Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a J. K. Rowling y yo solo juego con sus personajes. La idea viene de varios fics que he leído tanto en inglés como en español, pero la historia es mía.
OJO LEMON.
Capítulo 28
— ¿Hermione?
Una voz de hombre la llamó aunque la mujer en cuestión no lo oyó. De hecho no oía nada desde hacía un buen rato ya que estaba profundamente dormida, su cabeza estaba acostada en una gran mesa de caoba y a su lado había un gran libro de aritmancia. No era el único libro que había a su alrededor, sino que toda la mesa estaba llena de libros aunque la mayoría de ellos eran sobre niños pequeños. Algunos de esos libros estaban abiertos y al lado de éstos había un pergamino con cosas escritas con varios colores.
— ¿Hermione?
La voz de hombre sonó más fuerte, la única respuesta por parte de la chica fue un pequeño suspiro.
— ¡Hermione! —dijo con voz alta Cormac mientras sacudía suavemente el brazo de su chica, esa chica con la que llevaba casi tres semana sin hablar, aquella esposa a la que había humillado y dejado atrás como un vil cobarde.
La chica dio un gran respingo tirando el libro mientras sus brazos se estiraban, abría los ojos con pereza y su cuerpo se estiraba.
Cormac no perdió detalle de ese momento ya que aunque estaban a finales de octubre, la casa siempre estaba caliente por lo que Hermione siempre llevaba ropa muy ligera y al desperezarse su camiseta dejo entrever su estómago un poco redondeado y el principio de sus pechos que estaban más grandes.
—Es la hora de la cena, te he buscado en tu habitación y no te he encontraba. —dijo Cormac mientras Hermione lo miraba fijamente y asentía ante sus palabras.
Hermione asintió de nuevo, cogió el libro del suelo y echó a andar hacia el comedor. Nada había cambiado con ellos.
Después de esa gran noche con Snape y Lestrange, cuando los dos se habían disculpado con ella y con sus bebés, ella solo les había dado la oportunidad a ellos y ellos no la estaban desperdiciando. Solo habían pasado cuatro días, pero en esos cuatro días la convivencia con esos dos magos había cambiado por completo, dejando a los demás furiosos, lívidos y al final tristes ya que Hermione no les dedicó ni media palabra.
Cormac creía que podría acercarse a ella con la excusa de pintar con ella la habitación de los niños, pero Hermione en un acto orgullo le arrebató los botes en cuanto los trajo el lunes por la mañana y se dispuso ella sola junto a Lestrange a pintar la habitación de color verde; Cormac vio impasible como Hermione se relajaba con Lestrange mientras él seguía siendo una persona ignorada. Con el corazón en un puño salió de la habitación ya que la actitud de Hermione le dolía, le dolía porque la amaba.
Cormac sabía que lo había hecho mal, pero fue un arrebato, unos celos primitivos; quería o más bien deseaba que los bebes que tenía Hermione fueran suyos ya que se sentía inseguro, pero al escuchar la últimas palabras que le dedicó no había duda del amor de Hermione hacia todos ellos y ahora él se sentía miserable, ya que no solo había echado a perder su relación con Hermione sino que se estaba perdiendo un momento maravilloso y único en la vida de su mujer. Había desaprovechado la oportunidad perfecta ya que al no estar Harry en la casa, él podría haber ocupado su lugar como confidente, pero no, sus celos se habían hecho cargo y ya nada podía solucionarlo.
Él único consuelo que tenía es que no era el más jodido ya que el ministro estaba totalmente desecho, aunque lo intentara disimular pero se le veía en los ojos cuando Hermione ni siquiera lo miraba, por lo menos él tenía de su parte monosílabos.
Le había pedido perdón un millón de veces, le había comprado flores, ropa, chocolates pero nada; las flores habían sido cultivadas en el jardín; la ropa, seguía dentro de sus cajas en la habitación de Cormac y los chocolates, Hermione los había tirado literalmente a la basura.
No sabía qué hacer ni que sentir ni que nada, se sentía solo y desecho.
Con esos pensamientos se dirigió al comedor donde Hermione estaba sentada en el regazo de Lestrange mientras éste le daba de comer con una mano en la barriga de Hermione mientras ésta reía mientras negaba con la cabeza ya que no quería comer acelgas y Lestrange le estaba obligando aludiendo que era bueno para los niños.
No era el único que miraba la escena con tristeza, celos y pesar; eran todos los que observaban la escena y sentían como les picaban las manos por no ser ellos quienes estuvieran tocándola y haciéndole bromas sobre comidas y el embarazo, pero no. Ellos eran los intrusos, eran Lestrange y Hermione la verdadera familia.
— ¿Ya has pensado que nombre les vas a poner? —dijo Draco Malfoy en un intento desesperado de que Hermione lo mirara y dejara de prestar atención a Lestrange.
Hermione lo miró con sus grandes ojos castaños y pensó si contestarle o no, pero como parte de la familia y parte de la vida de sus hijos, se decidió por ser cordial ya que actualmente y desde que Lestrange y Snape se habían disculpado de corazón con ella y sus hijos se sentía en una nube de felicidad.
—Todavía no porque no sé si son dos niños o dos niñas o uno de cada. Pero tengo algunos nombres pensados, sobre todo de niños. —dijo Hermione con una sonrisa.
— ¿Puedo recomendarte algunos? —dijo Lestrange dándole un beso en el cuello de Hermione haciendo que ésta gimiera de placer haciendo que los magos temblaran de la pasión.
—Claro, pero espero que no sea un hombre antiguo o feo típicos de sangres puras. —dijo Hermione con una sonrisa burlona mientras se dejaba abrazar por Lestrange.
—Me gusta Alexander para un niño y para una niña Anna. —dijo Rodolphus mientras acariciaba el vientre abultado de su mujer.
—Son nombres bonitos, pero no sé, supongo que hasta no les vea las caritas no sabré que nombres ponerles, pero podemos ir barajándolos, no quiero que después de dar a luz, no tengan nombres y sean llamados bebés Granger's, sería muy raro. —dijo Hermione riendo al imaginarse la situación.
Rodulphos y Hermione se rieron sin parar mientras que sus demás maridos los miraban con un deje de furia y celos queriendo estar en el lugar del hombre, pero todos estaban allí parados, con el corazón encogido y sin ganas de comer ya que habían perdido su oportunidad tiempo atrás.
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La tarde pasó sin preocupaciones mientras los hombres trabajaban, Hermione hacia su ensayo de Aritmancia para su curso por correspondencia, estaba escribiendo furiosamente en su pergamino mientras se quejaba de los arcaicos que eran los utensilios de los magos cuando sonó el timbre de la puerta. Al cabo de unos minutos un elfo domestico entró en la biblioteca en donde Hermione estaba estudiando y le dijo:
—Mi señora ama, la señora Tonks está en la puerta con el señorito Lupin.
Hermione se levantó de golpe de la silla dejando todas sus pertenencias allí y fue al comedor en donde Andrómeda y Teddy estaban en el sofá.
—Espero no haberte importunado Hermione, pero tengo que a ir St. Mungo para tomarme las pociones correspondientes y no puedo llevarlo conmigo, me preguntaba si podrías quedarte con Teddy. —dijo Andy nerviosa ya que nunca había entrado en el hogar de los Granger´s.
—No hay problema señora Tonks, quédese tranquila, sé que las pociones que se toma son muy fuertes y la deja cansada, ¿por qué no duerme hoy Teddy en casa, conmigo y mañana se lo llevo a casa? —preguntó Hermione mientras el pequeño Teddy cambiaba el color de su pelo a uno marrón igual que el de Hermione.
—No quiero importunarte.
—No lo haces, Teddy es un niño maravilloso además de que es mi sobrino preferido. —dijo Hermione mientras besaba la frente del pequeño. —Puedes irte tranquila.
Andrómeda suspiró, asistió y con un gracias de todo corazón se fue directa a St. Mungo.
— ¿ A qué quieres jugar pequeñajo? —preguntó Hermione mientras Teddy saltaba por los cojines.
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Bill Weasley no era una persona feliz y menos hoy. Hoy era su revisión semestral por sus heridas creadas por el hombre lobo Greyback que aunque no le había mordido, sus uñas habían atravesado su pecho dejando sendas cicatrices por las cuales tenía que venir ya que no sabían si estaban malditas o no. No se cerraban pero tampoco estaban contaminadas pero los sanadores querían estar seguros y más ahora con los posibles bebés que pudiera tener. Bill se tiró del pelo suavemente ya que estaba estresado y no por su trabajo ya que gracias a él se evadia de la mala situación que había en su casa y de cómo Hermione era feliz sin él. La quería y la deseaba y se arrepentía cada día de su indiferencia y de sus duras palabras. Ahora que la veía, el ver como cambiaba su aspecto así como su olor, el cual era más intenso y dulce, es más gracias a sus sentidos podía sentir la excitación que corría por sus muslos cuando estaba cerca de Lestrange o de Snape.
Al girar para salir del departamento se encontró con la Señora Tonks, la cual amablemente lo saludó y él la llevó hasta un asiento ya que ella estaba tomando pociones bastantes duras para ver si podía volver a concebir y poder entrar en el cupo de mujeres de mediana edad para tener más niños con sangre mágica.
— ¿Está bien señora Tonks? La veo muy pálida. —preguntó Bill al ver a Andrómeda cerrar sus ojos con cansancio.
—Son solo las pociones, son algo invasivas, soy demasiado mayor para esto y mi cuerpo se está adaptando, parezco una jovencita con las hormonas disparadas. —respondió Andrómeda como una sonrisa tensa. —He dejado a Teddy con Hermione, estaba sola y mi pequeño es muy travieso, ve pronto a casa y ayúdala.
Bill asintió con la cabeza y dejando a Andrómeda bien atendida, salió corriendo hacia la sala "flu" para ir corriendo a casa ya que era una gran oportunidad. Sabía que Lestrange estaba con Snape ya que ambos habían acordado de que Rodolphus sería quien escribiera sus nuevas pociones para darle un oficio reconocido.
Al cabo de unos minutos apareció en su casa y se encontró a Hermione en la alfombra de la gran sala mientras construía bloques con un niño pequeño con el pelo marrón como Hermione y al ver esa imagen algo en su cerebro hizo "clic"
Esa era la imagen que iba a ver siempre en su hogar, Hermione jugando con niños, niños que se parecerían a ella, porque Hermione era su mujer y sería la madre de todos esos niños. Niños que tendrían su color de pelo, su personalidad e incluso su apariencia. Y lo más importante es que él los querría a todos por igual porque todos serían parte de Hermione, serían parte de su vida y en cada niño, en cada hijo, un pedazo de Hermione estaría en ellos. Eso era lo importante.
Por primera vez en semanas Bill se sintió ligero, por fin habían comprendido la realidad, y ahora solo quedaba una de las partes más difíciles: que Hermione aceptara sus disculpas sinceras.
Con paso ligero se acercó a donde estaban jugando, al sentir su presencia, Teddy miró hacia arriba y cambió su pelo a uno color rojo.
—Mione, ¿quién es? —preguntó curioso el chico mientras se acercaba a Hermione temiendo al hombre.
—Es Bill cariño, uno de mis maridos, es un buen amigo de tu padrino. —dijo Hermione sorprendida de ver a Bill tan temprano en la casa.
—Si eres amigo de mi padino, eres mi amigo también. Tu pelo es muy gacioso. Juega conmigo y Mione. —dijo Teddy mientras cogía de la mano a Bill y le ponía los bloques.
Los tres juntos jugaron en silencio a los bloques, hasta que hicieron una gran torre y un arranque inesperado de magia, Teddy los tiró todos, haciendo a Hermione y a Bill reír con mucha fuerza.
— ¿Jugamos a aurores y a mortífagos? —preguntó Teddy con inocencia.
Era un juego puramente mágico, pero a Hermione se le ponían los pelos de punta a escuchar lo de mortífagos ya que aunque fuera un juego, no le gustaba asociarse con esos magos tenebrosos. Al ver la incomodidad de Hermione, Bill le dijo al pequeño:
— ¿Por qué no jugamos mejor a indios y a vaqueros? Es muy divertido, podemos disfrazarnos. —dijo Bill mientras que con su varita se disfrazaba de indio y vestía a Teddy y a Hermione de vaqueros con sendas pistolitas de plástico.
—Corre indio que vamos a por ti. —dijo Hermione mientras cogía de la mano a Teddy y salían corriendo detrás de Bill mientras disparaban su pistola que echaba pintura para saber dónde le habían dado.
Bill corría por toda la casa mientras que Hermione y Teddy le disparaban, se escondían detrás de los muebles hasta que Bill en un movimiento cogió a Hermione de la cintura y la tiraba suavemente en el suelo alfombrado mientras que la chica se quedaba con la respiración entrecortada y una sonrisa en los labios. Había pasado mucho tiempo desde que los dos no estaban juntos y Hermione se sentía cada vez más nerviosa por la mirada intensa que el chico le daba.
—Te atapé. Suelta a mi Mione. —dijo Teddy encima de Bill mientras tirada del pelo a Bill y se reía con fuerza.
—Mi héroe, me has salvado. —dijo Hermione saliendo de la cárcel de los brazos de Bill y besaba en la mejilla a Teddy.
Bill sonreía al ver la escena y se acercó con timidez temiendo romper la escena idílica entre Hermione y el pequeño, con vacilación se acercó y abrazó a Hermione para poder besar la pequeña cabecita de Teddy. Al principio Hermione se tensó, pero luego se relajó al sentir la piel caliente de Bill. Intentó apartar las lágrimas que sentía que iban a caer por su rostro ya que con Teddy y con Bill tan cerca le hacían desear tener su propia familia ahora y tan cerca.
—Mione no llores, te he salvado, hemos ganado. —dijo Teddy quitando una lágrima de la mejilla de Hermione.
—Es verdad Teddy, habéis ganado por eso Hermione llora, llora de felicidad. —dijo Bill mientras besaba quedamente en los labios a Hermione y ésta no se apartó.
Hermione lo abrazó con fuerza mientras sujetaba a Teddy. Lo había echado mucho de menos, los echaba a todos de menos, pero el estar así con Bill y el pequeño hacia que su corazón se encogiera.
—Hablaremos después del almuerzo, cuando Teddy duerma su siesta. —dijo Bill en el oído de Hermione.
Hermione no pudo contestar nada ya que Martin, uno de los elfos domésticos anunció que la comida ya estaba lista y Teddy se bajó corriendo de la espalda de Bill y fue dando saltos mientras cambiaba su color de pelo. Hermione y Bill lo siguieron mientras reían al ver lo entusiasmado que estaba el pequeño.
Al cabo de unos minutos se dispusieron en la mesa, en donde había una gran sopera, pan, y carne con patatas, bien cortada en piezas pequeñas para que el niño pudiera comérselo solo.
Era gracioso ver a Teddy coger su pequeño tenedor y su vasito de plástico con forma de lobo, mientras comía con su servilleta en el cuello como un perfecto caballero inglés. Se notaban los buenos modales que le había inculcado Andrómeda.
Después de comer, los tres se sentaron juntos en el sofá para ver la película del El Rey León para hacer la digestión y para que Teddy cogiera el sueño viendo algo animado. El pequeño estaba muy excitado viendo la película pero el sueño lo venció al cabo de quince minutos. Hermione y Bill condujeron al niño a la habitación de ella para que estuviera cómodo. El niño pequeño suspiró al sentir el colchón mullido y abrazando a su lobito de peluche, del que nunca se separaba, dormía tranquilamente.
Hermione y Bill salieron silenciosamente de la habitación, dejando la puerta entreabierta y poniendo un hechizo de detección de voz por si Teddy se levantara, para que no llorara por estar en una habitación extraña.
Bill no perdió el tiempo y condujo a Hermione a su habitación la cual era azul con sábanas blancas y cojines negros, era una habitación muy afín a él.
—Hermione lo siento de veras, hoy he tenido una epifanía y he visto el futuro cuando te he visto jugando con Teddy. Ese es el futuro que yo quiero contigo y con nuestros hijos. —dijo Bill tocando la barriga de Hermione. —Me arrepiento de cada palabra que dije, ya que olvidé una cosa muy importante y es que esos hijos también serán tuyos, serán parte de ti y tú lo eres todo para mí.
—Bill… Yo… No sé qué decir. —dijo Hermione sorprendida por las palabras de Hermione.
—Déjame terminar pequeña, te quiero. Quise a Fleur muchísimo pero siempre sentí que algo no encajaba con ella pero contigo es simplemente perfecto. Es como si fuéramos las dos piezas de un puzle y el puzle es nuestra familia, la cual quiero estar presente. Déjame ser parte de tu vida, déjame ser parte de la vida de ellos. Quiero quererlos, estar contigo cuando lloren por la noche, darles de comer, jugar con ellos, educarles y sobre todo amarles. Por favor, perdóname. ¿Podéis perdonadme? —preguntó Bill poniéndose de rodillas y hablando a la barriga de Hermione.
Una patada fue notada por Bill y Hermione la cual se quedó sorprendida y empezó a sollozar.
—Creo que eso significa que sí. Tenemos unos niños muy listos. —dijo Bill cogiendo a Hermione mientras la abrazaba con fuerza y ésta sollozaba con fuerza, agarrándose a la camisa de Bill con fuerza.
—No vuelvas a hacerme esto por favor, no vuelvas a alejarme de ti. —dijo Hermione mientras ponía la cabeza en su cuello y aspiraba el olor que tanto había echado de menos.
—No sé qué tienes, pero despiertas algo en mí, es una locura, nunca había sentido algo así. Simplemente dime que me quieres, olvida el pasado, vamos al futuro para estar juntos por siempre. Sé que es difícil, algo complicado, pero de verdad olvida lo pasado y vamos juntos de la mano. —dijo Bill mientras la cogía de las mejillas y la besaba con un pico en los labios.
La reacción de Hermione le sorprendió ya que no solo le devolvió el besó sino que le dio un gran beso. Al principio él no reaccionó ya que estaba demasiado sorprendido para hacer otra cosa que sentir sus labios contra sus labios. Él nunca le dio la oportunidad de alejarse o cambiar de opinión. Él puso sus manos sobre sus caderas bien formadas y la acercó más a él cuando él profundizó el beso y la acercó a la cama.
—Hermione. — murmuró su nombre, con una mano ahuecando sus mejillas, su pulgar se deslizó suavemente por los labios.
Hermione se estremeció ante la caricia sensual, ella abrió la boca ligeramente y movió la lengua alrededor de la yema de su dedo pulgar. Él sabía divino, como el mar y el cielo. Su cuerpo vestido solo con sus pantalones estaba caluroso, húmedo y salvaje, y fue allí mismo, en la cama que sintió como su miembro viril la presionaba. Ella movió sus caderas. Él gimió y ella pudo sentir la dura longitud de él contra su vientre.
Ella levantó las manos al pecho de él, lentamente deslizando sus dedos por encima de sus pectorales hasta su abdomen, y luego trazó un camino a lo largo del rastro de pelo debajo de su ombligo. Tocó suavemente sus cicatrices y las besó lentamente. Él se quedó quieto, con los ojos muy abiertos. Continuó estudiándolo con atención mientras sus manos acariciaban y bailaron en broma alrededor de su erección vestida.
—No tenemos por qué hacerlo, Hermione, ya soy feliz por estar en tus brazos. —dijo Bill mientras la besaba en la frente.
—Te deseo Bill, tus palabras, tus caricias, tu sinceridad, todo. Quiero hacerlo, tienes mi perdón, nuestro perdón y quiero que me lo demuestres de un modo físico, quiero sentirte cerca de mí.
Se inclinó hacia delante y le tapó la boca con la suya, engatusando sus labios y su lengua. Él tarareó con placer mientras saboreaba su excitación. Ella inflamaba sus sentidos. Sus manos se movieron de sus hombros hasta sus pechos, acunándolos a través de la tela de su blusa blanca de algodón, mientras el pulgar y el dedo índice de cada mano se burlaban de sus pezones. Ella gimió mientras seguía besando sus labios y chupando su lengua.
Sin romper el beso, Bill agarró la camiseta por el pecho con ambas manos y tiró hacia un lado, haciendo estallar los botones en una rápida sucesión. Empujó la blusa abierta y ella lo sintió sonreír contra sus labios. Ella se echó a reír nerviosamente mientras él desabrochaba el broche del sujetador y empujaba la prenda de encaje a un lado con las manos, amasando su carne caliente una vez más.
Hermione gemía del placer. Sus pechos que estaban sensibles por el embarazo, hacía que sintiera un placer superior al normal y Bill se aprovechaba de esto tocando sus pechos, tocando sus pezones mientras ella gemía debajo de él en su oído.
—Tan suave, tan sexy. Tan caliente. — murmuró mientras pellizcaba y tiraba de sus pezones. Sus labios dejaron los de ella, lo que le permitió jadear y retorcerse mientras besaba y lamía su cuello y garganta. Él tiró de su camisa y del sujetador fuertemente dejándolos completamente fuera mientras él mordisqueaba su clavícula, haciéndole cosquillas. Él chupó su piel, dejando un rastro de mordeduras de amor a través de los dos pechos, y ella gritó cuando su boca caliente envolvió uno de sus pezones.
—Oh Bill, eres tan bueno, por favor, no pares. —dijo Hermione mientras Bill seguía chupando sus pechos, alternándose.
Mientras Bill chupaba sus pechos, las manos de Hermione se dirigieron hacia el pantalón de Bill abriéndolo con manos temblorosas mientras Bill hacia lo mismo pero con los pantalones de ella.
Ella comenzó a acariciar activamente su pene, solamente la punta ya que el pantalón le impedía tocar más, frotando la palma de su mano sobre su corona en cada pasada. Su otra mano se extendió hacia arriba y abajo por su pecho. Él gimió cuando su erección palpitó y se retorció, y ella aceleró sus movimientos.
De repente, él se apartó, con los ojos en llamas por la lujuria, y detuvo su mano. Él la miró fijamente, con la mandíbula apretada.
— ¿Qué pasa, Bill? ¿Te he hecho daño? —preguntó ella con temor
Bill no habló, simplemente se quitó sus pantalones y quitó los de ella llevándose su ropa interior. Bill se puso encima de ella de nuevo y se estremeció cuando el aire frío tocó su piel recalentada. Los orificios de la nariz de Bill se encendieron mientras bebía de su rico aroma femenino y de su curvilíneo cuerpo voluptuoso. Se dejó caer de rodillas delante de ella. Sin preámbulos, izó una de sus piernas por encima del hombro y hundió su boca en su vulva. Hermione gimió cuando su lengua encontró su clítoris y ella se aferró a las sábanas.
Bill gruñía y gemía mientras lamía sus labios, sus manos amasaban sus nalgas para acercarla más a su boca. Él metió la lengua dentro de ella todo lo que pudo, su aliento caliente fluía sobre sus resbaladizos pliegues haciendo temblar los muslos de ella. Él la miró, su boca no dejaba de lamer y la observaba mientras ella echaba la cabeza hacia atrás, respirando pesadamente. .
Ella comenzó a mover sus caderas contra su cara, sentía que se estaba acercando a alcanzar el clímax. Él movió una mano desde su culo hasta la cara interna del muslo de ella y él colocó dos dedos en su entrada, moviéndolos lo suficientemente rápido como para volverla loca.
Cuando finalmente miró hacia él con sus ojos frenéticos, sollozó su nombre por el placer, rogando y suplicando para que no parara, él hizo caso a sus súplicas y metió tres dedos largos en su vagina al mismo tiempo que se pegó a su clítoris con los labios y la lengua, succionando muy duro.
— ¡Bill! —gritó Hermione su nombre cuando su orgasmo explotó a través de su cuerpo. Sus dedos se cerraron y tuvo su la piel de gallina mientras oleada tras oleada de éxtasis rompía en ella.
Él sonrió con aire de suficiencia, satisfecho por su orgasmo, aunque su miembro palpitaba por atención.
Temblaba de placer, Hermione era sólo vagamente consciente de los movimientos de Bill mientras se levantaba, y se ponía encima de ella, pero en un rápido movimiento, introdujo su pene en su cavidad húmeda. Lo sentía tan grande, ella se sentía tan llena que casi la llevaba al borde. Un gruñido bajo se inició en la garganta de él cuando comenzó a bombear dentro y fuera de ella, sosteniéndola contra la cama.
Él gruñía y gruñía febrilmente ahora, sus músculos estaban abultados por el esfuerzo. Las sensaciones eran exquisitas. Se dio cuenta de que él pronto llegaría el clímax, de un momento a otro y Hermione sentía como otro orgasmo se avecinaba. La palma de él frotó su clítoris y en cuestión de segundos, Hermione tuvo un nuevo orgasmo, gritando su nombre. Bill llegó también, arqueando la espalda mientras la abrazaba fuertemente contra él. Ellos gritaron el nombre del otro al unísono mientras las paredes interiores de Hermione apretaron su pene y su semilla caliente cayó dentro de ella pulsando dentro de ella una y otra vez.
Bill se echó a un lado para no aplastar a Hermione mientras ésta besaba su hombro.
—Gracias por esto Hermione, te quiero y si tenemos otro malentendido o discusión prometo hablar contigo antes. No quiero que sufras más. —dijo Bill mientras acariciaba la piel de su chica.
—No lo vuelvas a hacerlo Bill. —dijo Hermione sintiendo sus caricias.
Al cabo de quince minutos, se escuchó unos ruidos provenientes de la habitación de Hermione.
—Es Teddy, tenemos que levantarnos. —dijo Hermione mientras se vestía con sus ropas y Bill la seguía.
Corriendo fueron a la habitación de Hermione donde el pequeño Teddy estaba sentado en la cama con carita triste.
—Mione ¿Dónde estabas? —dijo Teddy mientras alzaba sus manitas para que lo cogiera en brazos.
—Estaba durmiendo con Bill la siesta. —dijo Hermione mientras lo acunaba en sus brazos y lo llevaba de nuevo al comedor.
Se pasaron toda la tarde jugando y viendo televisión ya que había empezado a llover y el día no acompañaba para salir a pasear.
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Después de un largo día de trabajo, Cormac llegó a la casa a eso de las 19:00 p.m. Al abrir la puerta y quitarse la chaqueta húmeda notó la risa de Hermione y de Bill pero no distinguió la otra. Al entrar en el comedor se encontró a un niño con el pelo marrón encima de Hermione y de Bill.
— ¿Y este niño tan mono? —preguntó Cormac con una sonrisa.
—Soy Ted, ella es mi Mione y él es Bill, el marido de Mione, igual que mi padino. —dijo Teddy levantándose del suelo y poniéndose al lado de Cormac.
—Soy Cormac, uno de los maridos de Hermione. —dijo Cormac mientras le estrechaba la mano.
— ¿Quieres jugar? —preguntó Teddy con una sonrisa.
Cormac asintió y en un movimiento veloz cogió al pequeño y se lo llevó al suelo mientras Hermione y Bill se acercaban riendo al ver a los chicos revolcarse por la alfombra.
Hermione en ese momento sintió paz en su corazón y sentía que había llegado el momento de hablar, perdonar y olvidar.
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¿Qué os ha aparecido? Lo he dejado en lo mejor, lo sé, pero la próxima semana más. Espero vuestros comentarios, dudas, ideas, todo lo que me queráis decir es bienvenido. Gracias por vuestros comentarios, reviews, favoritos y además. Podéis contactar conmigo por Facebook PrincesLynx o por mi página de Facebook: www. Facebook Parejas No Canon 100 Hermione (todo junto).
***Princes Lynx***
