Cap. 57 VERDADES A MEDIAS
Ya en su antigua recamara Alice dio rienda suelta a sus más profundos dolores. Ya había platicado con sus padres, ya había hablado con Emmett, y hablaría con Rosalie, las cosas estaban mal, tenía que tratar de corregir todo lo hecho, pero ¿por dónde empezar? Todo era tan difícil. Por un segundo quiso dar media vuelta y regresar a Paris, refugiarse en Alec y dejar enterrado el pasado.
Sin embargo, una vocecita le dijo claro y fuerte:—Cobarde— y ella asintió.
—Sí, lo soy. Esto es más grande de lo que pude alguna vez pensar. No puedo con todo esto.
—Pero si pudiste hacer daño, ¿qué es diferente ahora? —le dijo la vocecilla insidiosa que no la dejaba en paz, martirizándola con palabras dolorosamente ciertas. —Oh, si, yo sé. Es que ahora es más difícil para ti, pedir perdón. Arreglar todo lo que rompiste ¿verdad?—Alice asintió aferrándose a la almohada que tenía en su pecho y dejando escapar gruesas lagrimas de tristeza.
Cómo podría ver a Jasper a los ojos, cuando ella misma huyó del problema. Evitó por todos los medios enfrentarse a la verdad. —Te dolió tanto haber sido engañada, tú Alice que te jactabas de parecer psíquica. Que podías saber cuando las personas te querían engañar y mira nada más. Saliste más engañada que un chino. Y te costaba demasiado ir por ellos, buscarlos con más ahínco, pero nadie sabe tu feo secreto. No te preocupes, no diré nada. Ellos jamás sabrán que tú sabías, que los encontraste y no tuviste el valor de pedir perdón, fue mejor huir…—Alice gimió al escuchar la voz y saber que era cierto, gritó una y otra vez a través de su almohada, para que nadie la escuchara. Era su infierno personal y sabía que se lo había ganado a pulso.
La noche fue condenadamente eterna. Finalmente cerca del amanecer, salió de su habitación y se fue a caminar por las inmediaciones del bosque. El familiar y tranquilizador ruido del agua del río la guió hasta él. Los reflejos de las estrellas le llamaron la atención, su mirada se perdió en el aún oscuro reflejo del río, intentando aclarar su mente. Hasta que una voz la hizo brincar del susto.
—¿Tan temprano te levantas?— giró su rostro hasta una enorme piedra junto a un árbol, que daba al río, semi escondido estaba su padre, mirándola con ternura.
—Papá —susurró mientras el corazón le latía a mil por hora. Se acercó a él y lo abrazó. Y fue su turno de preguntarle.
—Vengo aquí cuando necesito un poco de calma y poder pensar. Tu madre duerme como un tronco y eso no había pasado desde… — se quedó callado de inmediato sabiendo que no debió decirlo. Alice se sonrojó.
—Lo siento tanto papá. Todo ha sido mi culpa, yo… yo… —las palabras se le atoraron en la garganta mientras las lágrimas comenzaban a brotar, su padre de inmediato la abrazó con ternura y la acercó a él.
—¿Porqué mejor no me cuentas lo que pasó? Eso te ayudaría…—ella asintió. Sabía que tarde o temprano les iba a explicar, pero su padre, nunca habló con él. Y se lo debía.
El sol brillante y esplendoroso los encontró en el mismo río, hablando, y no fue hasta que ella terminó de relatar todo, que su padre por fin pudo hablar. Estaban de pie.
—¿Verdad que soy un monstruo, papá?— Carlisle lo único que hizo fue abrazar a su hija tan fuerte como pudo.
—No, el único monstruo fue la envidia y los celos. Tú también fuiste una víctima. Ya no busques culpables, mejor hay que buscar soluciones para lo que se pueda arreglar.— "para lo que se pueda arreglar", hasta su padre sabía que había cosas que ya estaban irremisiblemente rotas. Lo que mitigó un poco su pena, fue saber que su padre no la condenaba, la había escuchado y estaba con ella. Era un regalo difícil de rechazar.
—No sé por dónde empezar papá —su voz derrochaba pena, pero al menos, tenía una oportunidad o eso quería pensar.
En otro lado:
—¡No te puedes ir, y menos a buscar a esa estúpida!—le gritó Jane a su hermano al saber que en unos días, iría a buscarla. Estaba furiosa con él.
—Jane, ya cálmate o te dará un infarto… ¿Sabes que necesitas? —ella se quedó mirándolo con la furia brotando por todos los poros.
—Necesitas alguien que te ame, aunque eso será difícil con tu situación actual, es como querer abrazar al Grinch —la sonrisa angelical de Alec fue detenida por un florero que iba a su rostro y el cual evitó por muy poco. Un sonoro portazo fue el alivio que necesitaba, ella se había ido.
—Uff, por fin. —Aunque sinceramente Alec deseaba que Jane encontrara alguien que la hiciera enamorarse y olvidarse de todas sus niñerías y berrinches, si tan solo pudiera ver a Alice como lo que era, ella también la adoraría. Se acercó a su lap y comenzó a hacer llamadas para dejar todos sus asuntos en buenas manos, unos días más lo separarían de Alice, pero ya no más, estaba dispuesto a todo por ella.
Lo acusó con sus padres y le sorprendió que ellos no hayan dicho absolutamente nada, simplemente la ignoraron. Sus padres deberían estar enfermos para permitir que Alec, su hermano, fuera tras esa rastrera y pequeña estúpida. No sabía que al igual que Alec, ellos también pensaban que la mejor solución para su carácter, era que se enamorara. Aunque eso era como pedir que empezaran a llover ángeles del cielo.
Su odio era de proporciones inimaginables, nunca, nunca le perdonaría la humillación pública que le hizo, pero ya buscaría la manera de vengarse, tenía que hacerle una afrenta a la misma altura, esa desde ese día, había sido si meta. Buscar indicios, datos, eso era. Jane sonrió maléficamente al idear otro plan. Y lo pondría en marcha de inmediato.
En otro lugar:
Edward despertó con un fuerte dolor de cabeza, un vaso a un lado con un analgésico le hizo saber que Logan estaba con él, cosa que agradeció. En cuanto pudo sentarse, bebió el contenido del vaso e intentó incorporarse, pero no pudo. Todo le daba vueltas. Y de pronto entre punzantes dolores, recordó lo sucedido. Había tenido la oportunidad de hablar con ella y en un parpadeo, ella volvió a irse.
Era frustrante, mucho muy frustrante, y debido al fuerte mareo decidió recostarse para evitarlo. Y de golpe, recordó cuando hizo suya por primera vez a Bella, esas sensaciones se magnificaron por el estado en que se encontraba, haciéndolo retorcerse en una espiral de placer—dolor que era completamente sorprendente. Tambaleándose, se dirigió a la ducha y abrió la llave, sin esperar al agua caliente, sintió que su ser se sacudía por el agua helada, pero eso no menguó sus ganas, se negaba a darse placer y liberarse. Él deseaba, ansiaba hacerle el amor a Bella, demostrarle que era otro Edward. Pero lo único que hizo fue inflamar mucho más su deseo. Recordar sus suaves gemidos, sus espasmos de placer mientras decía su nombre, fue inevitable.
Un gemido agónico de placer, espasmos que le abrieron las puertas de su liberación.
—¡Be… Bella!—fue lo que dijo al imaginarla entre sus brazos. Su ancha espalda ya no era la misma de esos tiempos cuando era un adolescente, ahora era un hombre, y como hombre pelearía por Bella. No importaba lo que costara, o que ella le pidiera lo que le pidiera, la volvería a enamorar y la haría suya para siempre.
Siento el retraso, pero tampoco podía esperar hasta el lunes, así que les dejo este capítulo, espero les guste.
Besos navideños y mil gracias a :Scarlett Cullen, Bmasaen Cullen, mar91 (preciosa gracias), Caresme de mi corazón, vievesita (te adoro, amiga mia), y a todas las demás preciosa chicas que me enviaron comentarios y que he contestado, si me faltó alguna disculpen, me dicen y lo publico en el siguiente capítulo.
Besos navideños y nos leemos pronto.
