Disclaimer:
Los personajes de esta historia son de la gran señora Meyer, yo solo los utilizo para dar vida a esa historia.
Inhalo el aroma a lavanda típico de las sabanas de la cama de Edward. ¿Cuando llegue aquí? Y, ¿como llegue aquí? Estiro el brazo a lo largo de la cama y me extraña sentir la piel del brazo de Edward. ¿Sera demasiado temprano? Miro el reloj que hay en la pared y esta indica que son las diez de la mañana. Incluso es mas tarde de lo normal. Alzo la mirada encontrando un Edward sumido en sus pensamientos.
Lo muevo un poco el se voltea a verme. Esboza lo que creo es una sonrisa, pero le sale mas bien una mueca. Enarco una ceja y el me mira:
- ¿Tengo algo en la cara?- cuestiona haciendo que sonría.
- ¿Que no tienes que ir a trabajar?- le cuestiono.
- Nop- dice divertido-. He pedido el resto de la semana libre, y la otra semana la tengo libre por la boda. Así que soy todo tuyo- dice mirándome con cara de pervertido.
- Tonto- digo golpeándolo en el hombro.
- Mi vida, que mente tan pervertida tienes- dice-. Debo impedir que leas Cincuenta Sombras Libera...
- ¡No!- lo interrumpo- Son mis libros y yo decido que hacer con ellos.
- Bien. Tu ganas- dice-. ¿Que quieres hacer hoy?
Frunzo los labios e intento pensar en algo. Pero el hambre no me deja pensar claramente.
- Ahora, solo quiero desayunar.
- Puedo hacer un desayuno...
- ¡No!- le interrumpo. Si había alguien peor que Charlie en la cocina, era Edward.
- ¡Ouch! Le diste a mi ego
- Sin ofender, pero, cocinas peor que Charlie. Ademas, Leah esta aquí.
Me levanto de la cama y camino a mi-su armario. Saque un pantalón, una camisa de tirantes y ropa interior. Camine hasta el baño y cerré la puerta a mi paso. Me deshice de mis pendras y abrí el grifo permitiendo que el agua cayera como cascada. Me sumergí bajo ella y deje que el agua se deslizara por mi cuerpo desnudo. Empece a cantar la canción de One Republic: Counting Stars. No podía quitármela de la cabeza, le verdad era contagiosa y la letra era fantástica. Masaje mi nuca y el shampoo pronto se convirtió en espuma dejando mi pelo cubierto por el. Lo enjuago y cierro el grifo.
Tomo dos toallas y me amarro uno alrededor del cuerpo y uno en mi pelo. Me seco el pelo el cuerpo y me coloco la ropa interior y el pantalón y playera. Tomo el cepillo que hay tras el espejo y desenredo mi pelo. Cuelgo ambas toallas para dejar que sequen y salgo. Edward se levanta, toma sus cosas y se adentra a el baño. Me dirijo al armario y saco de uno de los cajones un par de medias, también saco mis converse negras y me siento en la cama para ponerme todo.
Camino hasta el umbral de la puerta y lo traspaso. Me dirijo hasta las escaleras y las bajo con agilidad. Freno cuando quedan dos escalones, tomo aire y, como toda niña pequeña, salto hasta llegar al suelo firme, me tambaleo un poco y trato de lograr mantenerme firme. Lo consigo y camino hasta la cocina, el olor a tocino me embriaga y le deseo todo los bienes a esa magnifica mujer que cocina como un dios. Me siento en una silla de las mesas y saludo a Leah.
- Buenos días, Leah.
- Buenos días, pequeña.
Me tiende un plato con huevos y tocino y también un jugo de naranja. Tomo el tenedor y corto un pedazo de huevo con el, me lo llevo a la boca y siento probar el cielo.
- Leah, quédate con nosotros. Eres la mejor cocinando.
- Al parecer alguien se levanto de buen humor. Ya, dime, ¿por que estas tan de buen humor?
- Edward esta aquí.
- ¿Enserio?- cuestiona dándose la vuelta y mirándome divertida- Isabella esta enamorada.
- ¿Tengo opción?- cuestiono.
Ella niega y sonríe. Me dedico a terminar de comer mi desayuno y Edward baja pocos minutos después. Se sienta frente a mi y sonríe. Le devuelvo la sonrisa y continuo comiendo, Leah le sirve un plato a Edward y este lo come rápido, terminamos al mismo tiempo. Lo miro y el a mi, esto se convierte en un juego de miradas. Niego y me levanto de la silla, me dirijo hasta las escaleras y me adentro al baño. Tomo el cepillo de dientes y le coloco dentífrico, me cepillo los dientes y sonrió cuando termino.
Salgo y me tropiezo con Edward, el sonríe y yo también. Le cedo el paso y antes de que entre me dice:
- Espera, quiero hablar contigo.
Asiento y me recuesto en, la ahora, cama tendida. Escucho como cierran el grifo y por el umbral de la puerta sale un sonriente Edward.
- Bien... ¿A donde iremos?
- Adivina.
- ¿Cine?
Mi mente imploraba que no.
- No.
Gracias dios.
- Am... Dame una pista.
- Ya hemos ido.
- ¿Forks?
- Un poco mas cerca, Bella.
-Ah... ¿Es por Brooklyn?
- Si.
- ¿Tiene luces?
- Caliente, caliente- dice Edward.
- ¡Luna Parks!
- ¡Ding!- dice Edward.
Las luces de Luna Parks se vuelven mas brillantes a medida que el sol se apaga. Como la primera vez, tiro del brazo de Edward y nos adentramos al inmenso parque. Escuchamos lo gritos eufóricos de la gente que se encontraban en las atracciones. Me decido por subirnos primero a la montaña rusa. Los carritos empiezan a moverse y subimos, Edward parece calmado y bueno, yo, estoy casi comiéndome la cutícula.
Cuando llegamos a la sima, me escondo en el peco de el y escucho como ríe. Le pego y vamos en descenso, uno que otro grito se escapa de mi boca y Edward se sigue riendo. Cuando el juego para, el se baja y me tiende la mano, la tomo y el sonríe.
- ¿Asustada, ángel?
- Cállate.
Edward vuelve a reír y yo le propino un golpe en el brazo. Se queja y me toma de la mano entrelazando nuestros dedos. Sonrió y caminamos hasta lo puestos en los que hay juegos de tirar cosas. Edward pide tres bolas y logra derribar la pirámide con una. Me tiende una bola y susurra:
- Supera eso.
Mido con mis ojos y arrojo la bola, esta impacta contra las botellas apiladas haciendo que se derriben. Lo miro y sonrió.
- ¡Ja!- digo divertida.
Edward pide el peluche de gatito y me lo entrega. Sonrió y jugueteo con Edward. Compramos un algodón de azúcar y una banderilla. Jugueteamos y nos subimos a varios juegos mas. Salimos del parque con alrededor de tres peluches y una banderilla en la mano de cada uno.
Nos subimos al Volvo de Edward y el conduce tranquilo. Escuchamos la radio, de un momento a otro pasan una canción de Muse y grito haciendo que Edward frene.
- ¿Que pasa?- cuestiona.
- ¡Adoro esa canción!
Pone los ojos en blanco y sigue conduciendo. Abre la cochera y estaciona. Bajo los peluches y me adentro a la sala. Leah no esta, resoplo y subo con cuidado las escaleras. Abro la puerta del cuarto, tropiezo con un mueble y hago que caiga un vaso, miro los cristales rotos y escucho los pasos de Edward, desesperada, abro el cajón del mueble esperando meterla ahí.
Miro algo en especial, tomo el boleo de avión en mis manos. Siento como se humedecen mis ojos. Al escuchar sus pasos mas cerca cierro el cajón, tomo los cristales y los boto en el baño. Me mojo la cara y me trato de limpiar bien.
Edward entra y sonríe, le imito y escondo los boletos de avión atrás de mi espalda. Camino hasta donde el y me siento en la cama. El saca su pijama del cajón y se adentra al baño. Leo de nuevo la información del boleto y esta vez si lloro.
Me quería mandar a Arizona. No me quiere. Solo me utilizo para ver a su hermana, tal y como había prometido:
"Te prometo que cuando la vea, te dejare en paz"
No creí que significaba eso, que me dejaría. Que me abandonaría.
Tienen todo el derecho de matarme.
La leo luego.
PD: Cálmense, si van a estar juntos. Aparte me se el conjuro Avada, Bitches! Ya tengo como defenderme.
PD2: Se los digo con amor.
PD3: ¿Alguien mas esta viendo en TNT la semana de HP?
Anna
