Disclaimer: todos los personajes le perteneces a J. K. Rowling y yo solo juego con sus personajes. La idea viene de varios fics que he leído tanto en inglés como en español, pero la historia es mía.
OJO: ESTE CAPÍTULO CONTIENE LEMON
Capítulo 15
Hermione se despertó a la mañana siguiente sola en su habitación, no recordaba el haber subido a ella así que dedujo que alguno de sus maridos la había subido a su habitación ya que también portaba la ropa del día anterior. Con un sonoro bostezo, salió de la cama, para darse una ducha y encaminarse a la cocina a tomarse el desayuno.
Un poco soñolienta se dirigió hacia la cocina. Allí se encontraban Lestrange y Harry tomando café tranquilamente leyendo el periódico.
— ¿Y los demás? —preguntó Hermione mientras vertía café en su taza y untaba de mantequilla la tostada.
—Trabajando Hermione. —respondió Harry dejando el periódico atrás. — Yo iré ahora al ministerio, me han llamado para un asunto urgente. Parece que la gente no entiende el concepto de mes de vacaciones.
—Eres el jefe del primen escuadrón de aurores, es normal que te llamen para cualquier asunto importante. —dijo Hermione con una sonrisa.
—Intentaré venir para las 17:00 p.m. tengo varias reuniones y debo firmar varias actas. Te lo compensaré. —dijo Harry sintiéndose culpable.
Hermione asintió y le besó quedamente en los labios antes de irse.
Hermione se quedó pensativa mientras tomaba su desayuno, no sabía qué hacer en estos momentos. Durante el último año y los últimos meses había vivido dentro de laboratorios de pociones y de las distintas bibliotecas para encontrar la cura contra el Purgatio y luego para luchar contra la Ley de Matrimonio. Pero ahora se encontraba perdida. No tenía rumbo, una meta fija y no sabía qué hacer.
—Rodulphos, ¿qué vas a hacer este día? —preguntó Hermione mientras mordía su labio con nervios.
Rodulphos miró a su bruja de hito en hito. La pregunta le había cogido por sorpresa ya que no se la esperaba.
—Pues todos los días doy un paseo por los alrededores, me gusta explorar los sitios y respirar aire libre. Sobre todo voy a un parque donde hay un lago y me siento ahí con un libro. Me relaja bastante.
— ¿Puedo ir contigo? No sé qué hacer, el estar inactiva es algo raro para mí. —dijo Hermione con impaciencia.
—Claro, no me importa esposa. —dijo Rodulphos con una sonrisa.
Los dos terminaron de desayunar con una sonrisa en el rostro y en cuanto terminaron cada uno se fue a su habitación para vestirse mientras los elfos domésticos iniciaban su actividad doméstica.
Una vez vestidos, los dos salieron juntos de la casa y sin pensarlo los dos se cogieron de la mano y pasearon por los alrededores mientras Hermione le iba explicando a Lestrange las cosas que no conocía así como la historia detrás de ello.
Pasaron una hermosa mañana de verano en el parque viendo la gente pasar, leyendo a ratos sus libros y comentándolos o simplemente en silencio viendo a los niños jugar.
Cuando llegó la hora del almuerzo, Hermione llevó a su marido a un restaurante cerca de la zona para que probara la comida muggle en todo su esplendor y éste se quedó sorprendido de la gran variedad de comida que podía elegir y de cómo los muggle trabajaban en la comida sin magia.
Hermione se quedó sorprendida de los modales de Lestrange en la mesa, sabía perfectamente que cubierto usar y era impecable. Hermione se sintió turbada y éste al verlo, le indicó para que servía cada cubierto, cada copa, como poner los cubiertos según la comida y su gusto.
—Los modales es lo que nos diferencia de los demás. Las familias de sangres puras enseñan desde pequeños a sus hijos como deben comportarse ya que desde edades muy tempanas vamos a multitudes de cenas de negocios con nuestros padres y un mal comportamiento en la mesa se considera de bárbaros. —dijo Lestrange con una sonrisa. —Los niños sangres puras tenemos muchas responsabilidades desde pequeños.
— ¿Quieres que eduquemos a nuestros niños así? —dijo Hermione.
—No, quiero que tengan una infancia feliz despreocupada, pero no quiero que sean unos maleducados, ten en cuenta que vamos a ir a muchas celebraciones y cenas de negocios y no querrás que nuestros hijos coman como Ronald Weasley. —dijo Rodulphos seriamente ya que en la boda había visto como el niño Weasley comía como un cerdo y hablaba con la boca abierta.
—Ya, tendrías que haberlo visto en el Gran Comedor durante seis años. A veces era totalmente repugnante. No sé dónde ha sacado esos modales, ya que Bill no hace eso al igual que ninguno de sus hermanos. —dijo Hermione con una sonrisa de añoranza.
Lestrange sonrió y levantó su copa de vino. Le encantaba estar a solas con la bruja. La encontraba tan atractiva y adictiva. Su olor, su sabor, su sonrisa encantadora. Le gustaba. Y eso le preocupaba. No sabía cómo amar, no sabía el que hacer con esos sentimientos. No sabía cómo comportarse. Tenía a una bruja como esposa, una esposa que tenía que compartir con seis magos más. Había sentido celos de la relación entre Potter y ella, esa naturalidad que había en esa relación.
Cuando terminaron de comer, los dos dieron un hermoso paseo hasta llegar a casa donde se sentaron los dos a ver la televisión muy cerca. La tensión sexual era palpable pero ninguno de los dos daba algún paso, solo sus manos jugaban entre ellos. Los dedos de él se deslizaban por la palma de ella mientras que ella con su pulgar le rozaba los dedos en una suave caricia.
El ex-mortífago no podía más y en momento de valor, cogió a Hermione por las mejillas y la besó. Los labios de él vagaron por el rostro de ella dejando pequeños besos, antes de seguir basando sus labios con firmeza, mientras que Hermione ponía sus manos en su cintura para acercarlo más a ella. Rodolphus profundizó el beso mientras Hermione gemía en su boca, arqueándose contra él, excitada y muy necesitada.
Rodolphus cogió a Hermione y la echó sobre el sofá mientras apretaba su culo y apretaba su erección contra su vagina aun con la ropa puesta.
—Deberíamos ir a la habitación. —dijo Rodolphus cogiendo un pecho y apretándolo, mientras sentía como el pezón de ella se erguía.
—Si… deberíamos. —dijo Hermione nublada por los besos y por el deseo.
Ninguno de ellos se movió. Él le sonrió mientras deslizaba la mirada por su cuerpo. Ella vio el deseo en su mirada y jadeó con fuerza. Él le agarró los pantalones con ambas manos y tiró. Se los quito y los arrojó al suelo. Sorprendida pero excitaba, Hermione le miró fijamente. Rodulphos volvió a cernirse sobre ella, pero él no la tocó. Solo unas pulgadas separaban sus cuerpos. Se miraron a los ojos con lujuria. El mago muy excitado se quitó la camiseta y los pantalones dejando entrever que no tenía ropa interior debajo, dejándola ver su miembro muy excitado y húmedo.
—Puedo olerlo. Puedo ver y oler lo excitada que estás. Es por eso que estoy tan excitado. Tu cuerpo me pone muy caliente.
Ella miró esos ojos hermosos. Rodulphos la había sorprendido, sabía cómo besar y le gustaba cómo él la tocaba. Creía que al haber estado en Azkaban la mayor parte de su vida, no sabría mucho sobre las artes amatorias. Pero se equivocaba. Su cuerpo había reaccionado a él con lujuria. Le dolían los pechos y su sexo palpitaba de deseo.
—Abre las piernas—gruñó en voz baja. —Estoy tratando de no babear por la necesidad de saborearte. Déjame lamerte, déjame sentir como te corres contra mi lengua. Quiero oírte gritar y saborearte.
Las imágenes de él haciendo precisamente eso destellaron en su mente y su sexo se humedeció. Se mordió el labio con fuerza y asintió con fuerza. Lo deseaba. Deseaba su lengua contra su intimidad. Abrió las piernas y sus mejillas se acaloraron por la vergüenza.
Rodolphus se relamió mirando hacia su intimidad brillando por sus flujos. Ella abrió las piernas un poco más y trató de no ponerse tensa. Miró hacia abajo y vio como Lestrange se movía hasta el final del sofá y la agarró de las caderas con ambas manos. Le separó las piernas y su intimidad quedó totalmente expuesta a su mirada, él se acercó más y ella miró hacia el techo mientras sus dedos agarraban los cojines del sofá.
—No tienes pelo. —dijo Lestrange sorprendido.
—El día de la boda, la estilista francesa me depiló por completo. Dijo que a los hombres os gustaba más así. —dijo Hermione con una sonrisa tensa.
—Nunca había visto uno así. Se ve tan brillante y hermoso. Me encanta. —dijo Rodulphus tocándolo con suavidad con uno de sus dedos.
Hermione dejó de respirar cuando sintió el aliento de Rodulphos en su sexo expuesto. Le separó los labios suavemente con los dedos y su lengua caliente le lamió el clítoris. Ella se agarró fuertemente a los cojines del sofá de nuevo cuando Rodulphos empezó a lamerle con movimientos rápidos y largos. El placer fue instantáneo e intenso. La lengua de Lestrange la lamió en el punto exacto y la envió cerca del éxtasis.
Ella se tensó, arqueando la espalda. Quería cerrar las piernas para detener lo que estaba sintiendo pero sus hombros se lo impedían. Rodulphos le inmovilizo las caderas mientras la devoraba con rápidas y duras pasadas de su lengua. Un brutal clímax arrasó su cuerpo y Hermione gritó. Ella se sorprendió de lo rápido y duro que se había corrido. Su cuerpo se sacudió con las últimas oleadas del orgasmo y ella trató de calmar su respiración entrecortada. Escuchó a Rodulphus jadear y se quedó sin aliento cuando sintió su lengua en la apertura de su sexo. Él gruñó y deslizó las manos bajo su culo, él la levantó unos centímetros del sofá y la penetró con la lengua
—Oh sii, Rodulphos, sí. Oh Dios. —Hermione gemía con placer el nombre de su amante.
Él gruñó profundamente y movió la lengua dentro y fuera de su apertura. De pronto se retiró por completo y ella se obligó a abrir los ojos. Lestrange se levantó y se inclinó sobre ella. Su mirada salvaje se quedó fija en su pecho, aun tapada con la camiseta. Con un movimiento brusco, le arrancó la camiseta dejando ver su sujetador azul, le sacó los pechos del sujetador mientras se inclinaba y cerraba la boca sobre su pezón que ya estaba muy sensible y empezó a chuparlo frenéticamente como si fuera un niño pequeño.
Ella gimió y su cuerpo comenzó a arder rápidamente por el deseo mientras su sexo palpitaba. El pene de Lestrange era gruesa y duro y comenzó a presionar contra la entrada de su sexo y ella se quedó sin aliento.
Hermione abrió los ojos y vio su erección. Era muy gruesa y grande, era la más grande de las que había visto. Él se tumbó sobre ella mientras que con sus brazos aguantaba su peso, para no aplastarla. Con suaves y lentas embestidas empezó a penetrarla. A cada centímetro le permitía a su cuerpo que se adaptara a su tamaño. Ella enredó los dedos en su pelo mientras experimentaba placer y dolor mientras se hundía lentamente en ella. Sintió pánico cuando él empujó aún más profundo.
—Eres demasiado grande, no vas a caber. —le dijo Hermione.
—Voy a cambiar de posición, te pondrás tú encima y tú tendrás el control. No quiero hacerte daño. Tú decides, siempre a tu ritmo. —dijo Rodulphos mientras apretaba los dientes ya que la necesidad de ella le podía.
Cambiaron la posición, quedando Hermione a horcajadas sobre su regazo. Él la agarro de las caderas, para no penetrarla más profundo y esperó hasta que ella apoyó las rodillas a cada lado de sus caderas. Rodulphos envolvió una mano alrededor de su cintura, para sostenerla y deslizó la otra entre sus muslos.
Sus dedos masajearon su clítoris para que Hermione se pusiera un más húmeda y se relajara. Ella echó la cabeza hacia atrás y se dejó caer sobre su pene un poco. Su pene era muy grueso y lo sentía palpitar. Ella se inclinó y el placer de sentirlo dentro, arrancó un gemido de sus labios.
Él seguía acariciando suavemente el clítoris. Ella se movió hacia arriba y hacia abajo, tomándolo cada vez más profundo en su cuerpo. La sensación de su pene estirándola era increíblemente placentera. Podía sentir cada pulgada de su eje duro dentro de ella y en combinación con lo que sus dedos le estaban haciendo en el clítoris, supo que se correría de nuevo muy pronto.
—Lento ma petite, quiero disfrutar este momento. — Dijo Lestrange con la voz ronca del deseo.
Lentamente, Hermione lo montaba con suavidad, saboreando el momento, sintiendo como palpitaba su clítoris por las caricias que le daban sus dedos. Hermione cerraba los ojos y gemía cada vez más fuerte mientras que Lestrange gruñía ya que la necesidad de correrse cada vez era más fuerte pero quería disfrutar de esto.
De repente escucharon ruidos en la entrada principal y los dos se quedaron quietos por la sorpresa.
—Mierda, alguien viene. —dijo Lestrange.
— ¿Qué hacemos?
—Agárrate a mí ma petite. —dijo Lestrange mientras cogía a Hermione por el culo mientras ella se aferraba a él con las manos y sus pies.
Sin soltarla empezó a caminar por las escaleras mientras sentían que alguien se acercaba en donde estaban en ellos.
La situación era demasiado placentera y Hermione sentía como se humedecía aún más y empezó a besar a Lestrange mientras éste los dirigía hacia la habitación de ella. Lestrange también estaba muy caliente y empezó a empujar su erección contra su sexo en la pared. Hermione se sentía volar mientras Lestrange la penetraba contra la pared del pasillo, sentía como su clítoris palpitaba.
Lestrange con rapidez se dirigió hacia la habitación pero no pudieron llegar a la cama, ya que Hermione le pedía más y más y la empezó a penetrarla con más fuerza en la puerta previamente cerrada de la habitación.
Ella lo montó frenéticamente, tomando su pene un poco más profundo cada vez que bajaba las caderas. Los gemidos escaparon de su garganta y su cuerpo ardía por el placer. Lestrange gruñó con más fuerza ya que le faltaba muy poco para llegar, pero quería llegar con ella. La empujó duramente en la puerta sosteniéndola solamente con su cintura mientras Hermione arqueaba mas la espalda para sentir más su pene. Con una mano agarró su culo y con otra empezó a masajear su clítoris mientras chupaba sus pezones con ahínco.
El cuerpo de ella se tensó, se sacudió y gritó su nombre varias veces cuando llegó al clímax. Los músculos vaginales se apretaron alrededor de su grueso eje mientras su cuerpo se sacudía violentamente por la fuerza de su orgasmo haciendo que Rodolphus llegará a su clímax gimiendo el nombre de Hermione mientras su pene dentro de ella expulsaba su semilla moviendo las caderas violentamente mientras se corría dentro de ella.
Estuvieron unos segundos intentando reponerse del orgasmo hasta que Lestrange haciendo acopio de sus últimas fuerzas la llevó a la cama en donde los cayeron desordenadamente.
Los dos estaban sin aliento tumbados en la cama, él encima de ella hasta que él poco a poco quitó su pene de su sexo y se tumbó al lado de ella.
—Eres única ma petite. —dijo Lestrange besándola suavemente.
Hermione le devolvió el beso y se acurrucó con él para sentir su calor. Lestrange sonrió viendo como Hermione se quedaba dormida en sus brazos. Nunca había sentido tanto placer con una bruja y tampoco había dormido con una después del acto. Miró fijamente a Hermione y le quitó el sujetador que aun llevaba aunque sus pechos estaban expuestos. Se lo quitó con suavidad sin despertarla y la abrazó con fuerza por detrás mientras se quedaba dormido con una paz que nunca había sentido.
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En la planta de abajo Bill Weasley sostenía con fuerza las braguitas de Hermione que había en el suelo de la sala. No había que ser un idiota para saber lo que había pasado solo unos minutos atrás ya que los gemidos de Hermione que se escucharon por el pasillo lo confirmaban.
Con la mandíbula apretada sostenía con fuerza las braguitas de Hermione y las olió sintiendo en sus fosas nasales el olor de los flujos de ella ya que las braguitas estaban empapadas. No pudo contenerse y cerró los ojos mientras se las pasaba por su cara.
Al ser consciente de lo que había hecho maldijo por lo bajo y se encaminó hacia su habitación mientras ordenaba a los elfos que recogieran la sala.
Entró en su habitación y dejó las braguitas encima de cama mientras se agarraba el pelo con furia.
Deseaba a Hermione, la deseaba con fuerza, mucho más de lo que había deseado a Fleur. Sabía que estaba sintiendo cosas por ella, pero se negaba a ello. No podía.
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