Hacía ya seis meses que no se veían y que apenas mantenían contacto. La escuela les absorbía casi todo el tiempo y más siendo su último semestre. Haruhi había viajado a la capital para concluir sus prácticas y estudiar. Y Kyon se había quedado en uno de los estrechos cuartos del campus universitario encerrado entre cuatro paredes con una tesis que terminar sobre sus hombros. Este es el momento decisivo de mi carrera, se dijo a sí mismo. Nada me distraerá. Y aunque casi todo el día iba de la biblioteca a su habitación y de su habitación a la cafetería y de ahí al baño y de ahí otra vez a la biblioteca., entre pedazo y pedazo de tiempo no podía evitar que la imagen de Haruhi viniera a su mente, de esa chica subnormal, que con el tiempo no había hecho mas que encargarse de meterse más en su corazón. Pero un minuto después, esos mismos labios que casi alcanzaba, exclamaban en voz alta: ''pero qué estás haciendo, soberano idiota, ponte a estudiar y deja de pensar en mí. ''
Así Kyon se veía impulsado diariamente a continuar estudiando. A no deber materias y pasar las que ya debía.
Uno de las primeras noches de invierno, en un desespero, Kyon no pudo contenerse y salió de su habitación, bajó las escaleras de su edificio y se detuvo frente a la caseta telefónica. Un viento frío le tocó el rostro y tapándose con la gorra de su sudadera recordó que en aquel mismo sitio, hace seis meses, le había prometido a Haruhi que no le llamaría mientras estuviera en Tokio. ''No podemos depender tanto el uno del otro'' Dijo aquella vez. Y él lo comprendió completamente. Se habían hecho tan cercanos que Haruhi ya casi le avisaba cada vez que necesitaba ir al baño. El hecho de ser su vecina de habitación no fue conveniente. Por suerte su problema se detectó a tiempo y Haruhi aprovechó la primera oferta de salida, con el alivio temporal de Kyon. Pero este alivio se iba disipando lentamente y los recuerdos de reserva para momentos solitarios que él estaba guardando para soportar su ausencia se estaban agotando. Incluso se vio obligado a inventar él mismo uno que otro, pero como todo, la imaginación, después de un rato, se fue.
Así, en la distancia absoluta, a cientos kilómetros, Kyon no pudo reprimir el deseo de escuchar esa alta, aguda y casi encantadora voz. Descolgó el auricular y metió en la rendija las monedas necesarias más el costo de larga distancia. Marcó el número del móvil de Haruhi, que se sabía de memoria y después de tres largos y tortuosos timbres se escuchó la voz de su amiga.
-¿Hola?
Kyon se estremeció y su voz tembló un poco. Roncamente respondió:
-Soy yo.
Haruhi no necesitó saber el nombre del propietario de aquella profunda y seria voz. Lo supo al instante. Se atragantó por un segundo y pegó aún más la bocina de su teléfono a su oído.
Después de un incómodo silencio Kyon volvió a hablar, a falta de respuesta.
-¿Haruhi? ¿Estás ahí?
Haruhi se turbó. Había dicho su nombre. Después de seis meses de abstinencia esas palabras le provocaron una emoción más violenta de lo que se esperaba. Enseguida sintió un nudo en la garganta y pensó que no debieron separarse en ningún momento. Kyon, a la espera, sintió lo mismo. Esa maldita distancia les estaba haciendo mucho daño.
-Haruhi…
-Estoy aquí - Respondió al momento y enseguida se dio cuenta de cuán nasal se habían escuchado esas palabras. En su habitación, Haruhi se sentó en una silla del escritorio y se relajó un poco. Contuvo un sollozo y se paso la mano por el borde de sus ojos, para secar las gotas que apenas salían.
-¿Estás llorando?
-No.
-Sí lo estás. Te escucho.
-Ya te dije que no, idiota. –Kyon sintió un repentino alivio al escuchar estas palabras. Extrañaba profundamente sus insultos. –Es que… estoy enferma.
-¿Tú? ¿Enferma?
-Ya oíste. El clima de esta ciudad es un asco. No ha parado de llover desde que comenzó el otoño.
-¿Y estás bien?
-Sí… aunque extraño… –Se detuvo ahí. No habían pasado ni dos minutos de conversación y ya estaba pronunciando la palabra extrañar.
-Yo también te extraño. –Dijo él repentinamente. Ni siquiera tuvo el tiempo de meditar estas palabras. Al terminar de pronunciarlas, sintió como una fría gota de lluvia caía sobre su nuca. Levantó la vista y otra gota cayó sobre su frente. –Aquí también está lloviendo.
Haruhi se asomó a la ventana y notó que ahí también caían gruesas gotas de lluvia que pegaban sobre el cristal.
Al menos compartían algo. Esa noche Kyon no regresó a su cuarto hasta medianoche, sin un centavo, con el oído derecho agotado y completamente empapado por la lluvia.
