Disclaimer: Lo único que me pertenece es el personaje de Ára. El resto pertenece a Tolkien.

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Capítulo 2. La entrada secreta.

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Fili POV

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Al ser los más ágiles de la expedición, Kili y él fueron los primeros en ver y sentir de nuevo la luz del sol en el rostro. Con los pies bien sujetos por Dwalin y sirviéndose de sus brazos de apoyo, trepó como pudo por la roca. Casi arañando la superficie, logró salir, rodando por la hierba seca. Una vez fuera, ayudó a Balin a salir de aquél agujero inmundo y cuando ya estuvo fuera intentó subir a Ori, en tanto su hermano seguía intentándolo con Glóin. Tan ocupados estaban intentando sacarse unos a otros que ni siquiera oyeron al caballo.

Un jinete encapuchado a lomos un jamelgo gris marengo pasó veloz a su vera, pero al taparles la enorme piedra que cubría la entrada no fueron vistos. Pasaron inadvertidos y en silencio, hasta que una flecha voló rauda hasta acertar en uno de los cuartos traseros del caballo y el jinete tuvo que bajar de él y enfrentarse a sus perseguidores. Miró a su hermano, e instintivamente echó mano a la empuñadura de la espada. Aunque era algo más alto que ellos, le superaban en número.

—¡Maldito hijo de mil madres! ¡Ésa era mi dote estúpido elfo! ¡Quién me va a querer ahora, con un caballo cojo!—El encapuchado arrojó un arco al suelo con furia, antes de quitarse la capa de la cara con ambas manos y percatarse finalmente de que estaban tras la roca—Pero qué… ¿Es que no voy a poder librarme de vosotros hoy?

—¿Lady Ára?— ¿Qué hacía ella aquí? ¿No se había ido al oeste? Maldita sea, ¡había conducido a los elfos directamente hasta ellos! Balin fue más amable que él, más aún de lo que ella seguramente merecía. Se acercó a ella y la saludó pero la chica le acompañó de nuevo tras las rocas, justificándose con su seguridad.

—Sacadnos del agujero— ordenó su tío, con el propósito evidente de enfrentarse a los elfos— ¡Kili! ¡Fili! ¡Vamos!

—Escondéos, me desharé de ellos. En el peor de los casos, no sabrán que estáis aquí y me llevarán a mi sola—La cara de Thorin era un poema, una chiquilla se atrevía a contradecir sus órdenes, por más sentido que tuvieran que éstas. Miró a su hermano, que ya había empezado a bajar a Glóin, y luego a su tío. No parecía contento, la verdad. Ella tomó a Balin del brazo y entre ambos lo ayudaron a bajar de nuevo. —Ni respiréis, si no queréis que os descubran… Si no vuelvo, esperad a que se marchen y corred como si no hubiera un mañana.

—Es la segunda vez que nos ayudáis hoy—Dijo intentando ser amable. ¿Por qué? Pues porque después de todo ella intentaba arreglar la situación— Gracias.

—Es la segunda vez que mis planes os ponen en aprietos, señor…

—Fili… O que nuestros planes la ponen en aprietos a usted, señorita.

—Eso no lo había pensado. Ahora entre ahí, si no quiere ser descubierto. ¡Bicho! ¡Bicho, ven aquí! Vamos a ver que te han hecho ésos elfos malosos… ya lo decía mi abuela…—¿Le había puesto 'Bicho' al caballo? ¿Hablaba con Bicho o con ellos? Agarró la flecha e intentó sacarla pero parecía estar bien hundida en la carne del caballo. Temió por un instante que el caballo se molestara y la coceara, pues la muy lista se había puesto a valorar el daño justo detrás del animal— nunca… te fíes… de un elfo.

—Sé que no está bien de la cabeza, y no sé por qué, pero su actitud hacia los elfos hace que me caiga mejor…—Reconoció su hermano desde dentro. Viendo que era el último, saltó de nuevo al interior de la brecha donde aguardaba el resto.

—Bofur, vigílala, ya nos la ha jugado una vez— ordenó su tío. No había empezado a trepar, cuando sintió el impulso de ofrecerse voluntario— Perdóname, ¿he dicho Fili? ¿No verdad? Si no te parece bien acatar una orden directa puedes volverte por dónde has venido. De seguro a Dís le hará ilusión verte de nuevo por casa.

Quiso contestarle, pero no debía hacerlo. Primero porqué era su tío. Segundo porque era su rey. Y tercero porque podía mandarle a casa de un puntapié si se lo proponía. Y ciertamente que no pudo, pues ya se oían voces fuera, de seguro que los elfos habían alcanzado ya a Lady Ára. Le hubiera gustado esperar con ella, no era justo que se enfrentara sola a Lindir… pero no iba a poner en riesgo la misión ni a la compañía. Se contentó con escuchar la conversación en el más absoluto silencio.

—¡Lady Árabella! ¡He de pediros que vengáis con nosotros sin oponer resistencia, milady!

—¿Milady?—Rio la joven— Mi padre es un alfarero borracho y perjuro ¿cómo es que algo así te convierte en una 'lady'? Además, llevas todo el camino siguiendo los pasos de mi huida Lindir, ¿qué te hace pensar que vas a devolverme a mi encierro y menos por las buenas?

—Apelo a vuestra cordura…

—No sé yo si tiene de eso—Dwalin rompió el silencio jocoso, pero calló al instante por la mirada matadora que le hecho su tío. Por suerte no parecían haber sido oídos.

—No quiero lastimaros Lady Ára, de verdad, pero he de haceros volver.

—Disparad, justo aquí. Una flecha rápida y mortal al corazón… vamos, capaz sois de eso y mucho más.

—No tengo intención alguna de mataros, mi señora, pero he de haceros volver por las buenas o las menos buenas. Escapasteis estando bajo mi vigilancia. Mi rey entenderá cualquier marca, no se puede culpar a un dragón por tener garras.

¿La metáfora habría sido a propósito? ¿Sabían que estaban ahí? No podía más. Intentó escalar la piedra, y finalmente Dwalin se apiadó y le ayudó a asomarse. No veía al elfo, pero sí a la dama, que seguía parada junto a Bicho.

—¿Perdonará cualquier marca?¿En serio? ¡Pues éste dragón también tiene garras!—Se agachó y sacó un cuchillo grande de la bota. El elfo le pidió amablemente que lo soltara pero ella no cedió… ¿En serio pretendía enfrentarse ella so… No, no, ¡no! ¿Estaba loca? ¿Qué se creía que estaba haciendo?—¿Qué va a ser Lindir? ¿Crees que tu flecha será lo suficientemente rápida? ¿Se clavará en mi mano antes de que me tiempo a rajarme la garganta?

En la lucha que había librado en su interior terminó decantándose por intentar salir de aquel agujero y dar su merecido al maldito elfo. Viendo cómo se escapaba y temiendo lo peor, Dwalin le agarró de la pierna y tiró hacia sí, tapándole por último la boca con fuerza. Thorin había tenido razón desde el principio, había sido un iluso al creer que era posible salir de la situación sin desenvainar la espada. Y aunque lo más sensato sería aguardar a los acontecimientos, no podía permitir a una inocente morir por su causa.

—No lo harás.

—¿No lo haré?¿Eso crees?¿Te ha contado tu rey por qué escapé de mi casa?¿Por qué abandoné a los míos? La desesperación te hace perder la cabeza, elfo, y yo llevo desesperando mucho, mucho tiempo—Lady Ára hizo una pausa dramática, en la que no se oyó ni el viento correr—Imaginad. Imaginad lo peor que un padre puede hacerle a su hija, y después multiplicad el dolor por un millar y obtendréis mi sufrimiento.

—Bajaremos los arcos si bajas el cuchillo.

—Creo que no, gracias. Tal y como yo lo veo sólo tienes dos opciones. U os marcháis a casa y me dejáis escapar con la conciencia tranquila, o me desangro en estos campos y tu rey tiene un problema con los dúnedain del norte por devolverle a Halbarad una prometida muerta. Y te advierto que mi primo político tiene muy mala leche cuando quiere…

—También puedes veni…

—Prefiero cien mil veces el frío de la hoja a regresar con ése bastardo.

Lo siguiente que escuchó fue un golpe fuerte seguido de cascos de caballos. ¿Habrían conseguido reducirla? No esperó permiso, se lanzó de nuevo a trepar por la pared de piedra sin ayuda alguna. Apenas había alcanzado la superficie con las manos llenas de tierra cuando notó como unos bracitos delgados tiraban de él hacia arriba.

—Vamos Señor Fili, apúrese—dijo con dificultad—Por Aulë el herrero… ¿de qué es vuestra armadura? ¿de plomo puro?