Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a J. K. Rowling y yo solo juego con sus personajes. La idea viene de varios fics que he leído tanto en inglés como en español, pero la historia es mía.
Capítulo 29
—Mione, Mione, ¿puedo venir todos los días a jugar con Bill y Corm? —preguntó el pequeño Teddy tirado en el suelo junto con Bill y Cormac haciendo castillos con cubitos de juguete.
—Puedes venir cuando quieras, pequeño. —dijo Bill mientras le desordenaba el pelo haciéndole caer las gafas.
—Las gafas de mi padino. —dijo Teddy mientras se ponía las gafas y ponía su pelo de color negro y hacia parecer una pequeña cicatriz de rayo en su frente.
Cormac se sorprendió al ver al pequeño como un clon de Harry Potter, ya que no sabía que él era el padrino.
—No sabía que Potter tuviera un ahijado siendo tan joven. —musitó Cormac a Bill mientras Teddy volaba los cubitos.
—Sí, es el hijo de Remus Lupin y de la auror Tonks, los dos murieron en la guerra, pero en vida le preguntaron a Harry si podría ser el padrino. Actualmente vive con su abuela Andrómeda pero al ser una mujer de sangre pura está tomando las pociones pertinentes para ver si puede volver a procrear y la dejan exhausta, por eso está hoy Teddy con nosotros. —le explicó Hermione con una sonrisa queda mientras Teddy cambiaba su pelo al color rojo de Bill.
Cormac asintió mirando al pequeño jugando con Hermione y con Bill, era una estampa maravillosa y se imaginaba allí con los pequeños bebés que tendría Hermione jugando con ellos, dándoles de comer y no sintió celos, sino anhelo e impaciencia ya que esos niños serían de Hermione y él estaría orgulloso de cuidarlos, de darles amor y mimos.
Cormac se levantó del suelo y fue al cuarto de baño cuando ese pensamiento voló por su cabeza. Echándose agua en la cara tres veces, se miró en el espejo aturdido. Su propio padre había sido un desalmado con él y con sus hermanas, apenas lo trataban y muchas veces lo odiaba y él era su padre biológico, se suponía que él debía de cuidarlo y de quererlo pero no fue así.
Ahora lo entendía, entendía la frase "No se es padre por la sangre sino por quien te cuida como tal". Puede que los hijos que llevara Hermione no fueran de él, pero él sería su padre, su figura paterna, los que amaría; él sería quien los enseñara a volar como un experto, él que les enseñaría finanzas y a ser un caballero con las chicas. Él sería padre porque estaría con ellos.
Golpeó suavemente el lavabo y se maldijo por ser tan idiota, por no haber tenido esos pensamientos antes, había estado tan nublado con su dolor, con su egoísmo, con sus celos, que no había pensado ni en Hermione ni en los bebés, solo en él y en sus sentimientos y eso no podía continuar. Eran una familia, un matrimonio de ocho miembros y debían estar unidos y no separados por disputas de sangre cuando todos los niños serían de la misma madre, Hermione, su mujer, la chica que ha amado desde que estaba en el colegio y que por fin era suya y que por tonterías casi la estaba perdiendo.
Debía de hacer algo para solucionarlo, para pedir perdón, para ganar de nuevo su confianza como lo estaban haciendo Snape, Lestrange y Bill. No podía perder más el tiempo con lamentaciones, debía poner a la acción. No había sido llamado un conquistador y un casanova por nada, debía hablar con el corazón y usar sus armas de hombre para que Hermione lo volviera a mirar con ojos de amor. Esos ojos que tanto le gustaban.
Cormac volvió de nuevo al comedor y con una sonrisa besó la mejilla de Hermione mientras ésta hacia pompas de jabón con la varita de Bill ya que el ministro todavía no se la había devuelto, algo que hacía que hubiera una tensión gélida entra ellos. Hermione se quedó sorprendida por ese beso, pero no dijo nada, ya que no quería enturbiar el buen ambiente familiar, además en su fuera interno echaba demasiado de menos a sus chicos.
—Señora ama, la cena está lista y los amos Draco, Severus y Lestrange acaban de venir. —dijo el pequeño elfo doméstico con una reverencia.
—Elfo, elfo, haz magia. —dijo Teddy mientras ponía sus orejas tan grandes como las del pequeño elfo que azorado por la vergüenza, chasqueó sus dedos y aparecieron millones de estrellas que rodearon al pequeño levantándolo para desaparecer en una lluvia de fuegos artificiales.
Teddy aplaudió con alegría todo el camino hacia el comedor pero se paró en seco al ver a Draco, Snape y Rodolphus sentados en la mesa. El pequeño, al no conocerlos, se puso al lado de Hermione, alzando sus manitas para que lo cogiera y Hermione viendo el temor del pequeño lo cogió en bazos mientras lo besaba en la frente.
—No tienes por qué tener miedo Teddy, ellos son Draco, Severus y Rodolphus y son mis otros maridos. No te harán daño, seguro que luego querrán ver la película con nosotros. —dijo Hermione mientras el pequeño miraba con recelo a los chicos.
Teddy los miró de nuevo y se bajó de los brazos de Hermione hasta llegar a Severus en donde lo miró con sus grandes ojos verdes y le dijo:
—Hola Señor Sevedus, soy Teddy Remus Lupin, es un placer conocerlo.
Snape se quedó de piedra al escuchar el nombre y pronto ató cabos, cogió la mano que le ofrecía el pequeño y le dio un suave apretón de manos.
El pequeño Teddy se presentó de la misma manera a los otros dos magos, los cuales se quedaron impresionados ya que se había comportado como un perfecto caballero sangre pura, tenía unos modales exquisitos.
Pronto la cena estuvo en los platos y Teddy corriendo se sentó junto con Hermione mientras él comía solito ya que decía que era muy mayor.
Los magos y la bruja se quedaban embobados viendo el pequeño y como les contaba como se había divertido con su Hermione. Estaban en los postres cuando la puerta se abrió y el ministro se sentó en la mesa dando un seco buenas noches el cual todos respondieron menos Hermione que aún no le perdonaba.
—Mione, Mione, tenes muchos madidos. —dijo el pequeño Teddy mientras sumaba con sus deditos.
—Tengo siete maridos. —dijo Hermione mientras contaba con Teddy.
—Cuando sea mayor, me casaré contigo también y tendremos muchos bebés. —dijo el pequeño besando en la mejilla a Hermione mientras las magos se reían sin parar y Hermione lo abrazaba con fuerza.
Al acabar la cena, todos se dirigieron a la sala de estar para ver un poco de televisión, ya que todos estaban fascinados con el niño, era como con un pequeño ensayo para cuando tuvieran a los suyos.
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Draco Malfoy no era un mago feliz, resentía estar en la casa ya que Hermione apenas lo miraba, le daba vueltas a su cabeza y recordaba cada palabra de la discusión para martirizarse cosa que hacia ponerse de mal humor. Se quedaba en su despacho todo lo que podía porque la culpa le pesaba. Y los celos.
Draco estaba acostumbrado a tenerlo todo, cuando quería, ya que era sangre pura, rico y con clase, tenía una inteligencia superior y se consideraba bastante estratagema, por eso le iba tan bien en los negocios y podía gozar de una buena calidad de vida. Estaba acostumbrado al ser el mejor y por eso odiaba el hecho de no ser él padre biológico del primer hijo de Hermione. Sabía que era una estupidez, lo sabía, pero sus celos seguían ahí.
La quería solo para él y sabía que era imposible, pero lo anhelaba. Era un pensamiento estúpido, infantil e irracional, pero lo tenía latente en su corazón. Quería ser el primero en el amor y en la vida de Hermione y le dolía el no conseguirlo.
—Señor Malfoy, su madre desea verlo. —dijo la secretaria de Draco con eficiencia y un leve coqueteo el cual Draco no le hizo caso.
—Hágala pasar y por favor Rose póngase ropa más adecuada, sabe que nuestros clientes son estrictos. —dijo Draco con un ademan de la mano mientras miraba la fotografía que tenía en su despacho de Hermione.
Rose suspiró con desagrado e hizo pasar a la Señor Black la cual iba elegantemente vestida y con su pose aristocrática.
—Draco querido, deberías trabajar menos, te pasas la vida en la oficina. —dijo Narcisa a modo de reproche mientras besaba en las dos mejillas a su hijo el cual la condujo hasta el sofá de cuero color marfil que había en su despacho.
— ¿A que debo la visita madre? —preguntó Draco con sorpresa ya que su madre nunca había estado en su despacho, ni siquiera cuando trabajaba allí su padres.
—Estoy enfadada contigo, Draco, me he tenido que enterar por Molly Weasley que tú esposa, Hermione, está embarazada, ¿por qué no me lo habías dicho?
—Madre no soy feliz con ese tema, ¿de acuerdo?
—Draco, ¿Qué ocurre? —preguntó con Narcisa mientras el mago se servía un poco de wiski en un vaso.
—Efectivamente Hermione está embarazada, pero no es mío, no son mis hijos, son de Potter, la magia de unión del matrimonio hace imposible que no sean de Potter. —dijo Draco con rabia dejando el vaso a un lado.
—Draco Lucios Malfoy, creía que te había criado mejor que todo eso, puede que los niños no lleven tu sangre pero ¡seguirán siendo tus hijos! Vivirán contigo, en tu casa y su madre es tu mujer. Debes respetarlos y amarlos, ¿Qué importa que sean de Potter? ¿Entonces yo debería querer menos a este bebé que a ti solo porque no tenéis el mismo padre? —dijo Narcisa enfada enfrentando a su hijo.
—Madre, tú… estás…—balbuceó Draco.
—Si estoy embarazada, se hizo el milagro de la vida en mí, cuando pensaba que estaba seca. Estoy esperando un hijo, tendrás un hermano o una hermana y lo querré igual que a ti porque ha nacido de mi amor. Puede que yo tenga siete maridos pero te aseguro que los siete están muy felices por esta noticia incluso están haciendo planes a largo plazo y ninguno de ellos me ha resentido por no ser el padre biológico y mucho menos te ha resentido ti por ser mi hijo. —dijo Narcisa con voz firme.
Draco se quedó de a cuadros, lo que decía su madre era cierto, las veces que había ido a visitarla después de su boda, la cual había sido muy sencilla ya que al ser viuda no era correcto hacerla a gran escala, los maridos de su madre lo habían tratado con respeto, nunca hubo malas caras, sino que lo escuchaban y lo trataban como uno más, incluso Euan Abercrombie el cual era el marido más viejo de su madre lo llamaba hijo.
Draco se tambaleó, si los maridos de su madre lo trataban así, ¿por qué él no podía hacer lo mismo con los hijos de Hermione? ¿Hijos que vivirían en el mismo techo que él? ¿Hijos a los cuales vería todos los días? Hijos a los que ya quería solo por ser de la mujer que amaba.
—He sido un estúpido, madre, un completo idiota. —dijo Draco mientras se sentaba en el sofá con los ojos anegados de lágrimas. —Serían mis hijos, vivirán conmigo, son parte de Hermione e incluso ya los quiero. Lo he estropeado todo. Hermione no me va a perdonar en la vida.
—Draco cariño, todavía tienes tiempo para solucionar las cosas, habla con Hermione de corazón y trasmítele tus disculpas más sinceras, seguro que con el tiempo, te perdonará. —dijo Narcisa mientras tocaba el pelo rubio de su hijo.
—Tienes razón madre, esos hijos me necesitan, ¿Quién sino les va a enseñar a ser astutos e inteligentes? —dijo Draco con una sonrisa besando a su madre.
Ahora tenía una misión, ahora sabía cuál era el verdadero camino. Debía estar con Hermione, con su mujer y ser el padre y el marido que ella se merecía.
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En todo lo anterior pensaba Draco mientras veía a Hermione llevar al pequeño mago en brazos hasta su habitación. Se despidió de todos con una sonrisa y lo condujo hasta el piso de arriba.
Draco se levantó y se fue a su habitación, había pedido el día libre para hablar con Hermione todo el día sin interrupciones y sin incidencias y esperaba que todo saliera bien.
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A la mañana siguientes, Hermione se levantó temprano ya que el pequeño Teddy la levantó. Lo condujo hasta el bañó en donde lo duchó, secó, los peinó y lo vistió para desayunar ya que sabía que Andrómeda vendría temprano.
En el comedor estaban Draco, Cormac y Rodolphus, los cinco estaban desayunando tranquilamente cuando la puerta sonó y Dolly, el elfo doméstico, apareció en la puerta junto con Andrómeda.
Teddy al ver a su abuela se bajó del asiento corriendo y fue hasta su brazos en donde una sonriente Andrómeda lo besó y abrazo con fuerzas mientras Teddy le contaba loco de contento todo lo que había hecho el día anterior.
Lestrange se quedó a cuadros al saber que Andrómeda, su excuñada, era la abuela de Teddy, el pequeño que le había causado tanta ternura, por eso el niño se había presentado de esa manera, la sangre Black aun circulaba por sus venas y la bruja estaba haciendo un buen trabajo, estaba criando a un perfecto caballero.
Andrómeda se tomó una pequeña taza de té y se fue con Teddy a su casa, ya que los dos tenían cosas que hacer, ya que Andrómeda estaba buscando un buen colegio para Teddy ya que no quería que fuera un ignorante en los principales temas.
Hermione se despidió con muchos brazos y besos mientras Teddy iba diciendo a todos adiós y de que volvería pronto porque se había divertido mucho. Al cerrarse la puerta, Hermione se sentó tomando su zumo de manzana cuando el teléfono de la casa sonó. Draco, que era el que más cerca estaba lo cogió, habló unos minutos y colgó.
—Hermione vístete, tenemos revisión de tu embarazo dentro de una hora. —dijo Draco Malfoy con una sonrisa pícara.
— ¿Cómo? ¿Qué? —balbuceó Hermione ya que su próxima cita no era hasta dentro de dos semanas.
—Tu médica muggle ha llamado porque la semana que viene se va a un Congreso y no volverá en tres semanas y quiere ver a todas sus pacientes antes de irse para ver si está todo correcto. Ha llamado y he confirmado la cita, tengo el día libre así que iré contigo. No tenemos mucho tiempo, así que vístete. —dijo Draco Malfoy con su pone altiva y una pequeña sonrisa en los labios.
—Yo también iré. —dijo Cormac poniéndose de pie rápidamente. —He adelantado el suficiente trabajo para poder faltar al trabajo.
Dicho esto, los dos magos se fueron rápidamente a sus habitaciones para que Hermione no pudiera hacer ningún comentario sobre sus acompañantes. Dos de sus magos, aquellos con los que apenas en el último mes había intercambio como mucho un par de frases y ahora iba a vivir con ellos una de las experiencias más bonitas que había.
"Es la hora de avanzar"
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Tanto Draco como Cormac estaban vistiéndose de forma impecable pero muggle para su visita con Hermione. Los dos sabían que era un momento decisivo y que podía ser un punto de inflexión. Necesitaban el perdón de Hermione, lo anhelaban. Salieron los dos a esperar a Hermione en el comedor y los dos se miraron fijamente. Era como verse un espejo, los dos estaban decididos a volver a tener esa relación especial con Hermione. Tenían que permanecer unidos y ayudarse mutuamente.
— ¿Nos vamos? —preguntó Hermione al verlos parados en el salón
Los dos magos se pusieron de pie en seguida y se dirigieron hacia la salida. Caminaron unas calles hasta coger el autobús, los dos magos se quedaron un poco sorprendidos a ver a Hermione tan resuelta con el dinero muggle y se pusieron a ambos lados de ella para sostenerla.
Al cabo de unos minutos llegaron a su destino, Hermione estaba muy nerviosa, ya que se estaba presentando en el ginecólogo con dos chicos, su médica iba a pensar de ella que era una fresca y que no sabía quién era el padre, porque conociendo a los chicos, no se iban a pasar por familiares.
"Que sea lo que Dios quiera"
Hermione, Draco y Cormac entraron en la clínica y mientras Hermione daba sus datos a la recepcionista, los magos veían todo con ojos desorbitados, todo era nuevo para ellos. Se sentaron en la salita de espera, Hermione veía como los magos abrían y cerraban la boca con ganas de hablar con ella, pero no se decidían y era lo mejor, este no era el mejor sitio para discutir sus cosas de pareja.
—Hermione Granger por favor diríjase a la sala número 8. Hermione Granger por favor diríjase a la sala número 8. —dijo la voz por megafonía.
Hermione se levantó del asiento mientras los dos magos aturdidos por la voz que salía de nada la seguían por esos tranquilos pasillos de color blancos.
—Señora Granger, aquí está y esta vez viene acompañada por dos jóvenes. Muy bien, Veamos cómo va su embarazo. —dijo la médica con una sonrisa.
Hermione se dirigió hacia la camilla mientras se desabrochaba los pantalones y se subía la camiseta para dejar ver su barriga incipiente. La medica tomo muestras de sangre, la pesó y la midió, tomó su pulso ante la mirada atenta de los dos magos. Por último, Hermione se dirigió a la camilla.
—Acérquense queridos, van a ver a los pequeños bebés. ¿Lo veis? Son esos dos puntitos de ahí. Y ahora vamos a escuchar su corazón. Laten muy rápido porque apenas tienen tres meses de vida, a partir de este momento se le formará el cuerpecito, y dentro de poco veremos si son niño o niña. Es bueno que en este periodo se le hable al niño como uno más, porque hay estudios que demuestran que los fetos pueden escuchar después del tercer mes de embarazo. —explicó la médica.
Hermione tenía lágrimas en los ojos al igual que Draco y Cormac, los cuales sus ojos estaban fijos en la televisión viendo a los niños, los dos tenían ambas manos en el cuerpo de Hermione.
—Todo está perfecto. ¿Cuántas copias quieren? —preguntó la médica con una sonrisa.
—Cien. —dijo Draco Malfoy sorprendiendo a la médico.
—Draco, con diez copias tendremos suficientes. —dijo Hermione con los ojos anegados en lágrimas al ver que Draco quería cien copias de los bebés.
—Aquí tienen queridos, que sean muy felices. No seré yo quien cuestione como debe ser una familia. —dijo la doctora dándoles las fotos y el video y sonriendo a la chica.
Hermione, muerta de vergüenza, asintió y salió con sus chicos directos a la su casa.
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Una vez en el camino de vuelta y ya dentro de la casa, Draco la cogió de la mano y Cormac de la otra y se sentaron juntos en el salón.
—Fui un idiota redomado y lo siento. Lo siento mucho de corazón, me avergüenza decirlo pero ha sido mi madre quien me ha abierto los ojos, estaba sumido en mis celos y en mi dolor y no pensé en ti ni en los bebés. Fui un maldito egoísta, estaba celoso de Potter, caray todavía lo estoy porque ambos estáis tan unidos y yo por mucho que haga no tengo esa complicidad contigo. Creía que si el primer bebé fuese mío tendríamos un vínculo especial pero he entendido que es una estupidez. Estos niños son nuestros, tu eres la madre, además si salen a Potter, alguien les tiene que enseñar un poco de astucia. —dijo Draco Malfoy sonriendo al final de la frase.
—Yo también lo siento Hermione, mi niña. —dijo Cormac con rostro apenado. —Escúchame un momento, yo me arrepiento, te quiero amor te juro que lo siento, me he sentido solo todo este tiempo sin ti, encerrado en mi cuarto por mi vergüenza y mi ineptitud. Jugué con mi propia mentira y por eso lo siento. No sabes cuánto te he extrañado. ¿Por qué ocultarlo? Te amor Hermione y sentía celos, rabia, quería que esos niños fueses míos pero lo más gracioso es que son míos, porque son parte de ti, vivirán conmigo y ya los quiero. Cuando los he visto en la máquina, se sentía correcto, lo sentía. Y como dice Draco, si salen como Potter alguien les tiene que enseñar a ligar con las chicas. —dijo Cormac abrazándola.
— ¿Podrías perdonarnos? —preguntaron los dos a la vez con el rostro impasible.
—Me hicisteis mucho daño, me hicisteis pensar que no valía nada. —dijo Hermione con voz tranquila y serena haciendo que los dos magos pensaran lo peor. —Pero os perdono, os echo de menos y os quiero y lo más importante, queréis a mis bebés.
—Nuestros bebés Hermione, nuestros bebés. —dijo Cormac mientras Draco asentía y abrazaba la barriga de Hermione mientras Cormac le daba sendos besos.
—Somos una familia Hermione. —dijo Draco mientras Hermione asentía.
Draco se acercó a Hermione y la besó lento al principio pero después más rápido saboreando sus labios mientras Cormac se acercaba por la escapada y le daba sendos besos por el cuello mientras acariciaba sus caderas. Hermione rompió el beso pero los pronto los labios de Cormac los tomó, fuerte, duro, lamiendo.
—Eres nuestra. Nos perteneces, corazón y alma, y si otro hombre se atreve a mirarte, le arrancaremos el corazón y se la meteremos por la garganta. —dijo Cormac mientras le tocaba los pechos por encima de la camisa.
— ¿Quieres esto? —preguntó Draco mientras la besaba de nuevo.
—Si no lo quieres, ahora es el momento de decirlo —dijo Cormac rozando su trasero contra su erección dura como la piedra.
—No, no paren, por favor. —dijo Hermione, había pasado tanto tiempo sin ellos.
—Nunca dejaré que se diga que rechacé a una señora —dijo Cormac, su voz era espesa por el deseo.
Draco tiró de su camisa, sacándosela totalmente y lanzándola al suelo. Después, enganchó el dedo en los vaqueros y la atrajo contra sí, haciéndole sentir su duro miembro.
Devoraba su boca, mientras su mano palpaba la cremallera. En pocos segundos, le bajaba los vaqueros por las caderas, impaciente.
—Tienes demasiada ropa —protestó ella con una sonrisa pícara.
Los ojos de Draco relampaguearon por el deseo. La necesitaba dentro.
Hermione dirigió la marida hacia la ingle de Cormac, el cual ya se había desnudado en cuanto Hermione había dicho lo de la ropa.
—Ven aquí —dijo ronco, con la erección en la mano.
Sabía lo que quería, no necesitaba instrucciones adicionales. Fue hacia él y se arrodilló delante.
Él la agarró por la cabeza y le guio el pene en su boca. Lanzó un alto gemido cuando la deslizó en su garganta. Tenía un olor almizcle y salvaje, y un sabor exótico.
— ¡Dios! —se estremeció él.
Ella no esperó que le estableciera el ritmo. Estaba ávida por explorarlo sola. Hizo ruidos de succión, chupándolo más hondo en su boca. Era grande y duro.
Las caderas de Cormac se balancearon y él empezó a empujar con más urgencia.
— ¡Tu boca se siente tan bien! —dijo él muerto del deseo, sabía que no iba a durar mucho.
Sintió la mano de Draco en su pelo, alejándola de Cormac, solo para sustituir la erección de éste por la suya.
Abrió la boca obediente, para aceptar su mayor circunferencia y él se deslizó rápidamente, fuera y dentro.
—Oh, mierda... así —dijo Draco, en un murmullo torturado.
Lo sintió vaciarse en su garganta después de unos minutos. Draco sabía que había durado poco, pero después de casi dos meses sin sexo no podía aguantar mas. Hermione estaba frenética chupando su sabor, era penetrante, ligeramente salado. Tragó, esperando más. Pero él se alejó de ella.
Cormac la levantó y la llevó hacia la mesa tirando todo lo que había encima y conjurándola para que fuera blanda y caliente.
Se acostó sobre ella y apretó los labios contra su vientre, justo sobre la banda de su ropa íntima. Entonces, empezó a empujar las bragas hacia abajo, mientras que sus labios dejaban un camino de fuego en la misma dirección.
Cuando se quedó libre de las bragas, él las lanzó por encima del hombro y separó sus rodillas. Se arrodilló entre sus piernas y pasó los dedos sobre los suaves pliegues de su sexo. Acarició su entrada con un dedo, luego con dos. Después, se inclinó y en un movimiento rápido, pasó la lengua sobre su clítoris.
Ella casi saltó fuera de la mesa. Draco la empujó suavemente, para volver a acostarla. La mesa crujió cuando se sentó a su lado y empezó a hacer movimientos circulares en sus pechos mientras Cormac rodeaba su clítoris con la lengua para después lamer su entrada.
Draco empezó a chupar un pezón. Luego el otro. Hermione cerró los ojos y abrió la boca en un grito mudo. Cormac no se hizo de esperar y deslizó un dedo dentro de ella. Luego dos. Los deslizaba dentro y fuera, mientras chupaba su clítoris.
Su cuerpo entero estaba tenso, y entonces… el mundo estalló a su alrededor. Perdió la lucha de permanecer silenciosa y gritó, mientras su orgasmo arrasaba todo su cuerpo.
—Relájate, cariño, estás con nosotros, solo disfruta —susurró Cormac con una sonrisa.
Entonces supo lo que se avecinaba. Anhelaba eso. Quería eso más que cualquier cosa. Gimió por la impaciencia. El pene de Cormac se apoyó en su entrada, y con un único y firme empujón, se deslizó dentro de ella.
Sus ojos se abrieron y una miríada de sensaciones la embargaron. Dolor, increíble placer, deseo, necesidad. Lo necesitaba desesperadamente. Salió y entró de nuevo, más fuerte que antes. Agarró la cabeza de Draco, atrayéndolo hacia su boca. Él la agarró con firmeza, cuando Cormac empezó a empujar entre sus piernas.
—Oh —exclamó ella cuando él se acomodó completamente dentro de ella. Podía sentir sus testículos contra su trasero.
— ¿Te estoy haciendo daño? Puedo hacerlo suave —dijo Cormac preocupado por ella.
— ¡Dios, no! ¡No pares! —suplicó Hermione, había pasado demasiado tiempo desde que no estaba en su interior. Cada uno de sus maridos se había grabado a fuego en su piel sus caricias.
Sus palabras parecieron empujarlo hacia la cima. Empezó a empujar, sus manos agarraban firmemente sus caderas.
La boca de Draco empezó a chupar sus pechos de nuevo mientas con una mano acariciaba su clítoris y con otra se masturbaba al ver la escena y escuchar los gemidos de placer de Hermione.
La bruja no podía pensar, solo reaccionar, sentía a Cormac montándola con urgencia, agitando la mesa con sus embestidas. Entonces se tensó entre sus piernas y ella sintió los chorros calientes de su orgasmo.
Cormac maldijo mientras se corría de placer al igual que Draco el cual acabó en su mano al ver la escena.
Los dos se miraron mortificados ya que era la primera vez que ellos llegaban antes al orgasmo que ella.
—No digáis nada, sé que ha pasado mucho tiempo desde que lo hicimos, pero ha sido maravilloso. No necesito tener un orgasmo para pasármelo bien con vosotros, además que me lo habéis proporcionado. —dijo Hermione con una sonrisa mientras se incorporaba y le sonreía a ambos.
Los magos la miraron y la abrazaron con fuerza.
—Esto todavía no ha acabado, gatita. Tenemos toda la tarde. —dijo Cormac mientras la besaba de nuevo.
—Y toda la noche. —prosiguió Draco mientras la cogía en brazos y la llevaba a la habitación.
Hermione sonrió en protesta, ahora estaba feliz, tenía a sus chicos con ella. La querían y lo mejor es que querían ser parte de la aventura de ser padres con ella. Todo estaba volviendo a su cauce natural.
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A millones de kilómetros en Rusia, un cansado Harry Potter se encerró en su habitación después de un día nada productivo, encontró una carta en su mesita de noche, corriendo la abrió con dedos temblorosos y con un suspiro de alivio y de felicidad besó la pequeña ecografía de sus niños de tres meses.
Los amo, pero más te amo a ti Hermione, por haber hecho posible este milagro de la vida.
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Muchos tiempo sin actualizar, lo sé, pero chicas que quede claro QUE NO VOY A ABANDONAR LA HISTORIA. ¿Qué os ha aparecido? Espero vuestros comentarios, dudas, ideas, todo lo que me queráis decir es bienvenido. Gracias por vuestros comentarios, reviews, favoritos y además. Podéis contactar conmigo por Facebook PrincesLynx o por mi página de Facebook: www. Facebook Parejas No Canon 100 Hermione (todo junto).
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