos y hace lo que menos espero. Me hace cosquillas en todo el cuerpo. Rio descontrolada y suplico que me suelte.
- Ya... Ya... Ya déjame, Edward.
- Dime que dijiste.
- Te... Te... ¡Te violo!
Edward me mira divertido y enarca una ceja. Me suelta y yo trato de acompasar mi respiración. Cuando lo logro miro a Edward el cual sonríe.
- Baka.
- Baka, tu.
- ¿Sabes lo infantil que suena eso?
- Trato con una adolescente, ¿que esperas?
Eso fue lo que me devolvió a la realidad y me hizo pensar en todo. Las edades. Yo apenas tenía cumplidas mis diez y seis primaveras, mientras que el, estaba por llegar a sus veinte y ocho años. Eso me hizo cuestionarme sobre esto, sobre mi vida. Si me caso no tendré todas las experiencias que tienen las típicas adolescentes. Edward seria así como mi primer y único novio en toda la vida. Edward me mueve sacándome de mi trance y yo finjo una sonrisa en un intento de demostrarle que todo está bien. Besa mi frente y apaga la luz de su mesa de noche y yo hago lo mismo con la mía. Me recuesto en su pecho y él me pega más a él.
- Buona notte, mia dolce Bella- murmura besándome el pelo. Si no me equivoco estaba en italiano.
- Konbanwa, Edward- murmuro.
No puedo dormir. No con todo esto. El tema de las edades me está volviendo loca. Una parte de mi me dice; "No importa si en verdad se aman" mientras que la otra me dice; "¿Estas loca? Es más grande que tu". Mi mente se enfrenta entre lo bueno y lo malo. El único problema es que no se cual es cual. Tanto pensar me agota y me sumerjo en un profundo sueño.
Carlie se tapa con su mano su boca en un intento de no dejar ver su inmensa sonrisa, pero es imposible ya que esta sobresale de su mano. Esme está a mi lado y miro por el ventanal en donde estoy. Es lo que parece un cuarto que nunca he visto. Abajo hay cientos de personas, mis manos empiezan a sudar y trato de limpiármelas, pero Carlie me da un manotazo. Me quejo y cuando bajo la mirada me doy cuenta del porque no quiere que me las limpie e mi ropa. Llevo puesto un vestido blanco con cola, camino hasta el espejo y me miro en el. Mi pelo esta peinado y por la parte de atrás cae un velo traslucido. En mi mano llevo un ramillete de rosas blancas y frunzo el seño recordando que simbolizan en Los Juegos Hambre. Estoy maquillada pero no en exceso.
Carlie hace que avance y bajamos por las escaleras. Para mi sorpresa, a pesar de que llevo tacones, no me caigo. Mirando todo bien, me doy cuenta que es la casa de Edward. Se escucha la marcha nupcial y volteo a mi derecha percatándome de que Rosalie tocaba el piano. Salgo al patio y todos los presentes se levantan, un hombre me espera, lo miro y suelto varias lagrimas.
- ¿Por qué lloras, pequeña?- cuestiona mi padre.
- Papa- digo entra sollozos.
- Bella.
- Papa.
- Bella, ¿que te pasa? ¿Por qué lloras?
Abro los ojos delicadamente y enfrente mío esta un Edward preocupado.
- ¿Bella? ¿Estas bien? ¿Tuviste una pesadilla?
- Podría decirse.
- ¿Con que soñaste?
- Con nuestra boda.
- Oh.
Miro a Edward y tiene la misma expresión de hace unas horas. Me preocupo y aclaro:
- No es por eso. Vi a mi papa, por eso llore.
Edward me abraza y yo suelto aun más lagrimas.
- No llores- murmura-. Ti prometto che presto sarai libera.
Si traducen lo último, no me vengan con amenazas de muerto. Pido disculpas si no actualice el viernes pero tuve un problemilla y salí de la ciudad. No olviden dejar RR.
Las leo pronto.
Anna
