Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a J. K. Rowling y yo solo juego con sus personajes. La idea viene de varios fics que he leído tanto en inglés como en español, pero la historia es mía.
Capítulo 24
Hermione pasó el resto de día en una nube, como si estuviera en un sueño, como si todavía no procesara que era ella la que estaba embaraza, que iba a tener un hijo. Harry no paraba de estar a su lado, preguntándole a cada minuto si se encontraba bien o si necesitaba algo. Era demasiado halagador y a veces atosigante, pero a Hermione no le importaba ya que ver los grandes ojos verdes de Harry llenos de ilusión le bastaba para que su agobio se esfumara.
Al día siguiente de la gran noticia, Harry vino con una escoba de juguete para niños. Hermione le regañó, pero Harry simplemente le dijo que quería ser el primero en darle una escoba a su hijo, ya que una de sus ilusiones era enseñarle a montar en una escoba.
Hermione se dio cuenta de que algo iba mal cuando esa noche, Lestrange no durmió con ella, ella lo estuvo esperando hasta la medianoche y cuando vio que no iba a venir, se deslizó por la cama y se fue a la cama de Harry en donde éste dormido la abrazó con fuerza. Hermione no pudo dormir bien esa noche, ya que no sabía porque Rodolphus no vino a dormir si nunca había faltado a una cita con ella y estaba preocupada por si le había pasado algo y no se había dado cuenta al estar absorta con el bebé y con Harry.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, Harry empezó a besarla con suavidad mientras acariciaba su vientre aun plano.
— ¿Cuándo sabremos que es una niña o un niño? —preguntó Harry mientras besaba su cuello.
—Hasta que no tenga alrededor de tres o cuatro meses de embarazo no se podrá saber y a veces ni eso, porque muchas veces el niño esconde su condición. —dijo Hermione mientras suspiraba de placer cuando la lengua de Harry recorrió su cuello hasta llegar a su pecho.
—Debemos levantarnos, ayer recibí una lechuza del jefe, el cual me pedía que fuera hoy al Ministerio ya que debe hablarme de un asunto oficial. La verdad es que no entiendo por qué me cogí vacaciones si cada día he tenido que ir a por algo. La próxima vez no abriré ninguna lechuza. —dijo Harry hastiado por la situación ya que le había pedido un mes a su jefe de vacaciones y éste no le había dejado en paz.
—Esto te pasa por ser uno de los mejores aurores de tu escuadrón. —dijo Hermione mientras se levantaba.
Los dos con paso lento y cogidos de la mano se dirigieron al comedor, en donde solo estaba Lestrange tomando su desayuno, éste al verlos entrar, apuró el café que le quedaba en su taza y con un ademán de la mano se fue hacia su habitación.
Hermione se quedó extrañada por cómo se había ido Lestrange, siempre se había quedado a desayunar con ella y a charlar sobre asuntos triviales y hoy se había ido en cuanto la había visto. Y eso no le gustaba. Nada.
Cuando terminaron de desayunar, Harry se fue corriendo porque llegaba tarde a la reunión con su jefe y Hermione se dirigió a la habitación de Lestrange para saber el porqué de su comportamiento.
— ¿Puedo pasar? —preguntó Hermione después de llamar a la puerta.
—Estoy ocupado, ¿no puede ser en otro momento? —dijo Lestrange ya que no quería hablar con ella. No podía ni mirarla. Era superior a sus fuerzas.
—Solo será un minuto, no te quitaré mucho tiempo. —insistió Hermione.
—De acuerdo. Pasa. —dijo Rodolophus después de dar un suspiro. Conocía bastante bien a Hermione y sabía que no iba a parar hasta hablar con él.
— ¿Por qué no has dormido conmigo? Ayer te estuve esperando. —preguntó Hermione de forma directa y concisa. No quería andarse por las ramas, quería respuestas.
—Simplemente quería dormir solo, cuando duermo contigo no descanso bien porque te mueves mucho y ayer estaba muy cansado. —dijo Lestrange entre dientes.
Hermione se quedó estupefacta, no esperaba esa respuesta, creía que él como ella dormía bien entre sus brazos, además la cama era bastante grande.
—De acuerdo, creía que había hecho algo mal, ya sé que he estado distraída con el asunto del bebé pero…
—No me interesa, la verdad Hermione, como te he dicho estoy ocupado así que si no te importa. —le interrumpió Lestrange dejando a Hermione con la boca abierta y muy sorprendida.
Hermione salió de la habitación como un zombi, era la primea vez que Lestrange le había hablado de esa manera, prácticamente había usado el mismo tono que cuando era mortífago y eso le había asustado y herido. Tenía un nudo en el estómago que sabía que no era por el bebé y sentía que lo que se avecinaba no era nada bueno.
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Toda la mañana y toda la tarde, Hermione había estado sola en la casa, Lestrange no había dado señales de vida y ninguno de sus maridos había aparecido por la casa y sabía que no iban a aparecer, era como un sexto sentido que le estaba indicando que sus maridos se estaban alejando de ella.
Su pronóstico se volvió real cuando seis lechuzas entraron por la ventana y todas contenían lo mismo: ninguno de sus maridos iba a venir a cenar ya que tenían mucho trabajo. El nudo de la garganta se hizo más grande pero no se permitió llorar.
A eso de las 21:00 p.m. Harry entró por la puerta muy enfadado, se podía notar como la magia estaba a su alrededor y con un suspiro se sentó en el sofá y se puso las manos en la cara.
—No has venido a cenar, estaba preocupada. —dijo Hermione muy triste ya que era la primera noche desde que estaban casados que había cenado sola. Lestrange había ordenador a los elfos que le llevaran la comida a su habitación.
—Perdóname cariño, pero hoy he recibido una muy mala noticia y he tenido que desfogar toda la energía negativa antes de venir a casa. —dijo Harry besándola quedamente en los labios.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó angustiada Hermione.
—Me mandan a una misión al extranjero, a Rusia concretamente. Se han avistado movimiento de magos oscuros procedentes de Inglaterra y el gobierno ruso nos exige que vayamos a controlarlos. Lo peor no es eso, es que estaré fuera del país alrededor de seis meses. —explicó Harry angustiado.
— ¿Seis meses? — preguntó Hermione con sorpresa.
Harry simplemente asintió y el dique de emociones de Hermione se rompió. Hermione empezó a llorar, sus lágrimas caían sin control de sus ojos mientras Harry la abrazaba con fuerza intentando consolarla. Pero ella ya no podía parar.
¿Seis meses sin Harry? ¿Sola? ¿En esta casa tan grande?
—Hermione, cariño, solo serán seis meses, te juro, te prometo de verdad que haré mi mejor esfuerzo para arrestar a esos condenados que me van a alejar de ti en estos momentos tan especiales. Yo también sufro cariño, voy a perderme tu embarazo, no podré estar contigo cuando el bebé te de pataditas, o cuando tengas antojos y no podré ver como tu barriga va creciendo poco a poco y no podré hacerte el amor. —le dijo Harry a Hermione mientras éste también lloraba ya que iba a estar lejos de su familia.
—Perdóname Harry, soy una egoísta por pensar solo en mí. —dijo Hermione mientras intentaba en vano dejar de llorar al ver las lágrimas de Harry.
Harry no le dijo nada y la besó, ella no se resistió y la devolvió el beso, poniendo sus manos en su pelo moreno para acercarlo más a ella. Sus cuerpos se moldearon como uno solo, fusionándose mientras sus lenguas luchaban por el control. Harry se levantó y cogió a Hermione en vuelo para estar más juntos. Así de pie, agarró fuerte su cintura y ella pudo notar su gran erección cerca de su barriga. En un movimiento brusco Harry la puso contra la pared del salón.
—Te amo. —susurró Harry mientras sentía a Hermione tensarse en sus brazos.
— ¿Qué? ¿Cómo? —dijo Hermione mareada aun por el beso.
—Quería decírtelo desde hace tiempo y tenía pensando hacerlo en una cita especial, tú y yo solos, pero ahora creo que es el momento. Te amo Hermione, sé que quizás mis sentimientos no sean correspondidos de igual modo, pero te amo.
—Harry yo también te amo, te quiero, te deseo, eres mi amor, mi mejor amigo, en el único que confío ciegamente. No te negaré que tengo también sentimientos por los demás y creo que me estoy enamorando de cada uno de ellos, pero tú Harry, eres mi primer amor y no tengo miedo de decir que te amo. —dijo Hermione mientras lo besaba con más fuerzas poniendo sus brazos en el cuello de Harry y entrelazando sus dedos en su cabello negro, al tiempo que abría un poco sus piernas, para estar más cómoda y atraer al chico más cerca de su cuerpo.
Harry no lo podía creer, ¡Hermione lo amaba! No estaba celoso de que también amara a sus otros maridos ya que sabía que Hermione tenía un gran corazón, pero el escucharle decir que también lo amaba, que lo quería y deseaba más que un amigo, era un sueño hecho realidad.
Los besos se hicieron más intensos cuando sus lenguas se encontraron de nuevo, reconociéndose, explorando sus bocas, haciendo suyo cada rincón. Sus manos no permanecieron quietas mucho tiempo, Hermione fue bajando sus manos por la espalda de Harry, recorriendo cada centímetro, haciendo que éste se estremeciera de pies a la cabeza, con esa lenta y delicada caricia que para él era una tortura, ya que sentía un calor abrumador en todo el cuerpo.
Harry no se quedó atrás, ya que tenía en mente hacer sentir a Hermione lo que ella le hacía sentir a él, y lentamente abandonó su boca para trazar un camino de besos por su cuello, hasta llegar a sus hombros donde con pasión y con furia, le quitó la camiseta dejándola solo con el sujetador y los pantalones cortos.
Ella le sonrió y con decisión, llevó su mano al pantalón de Harry donde lentamente empezó a quitarle el botón y a bajarle la cremallera, mientras Harry se quitaba la camiseta de un golpe. Sus ansias salvajes contrastaban con la lenta tortura que infringía Hermione a Harry llevando sus manos tan cerca de su anatomía.
—Eres perversa bruja. —dijo Harry con voz ronca por la pasión.
Harry no se quedó a atrás y en un movimiento le quitó el sujetador a Hermione dejando ver sus hermosos y gloriosos pechos blancos. Se relamió los labios al ver ese espectáculo tan erótico el cual era Hermione sonrojada por la pasión y con los labios hincados por sus besos.
Harry la aprisionó contra la pared, para así sentirla más cerca de él. El solo roce de sus pezones duros contra su pecho, lo volvió loco, sentir su piel suave frotarse contra su cuerpo lo volvía ansioso.
Comenzó a acariciarla nuevamente, mientras la besaba con todo el amor, pasión y deseo que pudiera transmitirle. Primero su espalda, su cintura, y ahí empezó a quitarle los pantalones llevándose tras si las pequeñas braguitas que portaba ella.
—Por más erótico que parezca hacerte el amor en el sofá, esta noche va a ser la última entre nosotros hasta que regrese. Te quiero en la cama, desnuda, entre mis brazos, gimiendo mi nombre. —le dijo Harry a Hermione mientras acariciaba su sexo haciendo que ésta se volviera más y cada vez más húmeda.
Hermione loca del placer, asintió a sus palabras mientras lo volvía a besar de nuevo. Harry no perdió el tiempo y después de separarse del beso, cogió a Hermione y se la echó a los hombros como si fuera un hombre de las cavernas mientras la chica reía.
Al llegar a la habitación la soltó encima de la cama, en dónde esta se arrodilló y lo besó de nuevo mientras las manos de él se iban a su pecho, pellizcando sus pezones haciendo que Hermione gimiera con fuerza dentro de su boca.
Hermione se sentía en otro planeta, las sensaciones que Harry le provocaba la estaban volviendo loca. Buscó una vez más los labios de su amado, y cuando los encontró los devoró en un beso hambriento, mordiendo el labio inferior de Harry.
La chica bajó sus manos hasta llegar al miembro erecto del chico, y lo apretó ligeramente, arrancando un largo gemido de la garganta de Harry, el cual estaba con los ojos cerrados, disfrutando de las sensaciones que Hermione le brindaba, ésta lo acarició y estimuló haciendo que Harry abriera sus grandes ojos verdes llenos de lujuria.
Sin perder el tiempo, la besó ferozmente y comenzó a acariciar sus pechos nuevamente mientras acunaba cada uno de ellos en cada mano, masajeándolos con sus palmas, apretando con sus pulgares los pezones. Bajó una de sus manos por el estómago suave de su mujer, sintiendo su piel sedosa bajo su palma, rozando el principio de su vagina.
—Abre un poco tus piernas, cariño. —susurró Harry mientras Hermione seguía masturbando su pene.
Hermione sin objeción alguna, hizo lo que él le pidió, y sintió la mano de Harry rozar su sexo, acariciando primero su muslo, mientras subía hasta llegar a su sexo húmedo, y lo masajeó lentamente, buscando ese pequeño botón de placer, y cuando lo encontró, Hermione rompió el beso para dejar salir un profundo gemido de placer.
—Harry, por favor, necesito sentirte. —dijo Hermione gimiendo de placer arqueándose contra el cuerpo de él, haciendo que sus pechos chocaran con el duro pecho de Harry.
Ella lo deseaba, lo deseaba más que a nada en el mundo, Harry podía sentirlo, su cuerpo se lo decía, igual que el suyo, y supo que si no terminaba pronto con esta tortura, terminaría explotando de excitación.
—Quiero verte mientras hacemos el amor, ponte encima que quiero poder tocarte en todos los rincones de tu cuerpo. —dijo Harry mientras se acostaba en la cama y Hermione con una pícara sonrisa asentía.
Hermione empezó a gatear hasta llegar a donde estaba Harry y con delicadeza para prolongar más el placer, separó sus piernas dejando su intimidad al descubierto. Hermione se puso encima de Harry y se enterró de un golpe en el pene de éste haciendo que los dos gimieran al unísono.
Hermione comenzó a moverse a un ritmo lento, mientras Harry acariciaba sus pechos con ansía ya que ver a Hermione cabalgándolo lo hacía sentir muy excitado.
El ritmo de Hermione fue aumentando al igual que sus gemidos, nada más les importaba, lo único que querían en ese momento era estar el uno con el otro, sin dejar de tocarse y besarse.
Hermione se inclinó hacia Harry haciendo que sus bocas coincidieran y empezaron a besarse mientras que los dos aumentaban sus embestidas con fuerza hasta que los dos llegaron al orgasmo haciendo que Hermione rompería el beso por el gran gemido que soltó de placer.
Los dos se quedaron quietos intentando recuperar sus respiraciones, Hermione se quitó de encima de Harry y se acostó a su lado mientras éste lo abrazaba fuertemente.
—Mañana me iré temprano, así que tenemos toda la noche para despedirnos. —dijo Harry mientras Hermione lo besaba de vuelta.
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A las 06:00 a.m. Harry se levantó de la cama, dejando a Hermione dormida. Salió del cuarto y se dirigió hacia la puerta solamente con su varita ya que no podía llevar nada que los identificaran como aurores. Toda la ropa y utensilios necesarios se los iban a dar nuevos en Rusia para que pudieran pasar desapercibidos el mayor tiempo posible.
Al entrar al comedor vio a Draco, Bill, Cormac, Lestrange, Snape y Kingsley tomando el desayuno.
—Ya que ninguno de vosotros se presentó a cenar ayer por la noche, os lo digo ahora: me voy a una misión a Rusia y estaré fuera seis meses. Espero que cuidéis de Hermione y os dejéis de tonterías de niños pequeños. No tengo tiempo para charlas, por eso seré breve, como alguno de vosotros lastime a Hermione en este tiempo que no voy a estar, que tiemble. Y no me refiero algo físico, vuestra indiferencia le hace daño. —dijo Harry furioso ya que había notado como los chicos se estaban lentamente separando emocionalmente de ella.
Harry no les dejó responder y cogiendo una galleta salió de la casa sin mirar hacia atrás ya que si se volvía sabía que no iba a ser capaz de irse.
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Después de la ida de Harry, la vida de Hermione fue cuesta arriba, sus maridos apenas pasaban tiempo con ella, dormía todas las noches sola y apenas le dirigían la palabra en la cena.
Hermione se sentía sola y desdichada y a menudo le daban ganas de escribir a Harry para que viniera, para que pusiera fin a su soledad, pero al final no lo hacía. Ella era una chica fuerte y no quería que Harry se preocupara más por ella.
No sabía qué hacer, había intentado hablar con ellos, tanto a solas como en conjunto y siempre había recibido las mismas respuestas: que eran imaginaciones suyas, que estaban muy ocupados en sus trabajos, que estaban atrasados o silencios incomodos.
Los días pasaron lentos y tortuosos y como en sus años de colegio, Hermione se centró en sus libros de maternidad para saber todo lo posible para cuando naciera su bebé, comía las comida propicias aunque no tuviera ganas ya que el nudo de la garganta se hacía más grande con el pasar de los días, además, salía a andar todas las mañanas y tardes y aunque había invitado a sus maridos varias veces a que fueran con ella, ninguno la acompañó.
Hermione no podía más, había pasado de la felicidad absoluta, de estar mimada cada hora del día por sus maridos, a ser simplemente ignorada.
Había pasado un mes sin Harry y ya apenas recordaba lo que era sentirse querida. Hoy era domingo y eso significaba que ellos tendrían que estar aquí, hoy iba a hablar con ellos, iba a poner las cartas sobre la mesa. Hoy iba a plantarles cara.
Hermione se dirigió hacia el salón en donde estaban sus maridos, éstos al verla entrar murmuraron sendas excusas, pero Hermione esta vez no se dejó pisotear, echó un hechizo haciendo que la puerta y las ventanas se cerraran.
—Vamos a hablar, aquí y ahora. Basta de excusas. Quiero saber por qué habéis cambiado, porque ya no queréis pasar tiempo conmigo, quiero saber que ha cambiado. —dijo Hermione gritando lo último.
— ¿En verdad quieres saberlo, Granger? —preguntó Snape con malicia.
Hermione simplemente asintió y cogió fuerzas para lo que se avecinaba.
—El problema eres tú, has cambiado, estas embarazada del hijo de Potter. —dijo Snape mientras los demás asentían.
— ¿Cómo? —preguntó Hermione ya que no se esperaba una respuesta como esa.
—No puedo verte ahora como Hermione, sino como la mujer que lleva en el vientre al hijo de Harry. —dijo Cormac con furia señalando la barriga de Hermione.
—También será vuestro hijo, no tiene nada que ver de quien sea biológicamente. —replicó Hermione enfadada, llevando sus manos a su barriga protegiéndola.
—El hijo de Potter nunca será mi hijo. —dijo Draco sorprendiendo a Hermione.
— ¡No lo puedo creer! No puedo tener un hijo de los siete, es biológicamente imposible. —explotó Hermione.
—No se trata de eso, el hecho es que sabemos que el hijo es de Harry ya que fue el primero y el hechizo de unión te predisponía para ello. Ese es el caso. Con los siguientes niños, no sabremos de quienes son. —explicó Bill con suavidad.
— ¿Y cuando nazca con tus ojos azules? ¿O cuando su pelo sea pelirrojo? Y ¿si el niño sale con el pelo rubio? —preguntó Hermione enumerando los rasgos más comunes y notorios de algunos de ellos.
—Tanto Bill, como Kingsley y yo tenemos los ojos azules, al igual que Draco y yo somos rubios. Los ojos oscuros los pueden sacar tanto de ti, como de Snape y Lestrange, y los ojos grises de Malfoy son una cosa rara. Mi familia materna era pelirroja, al igual que la madre de Harry y Bill. Nunca sabremos biológicamente al 100% de quienes son y por ello será más fácil, pero con éste, sabemos que es de Potter. Las cuentas no fallan. —dijo Cormac.
—Entonces, ¿vais a ignorar a este niño, solo porque vuestras cuentas os dicen que es de Harry? —dijo Hermione con los ojos cristalinos.
—Tanto como ignorar no, la ley lo impide, pero será difícil verlo como un hijo nuestro. —dijo Lestrange.
— ¿Estáis todos de acuerdo? —preguntó Hermione. — ¿Pensáis todo lo mismo?
Los seis magos asintieron, por mucho que le doliera a Hermione, no podían sentir ese hijo como suyo ya que en su fuero interno siempre sabrían que sería de Harry Potter, mientras que los demás no, ya que si seguían con ese ritmo de sexo, donde Hermione muchas veces había hecho el amor varias veces en un día con diferentes magos o como en el caso anterior, un trio, nunca sabrán quién sería el padre biológico y sería más fácil aceptarlo.
Hermione se sentía defraudada, había confiado en ellos, había estado un mes sola, mientras la ignoraban solo porque estaba embarazada de uno de sus maridos. Nunca en su vida se había sentido tan defraudada y tan humillada.
—Habéis jugado conmigo, había llegado a quereros tanto, que me cuesta creer que todo esto sea verdad. Os di tantas cosas y me quedé sin nada. Al final resultó verdad todo lo que un día tuve miedo, tenía miedo de perderos, que os alejarais de mí. Decíais que no, pero cambiaron tanto las cosas. —dijo Hermione mientras sentía como su ira se hacía cargo de sus emociones y de sus pensamientos hasta que simplemente explotó. — ¡ME SIENTO COMO UNA ESTÚPIDA!
Los seis magos se quedaron patidifusos, en los dos meses que estaban casados, Hermione jamás levantó la voz, siempre era partidaria de hablar las cosas para evitar los enfrentamientos. Pronto se dieron cuenta que la habían herido de verdad.
Hermione no se dejó apabullar por las miradas lastimeras de sus maridos. Estaba herida, decepcionada, no la querían y lo más importante no iban a querer a su bebé.
—Lestrange solo me utilizaste para no estar solo y yo estuve ahí contigo como una tonta. —dijo Hermione mientras fulminaba con la mirada a Lestrange mientras a éste se le encogía el corazón por la pena.
—Te lo di todo y me quedé con las manos vacías, dime que perdías junto a mí, Snape, ¿por qué te has ido de mi lado, si junto a mí volviste sonreír? —le preguntó Hermione mientras una lagrima solitaria caía por su ojo haciendo que Snape se quedara por primera vez en mucho tiempo sin respuesta.
— ¿Qué no podías vivir sin mí? ¡Ja! Eso quedó en el aire, ¿no Malfoy? Pasaste de ser todo a en mi vida no ser nadie. —le dijo Hermione a Draco haciendo alusión a lo que tantas veces le dijo él cuando le hacia el amor. Draco perdió el color de su cara haciéndolo parecer más pálido.
—Ya no me importa lo que digas. —dijo Hermione a Kingsley ya que éste iba a hablar. —Me juraste tantas cosas que resultaron ser mentira.
—Weasley, me utilizaste, te equivocaste tanto conmigo, todavía no sé porque me haces esto si yo contigo siempre me he portado bien. —le dijo Hermione a Bill haciendo que este se sentara en el sitio por la impresión.
—Mclaggen dijiste que lo nuestro era para siempre, que tu amor por mí no tenía cabida en el espacio, ¿Dónde está hoy ese supuesto amor que me confesabas a todas horas?
Hermione no podía parar, toda la ira, toda su tristeza, todo lo que había sentido en ese mes que había estado sola por fin lo estaba soltando.
—No os preocupéis, no os molestaré más con mi presencia, por lo menos tengo a este bebé y a Harry. No volveréis a ponerme una mano encima, para mi este matrimonio está muerto. Habéis jugado con mis sentimientos, no aceptáis a mi hijo. No queda nada entre nosotros. Lo más triste es que estoy enamorada de cada uno de vosotros y está basado en una mentira porque sois vosotros los que habéis hecho que me enamore de cada uno de vosotros. —dijo Hermione saliendo de la habitación después de quitar el hechizo.
Los seis magos se quedaron allí solos patidifusos viendo como la mujer de sus vidas se iba escaleras arriba.
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Hermione subió a su habitación y con la varita conjuró una maleta donde puso su diario, su álbum de fotos familiar, las prendas que se había comprado ella con su dinero, su osito de peluche, y los regalos que le había dado Harry. Todo lo demás lo dejó allí.
—Dolly. —llamó Hermione a su elfo doméstico.
— ¿Si señora ama?
— ¿Puede llevarme a la calle Granada nº 5? —preguntó Hermione mientras sentía como su cuerpo temblaba.
—Por supuesto mi señora ama.
El elfo cogió a Hermione de la mano y con un suave "Plof" los dos se aparecieron en un vecindario muggle. Hermione se dirigió rápidamente a la casa que tenía el número 5 y la abrió con la llave que tenía guardada en el bolsillo.
"Aquí es donde pertenezco. Este es mi hogar"
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***Princes Lynx***
