Disclaimer: todos los personajes le perteneces a J. K. Rowling y yo solo juego con sus personajes. La idea viene de varios fics que he leído tanto en inglés como en español, pero la historia es mía. He recibido varios reviews diciendo que mi historia se parece a otras y puede ser ya que me he inspirado en varios fics en inglés de esta índole, cosas como la ceremonia, los votos, y el protocolo he captado la idea de esos fics pero les he dado mi toque personal. La idea del harem la cogí porque siempre había leído fics en los que es Harry el que tiene el harem y pude ver una historia en ingles donde es Hermione la que tiene muchos chicos, así que cogí la idea y la plasmé en este fic. La idea de la ley del matrimonio la he cogido de sinfín de fics, la mayoría eran Hermione/Sirius y en esta historia eso no aparece. Lo que es mío, es el contenido, las charlas, los pensamientos e ideas de los personajes, hay un popurrí de ideas de muchos fics ya que de leer tantos muchas cosas se te quedan y las haces tuyas. Si no os gusta mi historia o pensáis que no debería seguir publicando, decídmelo y borro la historia.
Capítulo 18
Los días trascurrieron lentamente pero con muchos sobresaltos, el vivir en una casa con siete maridos no era tarea fácil ya que cada uno tenía una personalidad muy dispar y eso a menudo constituían las mayorías de las peleas. Hermione muchas veces funcionaba como mediadora y se pasaba los días yendo de un lugar a otro intentando calmar los ánimos. Hermione a menudo tenía la sensación de estar otra vez en el colegio. La bomba estalló el jueves cuando Draco, Harry, Cormac, Lestrange, Bill y Hermione estaban desayunando distendidamente cuando llegó una lechuza con el sello del ministerio en el regazo de Hermione.
Hermione cogió la carta con la esperanza de que fuera del ministro ya que apenas lo veía pero lo que leyó, la dejó patidifusa y con la cara blanca como la cera. Los chicos que estaban allí reunidos se preocuparon y fue Draco quien cogió la carta y después de leerla y soltar un taco le pasó la carta a Harry.
— ¿Qué coño haces en tu trabajo, Potter? —dijo Cormac al leer la carta.
Hermione estaba en blanco, nunca en toda su vida había supuesto que pasaría esto.
A los miembros de Granger Manor:
Les comunico que por orden del tercer escuadrón de aurores se hará un registro en su hogar hoy jueves a las 10:00 a.m ya que se ha notificado la presencia de artefactos malignos y oscuros en dicho hogar.
Cordiales deseos.
Dolores Umbridge, subsecretaria de Recursos Internos.
— ¿Me echas la culpa acaso? Se supone que estoy de vacaciones. Nunca llegó una notificación oficial a mi despacho ni al despacho de mi jefe. Voy a hablar con él ahora mismo. Avisad a Snape y a Kingsley, esto es algo muy serio. —dijo Harry saliendo pitando hacia la chimenea.
Bill fue el que reaccionó primero y mando sendas lechuzas a Snape y al ministro con la carta adjunta. La situación era alarmante. Si esto llegaba a noticias de la prensa podía ser muy perjudicial para la carrera del ministro e incluso para las de Harry y Cormac.
Snape llegó rápidamente a la habitación en donde estaban todos menos Bill y Harry.
— ¿Qué ha pasado aquí? Espero que esto no sea una broma Señorita Granger. —dijo Severus Snape muy enfadado por ser interrumpido en su maravilloso mundo de las pociones. Al ver la cara de los chicos y de Hermione quiso haberse comido sus palabras.
— ¿Crees que bromearía sobre esta temática? ¡No me conoces en absoluto Snape! —dijo Hermione con altanería ya que las palabras que había dicho Severus le habían dolido.
—En mi trabajo no saben nada de ninguna orden, no hay una segunda copia, y mi jefe dice que no ha firmado nada, pero es cierto que algunos aurores de la tercera escuadrón vendrán por aquí dentro de 20 minutos, aunque mi jefe no ha dado la orden, ésta ha llegado a recursos internos. —dijo Harry Potter muy enfadado.
— ¿Qué van a hacer? ¿Van a registrar toda nuestra casa? —dijo Hermione sentándose de nuevo en la silla triste sin saber qué hacer ni como actuar.
—Si Hermione, mi familia y yo tuvimos varios registros, lo revisan todo, no quedará sitio en la casa sin que esos sepan lo que hay. —dijo Draco Malfoy mientras envolvía en un abrazo a una Hermione compungida.
Todos estaban realmente preocupados, no sabían lo que iba a ocurrir, ya habían informado a los elfos de la llegada de los aurores y éstos se habían indignado.
Cuando el reloj de la sala dio las 10:00 a.m. unos golpes se escucharon en la puerta ya que Granger Manor tenía fuertes salas de protección y una de ellas es que ninguna de las personas asociadas a la familia podían aparecerse, igual tenían la red flu.
Fue Harry Potter quien fue a abrir ya que esperaba poder hablar con ellos antes de que cometieran alguna estupidez, pero no le dio tiempo, en cuanto abrió fue despedido de la puerta por un hechizo que lo hizo caer al suelo al otra lado de la sala. Hermione fue corriendo a brindarle la ayuda y se encontró cara a cara con Ronald Weasley.
No, por favor, que esto solo sea una broma de mi cabeza, mejor aún, que todo esto sea un sueño.
Hermione abrió y cerró los ojos con incredulidad mientras Ron junto con una cuadrilla de siete aurores del mismo escuadrón, entraron en la casa sin miramientos.
—Aquí está la orden de registro, por vuestro bien, espero que colaboréis en todo lo posible. —dijo Ron con gesto ufano mientras una mueca de asco gobernaba su cara.
Con un click en sus dedos los aurores procedieron a revolverlo todo, fueron sala por sala abriendo cajones y echando hechizos a diestro y siniestro sin tener en consideración a los siete que estaban en la sala. De vez en cuando un auror con gesto de superioridad indicaba que tenían que ir a alguna habitación y éstos veían con horror como los aurores tiraban sus cosas sin contemplaciones. Muchas veces Draco tuvo que sujetar a Hermione ya que cada vez que veía la cara de burla de Ron le daban ganas de matarlo.
Lo peor fue cuando se dirigieron a las habitaciones personales de cada uno; los chicos aguantaros estoicamente como los aurores sacudían sus cosas, registraban su ropa o como se reían de algunas fotografías que tenían colgadas.
Cuando llegaron a la habitación de Hermione, todos aguantaron la respiración ya que fue Ronal Weasley el que iba a registrarlo todo. Ron se tomó su tiempo con parsimonia; sacó las sábanas de la cama con brusquedad intentando encontrar algo, sacó la almohada, miró debajo de la cama. Con un manotazo tiró todos los papeles que había encima de la mesa, los tinteros cayeron al suelo ensuciando la moqueta de color gris que había. Abrió el armario y fue sacando prenda por prenda tomando su tiempo intercalando alguna palabra ofensiva después de verla.
—Vaya, vaya, quien lo habría pensado de la mojigata teniendo estas prendas tan seductoras y femeninas. —dijo Ron cuando encontró la ropa interior de encaje de Hermione.
Hermione estaba roja de la furia y de la vergüenza, Cormac y Bill que estaban con ella intentaron tranquilizarla dándole sendos abrazos. Ron lo vio y su furia se elevó, quería hacerle daño a cada uno de ellos por tener la vida que le correspondía a él.
Al llegar al segundo cajón, Ron encontró un libro hermoso que él no podía abrir, le echó sendos encantamientos pero el libro permanecía cerrado.
—Abre este libro, Granger, ahora. —dijo Ron con furia tirándole el libro a las manos de Hermione.
—Es una cosa privada e íntima Ron, no lo voy a abrir para que lo destruyas como estás haciendo con mi habitación. —dijo Hermione abrigando el libro entre sus brazos.
—Esto es un asunto ministerial señora Granger y aquí yo soy la ley y si te digo que abras el maldito libro, lo abres porque si no te llevaré presa por desacato a la autoridad en donde tu status de heroína de guerra no vale nada, ¿entiendes? —dijo Ron acercándose a la cara de Hermione mientras la cogía fuerte del brazo para enfatizar sus palabras.
Hermione se quedó con los ojos abiertos y huyó con el libro mientras Cormac y Bill se quedaron con la boca abierta y Ron, mascullando una maldición echó a correr detrás de ella. Hermione no pensaba en ese momento solo actuaba, ese libro, ese diario valía mucho para ella y no quería que quedara destrozado como su habitación, le costara lo que le costara. Si tenía que ir a Azkaban por hacerse respetar lo haría.
Hermione se dirigió hacia la sala en donde los aurores la atraparon al vuelo, Hermione se removió contra ellos no dejando el libro caer de su brazo, hasta que un hechizo cortante le dio en la muñeca y dejó el libro caer.
—Te lo avisé señora Granger, puede que esta sea su puta casa pero aquí, maldita sea, soy la ley y te exijo ¡no! Te ordeno que abras el maldito libro de una vez si no quieres acabar en la prisión más mohosa de toda Azkaban. —dijo Ron.
—No tienes autoridad para dar esa clase de ordenes Weasley solo eres un auror de tercera categoría, así que tus palabras sobran. No eres nadie en esta casa. —dijo Hermione con furia mientras lo miraba con soberbia aun sujeta por los aurores.
Sus maridos miraban la escena con horror, aunque todos estaban de acuerdo.
—Soltad a mi mujer si no queréis problemas. —gruñó Lestrange con una rabia que pocas veces había sentido.
—Tú solo eres un sucio mortífago sin su varita, eres menos que un simple muggle. —dijo uno de los aurores con soberbia.
—Pero todos nosotros tenemos nuestras varitas y sabes quién soy yo. Soy Harry Potter del primer escuadrón de aurores y como no sueltes ahora mismo a mi mujer no quedara nada de ti. —dijo Harry mientras los demás lo secundaban sacando sus varitas.
Todos habían aguantado estoicamente como esos desvalijaban su casa, desordenándola, como aterrorizaron a sus elfos, como destruyeron sus objetos personales y ahora estaban atacando a su mujer. Eso no lo iban a tolerar. Se acabó el ser idiotas y pacifistas. Iban a luchar por lo que era suyo y por lo que les importaba y esa era Hermione.
Los aurores arrojaron a Hermione al suelo y ésta cayó con un ruido sordo. Al encontrarse en el suelo intentó coger el libro, pero el pie de Ron la pisó a medio camino. Hermione contuvo un grito de dolor, no le daría la satisfacción. Con un movimiento brusco con la otra mano cogió su varita y apunto al pie de Ron y con un hechizo no verbal, éste cayó al suelo justo al lado de ella.
Hermione se puso en pie, cogió el diario y se encamino en donde sus maridos se pusieron en frente de ella para protegerla. Ron se levantó con furia y los aurores que estaban detrás de él se pusieron a en posición dispuestos a dar una lucha sin cuartel.
La tensión se podía cortar con un cuchillo y fue entonces cuando se abrió la puerta dejando ver al ministro con la señora Bones y Umbridge. Todos se quedaron con la boca abierta al ver las posiciones ofensivas de los aurores y de la familia.
— ¿Qué está pasando aquí? —dijo el ministro con la voz alterada.
—Ministro tenemos una orden para registrar esta casa ya que hemos recibido el chivatazo que podía haber artefactos oscuros, teniendo en cuenta que vive un ex-mortífago consumados y dos de ellos que se libraron de Azkaban por pura suerte. —dijo uno de los aurores muy ufano por este hecho ya que el ministro seguro que se ponía de su lado.
—Así que os han dado un chivatazo que en esta casa, en MI casa hay artefactos oscuros y sin las firmas y ordenes pertinentes habéis venido a registrar o más bien por como encuentro MI casa, a destrozar todo lo posible. —dijo el ministro irguiéndose cuan alto era. —La orden de registro que habéis mandado a mi familia no tiene ninguna validez, ya que falta la firma del jefe de aurores, la firma de la señora Bones como directora del departamento de Seguridad Mágica y la más importante: la mía.
Los aurores se quedaron en blanco, ellos solamente habían seguido la orden y no sabían que esta era la casa del ministro. Sabían que se había casado hacia poco, pero como ninguno de ellos fue invitado a la boda y no leían el profeta no se habían enterado de ello. El único que no parecía afectado por las palabras del ministro era Ron que tenía una cara de pura satisfacción.
—Señor Ministro veo que ha habido algunos errores de protocolo y le pedimos perdón por eso, pero somos aurores y a cualquier señal de artefacto peligroso estamos predispuestos a ir a luchar por lo que nuestra intervención ha sido acertada. Sin embrago al hacer la exploración en su casa hemos visto que no hay ningún tipo de magia oscura en su casa. —dijo Ron con una sonrisa de autosuficiencia.
—Mi niego a ser considerado un auror al igual que tú cuando has atacado a mi mujer dentro de mi casa. —contestó Harry con furia.
Kingsley al oír eso se acercó en donde estaba Hermione y vio la mano derecha morada de su mujer, la cual además del moratón la tenía sangrando e hinchada.
—Puede que me haya extralimitado en mi fuerza, no sabía que la señora Granger fuera tan delicada, además ella desobedeció una orden de un auror al no querer abrirme ese libro. Es más si lo abre y descubrimos que no tiene ningún tipo de maldición oscura nos iremos. —dijo Ron muy seguro de sí mismo.
Hermione apretó el libro con más fuerza y negó con la cabeza.
—Hermione por favor, abre el libro para que estos señores se puedan ir. —dijo Kingsley con ternura aunque sus manos temblaban con furia.
Hermione negó otra vez con la cabeza. Era su libro, su diario en donde estaban todas sus vivencias, donde estaba su vida, su catarsis, donde había fotos, menciones de sus maridos. Era el diario de toda su vida en Hogwarts hasta el día de hoy. Era demasiado íntimo, demasiado personal. Toda su vida era ese libro, nunca fue profanado por otra persona, solo ella sabía de él.
—Por favor señorita Granger deje de ser una niña y abre el maldito libro para poder tener un día tranquilo. —dijo Snape mientras ardía de rabia, ya que esos niñatos habían destrozado su habitación y su despacho de pociones.
Hermione volvió a negar por tercera vez con la cabeza y apretó con más fuerza el libro mientras este se llenaba de la sangre que discurría por la herida de la muñeca de Hermione.
Kingsley suspiró con fuerza sabiendo que por esto Hermione lo iba a odiar, cogió el libro con fuerza arrancándoselo de las manos y con un hechizo de alto nivel abrió el libro y se lo lanzó a Ron, el cual lo cogió sorprendido ya que no conocía el hechizo con el que lo había abierto.
Ron le echó una ojeada ya que solo había letras y más letras. Después de pasar las páginas se lo desvolvió a Kingsley y con un asentimiento salieron de la habitación para irse. Hermione le arrancó el diario de las manos del ministro y se fue a su habitación corriendo sin mirarle. Se sentía traicionada y dolida por él.
—Habrá una comisión de intervención para el tercer escuadrón y cada uno de vosotros tendrá una sanción disciplinaria. Dolores tú también por haber firmado una orden que no te correspondía. Es la última oportunidad que tenéis, a la siguiente que hagáis, os echaré del ministerio. —dijo el ministro con voz solemne.
Dolores junto con la señora Bones y el tercer escuadrón temblaron al oír la noticia y se fueron rápido de la casa.
La casa estaba totalmente desolada, era como si un tsunami hubiera impactada en ella. Los elfos se lamentaron y empezaron a llorar mientras recogían la casa.
Kingsley se dirigió a la habitación de Hermione y sin llamar a la puerta entró encontrándose a una Hermione sentada en el marco de la ventana aun con el libro en sus manos.
—No tenías ningún derecho a hacer eso, son mis cosas, es mi intimidad, puede que para ti fuese un simple libro, pero es mi vida, ¿entiendes? Mi vida. —dijo Hermione gritándole eso último.
—Puedo entenderlo, pero a veces tengo que hacer sacrificios por el bien común. Esto es una familia, pero también soy ministro de magia. —dijo él acercándose a ella.
—Dijiste que no volverías a traicionarme ni a hacerme daño. —dijo Hermione apartándose de su lado. —Entiendo tu trabajo y sé que es difícil compaginarlo con la vida familiar, pero eso no quite que me sienta traicionada por ti. Por favor déjame sola.
Kingsley intentó decir algo pero se calló, se volvió y cerró la puerta de la habitación, dejándola sola con sus pensamientos.
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