Hacía tanto calor que la frente de Haruhi se encontraba perlada por finas gotas de sudor, y las mejillas se le habían enrojecido. Yo, en cambio, tenía la parte trasera de la camiseta pegada a la espalda como una segunda piel. Ambos estábamos descalzos, pintando la pared.

Haruhi llevaba puesta una de mis camisas, ya bastante manchada por la pintura color beige y unos shorts de mezclilla cortos, tanto que parecía no traer nada bajo la blusa.

Era nuestro sexto departamento en cinco años, pero estábamos seguros que este sería el definitivo. Lo era por que era un quinto piso, y tenía un enorme ventanal que iluminaba toda la sala de estar si abríamos las cortinas, en el anterior piso Haruhi se quejaba de que ése lugar sin luz le resultaba deprimente. El piso era de madera firme y suave, resbaladiza. Cuando llegamos, no pudimos evitar deslizarnos por el suelo en calcetines. Tenía dos habitaciones, para cuando discutiéramos y fuese necesario movernos a distintos sitios para no cometer co-asesinato, y la cocina, en palabras de Haruhi, era ''jodidamente colosal''. Aunque todavía tenía sus errores, a decir verdad. La pintura de las paredes se encontraba bastante gastada y había que arreglar unas cosas con la regadera de la ducha. Pero era lo de menos, la mensualidad se acomodaba perfectamente a nuestro presupuesto, además de encontrarse en un lugar céntrico de la ciudad, sin ruido. Justamente nos encontrábamos pintando una de las paredes del comedor, mientras escuchábamos la narración de un juego de béisbol en vivo.

Haruhi, que llevaba un pañuelo rojo en la cabeza, se levantó acercándose a la radio y la apagó. Yo me giré a verla interrogante, mientras ella se recogía el cabello en una cola de caballo alta.

-¿Por qué…?

-Ya me aburrió. Y además mi equipo va perdiendo.

Era cierto, Haruhi era una fiel seguidora de los Hanshin Tigres, según me dijo, desde pequeña. Y el equipo iba perdiendo por varias carreras de más.

-Mejor voy a poner algo un poquito más movido. –Dijo, con una expresión entre divertida y misteriosa.

Estuvo buscando algo en una de las cajas que teníamos apiladas en un rincón y sacó las bocinas del ordenador y las conectó al enchufe y luego a su mp3.

Haruhi se empezó a mover ansiosa con el pie derecho mientras buscaba una canción en la lista y con una mirada me indicó que me acercara.

Lo hice y me enseñó la pantalla con emoción, yo leí el título, que estaba en coreano y no me sonaba de nada.

-¡Mira la canción que bajé ayer, Kyon! –Después de ver mi expresión de ignorancia me miró con reproche. -¿En serio no te acuerdas?

-No, ¿de qué va o qué?

-Aaaay. –Dijo, y le puso play a la canción.

Tardó unos segundos en empezar, en lo que Haruhi aprovechó para tomarme por los hombros y acomodarme en medio de la sala, que se encontraba totalmente despejada, sólo con periódicos en el piso y unas cajas en un rincón.

Se puso en frente de mí y me sonrió de esa manera que me encanta.

Empezó a sonar la música, un compás marcado por un piano y la simulación de aplausos.

-¿De veras que no te suena de nada?

-Pues… -La verdad era que desde que la voz de la chica se escuchó, me había sonado familiar, pero no lograba unir los puntos.

Entonces se oyó el que sería el coro de la canción y Haruhi hizo un aplauso con las manos, se dio una vuelta y empezó a mover la cadera a los lados con ritmo. Entonces una sensación extraña me recorrió y los puntos se unieron. Esa era… Dios…

No pude reprimir una carcajada larga y estridente, que se extendió por unos largos segundos. Me estaba sobando la barriga cuando noté que Haruhi me miraba con un gesto de reproche mal disimulado.

-¡Ya, Kyon, para de reírte! –Dijo parando de bailar. -¡Me costó mucho encontrar la canción, idiota!

-Lo siento. –Le dije, apoyándome con una mano en su hombro, soltando todavía lo que me quedaba de risa. –Ya no me acordaba.

Ella me miró detenidamente con sus grandes ojos dorados y con el seño fruncido en molestia. Finalmente los cerró y soltó un suspiro de resignación.

Se puso de espaldas a mí y se cruzó de brazos como niña pequeña. Yo tomé el gesto con humor y le piqué las costillas para que se animara, pero sus siguientes palabras me preocuparon un poco.

-Ya qué. Siempre te olvidas de las cosas más importantes.

Me quedé callado un momento. Por que de alguna manera Haruhi tenía razón. Yo no era de tener buena memoria, y Haruhi, increíblemente, era de acordarse de mínimos recuerdos y detalles de nuestra relación que comúnmente yo ignoraba sin querer. Como la fecha exacta del día que nos dimos el primer beso que duró más de cinco minutos o el tiempo que me llevó deshacerme de su sujetador en la primera noche. ¿Cómo iba yo a recordar esas cosas?

-Hey, Haruhi. –Le dije, moviéndole el hombro derecho con delicadeza, la canción ya se había acabado. - Lo siento, de verdad. Pero mira, estoy listo para bailar.

Le dije, poniendo una pose de total disposición, con los brazos abiertos. Ella me miró con duda unos segundos y finalmente se giró completamente hacia mí con los ojos brillantes y la mueca de sonrisa que no podía disimular.

Puse play a la canción nuevamente y no pude estar más de acuerdo con la letra cuando Haruhi empezó a moverse divertida junto a mí, dándome vueltas como si yo fuera la chica y recordando ésa vieja coreografía como si hubiese sido ayer cuando la inventamos.

baby, i'm falling in love, ahhh ~

Claro que me acordaba de esa canción. La usamos para montar una coreografía en el segundo año del instituto. De eso ya hacía diez años. Recuerdo que Haruhi me tomó como su pareja en la clase de expresiones artísticas, mis opciones de aceptar a su ''propuesta'' de equipo, tras aquella fiera mirada, habían sido de sí o sí.

Estuvimos maquinándola durante dos semanas en el salón del club, a los ojos atentos de Asahina, Koizumi que me miraba con su maldita sonrisa de burla, y Nagato que apenas se dignaba a apartar su glacial mirada del libro en turno.

Yo, en esas sesiones de baile, me mostraba mínimamente interesado en el tema y me limitaba a ser reprendido infinitamente por Haruhi y a corresponder lo pasos cual maquina o robot. Pero lo cierto era que al llegar a casa, ponía el CD en donde Haruhi me había entregado una copia de la canción y me ponía a practicar frenéticamente frente al espejo de mi habitación, para no fallarle a ella. Al final, de alguna manera, sí lo hice. El día en que presentaríamos nuestra coreografía, yo había amanecido con la temperatura suficiente como para calentar la sopa del día. Recuerdo que Haruhi me reprendió con gran molestia, pero también con cierta decepción en su mirada, yo sabía que, en el fondo, ese baile le hacía ilusión.

A pesar de que no se concluyó, los recuerdos de las tardes del club bailando, las noches en las que yo ensayaba en mi casa, la proximidad del cuerpo de Haruhi al mío en cada práctica y la suavidad y la soltura con la que me tomaba de las manos para darse una vuelta sobre sí, me hacen sentir una profunda melancolía y cierta sensación que me sube hasta la garganta, me dan ganas de sonreírme sin razón y el pecho duele como algo siendo apuñalado en él, así de violento y simple.

Cuando la pista estaba a punto de finalizar, alcé a Haruhi en brazos y sus pies descalzos se despegaron del suelo, su risa suave inundó todo el departamento. De alguna manera, ella me hacía descubrir qué era esa sensación que yo ignoraba. Era amor acumulado, y lo iba rescatando cada vez que me acordaba de un momento así. Y definitivamente se acumularía un poco más cada vez que escuchara ésa canción.

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Hola :D Bueno, la canción que Kyon recordará en mi cabeza la pegaré en mi perfil, ya que el título está en coreano, e ignoro cómo rayos pueda traducirse xD De echo, lo intenté en google translate y salió algo como ''guarra no sé qué'' lol xD

Me encanta :) la canción y la imagen de ellos bailando :3!