Un mal sueño
''Estoy de rodillas buscando la respuesta: ¿Somos humanos o somos bailarines?''
The Killers
— Esta bien, ya voy para allá.
— Pues ya que...
Corte la llamada resignado a la visita. En la mañana ya había planeado todo mi fin de semana perfecto. Mis padres no estarían y se llevarían a mi hermana, entonces yo me iba a dedicar toda la mañana a comer y en la tarde pensaba acostarme en el sillón a ver el maratón de mi anime favorito que pasarían en la tele. Todo perfecto. Y por la noche me pondría a jugar videojuegos de violencia. Bien, todo perfecto. ¡Ah, sí! Media hora antes de las diez me dedicaría a limpiar los restos de comida y recoger la sala. Igual, todo perfecto.
¡Pero nunca puedo tener un domingo perfecto por que ella aparece!
Ugh, Haruhi.
— Entonces me quedo la curiosidad desde hace años, quiero verla, ¡tengo que superar mis temores! — Me dijo cerca de las tres de la tarde, cuando yo me iba saliendo de bañar, para después dormir, claro. — Además ya pedí permiso a mis padres y me dijeron que me puedo quedar hasta las nueve.
Las nueve, uh.
— Entonces te veo en media hora, yo llevo las palomitas y la cinta.
Toco a mi puerta exactamente a la hora que indico. Me empujo a un lado y entro sin pedir permiso. En las manos traía como unos diez paquetes de palomitas.
— Ahora si te esmeraste. — Me dijo mientras inspeccionaba la sala de televisión.
Eso piensas. Bueno, yo no hice nada. En realidad fue mi mama que se encargo de recoger antes de partir.
Me entrego la comida y yo fui a meterla al microondas, mientras ella prendía el reproductor de vídeo. Desde la sala me grito:
— ¡Oye, Kyon! ¡Afuera esta lloviendo!
Lluvia de primavera, genial.
— Esas se detienen rápido.
— Sípi.
Dieron los tres minutos en el microondas y vacié las palomitas en un enorme tazón. Llegue al salón y me senté a un lado. La película ya iba a empezar.
— Hey, ¿no crees que hace mucho frío? — Pregunte.
— Si, saca una manta.
Entonces fui por una manta a mi cuarto. Entre al salón y apague la luz para dar un aura mas de miedo. Le puse la cobija encima y me senté con ella.
— Entre más juntos, menos frío.
Ella bufó.
Ahora sí. A ver la película. La tele se puso en blanco y empezaron a salir comerciales en ingles. Luego ya de un rato se presento la compañía americana, después, ocasionando un pequeño gemido de temor en la boca de Haruhi, salió el horrible rostro del muñeco viviente.
Chucky, el muñeco diabólico.
Yo la vi cuando era niño, pero no causo ningún efecto en mi. En realidad, hasta me pareció absurda. ¿Por qué no simplemente le dan una patada al mono o le sacan el relleno de algodón?
Pues a Haruhi la tenia nadando en pánico. Miraba la tele apretando los dientes y tomando fuertemente mi brazo por debajo de la manta. De verdad me gustaría saber la historia de su niñez que la hace actuar así.
Como a los diez minutos hicimos una pausa para ir a rellenar el tazón de palomitas. Haruhi me siguió hasta la cocina con la cobija encima una vez que supo que no había nadie mas en la casa.
De verdad eres miedosa, Haruhi.
Seguimos con la muestra de cine, para luego hacer otra pausa para volver a rellenar el tazón.
— Están desabridas. — Me dijo torciendo la boca. — ¿Qué paso con la mantequilla?
— Se acabo.
— Ay, no. Que asco, yo no como si no es con mantequilla.
— Pues resígnate, que no hay. — Le dije. — Además es pura grasa.
— ¡Por eso!
Termine por ir por más. Pero tenia que ir a la tienda, no quedaba en mi casa.
— Haruhi, vamos a comprar eso.
— Ve tu.
— Ah bueno, nada mas acuérdate de que estas sola.
Rápidamente salto del sillón y me acompaño a la puerta. Para nuestra suerte seguía lloviendo. Lluvia, lluvia. Nos fuimos caminando por la banqueta, pero a la mitad del camino a Haruhi le llego la euforia y se puso a correr como loca por la calle con los brazos extendidos y sacando la lengua. Me jalo con ella y yo, de muy mala gana, medio me incorpore. Se hizo un charco enorme en medio de la calle y ella salió corriendo hasta el, y yo, desprevenido, recibí una abalancha de agua sucia en mi pantalón y mi camisa.
Llevaba un vestido de algodón claro, y con el agua se transparento su ropa interior.
Diablos.
Bueno, soy tonto pero no ciego.
Cuando por fin llegamos a la tienda, (que estaba a una cuadra), ya estaba cerrada. Nos regresamos corriendo mientras exprimíamos la ropa y el cabello con las manos.
— ¿Ves? Ahora estamos empapados. — Le reproche.
— Cállate. Tu también participaste.
Subimos a mi cuarto y le preste una camiseta y unos pantalones, para que se cambiara el vestido mojado. Y yo hice lo mismo. Cuando salió, no pude evitar reírme, parecía niño.
— Bueno, tenemos que terminar de ver esa película hoy, Kyon. — Me dijo mientras bajábamos las escaleras.
Ya por ultima ves, rellenamos el tazón y nos sentamos. Después de un rato, no se si haya sido el terror excesivo de Haruhi o algún otro motivo, pero se quedo dormida.
Me que mirando la televisión, mirando... mirando...
Las gotas de lluvia comenzaron a golpear contra la ventana. Una y otra vez. Mire de reojo la televisión, y después las decoraciones de la repisa de lado. Entre ellas, un pequeño artefacto. Un juguete. Un payaso de juguete que yacía sentadito en la repisa. Sonreía.
Aparte la mirada nuevamente a la pantalla, que permanecía en blanco. Un movimiento en la habitación llamo mi atención. Un diminuto movimiento, apenas perceptible, creo eco en las paredes.
La lluvia seguía golpeando la ventana.
Seguramente mi imaginación, eso era. Sí, eso.
Mi intento de ignorarlo fallo, y un minuto después, me encontraba observando fijamente aquel movimiento.
Poc, poc, poc.
Ya no era mi imaginación, estaba convencido, y mecí a la durmiente a mi lado para despertarla.
— Haru... — Intente decir su nombre, pero el miedo me embargó. — ¡Haruhi!
Ella despertó al instante y ambos miramos al payaso de madera. No era cierto. Apretó mi brazo con fuerza. El payaso movía su pie rítmicamente, no paraba. Poc, poc, poc.
De pronto, giro su rostro hacia nosotros, abriendo de par en par sus ojos artificiales. Después, el muñeco en la repisa soltó una carcajada estridente, aterrándonos y dejándonos sin habla. Reaccione y tomando su mano me levante del sillón.
Sentí mis huesos friccionarse y la boca llena de sal. Poc, poc, poc. Haruhi, aterrada, no dejaba de apretar mi mano. Nos pusimos detrás del sofá al mismo tiempo que el juguete saltaba de la repisa. Riendo, riendo histéricamente .
Corrimos hasta la cocina, cuando voltee hacia atrás el muñeco había doblado su tamaño y su risa había superado su volumen.
Haruhi me suplico salir de la casa, y mi muy perturbada cabeza, acepto.
Nos acercamos al cerrojo de la puerta e intente abrirla.
Escuche los pasos detrás. Poc, poc, poc. Mi corazón latía tan fuerte que incluso pude escucharlo.
— ¡Apresúrate, Kyon!
La lluvia, golpeaba las ventanas, las puertas, el tejado.
Ella me aparto y tomo la chapa con fuerza, puse mis manos sobre las suyas con desesperación y jalamos la manija.
— Abre, maldita sea, abre.
La rompimos.
Supe que no abrió cuando escuche la risa del muñeco en mi espalda, y, girando mi rostro muy despacio, me pareció mirar la imagen del mismo Satanás.
Haruhi me abrazo instintivamente cuando se acerco a nosotros y cerramos los ojos con fuerza.
Poc, poc, poc...
Había un peso a mi costado, mi corazón se volcó por completo. ¿Que era esto? Mi hombro estaba húmedo. Abrí los ojos, para encontrarme con la imagen de Haruhi dormida babeando mi hombro.
— Despierta. — Susurre un par de veces.
Me miro con ojos lagrimosos.
— Ah, ya se acabo. — Me dijo, refiriéndose a la cinta, y luego bostezo. — Ya paro la lluvia, me voy a mi casa.
(¿Con mi ropa?)
Se levanto del sofá y la acompañe a la puerta. Nos miramos un momento y le revolví el cabello.
— Vete con cuidado.
Jalo la manija, sin mucha fuerza y esta se rompió. ¡¿Qué demonios?!
Ella me miro con complicidad que no correspondí y me dijo:
— Ahora estamos encerrados — De su bolso saco otra película con tapa oscura. — Bueno, traigo la segunda parte.
Me mostró la cinta y decía:
Chucky, el muñeco diabólico II
Esto ya no era un sueño.
¿O sí?
Metí esto aquí para no crear otro.
De verdad yo si tengo un trauma con esa película, no puedo dormir con algún muñeco por que simplemente, no duermo, ja ja.
Descargue mi miedo, por fin.
Saludines y como dicen en Filipinas... ¡Paalam! (Adiós)
