Cap. DEMANDAS

El día pasaba de lo más raro para ella, pero no hizo caso, pues le importaba mejorar sus notas para no perder la beca que había obtenido. Ya en la tarde, cansada y hambrienta se refugio en la cafetería de la escuela, había mucha gente, más de lo normal, pero eso aunque despertaba su curiosidad quedó en segundo plano por el hambre voraz que tenía. Caminó lo más a prisa que pudo para pedir una ensalada, un sándwich y un jugo; y cuando ya estaba por llegar y pedirlo, un flash la cegó. Por instinto se tapó el rostro y segundos después fue literalmente bañada en flashes, estaba intentando entender qué rayos pasaba cuando un micrófono se situó junto a su rostro y alguien le preguntó:

—Dígame Señorita ¿qué se siente haberse enfrentado a Alec Vulturi? el hijo prodigo de la dinastía Vulturi, una familia de rancio abolengo que…—Alice dejó de escuchar. No comprendía nada, al ver la sonrisa cómplice de la chica de la cafetería que le señalaba un periódico y le pedía que se lo firmara, ahí estaba ella en el momento justo que le dio la cachetada a ese hombre, el borracho depravado, que resultó ser… Alec Vulturi. Ella había escuchado de él, pero jamás se imaginó que ese tipo malintencionado fuera…—en ese momento enrojeció hasta la raíz del pelo, avergonzada intentó escapar pero nuevamente los flashes se lo impidieron. La gente se arremolinaba a su alrededor haciéndola sentir claustrofobia, micrófonos que aparecían como por arte de magia se peleaban por lo que ella fuera a decir, pero ella estaba en shock, quería escapar de todo eso y en ese momento alguien la jaló bruscamente hacia la puerta de la cafetería. Al darse cuenta de lo sucedido Alice agradeció la ayuda de su maestro Pierre, le miró agradecida mientras él le daba indicaciones para poder salir de ahí. Al día siguiente no fue a la escuela, pero la noticia ya había dado vuelta a toda Europa. Y los paparazzi esperaban pacientemente afuera del edificio a que ella saliera.

Alec la buscó días después para pedirle una disculpa, investigó donde vivía y se presentó, ocasionando que Alice le diera otra bofetada por todo lo que había pasado por su causa, salió de nuevo y habló con varias personas, quienes de inmediato se dieron a la tarea de quitar a los paparazzi, así lo hicieron y cuando muchas horas después Alice salió, todo estaba desierto. Suspiró aliviada, sin embargo una voz la hizo saltar.

—Te sientes mejor…—era Alec que estaba a prudente distancia de Alice y sus tremendas cachetadas.

—Siento que hayas tenido que pasar por todo esto, yo… venía a disculparme por todo lo que ocasioné.—Ella le miró incrédula y luego se encogió de hombros.

—Sólo espero que no vuelva a suceder, es horrible todo esto.— entonces Alec le dijo:

—¿Que te parece si para resarcirte de lo sucedido, te invito un café?—La negativa de Alice lo dejó perplejo, pero no dejó de insistir y finalmente una semana después, ambos iban a una cafetería cercana al departamento de Alice. Ella se mostró muy reacia a decir más de lo necesario, tuvo que pasar seis largos meses para que ella le contara su pena. Pero ese tiempo valió la pena para Él, ya que la conoció a cabalidad, Alice era una mujer con metas, que no quería depender de nadie más que de ella misma, quería ser famosa por sus diseños en la alta costura, pero no estaba dispuesta a humillarse ante los grandes, ella formaría su propio taller. Alec sintió mucha pena por lo sucedido a Alice y la reconfortó con un casto abrazo. Ella lloró y se desahogó por largas horas en las que él la escuchó pacientemente y le ofreció su apoyo incondicional.

Alice tenía un serio problema con el pasado, y él deseaba ayudarla. Siempre le llevaba una rosa, no importaba la temporada, siempre había una cuando ella llegaba a su departamento, se la dejaba cruzada en la manija con una nota:

"Que hoy sea un buen día para ti.

Alec ".

Su amistad se consolidó pronto, de la misma manera que ella se acostumbró a los flashes y reportajes, la mayoría inventando romances, y otras cosas que a ella le daban risa, pero Alec deseaba que fueran ciertos, desde que había conocido a Alice, había dejado los excesos de bebida. Y aunque seguía siendo rebelde con su familia, por lo menos ya no generaba noticias funestas.
El tiempo siguió su curso mientras Alice se hacia de un pequeño taller, y sus creaciones se hacían cada vez más populares. Ella misma era quien modelaba sus diseños y cuando salía con Alec, siempre recibía elogios por su buen gusto e innovación.

Todo eso no hacia más que acrecentar los celos Jane, la hermana mayor de Alec, que detestaba a Alice.

Del otro lado del mundo:

—Felicidades Sr. Cullen, su carrera va en ascenso, es el décimo juicio que gana.—Le dijo su maestro y mentor Eleazar Denali, uno de los mejores abogados del país, feliz de ver el progreso de Edward, quien se había destacado en sus estudios, serio, sin relaciones sentimentales que lo detuvieran. Sabía que había grandes posibilidades para su pupilo en muchos lugares, se estaba formando un muy buen prestigio y lo que le gustaba es que el chico era honesto y sincero. No lo podían sobornar, ya había puesto algunas trampas y otros "clientes" habían intentado comprarlo pero él no cedió. Eso acrecentó más el orgullo de su maestro al saber que Edward Cullen sería un abogado formidable y ético. Regresó de sus recuerdos cuando su hija Tanya le habló a Edward.

—Felicidades "Eddy" —y le dio un abrazo e intentó besarlo en la boca pero él se giró prontamente evitándolo, y el beso terminó en la mejilla.

—Gracias Tanya pero por favor, ya te lo hhe dicho muchas veces, no me digas "Eddy".—Eleazar sonrió ante los apuros de Edward, ya había hablado con su hija al respecto. Edward no quería ninguna relación con ninguna mujer, pero su hija se destacaba por terca, y empeñarse en conquistarlo a como diera lugar.

—Tengo todo el tiempo del mundo papá, él será mío. —Le había dicho a su padre, quien no le pareció lo que ella hacia.

—No quiero que salgas lastimada, ni él, ten mucho cuidado con lo que haces y dale su espacio.—terminó por decir, ya que cualquier otra cosa, ella no lo tendría en cuenta.

Salieron del juzgado para ir a celebrar, pero al salir, Edward recibió una llamada y tuvo que disculparse con ellos y Carmen, la esposa de Eleazar que los esperaba en el auto, se sintió contrariada pues le caía muy bien Edward y apoyaba a Tanya para que lo conquistara.
Al llegar a su oficina, una mujer alta de figura desgarbada y algo "pretenciosa" le esperaba.

—Buenas tardes, Señorita… —le saludó Edward esperando su nombre y tendiéndole la mano.

—Steven, Grace Steven.—sin darle la mano, le miró con orgullo. Él suspiró y se acomodó en su sillón.

—Necesito de sus servicios, he escuchado que no ha perdido un solo juicio y lo necesito. Me han plagiado mi libro.—Después de un buen rato de exponer su caso y quedar de acuerdo con los honorarios, Edward tomaba apuntes y pidió el nombre del demandado.

—Es la tipeja esa de Marie Dwayer. Ha plagiado varias obras mías —Edward tomó nota y la Señorita Steven le dejó sus primero honorarios, marchándose y dejándolo preparar todo para empezar con la demanda, tenía que estudiar muchas cosas. Él era previsor. Tendría que empaparse de todo lo relativo a la futura demandada.


Disculpen la tardanza y FELIZ NAVIDAD PARA TODAS!

He estado enferma y con mucha familia en casa, pero no queria dejar pasar este día y subir el capítulo, disculpenme por favor no he podido escribir en absoluto, en cuanto pueda me pongo al corriente, que la pasen super bien y que Dios las bendiga a todas, les quiero!