a mistake
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Kyon recordaba claramente el aroma de su cabello por la mañana, el olor a detergente de las sábanas que compartían, el aroma de su aliento en su mejilla, cada vez que bailaban en la sala de estar, el número y ubicación de los lunares en su piel.
Después de casi seis años de matrimonio, ininterrumpidos, persistentes, Kyon se acostumbró a sus constantes pucheros, a la delicadeza de sus manos, al color de sus ojos en el sol, a su increíble capacidad de idear argumentos para una buena discusión, a los susurros nocturnos que emitía mientras dormía y que sólo él escuchaba.
En ocasiones, por la madrugada, cuando el sueño se escapaba, creía verla aún, recostada a su lado, destapada y temblando por el frío.
Luego tocaba la superficie vacía y la esperanza se esfumaba.
Después de casi seis años de matrimonio, Kyon aprendió a quererla de una manera muy extraña. Mucho, demasiado, pero sin cegarse. Conocía a la perfección sus defectos, se los decía y ella lo escuchaba. Pero siempre hubo un extraño y oculto detonante que los distanciaba, que los volvía extraños, algo desconocido para ambos, que a la larga logró separarlos. Lo hicieron lentamente, sin darse cuenta, sin palabras ni reclamos, simplemente había terminado, sin estar seguros de si alguna vez comenzó. Así, ella se fue. Kyon recordó su primer viaje juntos, fuera del país. Recordó su imagen, su rostro sonriente y lleno de confianza, el viento fresco de Holanda, que les revolvía el cabello, que se les metía a la boca y les impedía hablar. Las innumerables fotografías que se sacaron, las calles amplias, sus manos juntas.
Se dio cuenta, sentado en el sofá de su apartamento, que la extrañaba. Se preguntó, esperanzado, si ella también lo hacía. Si ella lo recordaba como él a ella. Si ella extrañaba sus pasos, sus camisetas manchadas de tinta, sus suspiros inagotables, la proximidad de sus cuerpos en la ducha, sus labios en su espalda.
En una ocasión Haruhi lo encontró en el mercado, pero simplemente se quedó ahí. Sus piernas se tensaron y sus manos comenzaron a temblar. Él creyó verla, pero sólo lo creyó. Estaba acostumbrado a su imagen, a buscarla en las ventanas de los restaurantes, en el andén del tren, en la estación del autobús. Siempre en vano.
Se preguntaban si todo había sido en vano. Si tanto tiempo juntos, casi once años, había sido sólo un experimento, uno que falló y que no tenía solución. Un error. Tal vez sí lo fue.
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jejeje escribí algo triste por que tengo en la cabeza una canción muy triste que se llama one more time, one more chance, de yamazaki mazayoshi, es muy triste :((((( escúchenla, está en youtube :'( feliz san valentin atrasadoooo! :D
