Rumor

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Parecía que los rumores habían estado ahí desde hace semanas, cuando finalmente llegaron a sus oídos. A Kyon se le encendió el rostro y su sangre hirvió, cuando escuchó la declaración que unas chicas de primer año afirmaban cierta.

El origen de la misma había nacido una semana antes, cuando, por segundo año consecutivo, la Brigada SOS decidió preparar la nueva edición de la antología del club de literatura.

Casi sintiendo un dejavû, Kyon se encontraba sentado frente a la computadora, con ambas manos a los costados de la misma, y su cabeza por los cielos, esta vez la inspiración lo había abandonado por completo y las ideas eran estúpidas o se quedaban a medio camino, sin llegar a los territorios de su imaginación.

Er, cómo explicarlo… sus experiencias en el campo del amor eran escasas, por no decir nulas y escribir sobre algo que jamás había sentido o pensado le parecía una cosa imposible. Esta vez rogó por que le cedieran el derecho de escribir sobre misterio, acción, o en última instancia, algún cuento de hadas, pero su petición fue denegada de inmediato por la infalible e indiscutible decisión de la editora en jefe.

Así, se vio obligado a, nuevamente, escribir una historia de amor. Pareciera que Haruhi no estuviese decepcionada de sus vascas habilidades en la escritura y –sobre todo y más que nada- de la poca imaginación e ingenio que empeñaba en un relato.

Días más tarde, Kyon apareció con su borrador entre las manos y después de pasar por la rigurosa inspección de la editora, mejor conocida como Haruhi - ¿y quién más?- y de recibir una mirada bastante curiosa de su parte, la narración fue publicada, junto a las de sus compañeros, en la antología anual del club de literatura.

Esta vez Haruhi parecía estar más satisfecha que el año anterior por la reciente publicación. Sonreía de una manera poco usual y, eventualmente, lanzaba miradas a Kyon, súbitamente desconocidas para él.

Ella no era la única persona que lo miraba con extrañeza, pero Kyon, acostumbrado a este tipo de cosas –porque… ejem, él era Kyon, el único amigo de Haruhi Suzumiya-, lo pasó por alto.

No fue hasta una semana más tarde que a sus ojos llegó abiertamente la verdad de la catástrofe.

Un lunes aparentemente normal, él permanecía en su salón de clases, cuando sonó el timbre de la tercera hora. En los siguientes cinco minutos libres, observó cómo desfilaban distintas chicas de primer año por la puerta del aula. Se extrañó al notar que lo miraban consecutivamente y reían entre ellas. No fue hasta el timbre del receso, que éstas lo llamaron a la puerta y él se dio cuenta de que eran fan girls. Las chicas le preguntaron si él había sido el autor del tercer cuento de la publicación del club de literatura, y al asentir, rieron complacidas para después marcharse.

El confort de los últimos días, del que Kyon había estado disfrutando, comenzó a corromperse tras la actitud de esas extrañas muchachas.

Horas más tarde, tras el timbre de salida, pareciera que Taniguchi hubiese olvidado despedirse, si no fuera por que Kyon era más astuto, y se dio cuenta de que lo evitaba.

Así la paso el resto del día en el salón del club, con un Koizumi bastante cortante, Haruhi atravesándolo con la mirada, una Nagato indiferente y una Mikuru, a pesar de todo, sonriente y gentil.

¿Qué rayos pasaba con todos? Pues recibió la respuesta la mañana siguiente, cuando, entrando por el pasillo de salones del segundo piso, casi se cae de espaldas. Innumerables copias de su historia se encontraban pegadas por todas las ventanas y paredes de ese nivel, los chicos reían a carcajadas a su paso y lo veían con desaprobación. Con las chicas era algo casi igual, pero no tan cruel. Pasó a recoger una de ellas con furia contenida y leyó en el pie de página una declaración que le puso lo pelos de punta.

Kyon, el súbdito de Suzumiya, declara abiertamente su homosexualidad. Decía.

¡¿Qué demonios?! Se preguntó unas mil veces antes de arrancar cada una de las hojas que se encontraban esparcidas. Llegó al salón hecho furia, ignorando las miradas de sus compañeros. Minutos más tarde llegó Haruhi, completamente normal. Ella permanecía totalmente ajena a los rumores, como siempre, pero no se pudo contener a preguntarle a Kyon sobre aquello.

—¿De qué se trata todo eso?— Preguntó.

—No tengo idea.

Haruhi arrebató una de las copias de su mochila y leyó unos cuantos renglones, después, pareció pensarlo unos instantes, lo miró y le dijo:

—Tal vez deberías leerla.

En el timbre de receso, ya con más calma, decidió hacer lectura de su propio escrito y, tomando una de las copias, se encaminó a una de las bancas del patio.

Se sentó y revisó pausadamente, hasta que lo encontró. He ahí el problema.

Era algo absurdo, pero, bueno… a esa edad a los jóvenes les fascinan las cosas absurdas y hacer rumores de las mismas.

El problema había sido que el relato trataba de un par de enamorados a primera vista, contado en primera persona, parecía que había sido el mismo Kyon a quién le había pasado –Haruhi había sugerido una historia con más fuerza, interés y pasión, y él lo había intentado-. Todo estaba bien hasta ahí, entonces. Si no fuera porque, por error de mano, que Kyon se había equivocado en el nombre de su amada (originalmente Hikari, por Hikaru).

Tal vez sí era algo extraño un relato de un chico, idolatrando a otro, tan abiertamente. Pero los tiempos cambian y los gays están en todas partes.

Kyon se enfureció consigo mismo por cometer tal descuido, pero no se comparaba con lo que sentía por todos aquellos que se encargaron de esparcirlo.

Al final de cuentas, decidió ignorarlo, él estaba completamente seguro de su sexualidad, completamente.

Pero a pesar de eso, las molestias continuaron.

Después de varios días, los chicos de la clase ya no le hablaban y ahora sí, Haruhi era la única con la que conversaba en el salón. Ella, por su parte, tampoco dudaba de que a Kyon le gustaran o no las chicas, tantas veces que se sonrojaba con los provocadores vestidos de Asashina no habían sido en vano.

Los rumores llegaron hasta los oídos de los profesores, y varios chicos algo afeminados le sonreían con complicidad. Todo esto había perturbado mucho a Kyon, que en ningún momento llegó a pensar que pasaría por algo así.

Las cosas empeoraron cuando sus padres se enteraron y Kyon se vio obligado a repetir una y otra vez que él no era gay. Incluso, para probarlo, les mostró cierta cantidad de revistas que guardaba en el fondo de su armario, y que su padre en vez de reñirlo, se alegró.

Arto de los inútiles rumores, llegó un viernes al colegio y encontró un tumulto de gente contenida en los casilleros para las zapatillas. Eran chicos y chicas de primer, segundo y tercer año, reunidos todos alrededor de su casillero y al parecer a su espera.

Al acercarse, Kyon escuchó los murmullos y las risas de la gente y entre ellos, pudo ver acercarse a Haruhi, con la mirada más seria que nunca. Giró a ver su casillero y encontró escrito en él, con letras rojas y brillantes: Marica.

Estuvo a punto de abalanzarse sobre el culpable, si no hubiera sido por que desconocía al susodicho.

Ya se había armado de valor para gritar algo brutalmente ofensivo hacia la multitud, cuando Haruhi corrió hasta él y le tapo la boca con las manos. Extrañado, la miró expectante, para escuchar en un murmullo cómo ella decía:

—Bésame.

Se quedó petrificado ante aquella petición y sin decir nada, no le quitó los ojos de encima.

—B-bésame.

Haruhi titubeó nuevamente, con más severidad. Los oídos de él se despejaron un poco, y lentamente, muy lentamente, se fue acercando hasta ella, sin saber a ciencia cierta qué era lo que hacía.

—¡Sólo hazlo! — Exclamó ella, y tomó las manos de Kyon con fuerza, colocándolas en su propia cintura. Enredó sus brazos a su cuello y obligándolo a cerrar los ojos, lo besó profundamente. Todo sucedió en un instante, en el que un millar de exclamaciones de asombro surgieron. Muchos aprovecharon para sacarles fotos y otros, un grupo muy disminuido, se decepcionaron.

Tocó el timbre de entrada, y el pasillo se despejó, pero parecía que a los oídos de Kyon o de Haruhi no había llegado tal sonido, ya que seguían afanados en cierta actividad que incluía hurgar en sus labios.

Ahora el problema ya no era el rumor sobre la orientación sexual de Kyon, sino el romance entre cierta loca y su vasallo.

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(~ è_é)~ no al bullying !