Cap. 56 REENCUENTROS
Ya de madrugada Logan por fin pudo arrastrar a Edward a su casa, iba completamente ebrio. Ya había pasado mucho rato recordando el pasado, ya había llorado, había tratado de escapar varias veces para ir a buscarla y Logan tuvo que luchar contra él para que se fuera finalmente a descansar.
Casi inconciente, Edward murmuraba, mientras Logan lo llevaba a la recamara y lo desvestía. Salió de la recamara apesadumbrado y se preparó una copa mientras iba por una manta para dormir en la sala, cuidaría de Edward hasta que estuviera sobrio, lo que era genial, era que estuviera de vacaciones, tendría tiempo para poder ayudar a su mejor amigo.
En otro lado:
Esme estaba en cama, demasiado agotada para poder levantarse, ya llevaba días enferma, y aunque le hicieron estudios, no encontraron nada. Carlisle supuso que lo que la tenía enferma, era el estar alejada de sus hijos en las condiciones que estaban: enojados y separados. El único que permanecía junto a ella, dándole ánimos era Emmett, a diario pasaba a verla y le platicaba cómo le había ido en el día.
Por desgracia eso no ayudaba mucho, y Carlisle sabía que el remedio era ver a su familia unida de nuevo. Se guardaría su diagnostico y buscaría la manera de ayudar a su esposa a salir adelante, costara lo que costara.
Esa tarde lluviosa, tocaron a la puerta y Emmett fue a abrir. La sorpresa fue inmensa.
—¿Alice? —ella lo miró dubitativa, no sabía como la recibiría, pero al instante siguiente los gritos de júbilo de Emmett y su fuerte abrazo que la asfixiaba, le hicieron ver que todo estaba bien con él.
Una vez que la bajó de sus brazos y que la dejó respirar y tomar color de nuevo, la miró con cierta tristeza cuando ella le preguntó por su madre.
—Está en su recamara—la frase tan escueta le decía mucho más que mil explicaciones, debía verla. Dejó que su hermano llevara sus maletas a su recamara y ella se dirigió hacia la recamara de su madre, con cada paso que daba, una herida se abría más, el dolor lacerante afloraba sin darle respiro ni descanso.
"Me lo merezco"—pensó y siguió. Al llegar a la recamara, no tocó, sino que entró de manera sigilosa y lo que vio no le gustó en absoluto.
Su madre yacía dormida, pero muy demacrada y pálida. Su respiración era continua y lenta, sus ojos cerrados mostraban las ojeras de las noches que pasó en vela, rezando por sus hijos. Hasta ese momento, Alice comprendió todo el daño que le hizo a TODA la familia, no solo a Edward, ni a Bella, a todos ellos, tenía tanto que remediar y pagar.
Quiso llorar, pero se contuvo, no quería que su madre viera las lágrimas en su rostro, ella merecía un poco de tranquilidad y felicidad. Acercó una silla y se sentó junto a ella, mirando como en el tiempo que se había alejado, su madre, su mejor amiga, se deterioró irremediablemente.
Su mente divagó por sus recuerdos, por ese espinoso y doloroso camino que evitaba a toda costa, pero que ya no tenía caso ocultar, tenía que arreglar las cosas, sabía que su hermano vivía en California y que venía seguido a ver a sus padres y hermano, pero ella se había alejado totalmente, dándole la espalda a su familia. Se dijo a si misma que era lo mejor para ellos, para que no vieran en lo que se había transformado. Pero la verdad era que se había ido para no verse a si misma día a día en aquel lugar, en el lugar donde fue tan feliz y tan desdichada, donde destruyo la vida de muchos.
Sumida en esos pensamientos no se dio cuenta cuando su madre se despertó y la miró incrédula.
—¿Alice? ¿De verdad estás aquí Alice? ¡HIJA MIA!— se abalanzó a abrazarla mientras ella reaccionaba y la sostenía. Lloraron ambas, por largo rato, diciéndose lo mucho que se habían extrañado, Alice se sintió tan miserable por lo que le había hecho a su madre, que prefirió callar y dejar que Esme dijera lo que quisiera.
Luego de un buen rato, entró Emmett con una bandeja de comida y le recomendó a Alice que viera que su madre se terminara toda la comida. Está de más decir que Esme se comió todo y estaba feliz. Alice le platicó cómo le había ido en Europa todo ese tiempo, y le tuvo que hablar de Alec, su madre calló lo que quería decir, ya tendrían tiempo para poder platicar y saber más de su vida.
Cuando Carlisle llegó a su casa, ya de noche, se extrañó que hubiera luces en la sala y la cocina, su adorada Esme no tenía ánimos de cocinar ni de limpiar, por lo que contrató a una persona para limpiar y cocinar. Pensó que tal vez era Emmett con algún amigo. Pero al escuchar a su esposa hablar muy contenta, no lo podía creer, al entrar vio en la cocina que Esme y su hija Alice estaban felices platicando y cocinando, al verlo llegar, Alice se arrojó a sus brazos, mientras un incrédulo Carlisle la abrazaba y la besaba, volteó a ver a su esposa muy contenta disponiendo de unos sabrosos hot cakes, que sabía eran los favoritos de él.
Después de poner al tanto a su padre, Alice, pidió permiso para acomodar su ropa en su recamara, mientras sus padres hablaban.
En otro lado:
—Bellis cariño, no te me desmayes o Jaspercito me despelleja… —iba conduciendo pero iba un tanto alarmado del semblante de Bella, completamente pálida y sudorosa, se veía mal.
Tomó el celular y marcó el número de Jasper, al primer timbrazo , contestó.
—Ok. Vamos para allá.— colgó y se dirigió a casa de Jasper, quien ya estaba hecho una furia.
Al entrar al garaje, Jasper ya estaba ahí y abrió la puerta con violencia, para encontrar a Bella casi desfallecida, le asustó su aspecto y la cargó en brazos y entró a la mansión.
El doctor ya estaba ahí, mientras Jasper la llevaba a su recamara y la depositaba con delicadeza, el doctor iba detrás de él.
Al dejarla en cama, el doctor se acercó a revisarla. Mientras Jasper daba vueltas alrededor de él, mirando preocupado a Bella.
Finalmente el doctor, le dijo:
—No es grave, al parecer, fue un sofoco por algún susto o nervios. Que tome estas pastillas, una en cuanto reaccione y la otra mañana en la mañana, cualquier malestar, ya tiene mi teléfono para que me avise y vendré en seguida, no importa la hora.—Jasper le agradeció y le pidió a James que acompañara al doctor y le pagara. Él no se iba a despegar de Bella.
Quiso acariciar su mejilla, pero se arrepintió, comenzó a caminar de un lado a otro, queriendo hacer papilla a Ángelo y a Edward, ya le había contado Ángelo lo que había sucedido. Sabía que Edward no se quedaría así, sabía que querría molestarla, pero él no lo permitiría. Primero se congelaba el infierno a permitir que la dañara de nuevo.
—¿Qué pasó?—la voz de Bella aunque baja, la escuchó perfectamente. Y corrió hacia ella.
—Estás en casa Bella. —Luego de unos segundos, ella pareció reaccionar y comprender, volteó el rostro para no ver a Jasper. Le daba vergüenza que la mirara así.
—En cuanto te sientas mejor, sería bueno que tomaras un baño, te ayudará. —Y salió afectado de que ella no quisiera verlo.
En cuanto salió, entró la doncella con un vaso con agua y la pastilla que había recetado el doctor, a regañadientes, Bella la tomó. Luego al volver a quedarse sola, decidió hacer caso a Jasper y tomar un baño, estaba muy pegajosa por el sudor. Entró al baño y se quitó la ropa, no quería ir hasta su antigua recamara y bañarse allá. Quería estar cerca de Jasper, el aroma de él la relajaba por completo.
Una vez que el agua tocó su cuerpo, empezó a relajarse, el aroma de Jasper estaba ahí, tuvo que morderse el labio al recordar sus caricias y las veces que hicieron el amor, Jasper era fuego puro. Las preocupaciones empezaron a dejar de tener importancia y poco a poco perdió interés en ellas.
Cuando salió del baño, se sentía completamente relajada y feliz. Algo le rondaba la mente al decirle con una voz insidiosa que era la pastilla que le habían dado, pero ¡qué carajos! Si eso la hacia sentir bien, lo aceptaba, todo con tal de no volver a sentirse como la mierda que se sentía hacia tan poco tiempo.
Sonrió.
Y corrió a brincar en la cama de Jasper, como una niña pequeña, envuelta solo en la bata, la toalla que tenía enredada en el cabello, se le fue zafando entre tanto brinco, se sentía eufórica, feliz, despreocupada.
Y en esas andaba cuando entró Jasper, y se quedó de una pieza al ver a Bella brincando en la cama como una niña y riendo con fuerza.
—Creo que se le pasó la mano al doctor.—murmuró para si mismo y se acercó a Bella, ya era de madrugada y Ángelo ya se había ido. No iba a permitir que ella se fuera a su casa. No señor, primero la amarraba a la cama. Y eso trajo a su mente unas imágenes que le dieron escalofríos de placer. Desechó de inmediato aquello.
—Bella, es mejor que te acuestes, ya es muy tarde y necesitas dormir.—La tomó del brazo y la hizo sentarse mientras ella reía.
—Me siento alegre, Jasper—él arqueó la ceja y le miró.
Jasper sólo la apretó contra su pecho. Ella estaba a punto de llorar.
—No, por favor Bella. No llores, me quedaré contigo, pero no llores por favor.—La sensación de querer protegerla fue tan fuerte, que se alegró de estar abrazándola, o ya habría ido a matar a Edward Cullen.
Ella se refugió en sus brazos y él la arropó en la cama, la cobijó con cuidado mientras ella intentaba controlarse. Mucho rato después, la respiración rítmica y tranquila, le indicó a Jasper que ella dormía profundamente.
Ya estaba clareando el día, y Jasper se negaba a moverse, sentía el tibio cuerpo de Bella amoldado al suyo y eso lo hizo sentir una ráfaga de fuego puro instalarse en su bajo vientre. El deseo surgió como una avalancha demoledora. Sabía que no era el momento adecuado, sabía que ella estaba pasando un mal momento y no quería aprovecharse de ella, pero, la verdad era que la deseaba, desde que ella se alejó de él, la había extrañado terriblemente. Su ausencia le dolía incluso físicamente. No le quiso decir nada, porque sabía que ella no cedería, no después de la estúpida plática con Rosalie. Y él no la quería obligar a nada. Se dijo una y mil veces que así estaban bien, pero un infierno que no.
La tortura de tenerla a milímetros de él y no poder besarla, no poder tomarla era cruelmente dolorosa. Sabía que no había otra mujer que pudiera compararse con Bella, y ni qué decir de todas aquellas mujeres que intentaron seducirlo, de las muchas veces que él dejó que ellas avanzaran para ver si sentía algo por alguna de ellas y poder dejar en paz a Bella. Pero no lo consiguió. Alice estaba en lo profundo de su corazón, pero Bella era alguien importante en él.
Mucho tiempo después, Bella despertó algo confundida, pero al sentir el aroma de Jasper, inspiró profundamente, llenando sus pulmones con su esencia, era tan reconfortante.
—¿Mejor señorita?—ella se ruborizó y solamente asintió, minutos después las bandejas con el desayuno estaban servidas en la mesa de la recamara. Ambos se sentaron a desayunar.
—Lo siento Jasper, no quise ser una molestia.—Jasper le reprochó mientras daba sorbos a su café.
—Sabes que no es molestia, esta es tu casa.—como deseaba que fuera realidad. Miró disimuladamente que Bella se acomodaba la bata y miró hacia otro lado. Ya había tenido suficiente.
—En cuanto termine de desayunar me iré.—comentó Bella, con pena.
—Ah no, si crees que esta vez te saldrás con la tuya, estás muy equivocada. Te quedarás aquí conmigo una temporada. Ella iba a replicar.—No te lo estoy pidiendo, te lo exijo.—Ella le miró entre dubitativa y molesta, pero después de unos segundos recapacitó. Sólo asintió con la cabeza y no hubo más que decir, Jasper sonrió disimuladamente.
Una disculpa, ya estoy de vuelta, no se han terminado mis problemas, pero trato de darme tiempo, ojalá les guste el capítulo, y la próxima semana tendrán el siguiente. Mil gracias a quienes aún me lean, y comprendan que a veces la vida te pone muchos obstáculos, muchas trabas y que hay que enfrentarlas para poder seguir adelante.
Besos y las quiero muchísimo, mil gracias por leerme.
Bella Cullen H.
